{"id":246664,"date":"2025-09-17T08:47:18","date_gmt":"2025-09-17T11:47:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246664"},"modified":"2025-09-17T08:53:08","modified_gmt":"2025-09-17T11:53:08","slug":"papa-leon-xiv-la-verdadera-alegria-nace-de-la-espera-habitada-de-la-fe-paciente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-verdadera-alegria-nace-de-la-espera-habitada-de-la-fe-paciente\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La verdadera alegr\u00eda nace de la espera habitada, de la fe paciente"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La verdadera alegr\u00eda nace de la espera habitada, de la fe paciente<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1alaba el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje durante la Audiencia General. Celebrada en <strong>Plaza San Pedro<\/strong>,<strong> Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> retomando el ciclo de catequesis que se desarrolla a lo largo de todo el A\u00f1o Jubilar, \u00abJesucristo, nuestra esperanza\u00bb, centr\u00f3 su meditaci\u00f3n en el tema La muerte. \u00abUn sepulcro nuevo, en el que a\u00fan no hab\u00eda sido depositado nadie\u00bb (Jn 19, 40-41).<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cen nuestro camino de las catequesis sobre Jes\u00fas esperanza nuestra, hoy contemplamos el misterio del S\u00e1bado Santo. El Hijo de Dios yace en la tumba. Pero esta su \u201causencia\u201d no es un vac\u00edo: es espera, plenitud contenida, promesa custodiada en la oscuridad.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El cuerpo de Jes\u00fas, bajado de la cruz, fue envuelto con cuidado, como se hace con aquello que es valioso. &nbsp;El evangelista Juan nos dice que fue sepultado en un jard\u00edn, dentro \u00abuna tumba nueva, en la que todav\u00eda nadie hab\u00eda sido sepultado\u00bb (Jn&nbsp;19,41)\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cel S\u00e1bado Santo es tambi\u00e9n un d\u00eda de descanso. Seg\u00fan la ley jud\u00eda, el s\u00e9ptimo d\u00eda no se debe trabajar: de hecho, luego de seis d\u00edas de creaci\u00f3n, Dios descans\u00f3 (cfr&nbsp;Gen&nbsp;2,2). Ahora, tambi\u00e9n el Hijo, luego de haber completado su obra de salvaci\u00f3n, descansa\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> continuaba diciendo, <strong><em>\u201cfatigamos en detenernos y descansar. Vivimos como si la vida nunca fuese suficiente. Corremos por producir, por demostrar, por no perder terreno. Pero el Evangelio nos ense\u00f1a que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a cumplir.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>En el sepulcro, Jes\u00fas, la Palabra viviente del Padre, calla. Pero es justamente en aquel silencio que la vida nueva inicia a fermentar. Como una semilla en la tierra, como la oscuridad antes del amanecer. Dios no tiene miedo del tiempo que pasa, porque es Se\u00f1or tambi\u00e9n de la espera. As\u00ed, tambi\u00e9n nuestro tiempo \u201cno \u00fatil\u201d, aquel de las pausas, de los vac\u00edos, de los momentos est\u00e9riles, puede convertirse en vientre de resurrecci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Santo Padre<\/strong> dijo, <strong><em>\u201cla esperanza cristiana no nace en el ruido, sino en el silencio de una espera habitada por el amor. Nos lo ense\u00f1a la virgen Mar\u00eda: ella encarna esta espera, esta esperanza. Cuando nos parezca que todo est\u00e1 detenido, que la vida es un camino interrumpido, acord\u00e9monos del S\u00e1bado Santo. Y si sabemos acoger con gratitud aquello acontecido, descubriremos que, justamente en la peque\u00f1ez, y en el silencio, Dios ama transfigurar la realidad haciendo nuevas todas las cosas con la fidelidad de su amor. La verdadera alegr\u00eda nace de la espera habitada, de la fe paciente, de la esperanza que cuanto ha vivido en el amor, ciertamente, resurgir\u00e1 a la vida eterna\u201d. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>en nuestro camino de las catequesis sobre Jes\u00fas esperanza nuestra, hoy contemplamos el misterio del S\u00e1bado Santo. El Hijo de Dios yace en la tumba. Pero esta su \u201causencia\u201d no es un vac\u00edo: es espera, plenitud contenida, promesa custodiada en la oscuridad. Es el d\u00eda del gran silencio, en el que el cielo parece mudo y la tierra inm\u00f3vil, pero es justamente all\u00ed que se cumple el misterio m\u00e1s profundo de la fe cristiana. Es un silencio gr\u00e1vido de sentido, como el vientre de una madre que custodia al hijo todav\u00eda no nacido, pero ya vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo de Jes\u00fas, bajado de la cruz, fue envuelto con cuidado, como se hace con aquello que es valioso. &nbsp;El evangelista Juan nos dice que fue sepultado en un jard\u00edn, dentro \u00ab<em>una tumba nueva, en la que todav\u00eda nadie hab\u00eda sido sepultado<\/em>\u00bb (<em>Jn&nbsp;<\/em>19,41). Nada es dejado a la casualidad. Aquel jard\u00edn recuerda al Ed\u00e9n perdido, el lugar en el que Dios y el hombre estaban unidos. Y aquella tumba nunca antes usada habla de algo que todav\u00eda debe suceder: es un umbral, no un final. En el inicio de la creaci\u00f3n Dios hab\u00eda plantado un jard\u00edn, ahora tambi\u00e9n la nueva creaci\u00f3n toma forma en un jard\u00edn: con una tumba cerrada que pronto se abrir\u00e1<\/p>\n\n\n\n<p>El S\u00e1bado Santo es tambi\u00e9n un d\u00eda de descanso. Seg\u00fan la ley jud\u00eda, el s\u00e9ptimo d\u00eda no se debe trabajar: de hecho, luego de seis d\u00edas de creaci\u00f3n, Dios descans\u00f3 (cfr&nbsp;<em>Gen<\/em>&nbsp;2,2). Ahora, tambi\u00e9n el Hijo, luego de haber completado su obra de salvaci\u00f3n, descansa. No porque est\u00e1 cansado, sino porque ha concluido su trabajo. No porque se ha rendido, sino porque ha amado hasta el final. No hay nada m\u00e1s que agregar. Este descanso es el sello de la obra cumplida, es la confirmaci\u00f3n de aquello que ten\u00eda que hacerse y que ha sido completado. Es un descanso lleno de la presencia oculta del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Fatigamos en detenernos y descansar. Vivimos como si la vida nunca fuese suficiente. Corremos por producir, por demostrar, por no perder terreno. Pero el Evangelio nos ense\u00f1a que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a cumplir. El S\u00e1bado Santo nos invita a descubrir que la vida no depende siempre de aquello que hacemos, sino tambi\u00e9n de c\u00f3mo sabemos desistir de cuanto hemos podido hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>En el sepulcro, Jes\u00fas, la Palabra viviente del Padre, calla. Pero es justamente en aquel silencio que la vida nueva inicia a fermentar. Como una semilla en la tierra, como la oscuridad antes del amanecer. Dios no tiene miedo del tiempo que pasa, porque es Se\u00f1or tambi\u00e9n de la espera. As\u00ed, tambi\u00e9n nuestro tiempo \u201cno \u00fatil\u201d, aquel de las pausas, de los vac\u00edos, de los momentos est\u00e9riles, puede convertirse en vientre de resurrecci\u00f3n. Todo silencio acogido puede ser la premisa de una Palabra nueva. Todo tiempo detenido puede convertirse en tiempo de gracia, si lo ofrecemos a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas, sepultado en la tierra, es el rostro mansueto de un Dios que no ocupa todo el espacio. Es el Dios que deja hacer, que espera, que se retira para dejarnos la libertad. Es el Dios que se f\u00eda, tambi\u00e9n cuando todo parece terminado. Y nosotros, en ese s\u00e1bado detenido, aprendemos que no tenemos que tener prisa de resurgir: m\u00e1s es necesario descansar, acoger el silencio, dejarse abrazar por el l\u00edmite. A veces buscamos respuestas r\u00e1pidas, soluciones inmediatas. Pero Dios trabaja en lo profundo, en el tiempo lento de la confianza. El s\u00e1bado de la sepultura se convierte as\u00ed en las entra\u00f1as de las que pueden brotar las fuerzas de una luz invencible, aquella de la Pascua.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos, la esperanza cristiana no nace en el ruido, sino en el silencio de una espera habitada por el amor. No es hija de la euforia, sino de un confiado abandono. Nos lo ense\u00f1a la virgen Mar\u00eda: ella encarna esta espera, esta esperanza. Cuando nos parezca que todo est\u00e1 detenido, que la vida es un camino interrumpido, acord\u00e9monos del S\u00e1bado Santo. Tambi\u00e9n en la tumba, Dios est\u00e1 preparando la sorpresa m\u00e1s grande. Y si sabemos acoger con gratitud aquello acontecido, descubriremos que, justamente en la peque\u00f1ez, y en el silencio, Dios ama transfigurar la realidad haciendo nuevas todas las cosas con la fidelidad de su amor. La verdadera alegr\u00eda nace de la espera habitada, de la fe paciente, de la esperanza que cuanto ha vivido en el amor, ciertamente, resurgir\u00e1 a la vida eterna. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>__________________<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Saludos&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa\u00f1ola, en modo particular a los grupos provenientes de Espa\u00f1a de M\u00e9xico, de Per\u00fa, de todaAm\u00e9rica Latina. En medio del ruido y de la prisa en que a veces nos encontramos, pidamos la intercesi\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda para que nos ense\u00f1e, como ella, a vivir el S\u00e1bado Santo descubriendo el sentido del silencio y de la contemplaci\u00f3n. Que el Se\u00f1or los bendiga. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | La verdadera alegr\u00eda nace de la espera habitada, de la fe paciente, as\u00ed lo se\u00f1alaba el Santo Padre al compartir su mensaje durante la Audiencia General. 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