{"id":246381,"date":"2025-08-13T10:29:47","date_gmt":"2025-08-13T13:29:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246381"},"modified":"2025-08-13T10:29:47","modified_gmt":"2025-08-13T13:29:47","slug":"papa-leon-xiv-dios-nunca-nos-falla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-dios-nunca-nos-falla\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Dios nunca nos falla"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Dios nunca nos falla<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje durante la Audiencia General del mi\u00e9rcoles. Celebrada en el Aula Pablo VI el <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>, retomando el ciclo de catequesis que se desarrolla a lo largo de todo el A\u00f1o Jubilar, \u00abJesucristo, nuestra esperanza\u00bb, centr\u00f3 su meditaci\u00f3n en el tema La traici\u00f3n. \u00ab\u00bfSoy yo?\u00bb (Mc 14,19).<\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto, dec\u00eda,<strong><em> \u201c(\u2026) continuamos nuestro camino en la escuela del Evangelio, siguiendo los pasos de Jes\u00fas en los \u00faltimos d\u00edas de su vida. Hoy nos detenemos en una escena \u00edntima, dram\u00e1tica, pero tambi\u00e9n profundamente verdadera: el momento en que, durante la cena pascual, Jes\u00fas revela que uno de los Doce est\u00e1 a punto de traicionarlo: \u00abEn verdad os digo: uno de vosotros, el que come conmigo, me traicionar\u00e1\u00bb (Mc 14,18)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, el <strong>Santo Padre<\/strong>, agreg\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) la forma en que Jes\u00fas habla de lo que est\u00e1 a punto de suceder es sorprendente. No levanta la voz, no se\u00f1ala con el dedo, no pronuncia el nombre de Judas. San Marcos nos dice: \u00abComenzaron a entristecerse y a decirle, uno tras otro: \u201c\u00bfSoy yo?\u201d\u00bb (Mc 14,19). Queridos amigos, esta pregunta \u2014\u00ab\u00bfSoy yo?\u00bb\u2014 es quiz\u00e1s una de las m\u00e1s sinceras que podemos hacernos a nosotros mismos. No es la pregunta del inocente, sino del disc\u00edpulo que se descubre fr\u00e1gil\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, <strong>Le\u00f3n XIV<\/strong> se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cJes\u00fas no denuncia para humillar. Dice la verdad porque quiere salvar. Y para ser salvados hay que sentir: sentir que se est\u00e1 involucrado, sentir que se es amado a pesar de todo, sentir que el mal es real pero no tiene la \u00faltima palabra. Solo quien ha conocido la verdad de un amor profundo puede aceptar tambi\u00e9n la herida de la traici\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, compart\u00eda el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, <strong><em>\u201cestamos acostumbrados a juzgar. Dios, en cambio, acepta sufrir. Cuando ve el mal, no se venga, sino que se entristece. Y ese \u00abmejor que nunca hubiera nacido\u00bb no es una condena impuesta a priori, sino una verdad que cada uno de nosotros puede reconocer: si renegamos del amor que nos ha engendrado, si traicionando nos volvemos infieles a nosotros mismos, entonces realmente perdemos el sentido de nuestro haber venido al mundo y nos autoexcluimos de la salvaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalizando, dec\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) tambi\u00e9n nosotros podemos preguntarnos hoy, con sinceridad: \u00ab\u00bfSoy yo acaso?\u00bb. No para sentirnos acusados, sino para abrir un espacio a la verdad en nuestro coraz\u00f3n. La salvaci\u00f3n comienza aqu\u00ed: en la conciencia de que podr\u00edamos ser nosotros quienes rompemos la confianza en Dios, pero que tambi\u00e9n podemos ser nosotros quienes la recogemos, la custodiamos y la renovamos. En el fondo, esta es la esperanza: saber que, aunque podamos fallar, Dios nunca nos falla. Aunque podamos traicionarlo, \u00c9l no deja de amarnos. Y si nos dejamos alcanzar por este amor \u2014humilde, herido, pero siempre fiel\u2014, entonces podemos renacer de verdad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>Ciclo de catequesis \u2013 Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. III. La Pascua de Jes\u00fas. 2. La traici\u00f3n. \u00ab\u00bfSoy yo?\u00bb (Mc 14,19)<\/p>\n\n\n\n<p>Saludo improvisado antes del inicio de la audiencia general<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos d\u00edas, \u00a1Buenos d\u00edas a todos! \u00a1Buenos d\u00edas!<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana tendremos la audiencia en varios lugares, en diferentes momentos, para estar un poco alejados del sol y del calor extremo. Les agradecemos su paciencia y damos gracias a Dios por el maravilloso regalo de la vida, del buen tiempo y de todas sus bendiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, vamos a hacer la audiencia esta ma\u00f1ana en dos momentos, porque hay gente aqu\u00ed al lado, gente en la bas\u00edlica y tambi\u00e9n en la plaza. Bienvenidos todos. Y poco a poco vamos a ir saludando en cuanto sea posible a todos los grupos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, hoy celebramos esta audiencia en diferentes momentos, un poco para protegernos del sol, del calor extremo. \u00a1Gracias por venir! \u00a1Bienvenidos todos!<\/p>\n\n\n\n<p>____________________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas,<\/p>\n\n\n\n<p>continuamos nuestro camino en la escuela del Evangelio, siguiendo los pasos de Jes\u00fas en los \u00faltimos d\u00edas de su vida. Hoy nos detenemos en una escena \u00edntima, dram\u00e1tica, pero tambi\u00e9n profundamente verdadera: el momento en que, durante la cena pascual, Jes\u00fas revela que uno de los Doce est\u00e1 a punto de traicionarlo: \u00abEn verdad os digo: uno de vosotros, el que come conmigo, me traicionar\u00e1\u00bb (Mc 14,18).<\/p>\n\n\n\n<p>Palabras fuertes. Jes\u00fas no las pronuncia para condenar, sino para mostrar que el amor, cuando es verdadero, no puede prescindir de la verdad. La sala del piso superior, donde poco antes todo hab\u00eda sido preparado con esmero, se llena de repente de un dolor silencioso, hecho de preguntas, de sospechas, de vulnerabilidad. Es un dolor que tambi\u00e9n nosotros conocemos bien, cuando en las relaciones m\u00e1s queridas se insin\u00faa la sombra de la traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la forma en que Jes\u00fas habla de lo que est\u00e1 a punto de suceder es sorprendente. No levanta la voz, no se\u00f1ala con el dedo, no pronuncia el nombre de Judas. Habla de tal manera que cada uno puede preguntarse. Y eso es precisamente lo que sucede. San Marcos nos dice: \u00abComenzaron a entristecerse y a decirle, uno tras otro: \u201c\u00bfSoy yo?\u201d\u00bb (Mc 14,19) .<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos, esta pregunta \u2014\u00ab\u00bfSoy yo?\u00bb\u2014 es quiz\u00e1s una de las m\u00e1s sinceras que podemos hacernos a nosotros mismos. No es la pregunta del inocente, sino del disc\u00edpulo que se descubre fr\u00e1gil. No es el grito del culpable, sino el susurro de quien, aunque quiere amar, sabe que puede herir. Es en esta conciencia donde comienza el camino de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas no denuncia para humillar. Dice la verdad porque quiere salvar. Y para ser salvados hay que sentir: sentir que se est\u00e1 involucrado, sentir que se es amado a pesar de todo, sentir que el mal es real pero no tiene la \u00faltima palabra. Solo quien ha conocido la verdad de un amor profundo puede aceptar tambi\u00e9n la herida de la traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La reacci\u00f3n de los disc\u00edpulos no es ira, sino tristeza. No se indignan, se entristecen. Es un dolor que nace de la posibilidad real de estar involucrados. Y precisamente esta tristeza, si se acoge con sinceridad, se convierte en un lugar de conversi\u00f3n. El Evangelio no nos ense\u00f1a a negar el mal, sino a reconocerlo como una dolorosa oportunidad para renacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas a\u00f1ade luego una frase que nos inquieta y nos hace pensar: \u00ab\u00a1Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es traicionado! \u00a1Mejor para ese hombre si nunca hubiera nacido!\u00bb (Mc 14,21). Son palabras duras, sin duda, pero hay que entenderlas bien: no se trata de una maldici\u00f3n, sino m\u00e1s bien de un grito de dolor. En griego, ese \u00abay\u00bb suena como un lamento, un \u00abay\u00bb, una exclamaci\u00f3n de compasi\u00f3n sincera y profunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos acostumbrados a juzgar. Dios, en cambio, acepta sufrir. Cuando ve el mal, no se venga, sino que se entristece. Y ese \u00abmejor que nunca hubiera nacido\u00bb no es una condena impuesta a priori, sino una verdad que cada uno de nosotros puede reconocer: si renegamos del amor que nos ha engendrado, si traicionando nos volvemos infieles a nosotros mismos, entonces realmente perdemos el sentido de nuestro haber venido al mundo y nos autoexcluimos de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, precisamente all\u00ed, en el punto m\u00e1s oscuro, la luz no se apaga. Al contrario, comienza a brillar. Porque si reconocemos nuestro l\u00edmite, si nos dejamos tocar por el dolor de Cristo, entonces podemos finalmente renacer. La fe no nos ahorra la posibilidad del pecado, pero siempre nos ofrece una v\u00eda para salir de \u00e9l: la de la misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas no se escandaliza ante nuestra fragilidad. Sabe bien que ninguna amistad es inmune al riesgo de la traici\u00f3n. Pero Jes\u00fas sigue confiando. Sigue sent\u00e1ndose a la mesa con los suyos. No renuncia a partir el pan incluso para aquellos que lo traicionar\u00e1n. Esta es la fuerza silenciosa de Dios: nunca abandona la mesa del amor, ni siquiera cuando sabe que lo dejar\u00e1n solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, tambi\u00e9n nosotros podemos preguntarnos hoy, con sinceridad: \u00ab\u00bfSoy yo acaso?\u00bb. No para sentirnos acusados, sino para abrir un espacio a la verdad en nuestro coraz\u00f3n. La salvaci\u00f3n comienza aqu\u00ed: en la conciencia de que podr\u00edamos ser nosotros quienes rompemos la confianza en Dios, pero que tambi\u00e9n podemos ser nosotros quienes la recogemos, la custodiamos y la renovamos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, esta es la esperanza: saber que, aunque podamos fallar, Dios nunca nos falla. Aunque podamos traicionarlo, \u00c9l no deja de amarnos. Y si nos dejamos alcanzar por este amor \u2014humilde, herido, pero siempre fiel\u2014, entonces podemos renacer de verdad. Y empezar a vivir ya no como traidores, sino como hijos siempre amados.<\/p>\n\n\n\n<p>________________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Saludos<\/p>\n\n\n\n<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa\u00f1ola. Pidamos al Se\u00f1or Jes\u00fas un coraz\u00f3n humilde y abierto a su gracia para que, como hacemos en la Eucarist\u00eda, est\u00e9 dispuesto a reconocer las faltas, a pedir perd\u00f3n y a empezar de nuevo cada d\u00eda, con la certeza de sabernos infinitamente amados por \u00c9l. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | Dios nunca nos falla, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir su mensaje durante la Audiencia General del mi\u00e9rcoles. 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