{"id":247761,"date":"2025-12-24T21:03:45","date_gmt":"2025-12-25T00:03:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=247761"},"modified":"2025-12-24T21:08:51","modified_gmt":"2025-12-25T00:08:51","slug":"papa-leon-xiv-en-el-nino-jesus-dios-da-al-mundo-una-nueva-vida-%e2%80%95la-suya%e2%80%95-para-todos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-en-el-nino-jesus-dios-da-al-mundo-una-nueva-vida-%e2%80%95la-suya%e2%80%95-para-todos\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | En el ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios da al mundo una nueva vida \u2015la suya\u2015, para todos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | En el ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios da al mundo una nueva vida \u2015la suya\u2015, para todos<\/strong>, as\u00ed lo dijo el <strong>Santo Padre<\/strong> en su Homil\u00eda compartida en la Solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or, en la Santa Misa de Nochebuena. <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> presidi\u00f3 la Santa Misa, en la Bas\u00edlica de San Pedro, donde expres\u00f3, <strong><em>\u201cmientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al pr\u00f3jimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Papa nos dec\u00eda en su Homil\u00eda, <strong><em>\u201cdurante milenios, en todas partes del mundo, los pueblos han escrutado el cielo dando nombres y formas a estrellas mudas; en su imaginaci\u00f3n, (\u2026). En esta noche, en cambio, \u00abel pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el pa\u00eds de la oscuridad ha brillado una luz\u00bb (Is&nbsp;9,1)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, dijo, <strong><em>\u201che aqu\u00ed la estrella que sorprende al mundo, una chispa reci\u00e9n encendida y resplandeciente de vida: \u00abHoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mes\u00edas, el Se\u00f1or\u00bb (Lc&nbsp;2,11). En el tiempo y en el espacio, all\u00ed donde estamos, viene Aquel sin el cual nunca habr\u00edamos existido. Vive entre nosotros quien da su vida por nosotros, iluminando nuestra noche con la salvaci\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Es el nacimiento de Jes\u00fas, el Emmanuel. En el Hijo hecho hombre, Dios no nos da algo, sino a s\u00ed mismo, \u00aba fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para s\u00ed un Pueblo elegido\u00bb (Tt&nbsp;2,14). Nace en la noche Aquel que nos rescata de la noche: ya no hay que buscarla lejos, en los espacios siderales<\/em><\/strong>, la huella del d\u00eda que alborea, sino inclinando la cabeza en el establo de al lado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cpara iluminar nuestra ceguera, el Se\u00f1or quiso revelarse al hombre como hombre, su verdadera imagen, seg\u00fan un proyecto de amor iniciado con la creaci\u00f3n del mundo\u201d.<\/em><\/strong> En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Santo Padre<\/strong>, compart\u00eda, <strong><em>\u201cadmiremos, queridos amigos, la sabidur\u00eda de la Navidad. En el ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios da al mundo una nueva vida \u2015la suya\u2015, para todos. No es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra. Ante las expectativas de los pueblos, \u00c9l env\u00eda un ni\u00f1o, para que sea palabra de esperanza; (\u2026).<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al pr\u00f3jimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud. \u00bfSer\u00e1 suficiente este amor para cambiar nuestra historia? La respuesta llega en cuanto nos despertamos, como los pastores, de una noche mortal, a la luz de la vida naciente, contemplando al ni\u00f1o Jes\u00fas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Papa<\/strong> expres\u00f3, <strong><em>\u201cla contemplaci\u00f3n del Verbo hecho carne suscita en toda la Iglesia una palabra nueva y verdadera: proclamemos, pues, la alegr\u00eda de la Navidad, que es fiesta de la fe, de la caridad y de la esperanza. Es fiesta de la fe, porque Dios se hace hombre, naciendo de la Virgen\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"VATICANO | Santa Misa de Nochebuena, preside Su Santidad Le\u00f3n XIV\" width=\"1080\" height=\"608\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/--39AgFnafg?feature=oembed\"  allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE\u00d1OR<br>SANTA MISA DE NOCHEBUENA<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CAPILLA PAPAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bas\u00edlica de San Pedro<br>Mi\u00e9rcoles, 24 de diciembre de 2025<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Durante milenios, en todas partes del mundo, los pueblos han escrutado el cielo dando nombres y formas a estrellas mudas; en su imaginaci\u00f3n, le\u00edan en ello los acontecimientos del futuro buscando en lo alto, entre los astros, la verdad que faltaba abajo, entre las casas. Sin embargo, como a tientas, en esa oscuridad segu\u00edan confundidos por sus propios or\u00e1culos. En esta noche, en cambio, \u00abel pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el pa\u00eds de la oscuridad ha brillado una luz\u00bb (<em>Is&nbsp;<\/em>9,1).<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la estrella que sorprende al mundo, una chispa reci\u00e9n encendida y resplandeciente de vida: \u00abHoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mes\u00edas, el Se\u00f1or\u00bb (<em>Lc&nbsp;<\/em>2,11). En el tiempo y en el espacio, all\u00ed donde estamos, viene Aquel sin el cual nunca habr\u00edamos existido. Vive entre nosotros quien da su vida por nosotros, iluminando nuestra noche con la salvaci\u00f3n. No hay tiniebla que esta estrella no ilumine, porque en su luz toda la humanidad ve la aurora de una existencia nueva y eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el nacimiento de Jes\u00fas, el Emmanuel. En el Hijo hecho hombre, Dios no nos da algo, sino a s\u00ed mismo, \u00aba fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para s\u00ed un Pueblo elegido\u00bb (<em>Tt<\/em>&nbsp;2,14). Nace en la noche Aquel que nos rescata de la noche: ya no hay que buscarla lejos, en los espacios siderales, la huella del d\u00eda que alborea, sino inclinando la cabeza en el establo de al lado.<\/p>\n\n\n\n<p>La clara se\u00f1al dada al oscuro mundo es, de hecho, \u00abun ni\u00f1o reci\u00e9n nacido envuelto en pa\u00f1ales y acostado en un pesebre\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;2,12). Para encontrar al Salvador no hay que mirar hacia arriba, sino contemplar hacia abajo: la omnipotencia de Dios resplandece en la impotencia de un reci\u00e9n nacido; la elocuencia del Verbo eterno resuena en el primer llanto de un infante; la santidad del Esp\u00edritu brilla en ese cuerpecito limpio y envuelto en pa\u00f1ales. Es divina la necesidad de cuidado y calor que el Hijo del Padre comparte con todos sus hermanos en la historia. La luz divina que irradia este Ni\u00f1o nos ayuda a ver al hombre en cada vida que nace.<\/p>\n\n\n\n<p>Para iluminar nuestra ceguera, el Se\u00f1or quiso revelarse al hombre como hombre, su verdadera imagen, seg\u00fan un proyecto de amor iniciado con la creaci\u00f3n del mundo. Mientras la noche del error oscurezca esta verdad providencial, \u00abtampoco queda espacio para los otros, para los ni\u00f1os, los pobres, los extranjeros\u00bb (<em>Benedicto XVI<\/em>,&nbsp;<em>Homil\u00eda en la noche de Navidad<\/em>, 24 diciembre 2012). Las palabras del&nbsp;Papa Benedicto XVI, tan actuales, nos recuerdan que en la tierra no hay espacio para Dios si no hay espacio para el hombre: no acoger a uno significa rechazar al otro. En cambio, donde hay lugar para el hombre, hay lugar para Dios; y entonces un establo puede llegar a ser m\u00e1s sagrado que un templo y el seno de la Virgen Mar\u00eda, el arca de la nueva alianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Admiremos, queridos amigos, la sabidur\u00eda de la Navidad. En el ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios da al mundo una nueva vida \u2015la suya\u2015, para todos. No es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra. Ante las expectativas de los pueblos, \u00c9l env\u00eda un ni\u00f1o, para que sea palabra de esperanza; ante el dolor de los miserables, \u00c9l env\u00eda un indefenso, para que sea fuerza para levantarse; ante la violencia y la opresi\u00f3n, \u00c9l enciende una suave luz que ilumina con la salvaci\u00f3n a todos los hijos de este mundo. Como se\u00f1alaba san Agust\u00edn, \u00abtanto te oprimi\u00f3 la soberbia humana, que s\u00f3lo la humildad divina te pod\u00eda levantar\u00bb (<em>Sermo in Natale Domini<\/em>,188, III, 3). S\u00ed, mientras una econom\u00eda distorsionada induce a tratar a los hombres como mercanc\u00eda, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al pr\u00f3jimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud. \u00bfSer\u00e1 suficiente este amor para cambiar nuestra historia?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta llega en cuanto nos despertamos, como los pastores, de una noche mortal, a la luz de la vida naciente, contemplando al ni\u00f1o Jes\u00fas. En el establo de Bel\u00e9n, donde Mar\u00eda y Jos\u00e9, llenos de asombro, velan al reci\u00e9n nacido, el cielo estrellado se convierte en \u00abuna multitud del ej\u00e9rcito celestial\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;2,13). Son huestes desarmadas y desarmantes, porque cantan la gloria de Dios, cuya manifestaci\u00f3n en la tierra es la paz (cf. v. 14); en el coraz\u00f3n de Cristo, en efecto, palpita el v\u00ednculo que une en el amor el cielo y la tierra y el Creador con las criaturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, hace exactamente un a\u00f1o, el&nbsp;Papa Francisco&nbsp;afirmaba que el nacimiento de Jes\u00fas reaviva en nosotros \u00abel don y la tarea de llevar esperanza all\u00ed donde se ha perdido\u00bb, porque \u00abcon \u00c9l florece la alegr\u00eda, con \u00c9l la vida cambia, con \u00c9l la esperanza no defrauda\u00bb (<em>Homil\u00eda en la noche de Navidad<\/em>, 24 diciembre 2024). Con estas palabras daba comienzo el A\u00f1o Santo. Ahora que el&nbsp;Jubileo&nbsp;llega a su fin, la Navidad es para nosotros tiempo de gratitud y de misi\u00f3n. Gratitud por el don recibido, misi\u00f3n para dar testimonio de este don al mundo. Como aclama el salmista: \u00abCanten al Se\u00f1or, bendigan su Nombre, d\u00eda tras d\u00eda, proclamen su victoria. Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos\u00bb (<em>Sal<\/em>&nbsp;96,2-3).<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanas y hermanos, la contemplaci\u00f3n del Verbo hecho carne suscita en toda la Iglesia una palabra nueva y verdadera: proclamemos, pues, la alegr\u00eda de la Navidad, que es fiesta de la fe, de la caridad y de la esperanza. Es fiesta de la fe, porque Dios se hace hombre, naciendo de la Virgen. Es fiesta de la caridad, porque el don del Hijo redentor se realiza en la entrega fraterna. Es fiesta de la esperanza, porque el ni\u00f1o Jes\u00fas la enciende en nosotros, haci\u00e9ndonos mensajeros de paz. Con estas virtudes en el coraz\u00f3n, sin temer a la noche, podemos ir al encuentro del amanecer del nuevo d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | En el ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios da al mundo una nueva vida \u2015la suya\u2015, para todos, as\u00ed lo dijo el Santo Padre en su Homil\u00eda compartida en la Solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or, en la Santa Misa de Nochebuena. 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