{"id":247545,"date":"2025-11-30T16:51:24","date_gmt":"2025-11-30T19:51:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=247545"},"modified":"2025-11-30T16:51:25","modified_gmt":"2025-11-30T19:51:25","slug":"papa-leon-xiv-la-paz-es-un-don-que-viene-de-dios-y-que-ante-todo-habita-en-nuestro-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-paz-es-un-don-que-viene-de-dios-y-que-ante-todo-habita-en-nuestro-corazon\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La paz es un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>L\u00cdBANO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV <\/strong><strong>| La paz es un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro coraz\u00f3n<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en su discurso compartido en el encuentro con las autoridades y representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplom\u00e1tico en la ciudad de Beirut. En su primera actividad en el L\u00edbano, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> luego de saludar a las autoridades, dec\u00eda: <strong><em>\u00a1Bienaventurados los que trabajan por la paz!<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Es una gran alegr\u00eda encontrarme con ustedes y visitar esta tierra en la que \u201cpaz\u201d es mucho m\u00e1s que una palabra. Aqu\u00ed la paz es un deseo y una vocaci\u00f3n, es un don y una obra en constante construcci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><strong><em> &nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> continu\u00f3 diciendo, <strong><em>\u201cdeseo, en este encuentro, reflexionar un poco con ustedes sobre lo que significa ser art\u00edfices de la paz en circunstancias muy complejas, conflictivas e inciertas. Adem\u00e1s de las maravillas de la naturaleza y de las riquezas culturales del L\u00edbano, ya elogiadas por todos mis predecesores que han visitado su pa\u00eds, resplandece una cualidad que distingue a los libaneses: ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valent\u00eda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dijo tambi\u00e9n, <strong><em>\u201cel L\u00edbano puede enorgullecerse de una sociedad civil din\u00e1mica, bien formada, rica en j\u00f3venes capaces de expresar los sue\u00f1os y las esperanzas de todo un pa\u00eds. Por eso los animo a que nunca se separen de su gente y a que se pongan al servicio de su pueblo \u2014tan rico en su variedad\u2014 con compromiso y dedicaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, agreg\u00f3 el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201cse necesita mucho valor y visi\u00f3n de futuro para quedarse o volver al propio pa\u00eds, considerando dignas de amor y dedicaci\u00f3n incluso condiciones bastante dif\u00edciles. Sabemos que la incertidumbre, la violencia, la pobreza y muchas otras amenazas producen aqu\u00ed, como en otros lugares del mundo, una hemorragia de j\u00f3venes y familias que buscan un futuro en otros lugares, a pesar del gran dolor que representa dejar su patria\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cla Iglesia, de hecho, no s\u00f3lo se preocupa por la dignidad de quienes se trasladan a pa\u00edses distintos del suyo, sino que desea que nadie se vea obligado a partir y que quien lo desee pueda regresar en condiciones de seguridad. La movilidad humana, de hecho, representa una inmensa oportunidad de encuentro y enriquecimiento mutuo, pero no borra el v\u00ednculo especial que une a cada uno con determinados lugares, a los que debe su identidad de una manera totalmente peculiar. Y la paz siempre crece en un contexto vital concreto, hecho de v\u00ednculos geogr\u00e1ficos, hist\u00f3ricos y espirituales\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Santo Padre<\/strong> dijo, <strong><em>\u201cconcluyo inspir\u00e1ndome en otra caracter\u00edstica preciosa de su tradici\u00f3n milenaria. Son un pueblo que ama la m\u00fasica, la cual, en los d\u00edas de fiesta, se convierte en danza, lenguaje de alegr\u00eda y comuni\u00f3n. Este rasgo de su cultura nos ayuda a comprender que la paz no es s\u00f3lo el resultado de un compromiso humano, por necesario que sea: la paz es un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro coraz\u00f3n. Que crezca entre ustedes este deseo de paz que nace de Dios y que ya hoy puede transformar la manera de mirar a los dem\u00e1s y de habitar juntos esta tierra, tierra que \u00c9l ama profundamente y sigue bendiciendo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\u00f1or Presidente de la Rep\u00fablica,<br>distinguidas autoridades civiles y religiosas,<br>miembros del Cuerpo Diplom\u00e1tico,<br>se\u00f1oras y se\u00f1ores:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Bienaventurados los que trabajan por la paz!<\/p>\n\n\n\n<p>Es una gran alegr\u00eda encontrarme con ustedes y visitar esta tierra en la que \u201cpaz\u201d es mucho m\u00e1s que una palabra. Aqu\u00ed la paz es un deseo y una vocaci\u00f3n, es un don y una obra en constante construcci\u00f3n. Ustedes est\u00e1n investidos de autoridad en este pa\u00eds, cada uno en su \u00e1mbito y con funciones espec\u00edficas. A la luz de esta autoridad, deseo dirigirles las palabras de Jes\u00fas, elegidas como inspiraci\u00f3n fundamental de mi viaje: \u00abBienaventurados los que trabajan por la paz\u00bb (<em>Mt<\/em>&nbsp;5,9). Ciertamente, hay millones de libaneses, aqu\u00ed y en todo el mundo, que sirven a la paz silenciosamente, d\u00eda tras d\u00eda. A ustedes, sin embargo, que tienen importantes tareas institucionales dentro de este pueblo, les espera una bienaventuranza especial si pueden decir que han antepuesto el objetivo de la paz a todo lo dem\u00e1s. Deseo, en este encuentro, reflexionar un poco con ustedes sobre lo que significa ser art\u00edfices de la paz en circunstancias muy complejas, conflictivas e inciertas.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de las maravillas de la naturaleza y de las riquezas culturales del L\u00edbano, ya elogiadas por todos mis predecesores que han visitado su pa\u00eds, resplandece una cualidad que distingue a los libaneses: ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valent\u00eda. Su resiliencia es una caracter\u00edstica imprescindible de los aut\u00e9nticos constructores de paz: la obra de la paz, en efecto, es un continuo recomenzar. El compromiso y el amor por la paz no conocen el miedo ante las aparentes derrotas, no se dejan doblegar por las decepciones, sino que saben ver m\u00e1s all\u00e1, acogiendo y abrazando con esperanza todas las realidades. Se necesita tenacidad para construir la paz; se necesita perseverancia para engendrar vida y custodiarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Interroguen su historia. Preg\u00fantense de d\u00f3nde viene la gran fortaleza que nunca ha dejado a su pueblo abatido, sin esperanza. Ustedes son un pa\u00eds variado, una comunidad de comunidades, pero unidas por una lengua com\u00fan. No me refiero s\u00f3lo al \u00e1rabe levantino que ustedes hablan y a trav\u00e9s del cual su gran pasado ha diseminado perlas de inestimable valor; me refiero sobre todo a la lengua de la esperanza, aquella que siempre les ha permitido volver a empezar. A nuestro alrededor, en casi todo el mundo, parece haber vencido una especie de pesimismo y un sentimiento de impotencia; las personas parecen no ser capaces ni siquiera de preguntarse qu\u00e9 pueden hacer para cambiar el curso de la historia. Las grandes decisiones parecen tomarlas unos pocos y, a menudo, en detrimento del bien com\u00fan, lo que parece un destino ineludible. Ustedes han sufrido mucho las consecuencias de una econom\u00eda que mata (cf. Exhort. ap.\u00a0<em>Evangelii gaudium<\/em>, 53), de la inestabilidad global que tambi\u00e9n en el Levante tiene repercusiones devastadoras, de la radicalizaci\u00f3n de las identidades y de los conflictos, pero siempre han querido y sabido volver a empezar.<\/p>\n\n\n\n<p>El L\u00edbano puede enorgullecerse de una sociedad civil din\u00e1mica, bien formada, rica en j\u00f3venes capaces de expresar los sue\u00f1os y las esperanzas de todo un pa\u00eds. Por eso los animo a que nunca se separen de su gente y a que se pongan al servicio de su pueblo \u2014tan rico en su variedad\u2014 con compromiso y dedicaci\u00f3n. Que puedan hablar una sola lengua: la lengua de la esperanza que hace converger a todos en un constante comenzar de nuevo. El deseo de vivir y crecer juntos, como pueblo, haga de cada grupo la voz de una polifon\u00eda. Que les ayude tambi\u00e9n el profundo v\u00ednculo de afecto que une a su pa\u00eds a tantos libaneses dispersos por el mundo. Ellos aman su origen, rezan por el pueblo del que se sienten parte y lo apoyan con las m\u00faltiples experiencias y competencias que los hacen tan apreciados en todos los lugares.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos as\u00ed a una segunda caracter\u00edstica de los constructores de paz: no s\u00f3lo saben recomenzar, sino que ante todo lo hacen a trav\u00e9s del arduo camino de la reconciliaci\u00f3n. De hecho, hay heridas personales y colectivas que requieren largos a\u00f1os, a veces generaciones enteras, para poder sanar. Si no se curan, si no se trabaja, por ejemplo, en la sanaci\u00f3n de la memoria, en un acercamiento entre quienes han sufrido agravios e injusticias, es dif\u00edcil avanzar hacia la paz. Se permanece estancado, prisionero cada uno de su dolor y de sus razones. La verdad, en cambio, s\u00f3lo puede ser honrada mediante el encuentro. Cada uno de nosotros ve una parte de la verdad, conoce un aspecto de ella, pero no puede renunciar a lo que s\u00f3lo el otro sabe, a lo que s\u00f3lo el otro ve. La verdad y la reconciliaci\u00f3n siempre crecen juntas y s\u00f3lo juntas: tanto en una familia como entre las diferentes comunidades y las diversas almas de un pa\u00eds, o entre las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, no hay reconciliaci\u00f3n duradera sin un objetivo com\u00fan, sin una apertura hacia un futuro en el que el bien prevalezca sobre el mal sufrido o infligido en el pasado o en el presente. Por lo tanto, una cultura de la reconciliaci\u00f3n no s\u00f3lo nace desde abajo, de la disponibilidad y la valent\u00eda de algunos, sino que necesita autoridades e instituciones que reconozcan el bien com\u00fan por encima del bien parcial. El bien com\u00fan es m\u00e1s que la suma de muchos intereses: acerca lo m\u00e1s posible los objetivos de cada uno y los mueve en una direcci\u00f3n en la que todos tendr\u00e1n m\u00e1s que si avanzaran por separado. La paz es, de hecho, mucho m\u00e1s que un equilibrio, siempre precario, entre quienes viven separados bajo el mismo techo. La paz es saber convivir, en comuni\u00f3n, como personas reconciliadas. Una reconciliaci\u00f3n que, adem\u00e1s de hacernos convivir, nos ense\u00f1ar\u00e1 a trabajar juntos, codo con codo, por un futuro compartido. Es entonces que la paz se convierte en esa abundancia que nos sorprende cuando nuestro horizonte se ampl\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de cualquier valla y barrera. A veces se piensa que, antes de dar cualquier paso, es necesario aclararlo todo, resolverlo todo, pero es el di\u00e1logo mutuo, incluso en las incomprensiones, el camino que conduce a la reconciliaci\u00f3n. La verdad m\u00e1s grande de todas es que estemos juntos insertados en un proyecto que Dios ha preparado para que seamos una familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, me gustar\u00eda esbozar una tercera caracter\u00edstica de los constructores de paz. Se atreven a quedarse, incluso cuando ello supone un sacrificio. Hay momentos en los que es m\u00e1s f\u00e1cil huir o, simplemente, resulta m\u00e1s conveniente irse a otro lugar. Se necesita mucho valor y visi\u00f3n de futuro para quedarse o volver al propio pa\u00eds, considerando dignas de amor y dedicaci\u00f3n incluso condiciones bastante dif\u00edciles. Sabemos que la incertidumbre, la violencia, la pobreza y muchas otras amenazas producen aqu\u00ed, como en otros lugares del mundo, una hemorragia de j\u00f3venes y familias que buscan un futuro en otros lugares, a pesar del gran dolor que representa dejar su patria. Sin duda, hay que reconocer que muchos de los libaneses dispersos por el mundo aportan cosas muy positivas a todos ustedes. Sin embargo, no debemos olvidar que permanecer en la patria y colaborar d\u00eda a d\u00eda al desarrollo de la civilizaci\u00f3n del amor y de la paz sigue siendo algo muy loable.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, de hecho, no s\u00f3lo se preocupa por la dignidad de quienes se trasladan a pa\u00edses distintos del suyo, sino que desea que nadie se vea obligado a partir y que quien lo desee pueda regresar en condiciones de seguridad. La movilidad humana, de hecho, representa una inmensa oportunidad de encuentro y enriquecimiento mutuo, pero no borra el v\u00ednculo especial que une a cada uno con determinados lugares, a los que debe su identidad de una manera totalmente peculiar. Y la paz siempre crece en un contexto vital concreto, hecho de v\u00ednculos geogr\u00e1ficos, hist\u00f3ricos y espirituales. Es necesario alentar a quienes los favorecen y se nutren de ellos, sin ceder al localismo y al nacionalismo. En la enc\u00edclica&nbsp;<em>Fratelli tutti<\/em>, el Papa Francisco indicaba este camino: \u00abHay que mirar lo global, que nos rescata de la mezquindad casera. Cuando la casa ya no es hogar, sino que es encierro, calabozo, lo global nos va rescatando porque es como la causa final que nos atrae hacia la plenitud. Simult\u00e1neamente, hay que asumir con cordialidad lo local, porque tiene algo que lo global no posee: ser levadura, enriquecer, poner en marcha mecanismos de subsidiaridad. Por lo tanto, la fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad son dos polos inseparables y coesenciales\u00bb (n. 142).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es un reto no s\u00f3lo para el L\u00edbano, sino para todo el Levante: \u00bfqu\u00e9 hacer para que sobre todo los j\u00f3venes no se sientan obligados a abandonar su tierra y emigrar? \u00bfC\u00f3mo motivarlos a no buscar la paz en otros lugares, sino a encontrar garant\u00edas y convertirse en protagonistas de la misma en su tierra natal? En este sentido, cristianos y musulmanes, junto con todos los sectores religiosos y civiles de la sociedad libanesa, est\u00e1n llamados a hacer su propia aportaci\u00f3n y a asumir el compromiso de sensibilizar a la comunidad internacional al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, me gustar\u00eda subrayar el papel imprescindible de las mujeres en el arduo y paciente compromiso de custodiar y construir la paz. No olvidemos que las mujeres tienen una capacidad espec\u00edfica para trabajar por la paz, porque saben custodiar y desarrollar v\u00ednculos profundos con la vida, con las personas y con los lugares. Su participaci\u00f3n en la vida social y pol\u00edtica, as\u00ed como en la de sus propias comunidades religiosas, al igual que la fuerza que proviene de los j\u00f3venes, representa en todo el mundo un factor de verdadera renovaci\u00f3n. Bienaventuradas, pues, las mujeres que trabajan por la paz y bienaventurados los j\u00f3venes que permanecen o regresan, para que el L\u00edbano siga siendo una tierra llena de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluyo inspir\u00e1ndome en otra caracter\u00edstica preciosa de su tradici\u00f3n milenaria. Son un pueblo que ama la m\u00fasica, la cual, en los d\u00edas de fiesta, se convierte en danza, lenguaje de alegr\u00eda y comuni\u00f3n. Este rasgo de su cultura nos ayuda a comprender que la paz no es s\u00f3lo el resultado de un compromiso humano, por necesario que sea: la paz es un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro coraz\u00f3n. Es como un movimiento interior que se derrama hacia el exterior, permitiendo que nos dejemos guiar por una melod\u00eda m\u00e1s grande que nosotros mismos, la del amor divino. Quien baila avanza con ligereza, sin pisar la tierra, armonizando sus pasos con los de los dem\u00e1s. As\u00ed es la paz: un camino movido por el Esp\u00edritu, que dispone al coraz\u00f3n a escuchar y lo hace m\u00e1s atento y respetuoso hacia el otro. Que crezca entre ustedes este deseo de paz que nace de Dios y que ya hoy puede transformar la manera de mirar a los dem\u00e1s y de habitar juntos esta tierra, tierra que \u00c9l ama profundamente y sigue bendiciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or Presidente, distinguidas autoridades, les agradezco nuevamente por la hospitalidad que me est\u00e1n brindando. Est\u00e9n seguros de mi oraci\u00f3n y de la de toda la Iglesia por su delicado servicio al bien com\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u00cdBANO PAPA LE\u00d3N XIV | La paz es un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro coraz\u00f3n, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre en su discurso compartido en el encuentro con las autoridades y representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplom\u00e1tico en la ciudad de Beirut. 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