{"id":246913,"date":"2025-10-12T09:04:31","date_gmt":"2025-10-12T12:04:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=246913"},"modified":"2025-10-12T09:04:32","modified_gmt":"2025-10-12T12:04:32","slug":"papa-leon-xiv-el-camino-de-maria-va-tras-el-de-jesus-y-el-de-jesus-es-hacia-cada-ser-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-el-camino-de-maria-va-tras-el-de-jesus-y-el-de-jesus-es-hacia-cada-ser-humano\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | El camino de Mar\u00eda va tras el de Jes\u00fas, y el de Jes\u00fas es hacia cada ser humano"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | El camino de Mar\u00eda va tras el de Jes\u00fas, y el de Jes\u00fas es hacia cada ser humano<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa, en el Jubileo de la Espiritualidad Mariana. Celebrado en Plaza San Pedro, <strong>Su<\/strong> <strong>Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cel ap\u00f3stol Pablo se dirige hoy a cada uno de nosotros, como a Timoteo: \u00abAcu\u00e9rdate de Jesucristo, que resucit\u00f3 de entre los muertos y es descendiente de David\u00bb (2 Tm&nbsp;2,8). La espiritualidad mariana, que alimenta nuestra fe, tiene a Jes\u00fas como centro\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cla lectura del Segundo Libro de los Reyes (5,14-17) nos ha recordado la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n, el sirio. El mismo Jes\u00fas comenta este pasaje en la sinagoga de Nazaret (cf.&nbsp;Lc&nbsp;4,27), y el efecto de su interpretaci\u00f3n sobre la gente de su pueblo fue desconcertante. Decir que Dios hab\u00eda salvado a ese extranjero enfermo de lepra en lugar de aquellos que estaban en Israel desencaden\u00f3 una reacci\u00f3n general: \u00abAl o\u00edr estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levant\u00e1ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci\u00f3n de despe\u00f1arlo\u00bb (Lc&nbsp;4,28-29)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201csi Naam\u00e1n s\u00f3lo hubiera seguido acumulando medallas para poner en su armadura, al final habr\u00eda sido devorado por la lepra; aparentemente vivo, s\u00ed, pero cerrado y aislado en su enfermedad\u00bb.&nbsp;<\/em><\/strong><strong><em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2025\/documents\/20251012-giubileo-spiritualita-mariana.html#_ftn1\">[1]<\/a><\/em><\/strong><strong><em>&nbsp;De este peligro nos libera Jes\u00fas, \u00c9l que no lleva armaduras, sino que nace y muere desnudo; \u00c9l que ofrece su don sin obligar a los leprosos sanados a reconocerlo: s\u00f3lo un samaritano, en el Evangelio, parece darse cuenta de que ha sido salvado (cf.&nbsp;Lc&nbsp;17,11-19)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) la espiritualidad mariana est\u00e1 al servicio del Evangelio: revela su sencillez. El afecto por Mar\u00eda de Nazaret nos hace, junto con ella, disc\u00edpulos de Jes\u00fas, nos educa a volver a \u00c9l, a meditar y a relacionar los acontecimientos de la vida en los que el Resucitado contin\u00faa a visitarnos y llamarnos. La espiritualidad mariana nos sumerge en la historia sobre la que se abri\u00f3 el cielo, nos ayuda a ver a los soberbios dispersos en los pensamientos de su coraz\u00f3n, a los poderosos derribados de sus tronos, a los ricos despedidos con las manos vac\u00edas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Papa<\/strong> subray\u00f3, <strong><em>\u201cel camino de Mar\u00eda va tras el de Jes\u00fas, y el de Jes\u00fas es hacia cada ser humano, especialmente hacia los pobres, los heridos, los pecadores. (\u2026), en este mundo que busca la justicia y la paz, mantengamos viva la espiritualidad cristiana, la devoci\u00f3n popular por aquellos hechos y lugares que, bendecidos por Dios, han cambiado para siempre la faz de la tierra. Hagamos de ella un motor de renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n, como pide el Jubileo, tiempo de conversi\u00f3n y restituci\u00f3n, de replanteamiento y liberaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>JUBILEO DE LA ESPIRITUALIDAD MARIANA<\/p>\n\n\n\n<p><strong>SANTA MISA&nbsp;&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Plaza de San Pedro<br>XXVIII domingo del Tiempo Ordinario, 12 de octubre de 2025<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El ap\u00f3stol Pablo se dirige hoy a cada uno de nosotros, como a Timoteo: \u00abAcu\u00e9rdate de Jesucristo, que resucit\u00f3 de entre los muertos y es descendiente de David\u00bb (<em>2 Tm<\/em>&nbsp;2,8). La espiritualidad mariana, que alimenta nuestra fe, tiene a Jes\u00fas como centro. Como el domingo, que abre cada nueva semana en el horizonte de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos. \u00abAcu\u00e9rdate de Jesucristo\u00bb: esto es lo \u00fanico que cuenta, esto es lo que marca la diferencia entre las espiritualidades humanas y el camino de Dios. \u00abEncadenado como un malhechor\u00bb (v. 9), Pablo nos recomienda no perder el centro, no vaciar el nombre de Jes\u00fas de su historia, de su cruz. Lo que nosotros consideramos excesivo y lo crucificamos, Dios lo resucita porque \u00abno puede renegar de s\u00ed mismo\u00bb (v. 13). Jes\u00fas es la fidelidad de Dios, la fidelidad de Dios a s\u00ed mismo. Por lo tanto, es necesario que el domingo nos haga cristianos, es decir, que llene de la memoria incandescente de Jes\u00fas nuestro sentir y nuestro pensar, modificando nuestra convivencia, nuestra forma de habitar la tierra. Toda espiritualidad cristiana se desarrolla a partir de este fuego y contribuye a hacerlo m\u00e1s vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura del Segundo Libro de los Reyes (5,14-17) nos ha recordado la curaci\u00f3n de Naam\u00e1n, el sirio. El mismo Jes\u00fas comenta este pasaje en la sinagoga de Nazaret (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;4,27), y el efecto de su interpretaci\u00f3n sobre la gente de su pueblo fue desconcertante. Decir que Dios hab\u00eda salvado a ese extranjero enfermo de lepra en lugar de aquellos que estaban en Israel desencaden\u00f3 una reacci\u00f3n general: \u00abAl o\u00edr estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levant\u00e1ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci\u00f3n de despe\u00f1arlo\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,28-29). El evangelista no menciona la presencia de Mar\u00eda, que podr\u00eda haber estado all\u00ed y haber experimentado lo que le hab\u00eda anunciado el anciano Sime\u00f3n cuando llev\u00f3 al ni\u00f1o Jes\u00fas al Templo: \u00abEste ni\u00f1o ser\u00e1 causa de ca\u00edda y de elevaci\u00f3n para muchos en Israel; ser\u00e1 signo de contradicci\u00f3n, y a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el coraz\u00f3n. As\u00ed se manifestar\u00e1n claramente los pensamientos \u00edntimos de muchos\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;2,34-35).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, queridos hermanos, \u00abla Palabra de Dios es viva y eficaz, y m\u00e1s cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la ra\u00edz del alma y del esp\u00edritu, de las articulaciones y de la m\u00e9dula, y discierne los pensamientos y las intenciones del coraz\u00f3n\u00bb (&nbsp;<em>Hb<\/em>&nbsp;4,12). As\u00ed, el&nbsp;&nbsp;Papa Francisco&nbsp;vio a su vez, en la historia de Naam\u00e1n el sirio, una palabra penetrante y actual para la vida de la Iglesia. Dirigi\u00e9ndose a la&nbsp;Curia Romana, dijo: \u00abeste hombre estaba obligado a convivir con un drama terrible: era leproso. Su armadura, la misma que le proporcionaba prestigio, en realidad cubr\u00eda una humanidad fr\u00e1gil, herida, enferma. Esta contradicci\u00f3n a menudo la encontramos en nuestras vidas: a veces los grandes dones son la armadura para cubrir grandes fragilidades. [\u2026] Si Naam\u00e1n s\u00f3lo hubiera seguido acumulando medallas para poner en su armadura, al final habr\u00eda sido devorado por la lepra; aparentemente vivo, s\u00ed, pero cerrado y aislado en su enfermedad\u00bb.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2025\/documents\/20251012-giubileo-spiritualita-mariana.html#_ftn1\">[1]<\/a>&nbsp;De este peligro nos libera Jes\u00fas, \u00c9l que no lleva armaduras, sino que nace y muere desnudo; \u00c9l que ofrece su don sin obligar a los leprosos sanados a reconocerlo: s\u00f3lo un samaritano, en el Evangelio, parece darse cuenta de que ha sido salvado (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;17,11-19). Quiz\u00e1s, cuantos menos t\u00edtulos se puedan ostentar, m\u00e1s claro est\u00e1 que el amor es gratuito. Dios es puro don, sola gracia, pero \u00a1cu\u00e1ntas voces y convicciones pueden separarnos tambi\u00e9n hoy de esta verdad desnuda y disruptiva!<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, la espiritualidad mariana est\u00e1 al servicio del Evangelio: revela su sencillez. El afecto por Mar\u00eda de Nazaret nos hace, junto con ella, disc\u00edpulos de Jes\u00fas, nos educa a volver a \u00c9l, a meditar y a relacionar los acontecimientos de la vida en los que el Resucitado contin\u00faa a visitarnos y llamarnos. La espiritualidad mariana nos sumerge en la historia sobre la que se abri\u00f3 el cielo, nos ayuda a ver a los soberbios dispersos en los pensamientos de su coraz\u00f3n, a los poderosos derribados de sus tronos, a los ricos despedidos con las manos vac\u00edas. Nos compromete a colmar de bienes a los hambrientos, a enaltecer a los humildes, a recordar la misericordia de Dios y a confiar en el poder de su brazo (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;1,51-54). Su Reino, en efecto, viene y nos involucra, precisamente como a Mar\u00eda, a quien pidi\u00f3 el \u201cs\u00ed\u201d, pronunciado una vez, y luegorenovado d\u00eda tras d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los leprosos que en el Evangelio no vuelven a dar las gracias nos recuerdan, de hecho, que la gracia de Dios tambi\u00e9n puede alcanzarnos y no encontrar respuesta, puede curarnos y seguir sin comprometernos. Cuid\u00e9monos, pues, de ese subir al templo que no nos lleva a seguir a Jes\u00fas. Existen formas de culto que no nos unen a los dem\u00e1s y nos anestesian el coraz\u00f3n. Entonces no vivimos verdaderos encuentros con aquellos que Dios pone en nuestro camino; no participamos, como lo hizo Mar\u00eda, en el cambio del mundo y en la alegr\u00eda del&nbsp;<em>Magnificat<\/em>. Cuid\u00e9monos de toda instrumentalizaci\u00f3n de la fe, que corre el riesgo de transformar a los diferentes \u2014a menudo los pobres\u2014 en enemigos, en \u201cleprosos\u201d a los que hay que evitar y rechazar.<\/p>\n\n\n\n<p>El camino de Mar\u00eda va tras el de Jes\u00fas, y el de Jes\u00fas es hacia cada ser humano, especialmente hacia los pobres, los heridos, los pecadores. Por eso, la aut\u00e9ntica espiritualidad mariana hace actual en la Iglesia la ternura de Dios, su maternidad. \u00abPorque \u2014como leemos en la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>\u2014 cada vez que miramos a Mar\u00eda volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cari\u00f1o. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los d\u00e9biles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mir\u00e1ndola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque \u00abderrib\u00f3 de su trono a los poderosos\u00bb y \u00abdespidi\u00f3 vac\u00edos a los ricos\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra b\u00fasqueda de justicia\u00bb (n. 288).<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Queridos hermanos, en este mundo que busca la justicia y la paz, mantengamos viva la espiritualidad cristiana, la devoci\u00f3n popular por aquellos hechos y lugares que, bendecidos por Dios, han cambiado para siempre la faz de la tierra. Hagamos de ella un motor de renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n, como pide el Jubileo, tiempo de conversi\u00f3n y restituci\u00f3n, de replanteamiento y liberaci\u00f3n. Que Mar\u00eda Sant\u00edsima, nuestra esperanza, interceda por nosotros y nos oriente siempre hacia Jes\u00fas, el Se\u00f1or crucificado. En \u00e9l est\u00e1 la salvaci\u00f3n para todos.<\/p>\n\n\n\n<p>________________________________________<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2025\/documents\/20251012-giubileo-spiritualita-mariana.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;<em>Discurso a los miembros del Colegio Cardenalicio y de la Curia Romana con motivo de las felicitaciones navide\u00f1as<\/em>, 23 diciembre 2021.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | El camino de Mar\u00eda va tras el de Jes\u00fas, y el de Jes\u00fas es hacia cada ser humano, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa, en el Jubileo de la Espiritualidad Mariana. 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