{"id":248528,"date":"2026-04-08T09:15:58","date_gmt":"2026-04-08T12:15:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=248528"},"modified":"2026-04-08T09:15:58","modified_gmt":"2026-04-08T12:15:58","slug":"papa-leon-xiv-la-santidad-no-es-un-privilegio-para-unos-pocos-sino-un-don-que-compromete-a-todo-bautizado-a-tender-a-la-perfeccion-de-la-caridad-es-decir-a-la-plenitud-del-amor-hacia-dios-y-haci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-santidad-no-es-un-privilegio-para-unos-pocos-sino-un-don-que-compromete-a-todo-bautizado-a-tender-a-la-perfeccion-de-la-caridad-es-decir-a-la-plenitud-del-amor-hacia-dios-y-haci\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La santidad, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La santidad, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje durante la Audiencia General. Celebrada en Plaza San Pedro, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> centr\u00f3 la catequesis en el tema \u00abLos documentos del Concilio Vaticano II: la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen gentium. La santidad y los consejos evang\u00e9licos en la Iglesia\u00bb (Lectura: 1 Tes 4,1-3).<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cla&nbsp;Constituci\u00f3n del Concilio Vaticano II&nbsp;Lumen gentium&nbsp;(LG) sobre la Iglesia dedica todo un cap\u00edtulo, el quinto, a la universal vocaci\u00f3n a la santidad de todos los fieles: cada uno de nosotros est\u00e1 llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conform\u00e1ndose a Cristo. La santidad, seg\u00fan la Constituci\u00f3n conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201ctodos los sacramentos, de forma emitente la Eucarist\u00eda, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. \u00c9l santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta \u00f3ptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegr\u00eda y le correspondemos con compromiso\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Santo Padre<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201cla triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros, invita a cada uno a emprender un serio cambio de vida, encomend\u00e1ndonos al Se\u00f1or, que nos renueva en la caridad. Precisamente esta gracia infinita, que santifica la Iglesia, nos conf\u00eda una misi\u00f3n que debemos cumplir d\u00eda tras d\u00eda: la de nuestra conversi\u00f3n. Por eso, la santidad no tiene solamente una naturaleza pr\u00e1ctica, como si se pudiera reducir a un compromiso \u00e9tico, por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, dijo, <strong><em>\u201c(\u2026) las personas consagradas dan testimonio de la vocaci\u00f3n universal a la santidad en toda la Iglesia, en la forma de un seguimiento radical. Los consejos evang\u00e9licos manifiestan la participaci\u00f3n plena en la vida de Cristo, hasta la cruz: \u00a1es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados!\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas y bienvenidos!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;Constituci\u00f3n del Concilio Vaticano II&nbsp;<em>Lumen gentium&nbsp;<\/em>(<em>LG<\/em>) sobre la Iglesia dedica todo un cap\u00edtulo, el quinto, a la universal vocaci\u00f3n a la santidad de todos los fieles: cada uno de nosotros est\u00e1 llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conform\u00e1ndose a Cristo. La santidad, seg\u00fan la Constituci\u00f3n conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo. La caridad es, de hecho, el coraz\u00f3n de la santidad a la que todos los creyentes est\u00e1n llamados: infundida por el Padre, mediante el Hijo Jes\u00fas, esta virtud \u00abrige todos los medios de santificaci\u00f3n, los informa y los conduce a su fin\u00bb (<em>LG<\/em>, 42). El nivel m\u00e1s alto de la santidad, como en el origen de la Iglesia, es el martirio, \u00absupremo testimonio de fe y de caridad\u00bb (<em>LG<\/em>, 50): por este motivo, el texto conciliar ense\u00f1a que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre (cf.&nbsp;<em>LG<\/em>, 42), como siempre ha sucedido y sucede tambi\u00e9n hoy. Esta disposici\u00f3n para el testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan se\u00f1ales de fe y de amor en la sociedad, comprometi\u00e9ndose por la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los sacramentos, de forma emitente la Eucarist\u00eda, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. \u00c9l santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta \u00f3ptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegr\u00eda y le correspondemos con compromiso. A este respecto,&nbsp;San Pablo VI, en la Audiencia general del 20 de octubre de 1965, recordaba que la Iglesia, para ser aut\u00e9ntica, quiere que todos los bautizados deban \u00abser santos, es decir, verdaderamente sus hijos dignos, fuertes y fieles\u00bb. Esto se realiza como una transformaci\u00f3n interior, por lo que la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Esp\u00edritu Santo (cf.&nbsp;<em>Rm&nbsp;<\/em>8,29;&nbsp;<em>LG<\/em>, 40).<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<em>Lumen gentium<\/em>&nbsp;describe la santidad de la Iglesia cat\u00f3lica como una de sus caracter\u00edsticas constitutivas, que debe acogerse en la fe, en cuanto se cree que es \u00abindefectiblemente santa\u00bb (<em>LG<\/em>, 39): eso no significa que lo sea de forma plena y perfecta, sino que est\u00e1 llamada a confirmar este don divino durante su peregrinaje hacia la meta eterna, caminando \u00abentre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios\u00bb (S. Agust\u00edn,&nbsp;<em>De civ. Dei<\/em>&nbsp;51,2;&nbsp;<em>LG<\/em>, 8).<\/p>\n\n\n\n<p>La triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros, invita a cada uno a emprender un serio cambio de vida, encomend\u00e1ndonos al Se\u00f1or, que nos renueva en la caridad. Precisamente esta gracia infinita, que santifica la Iglesia, nos conf\u00eda una misi\u00f3n que debemos cumplir d\u00eda tras d\u00eda: la de nuestra conversi\u00f3n. Por eso, la santidad no tiene solamente una naturaleza pr\u00e1ctica, como si se pudiera reducir a un compromiso \u00e9tico, por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta perspectiva, un papel decisivo lo asume la vida consagrada, que se aborda en el cap\u00edtulo sexto de la Constituci\u00f3n conciliar (cf. nn. 43-47). En el pueblo santo de Dios, esta constituye una se\u00f1al prof\u00e9tica del mundo nuevo, experimentado en el aqu\u00ed y el ahora de la historia. De hecho, se\u00f1ales del Reino de Dios, ya presente en el misterio de la Iglesia, son aquellos consejos evang\u00e9licos que dan forma a toda experiencia de vida consagrada: la pobreza, la castidad y la obediencia. Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Esp\u00edritu Santo, a trav\u00e9s de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios. La pobreza expresa la plena entrega a la Providencia, liberando del c\u00e1lculo y del inter\u00e9s; la obediencia tiene como modelo la entrega de s\u00ed mismo que Cristo hizo al Padre, liberando de la desconfianza y del dominio; la castidad es la entrega de un coraz\u00f3n \u00edntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Conform\u00e1ndose a este estilo de vida, las personas consagradas dan testimonio de la vocaci\u00f3n universal a la santidad en toda la Iglesia, en la forma de un seguimiento radical. Los consejos evang\u00e9licos manifiestan la participaci\u00f3n plena en la vida de Cristo, hasta la cruz: \u00a1es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados! Contemplando este evento, sabemos que no hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en uni\u00f3n con la pasi\u00f3n del Se\u00f1or, se convierte en una v\u00eda de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos refuerza as\u00ed en toda prueba, indic\u00e1ndonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor. Que la Virgen Mar\u00eda, Madre toda santa del Verbo encarnado, sostenga y proteja siempre nuestro camino.<\/p>\n\n\n\n<p>______________________<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Llamamiento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tras estas \u00faltimas horas de gran tensi\u00f3n para Oriente Medio y para todo el mundo, acojo con satisfacci\u00f3n y como se\u00f1al de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Solo mediante la vuelta a las negociaciones se puede llegar al final de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Exhorto a acompa\u00f1ar este tiempo de delicado trabajo diplom\u00e1tico con la oraci\u00f3n, auspiciando que la disponibilidad al di\u00e1logo pueda convertirse en el instrumento para resolver el resto de situaciones de conflicto en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Renuevo para todos la invitaci\u00f3n a unirse a m\u00ed en la Vigilia de oraci\u00f3n por la paz que celebraremos aqu\u00ed en la Bas\u00edlica de San Pedro el s\u00e1bado 11 de abril.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA LE\u00d3N XIV | La santidad, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfecci\u00f3n de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre al compartir su mensaje durante la Audiencia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":248529,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[124,740,18,58],"class_list":["post-248528","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-audiencia-general-del-papa","tag-leonxiv","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/248528","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=248528"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/248528\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":248530,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/248528\/revisions\/248530"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/248529"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=248528"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=248528"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=248528"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}