{"id":245745,"date":"2025-06-01T08:35:00","date_gmt":"2025-06-01T11:35:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=245745"},"modified":"2025-06-01T09:38:44","modified_gmt":"2025-06-01T12:38:44","slug":"papa-leon-xiv-en-la-familia-la-fe-se-transmite-junto-con-la-vida-de-generacion-en-generacion-se-comparte-como-el-pan-de-la-mesa-y-los-afectos-del-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-en-la-familia-la-fe-se-transmite-junto-con-la-vida-de-generacion-en-generacion-se-comparte-como-el-pan-de-la-mesa-y-los-afectos-del-corazon\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del coraz\u00f3n<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir la Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica, en el Jubileo de las Familias, los Ni\u00f1os, los Abuelos y los Mayores. Celebrado en <strong>Plaza San Pedro, Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cel Evangelio que acabamos de proclamar nos muestra a Jes\u00fas que, en la \u00daltima Cena, ora por nosotros (cf.&nbsp;Jn&nbsp;17,20). El Verbo de Dios hecho hombre, ya cercano al final de su vida terrena, piensa en nosotros, sus hermanos, y se convierte en bendici\u00f3n, s\u00faplica y alabanza al Padre, con la fuerza del Esp\u00edritu Santo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cCristo pide, en efecto, que todos seamos \u201cuna sola cosa\u201d<br>(cf. v. 21). Este es el mayor bien que se puede desear, porque esta uni\u00f3n universal realiza entre las criaturas la comuni\u00f3n eterna de amor que es Dios mismo: el Padre que da la vida, el Hijo que la recibe y el Esp\u00edritu que la comparte\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, adem\u00e1s, <strong><em>\u201cescuchamos con conmoci\u00f3n estas palabras: Jes\u00fas nos est\u00e1 revelando que Dios nos ama como se ama a s\u00ed mismo. El Padre no nos ama menos que a su Hijo unig\u00e9nito, o sea de manera infinita. Dios no ama menos, porque ama antes de nada, \u00a1ama antes que nadie! As\u00ed lo atestigua Cristo cuando dice al Padre: \u00abYa me amabas antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb (v. 24)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, <strong>Le\u00f3n XIV<\/strong>, compart\u00eda tambi\u00e9n, <strong><em>\u201cqueridos amigos, hemos recibido la vida antes incluso de haberla deseado. Como ense\u00f1aba el Papa Francisco: \u00abTodos los hombres somos hijos, pero ninguno de nosotros eligi\u00f3 nacer\u00bb (\u00c1ngelus, 1 enero 2025). Y no s\u00f3lo eso. Apenas nacemos, necesitamos de los dem\u00e1s para vivir; solos no lo hubi\u00e9ramos logrado. Se lo debemos a alguien m\u00e1s, que nos salv\u00f3, se hizo cargo de nosotros, de nuestro cuerpo y tambi\u00e9n de nuestro esp\u00edritu. Todos nosotros vivimos gracias a una relaci\u00f3n, es decir, a un v\u00ednculo libre y liberador de humanidad y cuidado mutuo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201ces cierto que, a veces, esta humanidad se ve traicionada. Por ejemplo, cuando se invoca la libertad no para dar vida, sino para quitarla; no para proteger, sino para herir. Sin embargo, incluso frente al mal que divide y mata, Jes\u00fas sigue orando al Padre por nosotros, y su oraci\u00f3n act\u00faa como un b\u00e1lsamo sobre nuestras heridas, convirti\u00e9ndose en anuncio de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n para todos\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante el Pont\u00edfice, dijo tambi\u00e9n, <strong><em>\u201cno hay que olvidarlo: del seno de las familias nace el futuro de los pueblos.<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026), con el coraz\u00f3n lleno de gratitud y esperanza, a ustedes esposos les digo: el matrimonio no es un ideal, sino el modelo del verdadero amor entre el hombre y la mujer: amor total, fiel y fecundo (cf. S. Pablo VI, Carta enc.&nbsp;Humanae vitae, 9). Este amor, al hacerlos \u201cuna sola carne\u201d, los capacita para dar vida, a imagen de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de concluir, el <strong>Papa<\/strong> reflexion\u00f3,<strong><em> \u201cen la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del coraz\u00f3n. Esto la convierte en un lugar privilegiado para encontrar a Jes\u00fas, que nos ama y siempre quiere nuestro bien\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>JUBILEO DE LAS FAMILIAS, LOS NI\u00d1OS, LOS ABUELOS Y LOS MAYORES<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Plaza de San Pedro<br>VII Domingo de Pascua &#8211; Domingo, 1 de junio de 2025<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio que acabamos de proclamar nos muestra a Jes\u00fas que, en la \u00daltima Cena, ora por nosotros (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;17,20). El Verbo de Dios hecho hombre, ya cercano al final de su vida terrena, piensa en nosotros, sus hermanos, y se convierte en bendici\u00f3n, s\u00faplica y alabanza al Padre, con la fuerza del Esp\u00edritu Santo. Tambi\u00e9n nosotros, al entrar con asombro y confianza dentro de la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, nos vemos envueltos, por su amor, en un gran proyecto que abarca a toda la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo pide, en efecto, que todos seamos \u201cuna sola cosa\u201d<br>(cf. v. 21). Este es el mayor bien que se puede desear, porque esta uni\u00f3n universal realiza entre las criaturas la comuni\u00f3n eterna de amor que es Dios mismo: el Padre que da la vida, el Hijo que la recibe y el Esp\u00edritu que la comparte.<\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or quiere que, para unirnos, no nos agreguemos a una masa indistinta como un bloque an\u00f3nimo, sino que seamos uno: \u00abComo t\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed y yo en ti, que tambi\u00e9n ellos sean uno en nosotros\u00bb (v. 21). La unidad por la que Jes\u00fas ora es, por tanto, una comuni\u00f3n fundada en el mismo amor con que Dios ama, de donde provienen la vida y la salvaci\u00f3n. Y como tal, es ante todo un don que Jes\u00fas trae consigo. Es, desde su coraz\u00f3n humano, que el Hijo de Dios se dirige al Padre diciendo: \u00abYo en ellos y t\u00fa en m\u00ed, para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que t\u00fa me has enviado, y que yo los am\u00e9 c\u00f3mo t\u00fa me amaste\u00bb (v. 23).<\/p>\n\n\n\n<p>Escuchamos con conmoci\u00f3n estas palabras: Jes\u00fas nos est\u00e1 revelando que Dios nos ama como se ama a s\u00ed mismo. El Padre no nos ama menos que a su Hijo unig\u00e9nito, o sea de manera infinita. Dios no ama menos, porque ama antes de nada, \u00a1ama antes que nadie! As\u00ed lo atestigua Cristo cuando dice al Padre: \u00abYa me amabas antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb (v. 24). Y es as\u00ed: en su misericordia, Dios desde siempre quiere acoger a todos los hombres en su abrazo; y es su vida, la que se nos entrega por medio de Cristo, la que nos hace uno, la que nos une entre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>O\u00edr hoy este Evangelio, durante el&nbsp;<em>Jubileo de las Familias y de los Ni\u00f1os, de los Abuelos y de los Ancianos<\/em>, nos llena de alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos, hemos recibido la vida antes incluso de haberla deseado. Como ense\u00f1aba el Papa Francisco: \u00abTodos los hombres somos hijos, pero ninguno de nosotros eligi\u00f3 nacer\u00bb (<em>\u00c1ngelus<\/em>, 1 enero 2025). Y no s\u00f3lo eso. Apenas nacemos, necesitamos de los dem\u00e1s para vivir; solos no lo hubi\u00e9ramos logrado. Se lo debemos a alguien m\u00e1s, que nos salv\u00f3, se hizo cargo de nosotros, de nuestro cuerpo y tambi\u00e9n de nuestro esp\u00edritu. Todos nosotros vivimos gracias a una relaci\u00f3n, es decir, a un v\u00ednculo libre y liberador de humanidad y cuidado mutuo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que, a veces, esta humanidad se ve traicionada. Por ejemplo, cuando se invoca la libertad no para dar vida, sino para quitarla; no para proteger, sino para herir. Sin embargo, incluso frente al mal que divide y mata, Jes\u00fas sigue orando al Padre por nosotros, y su oraci\u00f3n act\u00faa como un b\u00e1lsamo sobre nuestras heridas, convirti\u00e9ndose en anuncio de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n para todos. Esa oraci\u00f3n del Se\u00f1or da sentido pleno a los momentos luminosos de nuestro amor mutuo como padres, abuelos, hijos e hijas. Y esto es lo que queremos anunciar al mundo: estamos aqu\u00ed para ser \u201cuno\u201d tal y como el Se\u00f1or quiere que seamos \u201cuno\u201d, en nuestras familias y en los lugares donde vivimos, trabajamos y estudiamos: distintos, pero uno; muchos, pero uno, siempre uno, en cualquier circunstancia y edad de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos, si nos amamos as\u00ed, sobre el fundamento de Cristo, que es \u00abel Alfa y la Omega\u00bb, \u00abel principio y el fin\u00bb (cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;22,13), seremos un signo de paz para todos, en la sociedad y en el mundo. No hay que olvidarlo: del seno de las familias nace el futuro de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas hemos recibido un signo que llena de gozo y, al mismo tiempo, invita a reflexionar: me refiero al hecho de que fueron proclamados beatos y santos algunos esposos, no por separado, sino juntos, como pareja de esposos. Pienso en Luis y Celia Martin, los padres de santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas; y recuerdo tambi\u00e9n a los beatos Luis y Mar\u00eda Beltrame Quattrocchi, cuya vida familiar transcurri\u00f3 en Roma, el siglo pasado. Y no olvidemos a la familia polaca Ulma, padres e hijos unidos en el amor y en el martirio. Dec\u00eda que es un signo que da que pensar. S\u00ed, al proponernos como testigos ejemplares a matrimonios santos, la Iglesia nos dice que el mundo de hoy necesita la alianza conyugal para conocer y acoger el amor de Dios, y para superar, con su fuerza que une y reconcilia, las fuerzas que destruyen las relaciones y las sociedades.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, con el coraz\u00f3n lleno de gratitud y esperanza, a ustedes esposos les digo: el matrimonio no es un ideal, sino el modelo del verdadero amor entre el hombre y la mujer: amor total, fiel y fecundo (cf. S. Pablo VI, Carta enc.&nbsp;<em>Humanae vitae<\/em>, 9). Este amor, al hacerlos \u201cuna sola carne\u201d, los capacita para dar vida, a imagen de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, los animo a que sean para sus hijos ejemplos de coherencia, comport\u00e1ndose como desean que ellos se comporten, educ\u00e1ndolos en la libertad mediante la obediencia, buscando siempre su propio bien y los medios para acrecentarlo. Y ustedes, hijos, sean agradecidos con sus padres: decir \u201cgracias\u201d por el don de la vida y por todo lo que con ella se nos da cada d\u00eda es la primera forma de honrar al padre y a la madre (cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;20,12). Por \u00faltimo, a ustedes, queridos abuelos y ancianos, les recomiendo que velen, con sabidur\u00eda y ternura, por quienes aman, con la humildad y paciencia que se aprenden con los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del coraz\u00f3n. Esto la convierte en un lugar privilegiado para encontrar a Jes\u00fas, que nos ama y siempre quiere nuestro bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quisiera a\u00f1adir una \u00faltima cosa. La oraci\u00f3n del Hijo de Dios, que nos infunde esperanza en el camino, tambi\u00e9n nos recuerda que un d\u00eda seremos todos&nbsp;<em>uno unum<\/em>&nbsp;(cf. S. AGUST\u00cdN,&nbsp;<em>Sermo super Ps. 127<\/em>): una sola cosa en el \u00fanico Salvador, abrazados por el amor eterno de Dios. No s\u00f3lo nosotros, sino tambi\u00e9n los padres y las madres; los abuelos y abuelas; los hermanos, hermanas e hijos que ya nos han precedido en la luz de su Pascua eterna, y que hoy sentimos presentes, aqu\u00ed, con nosotros, en este momento de fiesta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del coraz\u00f3n, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica, en el Jubileo de las Familias, los Ni\u00f1os, los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":245746,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[736,740,18,58],"class_list":["post-245745","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-jubileo-de-la-esperanza-2025","tag-leonxiv","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/245745","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=245745"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/245745\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":245747,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/245745\/revisions\/245747"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/245746"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=245745"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=245745"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=245745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}