{"id":245493,"date":"2025-05-14T10:01:00","date_gmt":"2025-05-14T13:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=245493"},"modified":"2025-05-14T10:01:01","modified_gmt":"2025-05-14T13:01:01","slug":"papa-leon-xiv-la-guerra-nunca-es-inevitable-las-armas-pueden-y-deben-ser-silenciadas-porque-no-resuelven-los-problemas-sino-que-los-aumentan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-guerra-nunca-es-inevitable-las-armas-pueden-y-deben-ser-silenciadas-porque-no-resuelven-los-problemas-sino-que-los-aumentan\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan<\/strong>, as\u00ed lo afirm\u00f3 <strong>Su Santidad<\/strong> al compartir su mensaje durante el encuentro con los peregrinos del Jubileo de las Iglesias Orientales. Fue en la ma\u00f1ana de hoy (hora de Roma), en el <strong>Aula Pablo VI<\/strong>, donde el <strong>Papa Le\u00f3n XIV<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) me alegra veros aqu\u00ed precisamente con ocasi\u00f3n del Jubileo de la esperanza, cuyo fundamento indestructible es la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Bienvenidos a Roma\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) quisiera reiterar lo que el Papa Francisco ha dicho de las Iglesias orientales: \u00abSon Iglesias que hay que amar: custodian tradiciones espirituales y sapienciales \u00fanicas, y tienen tanto que decirnos sobre la vida cristiana, la sinodalidad y la liturgia; pensad en los primeros Padres, en los Concilios, en el monacato: tesoros inestimables para la Iglesia\u00bb<\/em><\/strong> (Discurso a los participantes en la Asamblea de la ROACO, 27 de junio de 2024)<strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201chace m\u00e1s de un siglo, Le\u00f3n XIII se\u00f1al\u00f3 que \u00abla conservaci\u00f3n de los ritos orientales es m\u00e1s importante de lo que generalmente se cree\u00bb y, con este fin, lleg\u00f3 a prescribir que \u00abcualquier misionero latino, ya sea del clero secular o regular, que por consejo o ayuda atraiga a cualquier oriental al rito latino\u00bb deber\u00eda ser \u00abdestituido y excluido de su cargo\u00bb (ibid.). Acogemos con satisfacci\u00f3n la llamada a salvaguardar y promover el Oriente cristiano, especialmente en la di\u00e1spora; aqu\u00ed, adem\u00e1s de erigir circunscripciones orientales donde sea posible y oportuno, es necesario sensibilizar a los latinos. En este sentido, pido al Dicasterio para las Iglesias orientales, al que agradezco su trabajo, que me ayude a definir principios, normas, orientaciones mediante las cuales los Pastores latinos puedan apoyar concretamente a los cat\u00f3licos orientales en la di\u00e1spora y conservar vivas sus tradiciones y enriquecer con su especificidad el contexto en el que viven\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, <strong>Le\u00f3n XIV<\/strong> se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cvuestras espiritualidades, antiguas y siempre nuevas, son medicinales. En ellas, el sentido dram\u00e1tico de la miseria humana se funde con el asombro ante la misericordia divina, de modo que nuestra bajeza no causa desesperaci\u00f3n, sino que nos invita a acoger la gracia de ser sanados, divinizados y elevados a las alturas celestiales. Debemos alabar y agradecer sin cesar al Se\u00f1or por ello. Con vosotros podemos rezar las palabras de san Efr\u00e9n el Sirio y decir a Jes\u00fas: \u00abGloria a ti, que hiciste de tu cruz un puente sobre la muerte\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro tramo de su mensaje el Papa pregunt\u00f3: <strong><em>\u201c\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s que vosotros, que conoc\u00e9is tan bien los horrores de la guerra que el Papa Francisco ha llamado \u00abmartiriales\u00bb a vuestras Iglesias (Discurso a la ROACO, cit.)? Es verdad: de Tierra Santa a Ucrania, del L\u00edbano a Siria, de Oriente Medio a Tigray y al C\u00e1ucaso, \u00a1cu\u00e1nta violencia! Y sobre todo este horror, sobre las masacres de tantas vidas j\u00f3venes, que deber\u00edan provocar indignaci\u00f3n, porque, en nombre de la conquista militar, son personas las que mueren, destaca un llamamiento: no tanto el del Papa, sino el de Cristo, que repite: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con vosotros!\u00bb (Jn 20,19.21.26). Y precisa: \u00abOs dejo la paz, os doy mi paz. No como la da el mundo, yo os la doy\u00bb (Jn 14,27). La paz de Cristo no es el silencio sepulcral despu\u00e9s de un conflicto, no es el resultado de una superaci\u00f3n, sino que es un don que mira a las personas y reactiva su vida. Recemos por esta paz, que es reconciliaci\u00f3n, perd\u00f3n, valor para pasar p\u00e1gina y volver a empezar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el Papa subray\u00f3, <strong><em>\u201cpara que esta paz se difunda, har\u00e9 todo lo posible. La Santa Sede est\u00e1 disponible para que los enemigos se encuentren y se miren a los ojos, para que los pueblos recuperen la esperanza y reciban la dignidad que merecen, la dignidad de la paz. Los pueblos quieren la paz y yo, con el coraz\u00f3n en la mano, digo a los responsables de los pueblos: \u00a1encontr\u00e9monos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan;<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa en mensaje de Su Santidad Le\u00f3n XIV:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, \u00a1la paz sea con vosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>Eminencia, Excelencias,<\/p>\n\n\n\n<p>queridos sacerdotes, consagrados y consagradas,<\/p>\n\n\n\n<p>hermanos y hermanas,<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo ha resucitado. \u00a1Ha resucitado de verdad! Los saludo con las palabras que, en muchas regiones, el Oriente cristiano en este tiempo pascual no se cansa de repetir, profesando el n\u00facleo de la fe y de la esperanza. Y me alegra veros aqu\u00ed precisamente con ocasi\u00f3n del Jubileo de la esperanza, cuyo fundamento indestructible es la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Bienvenidos a Roma. Me alegra encontrarme con vosotros y dedicar a los fieles orientales uno de los primeros encuentros de mi pontificado.<\/p>\n\n\n\n<p>Sois preciosos. Al miraros, pienso en la variedad de vuestras procedencias, en la historia gloriosa y en los amargos sufrimientos que muchas de vuestras comunidades han padecido o padecen. Y quisiera reiterar lo que el Papa Francisco ha dicho de las Iglesias orientales: \u00abSon Iglesias que hay que amar: custodian tradiciones espirituales y sapienciales \u00fanicas, y tienen tanto que decirnos sobre la vida cristiana, la sinodalidad y la liturgia; pensad en los primeros Padres, en los Concilios, en el monacato: tesoros inestimables para la Iglesia\u00bb (Discurso a los participantes en la Asamblea de la ROACO, 27 de junio de 2024).<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera citar tambi\u00e9n al Papa Le\u00f3n XIII, que dedic\u00f3 por primera vez un documento espec\u00edfico a la dignidad de vuestras Iglesias, dada sobre todo por el hecho de que \u00abla obra de la redenci\u00f3n humana comenz\u00f3 en Oriente\u00bb (cf. Lett. ap. Orientalium dignitas, 30 de noviembre de 1894). S\u00ed, ten\u00e9is \u00abun papel \u00fanico y privilegiado como contexto originario de la Iglesia naciente\u00bb (San Juan Pablo II, Lett. ap. Orientale lumen, 5). Es significativo que algunas de vuestras Liturgias -estos d\u00edas las celebr\u00e1is solemnemente en Roma seg\u00fan diversas tradiciones- utilicen todav\u00eda la lengua del Se\u00f1or Jes\u00fas. Pero el Papa Le\u00f3n XIII hizo una sentida s\u00faplica para que la \u00ableg\u00edtima variedad de la liturgia y disciplina orientales [&#8230;] redunde en [&#8230;] el gran decoro y utilidad de la Iglesia\u00bb (Lett. ap. Orientalium dignitas). Su preocupaci\u00f3n de entonces es hoy muy actual, porque en nuestros d\u00edas tantos hermanos y hermanas orientales, entre ellos varios de vosotros, obligados a huir de sus territorios de origen a causa de la guerra y la persecuci\u00f3n, la inestabilidad y la pobreza, corren el riesgo, al llegar a Occidente, de perder no s\u00f3lo su patria, sino tambi\u00e9n su propia identidad religiosa. Y as\u00ed, con el paso de las generaciones, se pierde el inestimable patrimonio de las Iglesias orientales.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace m\u00e1s de un siglo, Le\u00f3n XIII se\u00f1al\u00f3 que \u00abla conservaci\u00f3n de los ritos orientales es m\u00e1s importante de lo que generalmente se cree\u00bb y, con este fin, lleg\u00f3 a prescribir que \u00abcualquier misionero latino, ya sea del clero secular o regular, que por consejo o ayuda atraiga a cualquier oriental al rito latino\u00bb deber\u00eda ser \u00abdestituido y excluido de su cargo\u00bb (ibid.). Acogemos con satisfacci\u00f3n la llamada a salvaguardar y promover el Oriente cristiano, especialmente en la di\u00e1spora; aqu\u00ed, adem\u00e1s de erigir circunscripciones orientales donde sea posible y oportuno, es necesario sensibilizar a los latinos. En este sentido, pido al Dicasterio para las Iglesias orientales, al que agradezco su trabajo, que me ayude a definir principios, normas, orientaciones mediante las cuales los Pastores latinos puedan apoyar concretamente a los cat\u00f3licos orientales en la di\u00e1spora y conservar vivas sus tradiciones y enriquecer con su especificidad el contexto en el que viven.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia los necesita. \u00a1Cu\u00e1n grande es la contribuci\u00f3n que el Oriente cristiano puede darnos hoy! \u00a1Cu\u00e1nto necesitamos recuperar el sentido del misterio, tan vivo en vuestras liturgias, que implican a la persona humana en su totalidad, cantan la belleza de la salvaci\u00f3n y suscitan el asombro ante la grandeza divina que abraza la peque\u00f1ez humana! Y \u00a1qu\u00e9 importante es redescubrir, incluso en el Occidente cristiano, el sentido de la primac\u00eda de Dios, el valor de la mistagog\u00eda, la intercesi\u00f3n incesante, la penitencia, el ayuno, el llanto por los pecados propios y de toda la humanidad (penthos), tan t\u00edpicos de las espiritualidades orientales! As\u00ed pues, es crucial valorar sus tradiciones sin diluirlas, tal vez por conveniencia y comodidad, para que no se vean corrompidas por un esp\u00edritu consumista y utilitarista.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestras espiritualidades, antiguas y siempre nuevas, son medicinales. En ellas, el sentido dram\u00e1tico de la miseria humana se funde con el asombro ante la misericordia divina, de modo que nuestra bajeza no causa desesperaci\u00f3n, sino que nos invita a acoger la gracia de ser sanados, divinizados y elevados a las alturas celestiales. Debemos alabar y agradecer sin cesar al Se\u00f1or por ello. Con vosotros podemos rezar las palabras de san Efr\u00e9n el Sirio y decir a Jes\u00fas: \u00abGloria a ti, que hiciste de tu cruz un puente sobre la muerte. [Gloria a ti que te has revestido del cuerpo del hombre mortal y lo has transformado en fuente de vida para todos los mortales\u00bb (Discurso sobre el Se\u00f1or, 9). Es un don para pedir el de saber ver la certeza de la Pascua en cada aflicci\u00f3n de la vida y no desfallecer, recordando, como escribi\u00f3 otro gran padre oriental, que \u00abel mayor pecado es no creer en las energ\u00edas de la Resurrecci\u00f3n\u00bb (San Isaac de N\u00ednive, Sermones ascetici, I, 5).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n m\u00e1s que t\u00fa puede cantar palabras de esperanza en el abismo de la violencia? \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s que vosotros, que conoc\u00e9is tan bien los horrores de la guerra que el Papa Francisco ha llamado \u00abmartiriales\u00bb a vuestras Iglesias (Discurso a la ROACO, cit.)? Es verdad: de Tierra Santa a Ucrania, del L\u00edbano a Siria, de Oriente Medio a Tigray y al C\u00e1ucaso, \u00a1cu\u00e1nta violencia! Y sobre todo este horror, sobre las masacres de tantas vidas j\u00f3venes, que deber\u00edan provocar indignaci\u00f3n, porque, en nombre de la conquista militar, son personas las que mueren, destaca un llamamiento: no tanto el del Papa, sino el de Cristo, que repite: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con vosotros!\u00bb (Jn 20,19.21.26). Y precisa: \u00abOs dejo la paz, os doy mi paz. No como la da el mundo, yo os la doy\u00bb (Jn 14,27). La paz de Cristo no es el silencio sepulcral despu\u00e9s de un conflicto, no es el resultado de una superaci\u00f3n, sino que es un don que mira a las personas y reactiva su vida. Recemos por esta paz, que es reconciliaci\u00f3n, perd\u00f3n, valor para pasar p\u00e1gina y volver a empezar.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que esta paz se difunda, har\u00e9 todo lo posible. La Santa Sede est\u00e1 disponible para que los enemigos se encuentren y se miren a los ojos, para que los pueblos recuperen la esperanza y reciban la dignidad que merecen, la dignidad de la paz. Los pueblos quieren la paz y yo, con el coraz\u00f3n en la mano, digo a los responsables de los pueblos: \u00a1encontr\u00e9monos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas sino que los aumentan; porque pasar\u00e1 a la historia quien siembra la paz, no quien cosecha v\u00edctimas; porque los otros no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no villanos a los que odiar, sino personas con las que hablar. Rechacemos las visiones maniqueas t\u00edpicas de los relatos violentos, que dividen el mundo en buenos y malos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia no se cansar\u00e1 de repetir: callad las armas. Y quiero dar gracias a Dios por los que en el silencio, en la oraci\u00f3n, en la ofrenda cosen hilos de paz; y por los cristianos -orientales y latinos- que, especialmente en Oriente Medio, perseveran y resisten en sus tierras, m\u00e1s fuertes que la tentaci\u00f3n de abandonarlas. A los cristianos hay que darles la oportunidad, no s\u00f3lo palabras, de permanecer en sus tierras con todos los derechos necesarios para una existencia segura. Por favor, \u00a1esfu\u00e9rcense por ello!<\/p>\n\n\n\n<p>Y gracias, gracias, queridos hermanos y hermanas de Oriente, de donde Jes\u00fas, Sol de Justicia, sali\u00f3 para ser \u00abluces del mundo\u00bb (cf. Mt 5,14). Seguid brillando por la fe, la esperanza y la caridad, y por nada m\u00e1s. Que vuestras Iglesias sean ejemplo, y que vuestros Pastores promuevan rectamente la comuni\u00f3n, especialmente en los S\u00ednodos de los Obispos, para que sean lugares de colegialidad y de aut\u00e9ntica corresponsabilidad. Que haya transparencia en la gesti\u00f3n de los bienes, que se d\u00e9 testimonio de humilde y total entrega al pueblo santo de Dios, sin apego a los honores, a los poderes del mundo o a la propia imagen. San Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo se\u00f1alaba un bello ejemplo: \u00abAs\u00ed como quien echa polvo sobre la llama de un horno encendido la apaga, del mismo modo las preocupaciones de esta vida y todo tipo de apego a cosas insignificantes y sin valor destruyen el calor del coraz\u00f3n que se encendi\u00f3 al principio\u00bb (Cap\u00edtulos pr\u00e1cticos y teol\u00f3gicos, 63). El esplendor del Oriente cristiano exige, hoy m\u00e1s que nunca, liberarse de toda dependencia mundana y de toda tendencia contraria a la comuni\u00f3n, para ser fieles en la obediencia y en el testimonio evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Les doy las gracias por ello y os bendigo de coraz\u00f3n, pidi\u00e9ndoos que rec\u00e9is por la Iglesia y que elev\u00e9is vuestras poderosas oraciones de intercesi\u00f3n por mi ministerio. Gracias.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan, as\u00ed lo afirm\u00f3 Su Santidad al compartir su mensaje durante el encuentro con los peregrinos del Jubileo de las Iglesias Orientales. 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