{"id":246764,"date":"2025-09-28T09:00:00","date_gmt":"2025-09-28T12:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246764"},"modified":"2025-09-28T15:33:28","modified_gmt":"2025-09-28T18:33:28","slug":"papa-leon-xiv-el-catequista-es-una-persona-de-palabra-una-palabra-que-pronuncia-con-su-propia-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-el-catequista-es-una-persona-de-palabra-una-palabra-que-pronuncia-con-su-propia-vida\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | El catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | El catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su Homil\u00eda al presidir la <strong>Santa Misa<\/strong> en el Jubileo de los Catequistas. El <strong>Papa Le\u00f3n XIV<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201clas palabras de Jes\u00fas nos comunican c\u00f3mo Dios contempla el mundo, en cada tiempo y en cada lugar. En el Evangelio que hemos escuchado (Lc&nbsp;16,19-31), sus ojos observan a un pobre y a un rico, el que muere de hambre y el que engulle frente a \u00e9l; ven la vestimenta elegante de uno y las llagas del otro, lamidas por los perros (cf.&nbsp;Lc&nbsp;16,19-21). Pero no s\u00f3lo eso: el Se\u00f1or mira el coraz\u00f3n de los hombres y, a trav\u00e9s de sus ojos, nosotros reconocemos a un indigente y a un indiferente\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, dijo, <strong><em>\u201cel relato que Cristo nos conf\u00eda es, lamentablemente, muy actual. A las puertas de la opulencia se encuentra hoy la miseria de pueblos enteros, azotados por la guerra y la explotaci\u00f3n. Nada parece que haya cambiado a lo largo de los siglos, cu\u00e1ntos L\u00e1zaros mueren frente a la avaricia que olvida la justicia, al beneficio que pisotea la caridad, a la riqueza ciega frente al dolor de los necesitados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Papa<\/strong> agreg\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) ustedes catequistas son esos disc\u00edpulos de Jes\u00fas que se convierten en sus testigos. El nombre del ministerio que llevan adelante proviene del verbo griego&nbsp;kat\u0113chein, que significa&nbsp;instruir de viva voz, hacer resonar. Eso quiere decir que el catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida. Por eso los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos ense\u00f1aron a hablar. As\u00ed como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza all\u00ed donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, <strong>Pont\u00edfice<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201ctodos hemos sido educados a creer mediante el testimonio de quien ha cre\u00eddo antes de nosotros. Desde ni\u00f1os y adolescentes, siendo j\u00f3venes, despu\u00e9s adultos y tambi\u00e9n ancianos, los catequistas nos acompa\u00f1an en la fe compartiendo un camino constante, como han hecho ustedes en estos d\u00edas, en la peregrinaci\u00f3n jubilar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Papa<\/strong> nos se\u00f1alaba, <strong><em>\u201crecordemos que nadie da lo que no tiene. Si el rico del Evangelio hubiera tenido caridad con L\u00e1zaro, habr\u00eda hecho el bien, no s\u00f3lo al pobre, sino tambi\u00e9n a s\u00ed mismo. Si ese hombre sin nombre hubiera tenido fe, Dios lo habr\u00eda salvado de todo tormento; fue el apego a las riquezas mundanas lo que le quit\u00f3 la esperanza del bien verdadero y eterno. Cuando tambi\u00e9n nosotros estamos tentados por la avaricia y la indiferencia, los muchos L\u00e1zaros de hoy nos recuerdan la palabra de Jes\u00fas, convirti\u00e9ndose para nosotros en una catequesis a\u00fan m\u00e1s eficaz en este Jubileo, que es para todos un tiempo de conversi\u00f3n y de perd\u00f3n, de compromiso por la justicia y de b\u00fasqueda sincera de la paz\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras de Jes\u00fas nos comunican c\u00f3mo Dios contempla el mundo, en cada tiempo y en cada lugar. En el Evangelio que hemos escuchado (<em>Lc<\/em>&nbsp;16,19-31), sus ojos observan a un pobre y a un rico, el que muere de hambre y el que engulle frente a \u00e9l; ven la vestimenta elegante de uno y las llagas del otro, lamidas por los perros (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;16,19-21). Pero no s\u00f3lo eso: el Se\u00f1or mira el coraz\u00f3n de los hombres y, a trav\u00e9s de sus ojos, nosotros reconocemos a un indigente y a un indiferente. L\u00e1zaro es olvidado por quien est\u00e1 frente a \u00e9l, justo despu\u00e9s de la puerta de su casa; sin embargo, Dios est\u00e1 cerca suyo y recuerda su nombre. El hombre que vive en la abundancia, en cambio, no tiene nombre, porque se pierde a s\u00ed mismo, olvid\u00e1ndose del pr\u00f3jimo. Est\u00e1 disperso en los pensamientos de su coraz\u00f3n, lleno de cosas y vac\u00edo de amor. Sus bienes no lo hacen bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato que Cristo nos conf\u00eda es, lamentablemente, muy actual. A las puertas de la opulencia se encuentra hoy la miseria de pueblos enteros, azotados por la guerra y la explotaci\u00f3n. Nada parece que haya cambiado a lo largo de los siglos, cu\u00e1ntos L\u00e1zaros mueren frente a la avaricia que olvida la justicia, al beneficio que pisotea la caridad, a la riqueza ciega frente al dolor de los necesitados. Sin embargo, el Evangelio asegura que los sufrimientos de L\u00e1zaro tienen un final. Sus dolores terminan, as\u00ed como terminan los banquetes del rico, y Dios hace justicia a ambos: \u00abEl pobre muri\u00f3 y fue llevado por los \u00e1ngeles al seno de Abraham. El rico tambi\u00e9n muri\u00f3 y fue sepultado\u00bb (v. 22). La Iglesia, sin cansarse, anuncia esta palabra del Se\u00f1or, para que nuestros corazones se conviertan.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos, por una singular coincidencia, este mismo pasaje evang\u00e9lico fue proclamado precisamente durante el Jubileo de los Catequistas en el A\u00f1o de la Misericordia. Dirigi\u00e9ndose a los peregrinos venidos a Roma por esa circunstancia, el Papa Francisco destac\u00f3 que Dios redime el mundo de todo mal, dando su vida por nuestra salvaci\u00f3n. Su acci\u00f3n es el comienzo de nuestra misi\u00f3n, porque nos invita a darnos nosotros mismos por el bien de todos. Dec\u00eda el Papa a los catequistas: \u00abEste centro, alrededor del cual gira todo, este coraz\u00f3n que late y da vida a todo es el anuncio pascual, el primer anuncio: el Se\u00f1or Jes\u00fas ha resucitado, el Se\u00f1or Jes\u00fas te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, est\u00e1 a tu lado y te espera todos los d\u00edas\u00bb (<em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2016\/documents\/papa-francesco_20160925_omelia-giubileo-catechisti.html\">Homil\u00eda<\/a><\/em>, 26 septiembre 2016). Estas palabras nos hacen reflexionar sobre el di\u00e1logo entre el hombre rico y Abraham, que hemos escuchado en el Evangelio. Se trata de una s\u00faplica que el rico expresa para salvar a sus hermanos y que se vuelve un desaf\u00edo para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablando con Abraham, en efecto, \u00e9l exclama: \u00abSi alguno de los muertos va a verlos, se convertir\u00e1n\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;16,30). Abraham responde de este modo: \u00abSi no escuchan a Mois\u00e9s y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencer\u00e1n\u00bb (v. 31). Ahora bien, uno resucit\u00f3 de entre los muertos: Jesucristo. Las palabras de la Escritura, pues, no quieren decepcionarnos o desanimarnos, sino despertar nuestra conciencia. Escuchar a Mois\u00e9s y a los Profetas significa hacer memoria de los mandamientos y las promesas de Dios, cuya providencia no abandona nunca a nadie. El Evangelio nos anuncia que la vida de todos puede cambiar, porque Cristo ha resucitado de entre los muertos. Este acontecimiento es la verdad que nos salva; por eso debe conocerse y anunciarse, pero no es suficiente. Debe amarse, y es este amor el que nos lleva a comprender el Evangelio, porque nos transforma abriendo el coraz\u00f3n a la palabra de Dios y al rostro del pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, ustedes catequistas son esos disc\u00edpulos de Jes\u00fas que se convierten en sus testigos. El nombre del ministerio que llevan adelante proviene del verbo griego&nbsp;<em>kat\u0113chein<\/em>, que significa&nbsp;<em>instruir de viva voz, hacer resonar<\/em>. Eso quiere decir que el catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida. Por eso los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos ense\u00f1aron a hablar. As\u00ed como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza all\u00ed donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa. Cuando hay una voz, un gesto, un rostro que lleva a Cristo, la familia experimenta la belleza del Evangelio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todos hemos sido educados a creer mediante el testimonio de quien ha cre\u00eddo antes de nosotros. Desde ni\u00f1os y adolescentes, siendo j\u00f3venes, despu\u00e9s adultos y tambi\u00e9n ancianos, los catequistas nos acompa\u00f1an en la fe compartiendo un camino constante, como han hecho ustedes en estos d\u00edas, en la peregrinaci\u00f3n jubilar. Esta din\u00e1mica involucra a toda la Iglesia; en efecto, mientras en Pueblo de Dios genera hombres y mujeres en la fe, \u00abva creciendo en la comprensi\u00f3n de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplaci\u00f3n y el estudio de los creyentes, que las meditan en su coraz\u00f3n y, ya por la percepci\u00f3n \u00edntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesi\u00f3n del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad\u00bb (Const. dogm.&nbsp;<em>Dei Verbum<\/em>, 8). En esa comuni\u00f3n, el Catecismo es el \u201cinstrumento de viaje\u201d que nos protege del individualismo y las discordias, porque confirma la fe de toda la Iglesia cat\u00f3lica. Cada fiel colabora en su obra pastoral escuchando las preguntas, compartiendo las pruebas, sirviendo al deseo de justicia y de verdad que reside en la conciencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa manera los catequistas ense\u00f1an, es decir, dejan un signo interior; cuando educamos en la fe no hacemos un adiestramiento, sino que ponemos en el coraz\u00f3n la palabra de vida, para que produzca frutos de vida buena. Al di\u00e1cono Deogracias, que le pregunt\u00f3 c\u00f3mo ser un buen catequista, san Agust\u00edn le respondi\u00f3: \u00abExplica cuanto expliques de modo que la persona a la que te diriges, al escucharte crea, creyendo espere y esperando ame\u00bb (<em>De catechizandis rudibus<\/em>, 4, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, hagamos nuestra esta invitaci\u00f3n. Recordemos que nadie da lo que no tiene. Si el rico del Evangelio hubiera tenido caridad con L\u00e1zaro, habr\u00eda hecho el bien, no s\u00f3lo al pobre, sino tambi\u00e9n a s\u00ed mismo. Si ese hombre sin nombre hubiera tenido fe, Dios lo habr\u00eda salvado de todo tormento; fue el apego a las riquezas mundanas lo que le quit\u00f3 la esperanza del bien verdadero y eterno. Cuando tambi\u00e9n nosotros estamos tentados por la avaricia y la indiferencia, los muchos L\u00e1zaros de hoy nos recuerdan la palabra de Jes\u00fas, convirti\u00e9ndose para nosotros en una catequesis a\u00fan m\u00e1s eficaz en este Jubileo, que es para todos un tiempo de conversi\u00f3n y de perd\u00f3n, de compromiso por la justicia y de b\u00fasqueda sincera de la paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | El catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda al presidir la Santa Misa en el Jubileo de los Catequistas. 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