{"id":246830,"date":"2025-10-01T08:47:33","date_gmt":"2025-10-01T11:47:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246830"},"modified":"2025-10-01T08:47:34","modified_gmt":"2025-10-01T11:47:34","slug":"papa-leon-xiv-el-centro-de-nuestra-fe-y-el-corazon-de-nuestra-esperanza-se-encuentran-profundamente-enraizados-en-la-resurreccion-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-el-centro-de-nuestra-fe-y-el-corazon-de-nuestra-esperanza-se-encuentran-profundamente-enraizados-en-la-resurreccion-de-cristo\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | El centro de nuestra fe y el coraz\u00f3n de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrecci\u00f3n de Cristo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | El centro de nuestra fe y el coraz\u00f3n de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrecci\u00f3n de Cristo<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en su mensaje compartido durante la Audiencia General. Celebrada en Plaza San Pedro, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>, continuando con el ciclo de catequesis, <strong>Jubileo 2025; Jesucristo, nuestra esperanza. III, centr\u00f3 sus palabras respecto de la Pascua de Jes\u00fas. 9. La resurrecci\u00f3n. \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes!\u00bb (Jn 20,21)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Santo Padre dec\u00eda, <strong><em>\u201cel centro de nuestra fe y el coraz\u00f3n de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Leyendo con atenci\u00f3n los Evangelios, nos damos cuenta de que este misterio es sorprendente no solo porque un hombre -el Hijo de Dios- resucit\u00f3 de entre los muertos, sino tambi\u00e9n por el modo en que eligi\u00f3 hacerlo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se\u00f1alaba el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201ccuando nos recuperamos de un trauma causado por los dem\u00e1s, a menudo la primera reacci\u00f3n es la rabia, el deseo de hacer pagar a alguien lo que hemos sufrido. El Resucitado no act\u00faa de este modo. Cuando emerge de los abismos de la muerte, Jes\u00fas no se toma ninguna venganza\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, agregaba, <strong><em>\u201csu saludo es simple, casi habitual: \u00ab\u00a1Paz a vosotros!\u00bb (Jn 20, 19). Pero va acompa\u00f1ado de un gesto tan bello que resulta casi inapropiado: Jes\u00fas muestra a los disc\u00edpulos las manos y el costado con los signos de la pasi\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 exhibir sus heridas precisamente ante quienes, en aquellas horas dram\u00e1ticas, lo renegaron y lo abandonaron? (\u2026), sin embargo, el Evangelio dice que, al ver al Se\u00f1or, los disc\u00edpulos se llenaron de alegr\u00eda (cf. Jn 20, 20). El motivo es profundo: Jes\u00fas est\u00e1 ya plenamente reconciliado con todo lo que ha sufrido. No guarda ning\u00fan rencor. Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor m\u00e1s fuerte que cualquier infidelidad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> subraya, <strong><em>\u201cnosotros, en cambio, a menudo ocultamos nuestras heridas por orgullo o por el temor de parecer d\u00e9biles. Decimos \u201cno importa\u201d, \u201cya ha pasado todo\u201d, pero no estamos realmente en paz con las traiciones que nos han herido. A veces preferimos esconder nuestro esfuerzo por perdonar para no parecer vulnerables y no correr el riesgo de sufrir de nuevo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Papa<\/strong> nos revela, <strong><em>\u201cJes\u00fas sopla sobre ellos y les dona el Esp\u00edritu Santo (v. 22). Es el mismo Esp\u00edritu que lo ha sostenido en la obediencia al Padre y en el amor hasta la cruz. Desde ese momento, los ap\u00f3stoles ya no podr\u00e1n callar lo que han visto y o\u00eddo: que Dios perdona, levanta, restaura la confianza. (\u2026), tambi\u00e9n nosotros somos enviados. El Se\u00f1or tambi\u00e9n nos ense\u00f1a sus heridas y dice:&nbsp;Paz a vosotros. No teng\u00e1is miedo de mostrar vuestras heridas sanadas por la misericordia\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ciclo de catequesis &#8211; Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. III. La Pascua de Jes\u00fas. 9. La resurrecci\u00f3n. \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes!\u00bb (Jn 20,21)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El centro de nuestra fe y el coraz\u00f3n de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Leyendo con atenci\u00f3n los Evangelios, nos damos cuenta de que este misterio es sorprendente no solo porque un hombre -el Hijo de Dios- resucit\u00f3 de entre los muertos, sino tambi\u00e9n por el modo en que eligi\u00f3 hacerlo. De hecho, la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no es un triunfo estruendoso, no es una venganza o una revancha contra sus enemigos. Es el testimonio maravilloso de c\u00f3mo el amor es capaz de levantarse despu\u00e9s de una gran derrota para proseguir su imparable camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nos recuperamos de un trauma causado por los dem\u00e1s, a menudo la primera reacci\u00f3n es la rabia, el deseo de hacer pagar a alguien lo que hemos sufrido. El Resucitado no act\u00faa de este modo. Cuando emerge de los abismos de la muerte, Jes\u00fas no se toma ninguna venganza. No regresa con gestos de potencia, sino que manifiesta con mansedumbre la alegr\u00eda de un amor m\u00e1s grande que cualquier herida y m\u00e1s fuerte que cualquier traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Resucitado no siente la necesidad de reiterar o afirmar su propia superioridad. \u00c9l se aparece a sus amigos -los disc\u00edpulos-, y lo hace con extrema discreci\u00f3n, sin forzar los tiempos de su capacidad de acoger. Su \u00fanico deseo es volver a estar en comuni\u00f3n con ellos, ayud\u00e1ndolos a superar el sentimiento de culpa. Lo vemos muy bien en el cen\u00e1culo, donde el Se\u00f1or se aparece a sus amigos aprisionados por el miedo. Es un momento que expresa una fuerza extraordinaria: Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber descendido a los abismos de la muerte para liberar a quienes all\u00ed estaban prisioneros, entra en la habitaci\u00f3n cerrada de quienes est\u00e1n paralizados por el miedo, llev\u00e1ndoles un don que ninguno hubiera osado esperar: la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Su saludo es simple, casi habitual: \u00ab\u00a1Paz a vosotros!\u00bb (Jn 20, 19). Pero va acompa\u00f1ado de un gesto tan bello que resulta casi inapropiado: Jes\u00fas muestra a los disc\u00edpulos las manos y el costado con los signos de la pasi\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 exhibir sus heridas precisamente ante quienes, en aquellas horas dram\u00e1ticas, lo renegaron y lo abandonaron? \u00bfPor qu\u00e9 no esconder aquellos signos de dolor y evitar que se reabra la herida de la verg\u00fcenza?<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, el Evangelio dice que, al ver al Se\u00f1or, los disc\u00edpulos se llenaron de alegr\u00eda (cf. Jn 20, 20). El motivo es profundo: Jes\u00fas est\u00e1 ya plenamente reconciliado con todo lo que ha sufrido. No guarda ning\u00fan rencor. Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor m\u00e1s fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisamente en el momento en que hemos fallado, Dios no se ha echado atr\u00e1s. No ha renunciado a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, el Se\u00f1or se muestra nudo y desarmado. No exige, no chantajea. Su amor no humilla; es la paz de quien ha sufrido por amor y ahora finalmente puede afirmar que ha valido la pena.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros, en cambio, a menudo ocultamos nuestras heridas por orgullo o por el temor de parecer d\u00e9biles. Decimos \u201cno importa\u201d, \u201cya ha pasado todo\u201d, pero no estamos realmente en paz con las traiciones que nos han herido. A veces preferimos esconder nuestro esfuerzo por perdonar para no parecer vulnerables y no correr el riesgo de sufrir de nuevo. Jes\u00fas no. \u00c9l ofrece sus llagas como garant\u00eda de perd\u00f3n. Y muestra que la resurrecci\u00f3n no es la cancelaci\u00f3n del pasado, sino su transfiguraci\u00f3n en una esperanza de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, el Se\u00f1or repite: \u00ab\u00a1Paz a vosotros!\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abComo el Padre me ha enviado, as\u00ed tambi\u00e9n os env\u00edo yo\u00bb (v. 21). Con estas palabras, conf\u00eda a los ap\u00f3stoles una tarea que no es tanto un poder como una responsabilidad: ser instrumentos de reconciliaci\u00f3n en el mundo. Es como si dijese: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 anunciar el Rostro misericordioso del Padre sino vosotros, que hab\u00e9is experimentado el fracaso y el perd\u00f3n?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas sopla sobre ellos y les dona el Esp\u00edritu Santo (v. 22). Es el mismo Esp\u00edritu que lo ha sostenido en la obediencia al Padre y en el amor hasta la cruz. Desde ese momento, los ap\u00f3stoles ya no podr\u00e1n callar lo que han visto y o\u00eddo: que Dios perdona, levanta, restaura la confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>El centro de la misi\u00f3n de la Iglesia no consiste en administrar un poder sobre los dem\u00e1s, sino en comunicar la alegr\u00eda de quien ha sido amado precisamente cuando no se lo merec\u00eda. Es la fuerza que ha hecho nacer y crecer la comunidad cristiana: hombres y mujeres que han descubierto la belleza de volver a la vida para poder donarla a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, tambi\u00e9n nosotros somos enviados. El Se\u00f1or tambi\u00e9n nos ense\u00f1a sus heridas y dice:&nbsp;<em>Paz a vosotros<\/em>. No teng\u00e1is miedo de mostrar vuestras heridas sanadas por la misericordia. No tem\u00e1is aproximaros a quien est\u00e1 encerrado en el miedo o en el sentimiento de culpa. Que el soplo del Esp\u00edritu nos haga tambi\u00e9n a nosotros testigos de esta paz y de este amor m\u00e1s fuertes que toda derrota.<br>_____________________<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Saludos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa\u00f1ola. Pidamos al Esp\u00edritu Santo que nos haga testigos de la paz de Cristo, sin miedo a mostrar las heridas sufridas en el camino y sanadas por su misericordia, que son signo de un amor que es m\u00e1s fuerte que la muerte. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.<br>_____________________<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Llamamiento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me entristecen las noticias que llegan desde Madagascar sobre los violentos enfrentamientos entre las fuerzas del orden y j\u00f3venes manifestantes, que han provocado la muerte de algunos de ellos y un centenar de heridos. Oremos al Se\u00f1or para que se evite siempre cualquier forma de violencia y se favorezca la b\u00fasqueda constante de la armon\u00eda social mediante la promoci\u00f3n de la justicia y del bien com\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | El centro de nuestra fe y el coraz\u00f3n de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrecci\u00f3n de Cristo, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre en su mensaje compartido durante la Audiencia General. 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