{"id":248424,"date":"2026-04-02T11:01:00","date_gmt":"2026-04-02T14:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=248424"},"modified":"2026-04-02T15:03:43","modified_gmt":"2026-04-02T18:03:43","slug":"papa-leon-xiv-la-libertad-de-jesus-cambia-el-corazon-sana-las-heridas-perfuma-y-hace-brillar-nuestros-rostros-reconcilia-y-reune-perdona-y-resucita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-libertad-de-jesus-cambia-el-corazon-sana-las-heridas-perfuma-y-hace-brillar-nuestros-rostros-reconcilia-y-reune-perdona-y-resucita\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La libertad de Jes\u00fas cambia el coraz\u00f3n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re\u00fane, perdona y resucita"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La libertad de Jes\u00fas cambia el coraz\u00f3n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re\u00fane, perdona y resucita<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa Crismal. Celebrada en la Bas\u00edlica de San Pedro, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> reflexiona sobre el significado de la misi\u00f3n cristiana y los tres secretos que brotan de ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa nos dec\u00eda, <strong><em>\u201cnos encontramos ya en el umbral del Triduo Pascual. Una vez m\u00e1s, el Se\u00f1or nos llevar\u00e1 a la cumbre de su misi\u00f3n, para que su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n se conviertan en el coraz\u00f3n de nuestra misi\u00f3n. Lo que estamos a punto de revivir, de hecho, tiene en s\u00ed la fuerza de transformar aquello que el orgullo humano tiende generalmente a endurecer: nuestra identidad, nuestro lugar en el mundo. La libertad de Jes\u00fas cambia el coraz\u00f3n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re\u00fane, perdona y resucita\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, dec\u00eda, <strong><em>\u201clo que Jes\u00fas vive en los momentos culminantes de su misi\u00f3n ya se anticipa en el pasaje de Isa\u00edas, que \u00c9l mismo se\u00f1al\u00f3 en la sinagoga de Nazaret como la Palabra que \u00abhoy\u00bb se cumple (cf.&nbsp;Lc&nbsp;4,21). En la hora de la Pascua, de hecho, queda definitivamente claro que Dios consagra para enviar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el Papa compart\u00eda, <strong><em>\u201cqueridos hermanos, nosotros seguimos a Jes\u00fas, quien \u00abno consider\u00f3 la igualdad con Dios como algo que deb\u00eda guardar celosamente: al contrario, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo\u00bb (Flp&nbsp;2,6-7). Toda misi\u00f3n comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que est\u00e1n en el origen de nuestra vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el Pont\u00edfice, dijo, <strong><em>\u201cel camino de Jes\u00fas nos revela que la disponibilidad para perder, para vaciarse, no es un fin en s\u00ed misma, sino una condici\u00f3n para el encuentro y la intimidad. El amor s\u00f3lo es verdadero si est\u00e1 desarmado, necesita pocas cosas, ninguna ostentaci\u00f3n, y custodia con delicadeza la debilidad y la desnudez\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos ya en el umbral del Triduo Pascual. Una vez m\u00e1s, el Se\u00f1or nos llevar\u00e1 a la cumbre de su misi\u00f3n, para que su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n se conviertan en el coraz\u00f3n de nuestra misi\u00f3n. Lo que estamos a punto de revivir, de hecho, tiene en s\u00ed la fuerza de transformar aquello que el orgullo humano tiende generalmente a endurecer: nuestra identidad, nuestro lugar en el mundo. La libertad de Jes\u00fas cambia el coraz\u00f3n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re\u00fane, perdona y resucita.<\/p>\n\n\n\n<p>En este primer a\u00f1o en el que presido la Misa Crismal como Obispo de Roma, deseo reflexionar con ustedes sobre la misi\u00f3n a la que Dios nos consagra como su pueblo. Es la misi\u00f3n cristiana, la misma de Jes\u00fas, no otra. En ella participa cada uno seg\u00fan su propia vocaci\u00f3n y en una obediencia muy personal a la voz del Esp\u00edritu, \u00a1pero nunca sin los dem\u00e1s, nunca descuidando o rompiendo la comuni\u00f3n! Obispos y presb\u00edteros, al renovar nuestras promesas, estamos al servicio de un pueblo misionero. Somos, junto con todos los bautizados, el Cuerpo de Cristo, ungidos por su Esp\u00edritu de libertad y de consuelo, Esp\u00edritu de profec\u00eda y de unidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que Jes\u00fas vive en los momentos culminantes de su misi\u00f3n ya se anticipa en el pasaje de Isa\u00edas, que \u00c9l mismo se\u00f1al\u00f3 en la sinagoga de Nazaret como la Palabra que \u00abhoy\u00bb se cumple (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;4,21). En la hora de la Pascua, de hecho, queda definitivamente claro que Dios consagra para enviar. \u00c9l \u00abme envi\u00f3\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,18), dice Jes\u00fas, describiendo ese movimiento que une su Cuerpo a los pobres, a los prisioneros, a quienes caminan a tientas en la oscuridad y a quienes se encuentran oprimidos. Y nosotros, miembros de su Cuerpo, llamamos \u201capost\u00f3lica\u201d a una Iglesia enviada, no est\u00e1tica, impulsada m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma, consagrada a Dios en el servicio a sus criaturas: \u00abComo el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed, yo tambi\u00e9n los env\u00edo a ustedes\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;20,21).<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que ser enviados implica, en primer lugar, un&nbsp;<em>desprendimiento<\/em>, es decir, el riesgo de dejar lo que es familiar y seguro, para adentrarse en lo nuevo. Es interesante que \u00abcon el poder del Esp\u00edritu\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,14), descendido sobre \u00c9l despu\u00e9s del Bautismo en el Jord\u00e1n, Jes\u00fas regrese a Galilea y vaya \u00aba Nazaret, donde se hab\u00eda criado\u00bb (v.16). Es el lugar que ahora debe abandonar. Se mueve \u00abcomo de costumbre\u00bb (<em>ib\u00edd<\/em>.), pero para inaugurar un tiempo nuevo. Ahora deber\u00e1 partir definitivamente de aquel pueblo, para que madure lo que all\u00ed ha germinado, s\u00e1bado tras s\u00e1bado, en la escucha fiel de la Palabra de Dios. Del mismo modo, llamar\u00e1 a otros a partir, a arriesgarse, para que ning\u00fan lugar se convierta en una celda, ninguna identidad en una guarida.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos hermanos, nosotros seguimos a Jes\u00fas, quien \u00abno consider\u00f3 la igualdad con Dios como algo que deb\u00eda guardar celosamente: al contrario, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo\u00bb (<em>Flp<\/em>&nbsp;2,6-7). Toda misi\u00f3n comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que est\u00e1n en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los l\u00edmites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvaci\u00f3n, perd\u00f3n y sanaci\u00f3n. As\u00ed, la misi\u00f3n comienza por la reconciliaci\u00f3n con nuestros or\u00edgenes, con los dones y los l\u00edmites de la formaci\u00f3n recibida; al mismo tiempo, no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento, no hay alegr\u00eda sin arriesgar. Somos el Cuerpo de Cristo si nos ponemos en movimiento, saliendo de nosotros mismos, haciendo las paces con el pasado sin quedarnos prisioneros de \u00e9l: todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misi\u00f3n. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo, en cada ulterior env\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>El camino de Jes\u00fas nos revela que la disponibilidad para perder, para vaciarse, no es un fin en s\u00ed misma, sino una condici\u00f3n para el encuentro y la intimidad. El amor s\u00f3lo es verdadero si est\u00e1 desarmado, necesita pocas cosas, ninguna ostentaci\u00f3n, y custodia con delicadeza la debilidad y la desnudez. Nos cuesta lanzarnos a una misi\u00f3n tan expuesta, y sin embargo no hay \u00abbuena nueva para los pobres\u00bb (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;4,18) si acudimos a ellos con signos de poder, ni hay aut\u00e9ntica liberaci\u00f3n si no nos liberamos de la posesi\u00f3n. Aqu\u00ed tocamos un segundo secreto de la misi\u00f3n cristiana. Tras el desprendimiento est\u00e1 la ley del&nbsp;<em>encuentro<\/em>. Sabemos que, a lo largo de la historia, la misi\u00f3n ha sido no pocas veces trastocada por l\u00f3gicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo. San Juan Pablo II tuvo la lucidez y el valor de reconocer que \u00abpor el v\u00ednculo que une a unos y otros en el Cuerpo m\u00edstico, y a\u00fan sin tener responsabilidad personal ni eludir el juicio de Dios, el \u00fanico que conoce los corazones, somos portadores del peso de los errores y de las culpas de quienes nos han precedido\u00bb.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftn1\">[1]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Por consiguiente, es ahora prioritario recordar que ni en el \u00e1mbito pastoral, ni en el \u00e1mbito social y pol\u00edtico, el bien puede provenir de la prepotencia. Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo m\u00e9todo consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el di\u00e1logo y el respeto. Es el camino de la encarnaci\u00f3n, que siempre y de nuevo toma la forma de la inculturaci\u00f3n. La salvaci\u00f3n, de hecho, s\u00f3lo puede ser acogida por cada uno en su lengua materna. \u00ab\u00bfC\u00f3mo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?\u00bb (&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;2,8). La sorpresa de Pentecost\u00e9s se repite cuando no pretendemos dominar los tiempos de Dios, sino que confiamos en el Esp\u00edritu Santo, que \u201cest\u00e1 presente tambi\u00e9n hoy, como en tiempos de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles, est\u00e1 presente y actuante, llega antes que nosotros, trabaja m\u00e1s y mejor que nosotros; a nosotros no nos corresponde ni sembrarlo ni despertarlo, sino ante todo reconocerlo, acogerlo, seguirlo, abrirle camino e ir tras \u00e9l. Est\u00e1 ah\u00ed y nunca ha perdido la esperanza respecto a nuestro tiempo; por el contrario, sonr\u00ede, baila, penetra, envuelve, llega incluso all\u00ed donde nunca hubi\u00e9ramos imaginado\u201d.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftn2\">[2]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Para establecer esta sinton\u00eda con lo invisible, es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos env\u00eda, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como due\u00f1os de los lugares y de la vida ajena. Somos hu\u00e9spedes: lo somos como obispos, como sacerdotes, como religiosas y religiosos, como cristianos. De hecho, para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularizaci\u00f3n parece m\u00e1s avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista: \u00abNuevas culturas contin\u00faan gest\u00e1ndose en estas enormes geograf\u00edas humanas en las que el cristiano ya no suele ser promotor o generador de sentido, sino que recibe de ellas otros lenguajes, s\u00edmbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio de Jes\u00fas [\u2026]. Es necesario llegar all\u00ed donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jes\u00fas los n\u00facleos m\u00e1s profundos del alma de las ciudades\u00bb.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftn3\">[3]<\/a>&nbsp;Esto s\u00f3lo ocurre si en la Iglesia caminamos juntos, si la misi\u00f3n no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe adem\u00e1s una tercera dimensi\u00f3n, quiz\u00e1 la m\u00e1s radical, de la misi\u00f3n cristiana. Ya en la violenta reacci\u00f3n de los habitantes de Nazaret ante las palabras de Jes\u00fas se manifiesta la dram\u00e1tica&nbsp;<em>posibilidad de la incomprensi\u00f3n y del rechazo<\/em>: \u00abAl o\u00edr estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levant\u00e1ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci\u00f3n de despe\u00f1arlo\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,28-29). Aunque la lectura lit\u00fargica haya omitido esta parte, lo que nos disponemos a celebrar a partir de esta tarde nos compromete a no huir, sino a \u201cpasar en medio\u201d de la prueba, como Jes\u00fas, quien, arrastrado por la gente hasta el borde del precipicio, \u00abpasando en medio de ellos, continu\u00f3 su camino\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;4,30). La cruz es parte de la misi\u00f3n; el env\u00edo se vuelve m\u00e1s amargo y atemorizante, pero tambi\u00e9n m\u00e1s gratuito y revolucionario. La ocupaci\u00f3n imperialista del mundo se ve entonces interrumpida desde dentro, la violencia que hasta hoy se erige en ley queda desenmascarada. El Mes\u00edas pobre, prisionero, oprimido, se precipita en la oscuridad de la muerte, pero as\u00ed saca a la luz una nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1De cu\u00e1ntas resurrecciones somos testigos tambi\u00e9n nosotros, cuando, liberados de una actitud defensiva, nos entregamos al servicio como una semilla en la tierra! Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misi\u00f3n ha sido in\u00fatil. Es cierto, a diferencia de Jes\u00fas, nosotros tambi\u00e9n vivimos fracasos que dependen de nuestra insuficiencia o de la de los dem\u00e1s, a menudo de una mara\u00f1a de responsabilidades, de luces y sombras. Pero podemos hacer nuestra la esperanza de muchos testigos. Recuerdo uno, a quien estimo particularmente. Un mes antes de su muerte, en el cuaderno de los Ejercicios espirituales, el santo obispo \u00d3scar Romero escrib\u00eda: \u00abEl Sr. Nuncio de Costa Rica me avis\u00f3 de peligros inminentes para esta semana. [\u2026] Las circunstancias desconocidas se vivir\u00e1n con la gracia de Dios. \u00c9l asisti\u00f3 a los m\u00e1rtires y si es necesario lo sentir\u00e9 muy cerca al entregarle mi \u00faltimo suspiro. Pero que m\u00e1s valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para \u00e9l. [\u2026] Me basta para estar feliz y confiado saber con seguridad que en \u00e9l est\u00e1 mi vida y mi muerte que, a pesar de mis pecados, en \u00e9l he puesto mi confianza y no quedar\u00e9 confundido y otros proseguir\u00e1n con m\u00e1s sabidur\u00eda y santidad los trabajos de la Iglesia y de la Patria\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridas hermanas y hermanos, los santos hacen la historia. Este es el mensaje del Apocalipsis. \u00abLa gracia y la paz de parte [\u2026]de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucit\u00f3 de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra\u00bb (<em>Ap<\/em>&nbsp;1,4-5). Este saludo resume el camino de Jes\u00fas en un mundo en conflicto entre potencias que lo devastan. En su interior se gesta un pueblo nuevo, no de v\u00edctimas, sino de testigos. En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro \u201cs\u00ed\u201d a esta misi\u00f3n que nos pide unidad y que trae la paz. \u00a1S\u00ed, aqu\u00ed estamos! \u00a1Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Se\u00f1or, proclamamos tu resurrecci\u00f3n, en la espera de tu venida.<\/p>\n\n\n\n<p>___________________________<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;S. Juan Pablo II, Bula de convocaci\u00f3n del Gran Jubileo del a\u00f1o 2000&nbsp;<em>Incarnationis mysterium<\/em>&nbsp;(29 noviembre 1998), 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;C.M. Martini,&nbsp;<em>Tre racconti dello Spirito<\/em>, Mil\u00e1n 1997, 11.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/homilies\/2026\/documents\/20260402-crisma.html#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;Francisco, Exhort. ap.&nbsp;&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>&nbsp;(24 noviembre 2013),&nbsp;&nbsp;&nbsp;73-74.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | La libertad de Jes\u00fas cambia el coraz\u00f3n, sana las heridas, perfuma y hace brillar nuestros rostros, reconcilia y re\u00fane, perdona y resucita, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa Crismal. 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