{"id":248575,"date":"2026-04-14T13:58:55","date_gmt":"2026-04-14T16:58:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=248575"},"modified":"2026-04-14T13:58:55","modified_gmt":"2026-04-14T16:58:55","slug":"papa-leon-xiv-den-testimonio-del-evangelio-con-gestos-sencillos-relaciones-verdaderas-y-un-dialogo-vivido-dia-a-dia-asi-daran-sabor-y-seran-luz-alli-donde-viven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-den-testimonio-del-evangelio-con-gestos-sencillos-relaciones-verdaderas-y-un-dialogo-vivido-dia-a-dia-asi-daran-sabor-y-seran-luz-alli-donde-viven\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un di\u00e1logo vivido d\u00eda a d\u00eda; as\u00ed dar\u00e1n sabor y ser\u00e1n luz all\u00ed donde viven"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>ARGELIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un di\u00e1logo vivido d\u00eda a d\u00eda; as\u00ed dar\u00e1n sabor y ser\u00e1n luz all\u00ed donde viven<\/strong>, as\u00ed lo expresaba el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su Homil\u00eda en su segundo d\u00eda de Visita Apost\u00f3lica al continente africano. <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> presid\u00eda la Santa Misa en la Bas\u00edlica de San Agust\u00edn en Annaba en la ciudad de Argel, en Argelia en la tarde del martes 14 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa dec\u00eda, <strong><em>\u201cla Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador. Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta bas\u00edlica de Annaba dedicada a san Agust\u00edn, obispo de la antigua Hipona\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dijo, <strong><em>\u201cenviado por el Esp\u00edritu de Dios, que \u00abno sabes de d\u00f3nde viene ni a d\u00f3nde va\u00bb (Jn\u00a03,8), Jes\u00fas es para Nicodemo un hu\u00e9sped especial. Lo llama a una vida nueva, dando a su interlocutor y tambi\u00e9n a nosotros una tarea sorprendente: \u00abustedes tienen que renacer de lo alto\u00bb (v. 7).<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Las palabras de Cristo, en efecto, tienen toda la firmeza de un deber: \u00a1deben&nbsp;renacer de lo alto! Tal imperativo resuena en nuestros o\u00eddos como un mandato imposible. Escuchando con atenci\u00f3n a Aquel que lo da, comprendemos, sin embargo, que no se trata de una dura imposici\u00f3n, ni de una coacci\u00f3n o, menos a\u00fan, de una condena al fracaso. Al contrario, el deber expresado por Jes\u00fas es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una insospechada posibilidad: podemos renacer de lo alto, gracias a Dios\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa<\/strong> agregaba, <strong><em>\u201centonces, cuando nos preguntamos c\u00f3mo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvaci\u00f3n, recordemos que estamos haciendo a Dios la misma pregunta que Nicodemo: \u00bfde verdad puede cambiar nuestra historia? \u00a1Estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones!\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Santo Padre<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) los cristianos nacen de lo alto, regenerados por Dios como hermanos y hermanas de Jes\u00fas, y la Iglesia que los nutre con los sacramentos es un seno materno para todos los pueblos de la tierra. Como hemos escuchado hace poco, los Hechos de los Ap\u00f3stoles dan testimonio de ello al narrar el estilo que distingue a la humanidad renovada por el Esp\u00edritu Santo (cf.&nbsp;Hch&nbsp;4,32-37).<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>En primer lugar, \u00abla multitud de los creyentes ten\u00eda un solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb (v. 32). Esta unidad espiritual es la&nbsp;concordia, palabra que expresa bien la comuni\u00f3n de corazones que laten juntos, porque est\u00e1n unidos al de Cristo\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seguidamente, el <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cen segundo lugar, contemplamos el efecto material de esta unidad espiritual de los creyentes: \u00abtodo era com\u00fan entre ellos\u00bb (v. 32). Todos lo comparten todo, participando en los bienes de cada uno como miembros de un solo cuerpo. Nadie se ve privado de algo, porque cada uno pone en com\u00fan lo que le es propio.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>En tercer lugar, en el texto de los Hechos encontramos el fundamento de esta vida nueva, que involucra a pueblos de toda lengua y cultura: \u00abLos Ap\u00f3stoles daban testimonio con mucho poder de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas y gozaban de gran estima\u00bb (Hch&nbsp;4,33)\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> pidi\u00f3, <strong><em>\u201cquerid\u00edsimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un di\u00e1logo vivido d\u00eda a d\u00eda; as\u00ed dar\u00e1n sabor y ser\u00e1n luz all\u00ed donde viven\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>VIAJE APOST\u00d3LICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LE\u00d3N XIV<\/p>\n\n\n\n<p>A ARGELIA, CAMER\u00daN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL<\/p>\n\n\n\n<p>(13-23 DE ABRIL DE 2026)<\/p>\n\n\n\n<p>SANTA MISA<\/p>\n\n\n\n<p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE<\/p>\n\n\n\n<p>Bas\u00edlica de San Agust\u00edn (Annaba)<\/p>\n\n\n\n<p>Martes, 14 de abril de 2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador. Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta bas\u00edlica de Annaba dedicada a san Agust\u00edn, obispo de la antigua Hipona. A lo largo de los siglos, los lugares que nos acogen han cambiado de nombre, pero los santos han permanecido como nuestros patronos y testigos fieles de un v\u00ednculo con la tierra, que viene del cielo. Esta es precisamente la din\u00e1mica que el Se\u00f1or enciende en la noche de Nicodemo: esta es la fuerza que Cristo infunde a la debilidad de su fe y a la tenacidad de su b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p>Enviado por el Esp\u00edritu de Dios, que \u00abno sabes de d\u00f3nde viene ni a d\u00f3nde va\u00bb (<em>Jn<\/em>&nbsp;3,8), Jes\u00fas es para Nicodemo un hu\u00e9sped especial. Lo llama a una vida nueva, dando a su interlocutor y tambi\u00e9n a nosotros una tarea sorprendente: \u00abustedes tienen que renacer de lo alto\u00bb (v. 7). \u00a1He aqu\u00ed la invitaci\u00f3n para todo hombre y toda mujer que busca la salvaci\u00f3n! Del llamado de Jes\u00fas brota la misi\u00f3n para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios. En esta perspectiva, la fe vence las dificultades terrenas y la gracia del Se\u00f1or hace florecer el desierto. Sin embargo, la belleza de esta exhortaci\u00f3n lleva consigo una prueba que el Evangelio nos llama a afrontar juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras de Cristo, en efecto, tienen toda la firmeza de un deber: \u00a1<em>deben<\/em>&nbsp;renacer de lo alto! Tal imperativo resuena en nuestros o\u00eddos como un mandato imposible. Escuchando con atenci\u00f3n a Aquel que lo da, comprendemos, sin embargo, que no se trata de una dura imposici\u00f3n, ni de una coacci\u00f3n o, menos a\u00fan, de una condena al fracaso. Al contrario, el deber expresado por Jes\u00fas es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una insospechada posibilidad: podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Pero debemos hacerlo seg\u00fan su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llam\u00e1ndola a una comuni\u00f3n de vida, que comienza con la fe. Mientras Cristo nos pide renovar totalmente toda nuestra existencia, tambi\u00e9n nos da la fuerza para hacerlo. Lo atestigua bien san Agust\u00edn, que le dice al Se\u00f1or: \u00abDame lo que mandas y manda lo que quieras\u00bb (<em>Confesiones<\/em>, X, 29, 40).<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, cuando nos preguntamos c\u00f3mo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvaci\u00f3n, recordemos que estamos haciendo a Dios la misma pregunta que Nicodemo: \u00bfde verdad puede cambiar nuestra historia? \u00a1Estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones! \u00bfDe verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? \u00a1S\u00ed! La afirmaci\u00f3n del Se\u00f1or, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza. No importa cu\u00e1n oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cu\u00e1nto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo (cf.&nbsp;<em>Rm<\/em>&nbsp;8,1). Cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De nuevo, san Agust\u00edn nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabidur\u00eda, lo contemplamos por su conversi\u00f3n. En este renacer, providencialmente acompa\u00f1ado por las l\u00e1grimas de su madre, santa M\u00f3nica, lleg\u00f3 a ser \u00e9l mismo exclamando: \u00abNada ser\u00eda yo, Dios m\u00edo, nada ser\u00eda yo en absoluto si t\u00fa no estuvieses en m\u00ed; pero, \u00bfno ser\u00eda mejor decir que yo no ser\u00eda en modo alguno si no estuviese en ti?\u00bb (<em>Confesiones<\/em>, I, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es; los cristianos nacen de lo alto, regenerados por Dios como hermanos y hermanas de Jes\u00fas, y la Iglesia que los nutre con los sacramentos es un seno materno para todos los pueblos de la tierra. Como hemos escuchado hace poco, los Hechos de los Ap\u00f3stoles dan testimonio de ello al narrar el estilo que distingue a la humanidad renovada por el Esp\u00edritu Santo (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;4,32-37). Tambi\u00e9n hoy es necesario acoger y realizar este canon apost\u00f3lico, medit\u00e1ndolo como aut\u00e9ntico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el coraz\u00f3n, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, \u00abla multitud de los creyentes ten\u00eda un solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb (v. 32). Esta unidad espiritual es la&nbsp;<em>concordia<\/em>, palabra que expresa bien la comuni\u00f3n de corazones que laten juntos, porque est\u00e1n unidos al de Cristo. La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armon\u00eda en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, contemplamos el efecto material de esta unidad espiritual de los creyentes: \u00abtodo era com\u00fan entre ellos\u00bb (v. 32). Todos lo comparten todo, participando en los bienes de cada uno como miembros de un solo cuerpo. Nadie se ve privado de algo, porque cada uno pone en com\u00fan lo que le es propio. Transformando la posesi\u00f3n en don, esta entrega fraterna no representa una utop\u00eda m\u00e1s que para los corazones rivales entre s\u00ed y las almas \u00e1vidas de s\u00ed mismas. Al contrario, la fe en el \u00fanico Dios, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, une a los hombres seg\u00fan una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad, es decir, a amar a toda criatura con el amor que Dios nos da en Cristo. Por eso, sobre todo ante la indigencia y la opresi\u00f3n, los cristianos tienen como c\u00f3digo fundamental la caridad: hagamos al pr\u00f3jimo lo que quisi\u00e9ramos que hicieran por nosotros (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;7,12). La Iglesia, animada por esta ley que Dios escribe en los corazones, est\u00e1 siempre dando vida, porque donde hay desesperaci\u00f3n, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En tercer lugar, en el texto de los Hechos encontramos el fundamento de esta vida nueva, que involucra a pueblos de toda lengua y cultura: \u00abLos Ap\u00f3stoles daban testimonio con mucho poder de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas y gozaban de gran estima\u00bb (<em>Hch<\/em>&nbsp;4,33). La caridad que los anima, antes que compromiso moral, es signo de salvaci\u00f3n; los Ap\u00f3stoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos. La primera tarea de los pastores, ministros del Evangelio es, por tanto, dar testimonio de Dios al mundo con un s\u00f3lo coraz\u00f3n y una sola alma, sin que las preocupaciones nos corrompan con el miedo ni las modas nos debiliten mediante las componendas. Junto con ustedes, hermanos en el episcopado, y con ustedes, presb\u00edteros, renovemos constantemente esta misi\u00f3n para el bien de cuantos nos han sido confiados, a fin de que la Iglesia entera sea, en su servicio, mensaje de vida nueva para aquellos que encontramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Querid\u00edsimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un di\u00e1logo vivido d\u00eda a d\u00eda; as\u00ed dar\u00e1n sabor y ser\u00e1n luz all\u00ed donde viven. La presencia de ustedes en el pa\u00eds trae a la mente el incienso: un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Se\u00f1or y alegr\u00eda y consuelo a tantos hermanos y hermanas. Ese incienso es un elemento peque\u00f1o y precioso, que no est\u00e1 en el centro de la atenci\u00f3n, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, anim\u00e1ndonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente. Del incensario de nuestro coraz\u00f3n se elevan, en efecto, la alabanza, la bendici\u00f3n y la s\u00faplica, difundiendo el suave olor (cf.&nbsp;<em>Ef<\/em>&nbsp;5,1) de la misericordia, de la limosna y del perd\u00f3n. Su historia est\u00e1 hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba; aqu\u00ed han orado los m\u00e1rtires, aqu\u00ed san Agust\u00edn am\u00f3 a su grey buscando la verdad con pasi\u00f3n y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradici\u00f3n, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvaci\u00f3n para el mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ARGELIA PAPA LE\u00d3N XIV | Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un di\u00e1logo vivido d\u00eda a d\u00eda; as\u00ed dar\u00e1n sabor y ser\u00e1n luz all\u00ed donde viven, as\u00ed lo expresaba el Santo Padre al compartir su Homil\u00eda en su segundo d\u00eda de Visita Apost\u00f3lica al continente africano. 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