{"id":246207,"date":"2025-08-03T07:13:00","date_gmt":"2025-08-03T10:13:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246207"},"modified":"2025-08-03T09:15:37","modified_gmt":"2025-08-03T12:15:37","slug":"papa-leon-xiv-aspiren-a-cosas-grandes-a-la-santidad-alli-donde-esten-no-se-conformen-con-menos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-aspiren-a-cosas-grandes-a-la-santidad-alli-donde-esten-no-se-conformen-con-menos\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Aspiren a cosas grandes, a la santidad, all\u00ed donde est\u00e9n, no se conformen con menos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Aspiren a cosas grandes, a la santidad, all\u00ed donde est\u00e9n, no se conformen con menos<\/strong>, as\u00ed lo declaraba el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa en el Jubileo de los J\u00f3venes. Celebrada en el campus de la Universidad de Tor Vergata, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> ante m\u00e1s de un mill\u00f3n de j\u00f3venes presentes advirti\u00f3 que la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, sino de lo que acogemos y compartimos con alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa <\/strong>dec\u00eda, <strong><em>\u201cdespu\u00e9s de la&nbsp;Vigilia&nbsp;que vivimos juntos ayer por la tarde, volvemos a encontrarnos hoy para celebrar la Eucarist\u00eda, Sacramento del don total de s\u00ed que el Se\u00f1or ha hecho por nosotros. La liturgia de hoy no nos habla directamente de este episodio, pero nos ayuda a reflexionar sobre aquello que all\u00ed se narra: el encuentro con&nbsp;el&nbsp;Cristo resucitado que cambia nuestra existencia, que ilumina nuestros afectos, deseos y pensamientos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cla primera lectura, del Libro de&nbsp;Qoh\u00e9let, nos invita a tomar contacto, como los dos disc\u00edpulos de los que hemos hablado, con la experiencia de nuestros l\u00edmites, de la finitud de las cosas que pasan (cf.&nbsp;Qo&nbsp;1,2;2,21-23); y el Salmo responsorial, que le hace eco, nos propone la imagen de \u00abla hierba que brota de ma\u00f1ana: por la ma\u00f1ana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita\u00bb (Sal&nbsp;90,5-6). Son dos referencias fuertes, quiz\u00e1 un poco impactantes, pero que no deben asustarnos, como si fueran argumentos \u201ctab\u00fa\u201d, que se deben evitar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, se\u00f1alaba el <strong>Santo Padre<\/strong>, <strong><em>\u201ctambi\u00e9n nosotros, queridos amigos, somos as\u00ed; hemos sido hechos para esto. No para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor. Y por eso aspiramos continuamente a un \u201cm\u00e1s\u201d que ninguna realidad creada nos puede dar; sentimos una sed tan grande y abrasadora, que ninguna bebida de este mundo puede saciar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> record\u00f3, <strong><em>\u201cSan Agust\u00edn, hablando de su intensa b\u00fasqueda de Dios, se preguntaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es, entonces, esa cosa tan esperada [\u2026]? \u00bfLa tierra? No. \u00bfAlgo que se origina en la tierra, como el oro, la plata, el \u00e1rbol, la mies, el agua? [\u2026] Todas estas cosas causan deleite, son hermosas, son buenas\u00bb (Serm\u00f3n&nbsp;313\/F, 3). Y conclu\u00eda: \u00abBusca a quien las hizo: \u00e9l es tu esperanza\u00bb (ib\u00edd.). Pensando, luego, en el camino que hab\u00eda recorrido, rezaba diciendo: \u00abY he aqu\u00ed que t\u00fa [Se\u00f1or] estabas dentro de m\u00ed y yo fuera, y por fuera te andaba buscando [\u2026]\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente les compart\u00eda a los j\u00f3venes, <strong><em>\u201chay una inquietud importante en nuestro coraz\u00f3n, una necesidad de verdad que no podemos ignorar, que nos lleva a preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 es realmente la felicidad? \u00bfCu\u00e1l es el verdadero sabor de la vida? Durante los d\u00edas pasados ustedes han tenido muchas experiencias hermosas. Se han encontrado entre coet\u00e1neos provenientes de diferentes partes del mundo, pertenecientes a culturas distintas. Han intercambiado conocimientos, han compartido expectativas, han dialogado con la ciudad a trav\u00e9s del arte, la m\u00fasica, la inform\u00e1tica y el deporte\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Papa <\/strong>subray\u00f3, <strong><em>\u201cde todo esto se puede deducir una respuesta importante: la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, como hemos escuchado en el Evangelio (cf.&nbsp;Lc&nbsp;12,13-21); m\u00e1s bien, est\u00e1 unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegr\u00eda (cf.&nbsp;Mt&nbsp;10,8-10;&nbsp;Jn&nbsp;6,1-13). Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las \u00abcosas celestiales\u00bb (Col&nbsp;3,2), para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, s\u00f3lo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad,<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Le\u00f3n XIV comparti\u00f3, <strong><em>\u201caspiren a cosas grandes, a la santidad, all\u00ed donde est\u00e9n. No se conformen con menos. Entonces ver\u00e1n crecer cada d\u00eda la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor. Los encomiendo a Mar\u00eda, la Virgen de la esperanza\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>JUBILEO DE LOS J\u00d3VENES<br><br><\/p>\n\n\n\n<p><strong>SANTA MISA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tor Vergata<br>XVIII domingo del Tiempo Ordinario, 3 de agosto de 2025<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Primeras palabras antes de la celebraci\u00f3n:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Buenos d\u00edas y feliz domingo:<\/p>\n\n\n\n<p>Espero que todos hayan descansado un poco. En breve comenzaremos la mayor celebraci\u00f3n que Cristo nos dej\u00f3, su presencia misma en la Eucarist\u00eda. Que Dios los bendiga a todos. Y que esta sea una ocasi\u00f3n verdaderamente memorable para todos y cada uno de nosotros cuando, juntos, como Iglesia de Cristo, lo seguimos, caminamos juntos y vivimos con Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p>_________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos j\u00f3venes:<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la&nbsp;Vigilia&nbsp;que vivimos juntos ayer por la tarde, volvemos a encontrarnos hoy para celebrar la Eucarist\u00eda, Sacramento del don total de s\u00ed que el Se\u00f1or ha hecho por nosotros. Podemos imaginar que recorremos, en esta experiencia, el camino realizado la tarde de Pascua por los disc\u00edpulos de Ema\u00fas (cf.<em>&nbsp;Lc<\/em>&nbsp;24,13-35). Primero se alejaban de Jerusal\u00e9n atemorizados y desilusionados; se iban convencidos de que, despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, ya no hab\u00eda nada m\u00e1s que hacer, nada que esperar. Y, en cambio, se encontraron precisamente con \u00c9l, lo acogieron como compa\u00f1ero de viaje, lo escucharon mientras les explicaba las Escrituras, y finalmente lo reconocieron al partir el pan. Entonces, sus ojos se abrieron y el gozoso anuncio de la Pascua encontr\u00f3 lugar en sus corazones.<\/p>\n\n\n\n<p>La liturgia de hoy no nos habla directamente de este episodio, pero nos ayuda a reflexionar sobre aquello que all\u00ed se narra: el encuentro con&nbsp;el&nbsp;Cristo resucitado que cambia nuestra existencia, que ilumina nuestros afectos, deseos y pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera lectura, del Libro de&nbsp;<em>Qoh\u00e9let<\/em>, nos invita a tomar contacto, como los dos disc\u00edpulos de los que hemos hablado, con la experiencia de nuestros l\u00edmites, de la finitud de las cosas que pasan (cf.&nbsp;<em>Qo<\/em>&nbsp;1,2;2,21-23); y el Salmo responsorial, que le hace eco, nos propone la imagen de \u00abla hierba que brota de ma\u00f1ana: por la ma\u00f1ana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita\u00bb (<em>Sal<\/em>&nbsp;90,5-6). Son dos referencias fuertes, quiz\u00e1 un poco impactantes, pero que no deben asustarnos, como si fueran argumentos \u201ctab\u00fa\u201d, que se deben evitar. La fragilidad de la que hablan, en efecto, forma parte de la maravilla que somos. Pensemos en el s\u00edmbolo de la hierba: \u00bfno es hermos\u00edsimo un prado florecido? Ciertamente, es delicado, hecho con tallos delgados, vulnerables, propensos a secarse, doblarse, quebrarse; pero, al mismo tiempo, son reemplazados r\u00e1pidamente por otros que florecen despu\u00e9s de ellos; y los primeros se vuelven generosamente para estos alimento y abono, al consumirse en el terreno. As\u00ed vive el campo, renov\u00e1ndose continuamente, e incluso durante los meses fr\u00edos del invierno, cuando todo parece callar, su energ\u00eda vibra bajo tierra y se prepara para explotar en miles de colores durante la primavera.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n nosotros, queridos amigos, somos as\u00ed; hemos sido hechos para esto. No para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor. Y por eso aspiramos continuamente a un \u201cm\u00e1s\u201d que ninguna realidad creada nos puede dar; sentimos una sed tan grande y abrasadora, que ninguna bebida de este mundo puede saciar. No enga\u00f1emos nuestro coraz\u00f3n ante esta sed, buscando satisfacerla con suced\u00e1neos ineficaces. M\u00e1s bien, escuch\u00e9mosla. Hag\u00e1monos de ella un taburete para subir y asomarnos, como ni\u00f1os, de puntillas, a la ventana del encuentro con Dios. Nos encontraremos ante \u00c9l, que nos espera; m\u00e1s bien, que llama amablemente a la puerta de nuestra alma (cf.&nbsp;<em>Ap<\/em>&nbsp;3,20). Y es hermoso, tambi\u00e9n con veinte a\u00f1os, abrirle de par en par el coraz\u00f3n, permitirle entrar, para despu\u00e9s aventurarnos con \u00c9l hacia espacios eternos del infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>San Agust\u00edn, hablando de su intensa b\u00fasqueda de Dios, se preguntaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es, entonces, esa cosa tan esperada [\u2026]? \u00bfLa tierra? No. \u00bfAlgo que se origina en la tierra, como el oro, la plata, el \u00e1rbol, la mies, el agua? [\u2026] Todas estas cosas causan deleite, son hermosas, son buenas\u00bb (<em>Serm\u00f3n&nbsp;<\/em>313\/F, 3). Y conclu\u00eda: \u00abBusca a quien las hizo: \u00e9l es tu esperanza\u00bb (<em>ib\u00edd<\/em>.). Pensando, luego, en el camino que hab\u00eda recorrido, rezaba diciendo: \u00abY he aqu\u00ed que t\u00fa [Se\u00f1or] estabas dentro de m\u00ed y yo fuera, y por fuera te andaba buscando [\u2026]. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respir\u00e9, y ya suspiro por ti; gust\u00e9 de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abras\u00e9 en tu paz\u00bb (<em>Confesiones<\/em>, 10, 27).<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanas y hermanos, son palabras muy hermosas, que nos recuerdan lo que dec\u00eda el&nbsp;Papa Francisco en Lisboa, durante la Jornada Mundial de la Juventud, a otros j\u00f3venes como ustedes: \u00abCada uno est\u00e1 llamado a confrontarse con grandes preguntas que no tienen [\u2026] una respuesta simplista o inmediata, sino que invitan a emprender un viaje, a superarse a s\u00ed mismos, a ir m\u00e1s all\u00e1 [\u2026], a un despegue sin el cual no hay vuelo.No nos alarmemos, entonces, si nos encontramos interiormente sedientos, inquietos, incompletos, deseosos de sentido y de futuro [\u2026]. \u00a1No estamos enfermos, estamos vivos!\u00bb (<em>Discurso en el encuentro con los j\u00f3venes universitarios<\/em>, 3 agosto 2023).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una inquietud importante en nuestro coraz\u00f3n, una necesidad de verdad que no podemos ignorar, que nos lleva a preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 es realmente la felicidad? \u00bfCu\u00e1l es el verdadero sabor de la vida? \u00bfQu\u00e9 es lo que nos libera de los pantanos del sinsentido, del aburrimiento y de la mediocridad?<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los d\u00edas pasados ustedes han tenido muchas experiencias hermosas. Se han encontrado entre coet\u00e1neos provenientes de diferentes partes del mundo, pertenecientes a culturas distintas. Han intercambiado conocimientos, han compartido expectativas, han dialogado con la ciudad a trav\u00e9s del arte, la m\u00fasica, la inform\u00e1tica y el deporte. Despu\u00e9s, en el Circo M\u00e1ximo, acerc\u00e1ndose al Sacramento de la Penitencia, han recibido el perd\u00f3n de Dios y le han pedido su ayuda para una vida buena.<\/p>\n\n\n\n<p>De todo esto se puede deducir una respuesta importante: la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, como hemos escuchado en el Evangelio (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;12,13-21); m\u00e1s bien, est\u00e1 unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegr\u00eda (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;10,8-10;&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;6,1-13). Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las \u00abcosas celestiales\u00bb (<em>Col&nbsp;<\/em>3,2), para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, s\u00f3lo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros \u201csentimientos de profunda compasi\u00f3n, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia\u201d (cf.&nbsp;<em>Col<\/em>&nbsp;3,12), de perd\u00f3n (cf.&nbsp;<em>ib\u00edd<\/em>., v. 13) y de paz (cf.&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;14,27), como los de Cristo (cf.&nbsp;<em>Flp<\/em>&nbsp;2,5). Y en este horizonte comprenderemos cada vez mejor lo que significa que \u00abla esperanza no quedar\u00e1 defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb (<em>Rm<\/em>&nbsp;5,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Muy queridos j\u00f3venes, nuestra esperanza es Jes\u00fas. Es \u00c9l, como dec\u00eda san Juan Pablo II, \u00abel que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, [\u2026] para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haci\u00e9ndola m\u00e1s humana y fraterna\u00bb (<em>XV Jornada Mundial de la Juventud, Vigilia de oraci\u00f3n<\/em>, 19 agosto 2000). Manteng\u00e1monos unidos a \u00c9l, permanezcamos en su amistad, siempre, cultiv\u00e1ndola con la oraci\u00f3n, la adoraci\u00f3n, la comuni\u00f3n eucar\u00edstica, la confesi\u00f3n frecuente, la caridad generosa, como nos han ense\u00f1ado los beatos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que pr\u00f3ximamente ser\u00e1n proclamados santos. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, all\u00ed donde est\u00e9n. No se conformen con menos. Entonces ver\u00e1n crecer cada d\u00eda la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>Los encomiendo a Mar\u00eda, la Virgen de la esperanza. Con su ayuda, al regresar a sus pa\u00edses en los pr\u00f3ximos d\u00edas, en cada parte del mundo, sigan caminando con alegr\u00eda tras las huellas del Salvador, y contagien a los que encuentren con el entusiasmo y el testimonio de su fe. \u00a1Buen camino!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | Aspiren a cosas grandes, a la santidad, all\u00ed donde est\u00e9n, no se conformen con menos, as\u00ed lo declaraba el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa en el Jubileo de los J\u00f3venes. 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