{"id":247132,"date":"2025-10-26T09:13:28","date_gmt":"2025-10-26T12:13:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=247132"},"modified":"2025-10-26T09:13:29","modified_gmt":"2025-10-26T12:13:29","slug":"papa-leon-xiv-no-tengamos-miedo-de-reconocer-nuestros-errores-asumiendo-nuestra-responsabilidad-y-confiandolos-a-la-misericordia-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-no-tengamos-miedo-de-reconocer-nuestros-errores-asumiendo-nuestra-responsabilidad-y-confiandolos-a-la-misericordia-de-dios\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, asumiendo nuestra responsabilidad y confi\u00e1ndolos a la misericordia de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, asumiendo nuestra responsabilidad y confi\u00e1ndolos a la misericordia de Dios<\/strong>, as\u00ed lo ped\u00eda el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oraci\u00f3n mariana del \u00c1ngelus. Luego de presidir el <strong>Jubileo de los Equipos Sinodales y los \u00d3rganos de Participaci\u00f3n<\/strong>, el <strong>Santo Padre Le\u00f3n XIV<\/strong> se presentaba en la ventana del Estudio Apost\u00f3lico Vaticano, desde donde se reun\u00eda con los fieles y peregrinos presentes en <strong>Plaza San Pedro<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong>, nos dec\u00eda, <strong><em>\u201cEvangelio (cf.\u00a0Lc\u00a018,9-14) nos presenta a dos personajes, un fariseo y un publicano, que oran en el Templo. El primero se jacta de una larga lista de m\u00e9ritos. Las buenas obras que realiza son muchas, y por eso se siente mejor que los dem\u00e1s, a quienes juzga con desprecio\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agregaba, <strong><em>\u201cel publicano tambi\u00e9n est\u00e1 rezando, pero de manera muy diferente. Tiene mucho por qu\u00e9 pedir perd\u00f3n: es un recaudador de impuestos (\u2026). Sin embargo, al final de la par\u00e1bola, Jes\u00fas nos dice que, de los dos, es precisamente \u00e9l quien vuelve a casa \u201cjustificado\u201d, es decir, perdonado y renovado por el encuentro con Dios. \u00bfPor qu\u00e9? (\u2026), el publicano tiene el valor y la humildad de presentarse ante Dios. No se encierra en su mundo, no se resigna al mal que ha hecho\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el Santo Padre dijo, <strong><em>\u201cJes\u00fas nos da un mensaje poderoso: no es ostentando nuestros m\u00e9ritos como nos salvamos, ni ocultando nuestros errores, sino present\u00e1ndonos honestamente, tal como somos, ante Dios, ante nosotros mismos y ante los dem\u00e1s, pidiendo perd\u00f3n y confiando en la gracia del Se\u00f1or.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Al comentar este episodio, san Agust\u00edn compara al fariseo con un enfermo que, por verg\u00fcenza y orgullo, oculta sus llagas al m\u00e9dico, y al publicano con otro que, con humildad y sabidur\u00eda, muestra al m\u00e9dico sus heridas, por muy feas que sean, y le pide ayuda. Y concluye: \u00abNo es, pues, extra\u00f1o que saliera m\u00e1s curado el publicano, que no tuvo reparos en mostrar lo que le dol\u00eda\u00bb (Serm\u00f3n 351,1)\u201d.<\/em><\/strong><strong><em>&nbsp;&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cqueridos hermanos y hermanas, hagamos lo mismo. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, de ponerlos al descubierto asumiendo nuestra responsabilidad y confi\u00e1ndolos a la misericordia de Dios. As\u00ed podr\u00e1 crecer, en nosotros y a nuestro alrededor, su Reino, (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buen domingo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy el Evangelio (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;<\/em>18,9-14) nos presenta a dos personajes, un fariseo y un publicano, que oran en el Templo.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero se jacta de una larga lista de m\u00e9ritos. Las buenas obras que realiza son muchas, y por eso se siente mejor que los dem\u00e1s, a quienes juzga con desprecio. Se mantiene de pie, con la frente en alto. Su actitud es claramente presuntuosa: denota una observancia exacta de la Ley, s\u00ed, pero pobre en amor, hecha de \u201chaber\u201d y \u201ctener\u201d, de deudas y cr\u00e9ditos, carente de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>El publicano tambi\u00e9n est\u00e1 rezando, pero de manera muy diferente. Tiene mucho por qu\u00e9 pedir perd\u00f3n: es un recaudador de impuestos al servicio del imperio romano que trabaja con un contrato p\u00fablico, el cual le permite especular con los ingresos en detrimento de sus propios compatriotas. Sin embargo, al final de la par\u00e1bola, Jes\u00fas nos dice que, de los dos, es precisamente \u00e9l quien vuelve a casa \u201cjustificado\u201d, es decir, perdonado y renovado por el encuentro con Dios. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, el publicano tiene el valor y la humildad de presentarse ante Dios. No se encierra en su mundo, no se resigna al mal que ha hecho. Abandona los lugares donde es temido, seguro, protegido por el poder que ejerce sobre los dem\u00e1s. Acude al templo solo, sin escolta, aun a costa de enfrentarse a miradas duras y juicios severos, y se coloca delante del Se\u00f1or, al fondo, con la cabeza inclinada hacia abajo, pronunciando unas pocas palabras: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, ten piedad de m\u00ed, que soy un pecador!\u00bb (v. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, Jes\u00fas nos da un mensaje poderoso: no es ostentando nuestros m\u00e9ritos como nos salvamos, ni ocultando nuestros errores, sino present\u00e1ndonos honestamente, tal como somos, ante Dios, ante nosotros mismos y ante los dem\u00e1s, pidiendo perd\u00f3n y confiando en la gracia del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Al comentar este episodio, san Agust\u00edn compara al fariseo con un enfermo que, por verg\u00fcenza y orgullo, oculta sus llagas al m\u00e9dico, y al publicano con otro que, con humildad y sabidur\u00eda, muestra al m\u00e9dico sus heridas, por muy feas que sean, y le pide ayuda. Y concluye: \u00abNo es, pues, extra\u00f1o que saliera m\u00e1s curado el publicano, que no tuvo reparos en mostrar lo que le dol\u00eda\u00bb (Serm\u00f3n 351,1).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, hagamos lo mismo. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, de ponerlos al descubierto asumiendo nuestra responsabilidad y confi\u00e1ndolos a la misericordia de Dios. As\u00ed podr\u00e1 crecer, en nosotros y a nuestro alrededor, su Reino, que no pertenece a los soberbios, sino a los humildes, y que se cultiva, en la oraci\u00f3n y en la vida, a trav\u00e9s de la honestidad, el perd\u00f3n y la gratitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Pidamos a Mar\u00eda, modelo de santidad, que nos ayude a crecer en estas virtudes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | No tengamos miedo de reconocer nuestros errores, asumiendo nuestra responsabilidad y confi\u00e1ndolos a la misericordia de Dios, as\u00ed lo ped\u00eda el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oraci\u00f3n mariana del \u00c1ngelus. 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