{"id":247768,"date":"2025-12-25T08:00:00","date_gmt":"2025-12-25T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=247768"},"modified":"2025-12-25T09:59:30","modified_gmt":"2025-12-25T12:59:30","slug":"papa-leon-xiv-la-paz-de-dios-nace-de-un-llanto-escuchado-nace-entre-ruinas-que-claman-una-nueva-solidaridad-nace-de-suenos-y-visiones-que-como-profecias-invierten-el-curso-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-paz-de-dios-nace-de-un-llanto-escuchado-nace-entre-ruinas-que-claman-una-nueva-solidaridad-nace-de-suenos-y-visiones-que-como-profecias-invierten-el-curso-de-la-historia\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La paz de Dios nace de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sue\u00f1os y visiones que, como profec\u00edas, invierten el curso de la historia"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La paz de Dios nace de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sue\u00f1os y visiones que, como profec\u00edas, invierten el curso de la historia<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su Homil\u00eda en la Solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or. Fue al presidir la Santa Misa, en la Bas\u00edlica de San Pedro, en la ciudad del Vaticano esta ma\u00f1ana (hora de Roma).<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa nos dec\u00eda, <strong><em>\u201c\u00abProrrumpan en gritos de alegr\u00eda\u00bb (Is&nbsp;52,9), clama el mensajero de paz a quienes encuentra entre las ruinas de una ciudad que debe ser totalmente reconstruida. Sus pies, aun llenos de polvo y heridos, son hermosos \u2014escribe el profeta (cf.&nbsp;Is&nbsp;52,7)\u2014 porque, a trav\u00e9s de caminos largos y dif\u00edciles, han llevado un anuncio gozoso, en el que ahora todo renace. \u00a1Es un nuevo d\u00eda! Tambi\u00e9n nosotros participamos en este momento decisivo, en el que pareciera que a\u00fan nadie cree: la paz existe y est\u00e1 ya en medio de nosotros.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u00abLes dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo\u00bb (Jn&nbsp;14,27); as\u00ed habl\u00f3 Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos \u2014a los que poco tiempo antes hab\u00eda lavado los pies\u2014, mensajeros de paz que desde ese momento deber\u00edan correr por el mundo, sin cansarse, para revelar a todos el \u00abpoder de llegar a ser hijos de Dios\u00bb (Jn&nbsp;1,12)\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, nos compart\u00eda, <strong><em>\u201cpuesto que el Verbo se hizo carne, ahora la carne habla, grita el deseo divino de encontrarnos. El Verbo ha establecido su tienda fr\u00e1gil entre nosotros. \u00bfY c\u00f3mo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas a las lluvias, al viento y al fr\u00edo, y a las de tantos otros desplazados y refugiados en cada continente, o en los refugios improvisados de miles de personas sin hogar en nuestras ciudades?\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dijo, <strong><em>\u201ccuando la fragilidad de los dem\u00e1s nos atraviesa el coraz\u00f3n, cuando el dolor ajeno hace a\u00f1icos nuestras s\u00f3lidas certezas, entonces ya comienza la paz. La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sue\u00f1os y visiones que, como profec\u00edas, invierten el curso de la historia\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Agregando, sigui\u00f3 diciendo el Papa, \u201cciertamente, el Evangelio no esconde la resistencia de las tinieblas a la luz, describe el camino de la Palabra de Dios como un trayecto escabroso, diseminado de obst\u00e1culos. Hasta hoy, los aut\u00e9nticos mensajeros de paz siguen al Verbo por este camino, que finalmente alcanza los corazones; corazones inquietos, que a menudo desean precisamente aquello a lo que se resisten. De ese modo, la Navidad vuelve a motivar a una Iglesia misionera, impuls\u00e1ndola sobre v\u00edas que la Palabra de Dios le ha trazado\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente comparti\u00f3,<strong> <em>\u201cen Dios cada palabra es palabra pronunciada, es una invitaci\u00f3n al di\u00e1logo, una palabra nunca igual a s\u00ed misma. Es la renovaci\u00f3n que el Concilio Vaticano II ha promovido y que veremos florecer s\u00f3lo si caminamos juntos con toda la humanidad, sin separarnos nunca de ella. Mundano es lo contrario: tener por centro a uno mismo. El movimiento de la Encarnaci\u00f3n es un dinamismo de di\u00e1logo. Habr\u00e1 paz cuando nuestros mon\u00f3logos se interrumpan y, fecundados por la escucha, caigamos de rodillas ante la carne desnuda de los dem\u00e1s. La Virgen Mar\u00eda es precisamente en esto la Madre de la Iglesia, la Estrella de la evangelizaci\u00f3n, la Reina de la paz\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de<strong> Su Santidad Le\u00f3n XIV:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE\u00d1OR<br>SANTA MISA DEL D\u00cdA<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bas\u00edlica de San Pedro<br>Jueves, 25 de diciembre de 2025<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abProrrumpan en gritos de alegr\u00eda\u00bb (<em>Is<\/em>&nbsp;52,9), clama el mensajero de paz a quienes encuentra entre las ruinas de una ciudad que debe ser totalmente reconstruida. Sus pies, aun llenos de polvo y heridos, son hermosos \u2014escribe el profeta (cf.&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;52,7)\u2014 porque, a trav\u00e9s de caminos largos y dif\u00edciles, han llevado un anuncio gozoso, en el que ahora todo renace. \u00a1Es un nuevo d\u00eda! Tambi\u00e9n nosotros participamos en este momento decisivo, en el que pareciera que a\u00fan nadie cree: la paz existe y est\u00e1 ya en medio de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLes dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;14,27); as\u00ed habl\u00f3 Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos \u2014a los que poco tiempo antes hab\u00eda lavado los pies\u2014, mensajeros de paz que desde ese momento deber\u00edan correr por el mundo, sin cansarse, para revelar a todos el \u00abpoder de llegar a ser hijos de Dios\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1,12). Hoy, por tanto, no s\u00f3lo nos sorprende la paz que ya hay aqu\u00ed, sino que celebramos&nbsp;<em>c\u00f3mo<\/em>&nbsp;nos ha sido dado este don. En el&nbsp;<em>c\u00f3mo<\/em>, en efecto, brilla la diferencia divina que nos hace prorrumpir en cantos de alegr\u00eda. As\u00ed, en todo el mundo, la Navidad es una fiesta de m\u00fasica y de cantos por excelencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n el pr\u00f3logo del cuarto Evangelio es un himno y tiene por protagonista al Verbo de Dios. El \u201cverbo\u201d es una palabra que indica acci\u00f3n. Esta es una caracter\u00edstica de la Palabra de Dios: nunca queda sin efecto. Si nos fijamos bien, tambi\u00e9n muchas de nuestras palabras producen efectos, a veces no deseados. S\u00ed, las palabras act\u00faan. Pero he aqu\u00ed la sorpresa que la liturgia de la Navidad coloca frente a nosotros: el Verbo de Dios se manifiesta y no sabe hablar, viene a nosotros como un reci\u00e9n nacido que s\u00f3lo llora y solloza. \u00abSe hizo carne\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1,14) y, si bien crecer\u00e1 y un d\u00eda aprender\u00e1 la lengua de su pueblo, lo que ahora habla es s\u00f3lo su presencia sencilla y fr\u00e1gil. \u00abCarne\u00bb es la desnudez radical de quien en Bel\u00e9n y en el Calvario carece tambi\u00e9n de palabra; como carecen de palabra tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio. La carne humana requiere cuidado, solicita acogida y reconocimiento, busca manos capaces de ternura y mentes dispuestas a la atenci\u00f3n, desea palabras buenas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron [\u2026] les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1,11-12). Este es el modo parad\u00f3jico en el que la paz est\u00e1 ya entre nosotros: el don de Dios es fascinante, busca acogida y mueve a la entrega. Nos sorprende porque nos expone al rechazo, nos atrae porque nos arrebata de la indiferencia. Llegar a ser hijos de Dios es un verdadero poder; un poder que queda enterrado mientras permanecemos indiferentes al llanto de los ni\u00f1os y a la fragilidad de los ancianos, al silencio impotente de las v\u00edctimas y a la melancol\u00eda resignada del que hace el mal que no quiere.<\/p>\n\n\n\n<p>Como escribi\u00f3 el amado Papa Francisco, para llamarnos a la alegr\u00eda del Evangelio: \u00abA veces sentimos la tentaci\u00f3n de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Se\u00f1or. Pero Jes\u00fas quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los dem\u00e1s. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura\u00bb (Exhort. ap.\u00a0<em>Evangelii gaudium<\/em>, 270).<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos y hermanas, puesto que el Verbo se hizo carne, ahora la carne habla, grita el deseo divino de encontrarnos. El Verbo ha establecido su tienda fr\u00e1gil entre nosotros. \u00bfY c\u00f3mo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas a las lluvias, al viento y al fr\u00edo, y a las de tantos otros desplazados y refugiados en cada continente, o en los refugios improvisados de miles de personas sin hogar en nuestras ciudades? Fr\u00e1gil es la carne de las poblaciones indefensas, probadas por tantas guerras en curso o terminadas dejando escombros y heridas abiertas. Fr\u00e1giles son las mentes y las vidas de los j\u00f3venes obligados a tomar las armas que, estando en el frente, advierten la insensatez de lo que se les pide y la mentira que impregna los rimbombantes discursos de quien los manda a morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la fragilidad de los dem\u00e1s nos atraviesa el coraz\u00f3n, cuando el dolor ajeno hace a\u00f1icos nuestras s\u00f3lidas certezas, entonces ya comienza la paz. La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sue\u00f1os y visiones que, como profec\u00edas, invierten el curso de la historia. S\u00ed, todo esto existe, porque Jes\u00fas es el&nbsp;<em>Logos<\/em>, el sentido a partir del cual todo ha sido formado. \u00abTodas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de lo que existe\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;1,3). Este misterio nos interpela desde los pesebres que hemos construido, nos abre los ojos a un mundo donde la Palabra todav\u00eda resuena, \u00aben muchas ocasiones y de diversas maneras\u00bb (cf.&nbsp;<em>Hb<\/em>&nbsp;1,1), y nos sigue llamando a la conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, el Evangelio no esconde la resistencia de las tinieblas a la luz, describe el camino de la Palabra de Dios como un trayecto escabroso, diseminado de obst\u00e1culos. Hasta hoy, los aut\u00e9nticos mensajeros de paz siguen al Verbo por este camino, que finalmente alcanza los corazones; corazones inquietos, que a menudo desean precisamente aquello a lo que se resisten. De ese modo, la Navidad vuelve a motivar a una Iglesia misionera, impuls\u00e1ndola sobre v\u00edas que la Palabra de Dios le ha trazado. No estamos al servicio de una palabra prepotente \u2014estas ya resuenan por todas partes\u2014 sino de una presencia que suscita el bien, que conoce su eficacia, que no se atribuye el monopolio.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el camino de la misi\u00f3n: un camino hacia el otro. En Dios cada palabra es palabra pronunciada, es una invitaci\u00f3n al di\u00e1logo, una palabra nunca igual a s\u00ed misma. Es la renovaci\u00f3n que el Concilio Vaticano II ha promovido y que veremos florecer s\u00f3lo si caminamos juntos con toda la humanidad, sin separarnos nunca de ella. Mundano es lo contrario: tener por centro a uno mismo. El movimiento de la Encarnaci\u00f3n es un dinamismo de di\u00e1logo. Habr\u00e1 paz cuando nuestros mon\u00f3logos se interrumpan y, fecundados por la escucha, caigamos de rodillas ante la carne desnuda de los dem\u00e1s. La Virgen Mar\u00eda es precisamente en esto la Madre de la Iglesia, la Estrella de la evangelizaci\u00f3n, la Reina de la paz. En ella comprendemos que nada nace del exhibicionismo de la fuerza y todo renace del silencioso poder de la vida acogida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | La paz de Dios nace de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sue\u00f1os y visiones que, como profec\u00edas, invierten el curso de la historia, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda en la Solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or. 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