{"id":246875,"date":"2025-10-05T09:13:42","date_gmt":"2025-10-05T12:13:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246875"},"modified":"2025-10-05T09:13:43","modified_gmt":"2025-10-05T12:13:43","slug":"papa-leon-xiv-encomiendo-a-todos-a-la-intercesion-de-maria-primera-misionera-de-su-hijo-que-nos-sostenga-para-que-cada-uno-de-nosotros-sea-colaborador-del-reino-de-cristo-reino-de-amor-de-justi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-encomiendo-a-todos-a-la-intercesion-de-maria-primera-misionera-de-su-hijo-que-nos-sostenga-para-que-cada-uno-de-nosotros-sea-colaborador-del-reino-de-cristo-reino-de-amor-de-justi\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Encomiendo a todos a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, primera misionera de su Hijo, que nos sostenga, para que cada uno de nosotros sea colaborador del Reino de Cristo, Reino de amor, de justicia y de paz"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Encomiendo a todos a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, primera misionera de su Hijo, que nos sostenga, para que cada uno de nosotros sea colaborador del Reino de Cristo, Reino de amor, de justicia y de paz<\/strong>, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n de la Santa Misa en ocasi\u00f3n del Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes. Celebrado en Plaza San Pedro, Su Santidad Le\u00f3n XIV dec\u00eda, <strong><em>\u201ces una hermosa ocasi\u00f3n para reavivar en nosotros la conciencia de la vocaci\u00f3n misionera, que nace del deseo de llevar a todos la alegr\u00eda y la consolaci\u00f3n del Evangelio (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cestamos aqu\u00ed porque, ante la tumba del ap\u00f3stol Pedro, cada uno de nosotros debe decir con alegr\u00eda: toda la Iglesia es misionera, y es urgente \u2014como afirm\u00f3 el Papa Francisco\u2014 que \u00absalga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;Evangelii gaudium, 23)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, el <strong>Santo Padre<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201chay una vida, por tanto, una nueva posibilidad de vida y de salvaci\u00f3n que proviene de la fe, porque la fe no s\u00f3lo nos ayuda a resistir al mal perseverando en el bien, sino que trasforma nuestra existencia hasta hacerla un instrumento de la salvaci\u00f3n que Dios sigue queriendo realizar en el mundo. Y, como nos dice Jes\u00fas en el Evangelio, se trata de una fuerza mansa, la fe no se impone con los medios del poder y en modos extraordinarios; es suficiente un grano de mostaza para logar cosas impensables (cf.&nbsp;Lc&nbsp;17,6), porque lleva en s\u00ed la fuerza del amor de Dios que abre caminos de salvaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, expresaba, <strong><em>\u201choy se abre en la historia de la Iglesia una \u00e9poca misionera nueva. Si por un largo periodo hemos asociado la misi\u00f3n con el \u201cpartir\u201d, el ir hacia tierras lejanas que no hab\u00edan conocido el Evangelio o se encontraban en situaciones de pobreza, hoy las fronteras de la misi\u00f3n ya no son las geogr\u00e1ficas, porque son la pobreza, el sufrimiento y el deseo de una esperanza mayor las que vienen hacia nosotros. Nos lo atestigua la historia de muchos de nuestros hermanos migrantes, el drama de su fuga de la violencia, el sufrimiento que los acompa\u00f1a, el miedo a no lograrlo, el riesgo de peligrosas traves\u00edas a lo largo de las costas del mar, su grito de dolor y desesperaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa Le\u00f3n XIV<\/strong> subrayaba, <strong><em>\u201cla cuesti\u00f3n no es \u201cpartir\u201d, sino m\u00e1s bien \u201cpermanecer\u201d para anunciar a Cristo a trav\u00e9s de la acogida, la compasi\u00f3n y la solidaridad. Permanecer sin refugiarnos en la comodidad de nuestro individualismo, quedarnos para mirar a la cara a aquellos que llegan desde tierras lejanas y sufrientes, permanecer para abrirles los brazos y el coraz\u00f3n (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, dijo, <strong><em>\u201choy se necesita un nuevo impulso misionero, de los laicos, religiosos y sacerdotes que ofrezcan su servicio en las tierras de misi\u00f3n, de nuevas propuestas y experiencia vocacionales capaces de suscitar este deseo, especialmente en los j\u00f3venes. Encomiendo a todos a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, primera misionera de su Hijo, que se pone en camino sin demora hacia los montes de Judea, llevando a Jes\u00fas en su seno y poni\u00e9ndose al servicio de Isabel. Ella nos sostenga, para que cada uno de nosotros sea colaborador del Reino de Cristo, Reino de amor, de justicia y de paz\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Celebramos hoy el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes. Es una hermosa ocasi\u00f3n para reavivar en nosotros la conciencia de la vocaci\u00f3n misionera, que nace del deseo de llevar a todos la alegr\u00eda y la consolaci\u00f3n del Evangelio, especialmente a aquellos que viven una historia dif\u00edcil y herida. Pienso en modo particular en los hermanos migrantes, que han debido abandonar su tierra, muchas veces dejando a sus seres queridos, atravesando las noches de miedo y de soledad, padeciendo en su propia piel la discriminaci\u00f3n y la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos aqu\u00ed porque, ante la tumba del ap\u00f3stol Pedro, cada uno de nosotros debe decir con alegr\u00eda: toda la Iglesia es misionera, y es urgente \u2014como afirm\u00f3 el Papa Francisco\u2014 que \u00absalga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>, 23).<\/p>\n\n\n\n<p>El Esp\u00edritu nos manda continuar la obra de Cristo en las periferias del mundo, marcadas a veces por la guerra, la injusticia y por el sufrimiento. Ante estos escenarios oscuros, brota de nuevo el grito que tantas veces en la historia se ha elevado a Dios: Se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 no intervienes?, \u00bfpor qu\u00e9 pareces ausente? Este grito de dolor es una forma de oraci\u00f3n que permea toda la Escritura y, esta ma\u00f1ana, lo hemos escuchado del profeta Habacuc: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo, Se\u00f1or, pedir\u00e9 auxilio sin que t\u00fa escuches [\u2026] \u00bfPor qu\u00e9 me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresi\u00f3n?\u00bb (<em>Ha&nbsp;<\/em>1,2-3).<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;Papa Benedicto XVI, que recogi\u00f3 estos interrogantes durante su hist\u00f3rica visita a Auschwitz, retom\u00f3 el tema en una catequesis, afirmando: \u00abDios calla, y este silencio lacera el \u00e1nimo del orante, que llama incesantemente, pero sin encontrar respuesta. [\u2026] Dios parece tan distante, olvidadizo, tan ausente\u00bb (<em>Catequesis<\/em>, 14 septiembre 2011).<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta del Se\u00f1or, sin embargo, nos abre a la esperanza. Si el profeta denuncia la fuerza ineluctable del mal que parece prevalecer, el Se\u00f1or por su parte le anuncia que todo esto tiene un momento fijado, un t\u00e9rmino, porque la salvaci\u00f3n vendr\u00e1 y no tardar\u00e1: \u00abEl que no tiene el alma recta, sucumbir\u00e1, pero el justo vivir\u00e1 por su fidelidad\u00bb (<em>Ha&nbsp;<\/em>2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una vida, por tanto, una nueva posibilidad de vida y de salvaci\u00f3n que proviene de la fe, porque la fe no s\u00f3lo nos ayuda a resistir al mal perseverando en el bien, sino que trasforma nuestra existencia hasta hacerla un instrumento de la salvaci\u00f3n que Dios sigue queriendo realizar en el mundo. Y, como nos dice Jes\u00fas en el Evangelio, se trata de una fuerza mansa, la fe no se impone con los medios del poder y en modos extraordinarios; es suficiente un grano de mostaza para logar cosas impensables (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>17,6), porque lleva en s\u00ed la fuerza del amor de Dios que abre caminos de salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una salvaci\u00f3n que se realiza cuando nos comprometemos en primera persona y nos hacemos cargo, con la compasi\u00f3n del Evangelio, del sufrimiento del pr\u00f3jimo; es una salvaci\u00f3n que se hace camino, de forma silenciosa y aparentemente ineficaz, en los gestos y en las palabras cotidianas, que son como la peque\u00f1a semilla de la que habla Jes\u00fas; es una salvaci\u00f3n que lentamente crece cuando nos hacemos \u201csiervos in\u00fatiles\u201d, es decir, cuando nos ponemos al servicio del Evangelio y de los hermanos no para buscar nuestros intereses, sino s\u00f3lo para llevar al mundo el amor del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta confianza, estamos llamados a renovar en nosotros el fuego de la vocaci\u00f3n misionera. Como afirmaba&nbsp;san Pablo VI, \u00abnos corresponde a nosotros anunciar el Evangelio en este per\u00edodo extraordinario de la historia humana, un tiempo, ciertamente, sin precedentes, en el que, a v\u00e9rtices de progreso, nunca antes logrados, se asocian abismos de perplejidad y desesperaci\u00f3n, tambi\u00e9n sin precedentes\u00bb (<em>Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones<\/em>, 25 junio 1971).<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, hoy se abre en la historia de la Iglesia una \u00e9poca misionera nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>Si por un largo periodo hemos asociado la misi\u00f3n con el \u201cpartir\u201d, el ir hacia tierras lejanas que no hab\u00edan conocido el Evangelio o se encontraban en situaciones de pobreza, hoy las fronteras de la misi\u00f3n ya no son las geogr\u00e1ficas, porque son la pobreza, el sufrimiento y el deseo de una esperanza mayor las que vienen hacia nosotros. Nos lo atestigua la historia de muchos de nuestros hermanos migrantes, el drama de su fuga de la violencia, el sufrimiento que los acompa\u00f1a, el miedo a no lograrlo, el riesgo de peligrosas traves\u00edas a lo largo de las costas del mar, su grito de dolor y desesperaci\u00f3n. Hermanos y hermanas, esas barcas que esperan avistar un puerto seguro en el que detenerse y esos ojos llenos de angustia y esperanza que buscan una tierra firme a la que llegar, no pueden y no deben encontrar la frialdad de la indiferencia o el estigma de la discriminaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n no es \u201cpartir\u201d, sino m\u00e1s bien \u201cpermanecer\u201d para anunciar a Cristo a trav\u00e9s de la acogida, la compasi\u00f3n y la solidaridad. Permanecer sin refugiarnos en la comodidad de nuestro individualismo, quedarnos para mirar a la cara a aquellos que llegan desde tierras lejanas y sufrientes, permanecer para abrirles los brazos y el coraz\u00f3n, acogerles como hermanos, ser para ellos una presencia de consolaci\u00f3n y esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Son tantas las misioneras, los misioneros, pero tambi\u00e9n los creyentes y las personas de buena voluntad, que trabajan al servicio de los migrantes, y para promover una nueva cultura de la fraternidad sobre el tema de la migraci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de los estereotipos y los prejuicios. Pero este precioso servicio interpela a cada uno de nosotros, en la medida de sus posibilidades. Este es el tiempo \u2014como afirmaba&nbsp;Papa Francisco\u2014 de constituirnos todos en un \u00abestado permanente de misi\u00f3n\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>, 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto exige al menos dos grandes compromisos misioneros: la&nbsp;<em>cooperaci\u00f3n misionera&nbsp;<\/em>y la&nbsp;<em>vocaci\u00f3n misionera.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, les pido promover una renovada&nbsp;<em>cooperaci\u00f3n misionera<\/em>&nbsp;entre las Iglesias. En las comunidades de antigua tradici\u00f3n cristiana como las occidentales, la presencia de muchos hermanos y hermanas del sur del mundo debe ser acogida como una oportunidad, para un intercambio que renueva el rostro de la Iglesia y suscita un cristianismo m\u00e1s abierto, m\u00e1s vivo y m\u00e1s din\u00e1mico. Al mismo tiempo, cada misionero que parte para otras tierras, est\u00e1 llamado a habitar las culturas que encuentra con sagrado respeto, dirigiendo al bien todo lo que encuentra de bueno y de noble, y llev\u00e1ndoles la profec\u00eda del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera adem\u00e1s recordar la belleza y la importancia de las&nbsp;<em>vocaciones misioneras<\/em>. Me dirijo en particular a la Iglesia europea. Hoy se necesita un nuevo impulso misionero, de los laicos, religiosos y sacerdotes que ofrezcan su servicio en las tierras de misi\u00f3n, de nuevas propuestas y experiencia vocacionales capaces de suscitar este deseo, especialmente en los j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, env\u00edo con afecto mi bendici\u00f3n al clero local de las Iglesias particulares, a los misioneros y a las misioneras, a aquellos que est\u00e1n en discernimiento vocacional. Mientras que a los emigrantes les digo: son siempre bienvenidos. Los mares y los desiertos que han atravesado, en la Escritura son \u201clugares de salvaci\u00f3n\u201d, en los que Dios se hizo presente para salvar a su pueblo. Les deseo encontrar este rostro de Dios en las misioneras y en los misioneros que encontrar\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Encomiendo a todos a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, primera misionera de su Hijo, que se pone en camino sin demora hacia los montes de Judea, llevando a Jes\u00fas en su seno y poni\u00e9ndose al servicio de Isabel. Ella nos sostenga, para que cada uno de nosotros sea colaborador del Reino de Cristo, Reino de amor, de justicia y de paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | Encomiendo a todos a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, primera misionera de su Hijo, que nos sostenga, para que cada uno de nosotros sea colaborador del Reino de Cristo, Reino de amor, de justicia y de paz, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":246876,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[736,740,18,58],"class_list":["post-246875","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-jubileo-de-la-esperanza-2025","tag-leonxiv","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/246875","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=246875"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/246875\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":246877,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/246875\/revisions\/246877"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/246876"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=246875"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=246875"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=246875"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}