{"id":249130,"date":"2026-06-08T08:12:00","date_gmt":"2026-06-08T11:12:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=249130"},"modified":"2026-06-08T09:25:32","modified_gmt":"2026-06-08T12:25:32","slug":"papa-leon-xiv-que-dios-conceda-paz-a-todas-las-naciones-de-la-tierra-concordia-a-las-familias-y-serenidad-a-las-conciencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-que-dios-conceda-paz-a-todas-las-naciones-de-la-tierra-concordia-a-las-familias-y-serenidad-a-las-conciencias\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias"},"content":{"rendered":"\n<p>ESPA\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias<\/strong>, as\u00ed lo pidi\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en sus palabras finales compartidas en el Encuentro con los miembros del Parlamento Espa\u00f1ol. En su primera actividad programada el lunes 8 de junio, en su viaje Apost\u00f3lico, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> fue recibido en el Congreso de los Diputados en la ciudad de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cagradezco a la Se\u00f1ora Presidenta sus amables palabras, as\u00ed como la invitaci\u00f3n que la Sede Apost\u00f3lica ha recibido con ocasi\u00f3n de mi viaje a este pa\u00eds, as\u00ed como la deferencia de acogerme en este hist\u00f3rico Palacio del Congreso de los Diputados, \u00e1mbito eminente de la vida institucional, jur\u00eddica y democr\u00e1tica del Reino de Espa\u00f1a. Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia cat\u00f3lica, consciente de que la misi\u00f3n confiada al Sucesor del ap\u00f3stol Pedro como principio y fundamento de unidad de los Obispos y de los fieles (cf.&nbsp;Lumen gentium, 23) coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en di\u00e1logo con los pueblos y con los Estados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cla Iglesia \u201ccamina con la humanidad\u201d, comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada \u00e9poca y se deja interpelar \u201cpor todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy\u201d. Por eso, cuando se dirige a la vida p\u00fablica, lo hace respetando la misi\u00f3n propia de las instituciones y la leg\u00edtima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201choy, los nuevos mundos que se abren ante nosotros ya no se dibujan en los mapas: se despliegan en la t\u00e9cnica, en la econom\u00eda, en la biomedicina y en el universo digital, donde el poder humano alcanza \u00e1mbitos cada vez m\u00e1s delicados de la vida personal y social. El progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnolog\u00edas. Como he recordado en mi reciente Enc\u00edclica, la tecnolog\u00eda en s\u00ed misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza (cf.&nbsp;Magnifica humanitas, 9); (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Santo Padre<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) la paz no es solamente una realidad pol\u00edtica o institucional. Nace tambi\u00e9n en la conciencia, all\u00ed donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliaci\u00f3n.<\/em><\/strong><strong><em> Por eso, se instaura y se protege tambi\u00e9n a trav\u00e9s del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias. Y que, sobre el Reino de Espa\u00f1a, marcado por la huella apost\u00f3lica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan d\u00edas de prosperidad, justicia y paz duradera\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ENCUENTRO CON LOS MIEMBROS DEL PARLAMENTO ESPA\u00d1OL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>DISCURSO DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Congreso de los Diputados (Madrid)<br>Lunes, 8 de junio de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Presidente del Gobierno,<br>Presidenta del Congreso de los Diputados,<br>Presidente del Senado,<br>Presidente del Tribunal Constitucional,<br>Presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial,<br>Miembros del Congreso de los Diputados y del Senado,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\u00f1oras y se\u00f1ores:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Agradezco a la Se\u00f1ora Presidenta sus amables palabras, as\u00ed como la invitaci\u00f3n que la Sede Apost\u00f3lica ha recibido con ocasi\u00f3n de mi viaje a este pa\u00eds, as\u00ed como la deferencia de acogerme en este hist\u00f3rico Palacio del Congreso de los Diputados, \u00e1mbito eminente de la vida institucional, jur\u00eddica y democr\u00e1tica del Reino de Espa\u00f1a. Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia cat\u00f3lica, consciente de que la misi\u00f3n confiada al Sucesor del ap\u00f3stol Pedro como principio y fundamento de unidad de los Obispos y de los fieles (cf.&nbsp;<em>Lumen gentium<\/em>, 23) coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en di\u00e1logo con los pueblos y con los Estados.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercan\u00eda hacia Espa\u00f1a, en el marco de la mutua cooperaci\u00f3n, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana. La Iglesia \u201ccamina con la humanidad\u201d, comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada \u00e9poca y se deja interpelar \u201cpor todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy\u201d. Por eso, cuando se dirige a la vida p\u00fablica, lo hace respetando la misi\u00f3n propia de las instituciones y la leg\u00edtima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar. Reconoce \u201cla autonom\u00eda de las realidades terrenas\u201d y \u201cla distinci\u00f3n entre comunidad eclesial y comunidad pol\u00edtica\u201d; y, precisamente desde esa conciencia, aporta una reflexi\u00f3n nacida del deseo de servir al bien com\u00fan y de recordar aquello que hace verdaderamente humana la convivencia (cf.&nbsp;<em>Magnifica humanitas<\/em>, 18-19).<\/p>\n\n\n\n<p>En este hemiciclo se da forma jur\u00eddica a la convivencia social. Aqu\u00ed las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisi\u00f3n compartida. Por eso, m\u00e1s all\u00e1 de la leg\u00edtima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontr\u00e1ndose con una pregunta decisiva: qu\u00e9 concepci\u00f3n de la persona humana inspira las leyes y qu\u00e9 tipo de sociedad construye esas leyes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esta cuesti\u00f3n, Espa\u00f1a posee una memoria particularmente rica. Su identidad geogr\u00e1fica y pol\u00edtica se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la raz\u00f3n, el arte y el derecho, la tradici\u00f3n y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jur\u00eddicas y en el \u00e1nimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde las p\u00e1ginas universales del&nbsp;<em>Quijote<\/em>, donde Cervantes proclam\u00f3 que \u00abla libertad [\u2026] es uno de los m\u00e1s preciosos dones que a los hombres dieron los cielos\u00bb (<em>Don Quijote de la Mancha<\/em>, II, 58), hasta la hondura espiritual de santa Teresa de \u00c1vila, y desde la gran tradici\u00f3n jur\u00eddica espa\u00f1ola hasta la inquietud metaf\u00edsica de Unamuno, que recordaba que el hombre \u00abno se resigna a morir del todo\u00bb (<em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, I), Espa\u00f1a ha sabido mirar al ser humano como algo m\u00e1s que una pieza del orden social, econ\u00f3mico o pol\u00edtico: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio est\u00e1 sujeta la acci\u00f3n legislativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, al hablar hoy de la persona humana, esta memoria conduce naturalmente a Salamanca y al pensamiento que all\u00ed madur\u00f3. La presencia simb\u00f3lica en esta sala de los Reyes Isabel y Fernando, remite a aquel momento en que Espa\u00f1a qued\u00f3 situada ante responsabilidades hist\u00f3ricas de alcance universal; pocos a\u00f1os despu\u00e9s, Salamanca habr\u00eda de asumir, con singular lucidez, la reflexi\u00f3n moral y jur\u00eddica que ese escenario reclamaba. En aquella sede universitaria, hace quinientos a\u00f1os, cuando se abr\u00edan mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la raz\u00f3n no pod\u00eda ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el inter\u00e9s presentaban como conveniente. Introdujeron as\u00ed en el discernimiento hist\u00f3rico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los l\u00edmites morales del poder. Hay que reconocer que la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, aquel interrogante abri\u00f3 un horizonte intelectual y moral que desbord\u00f3 su propio momento hist\u00f3rico. La intuici\u00f3n del&nbsp;<em>totus orbis<\/em>, de una comunidad humana m\u00e1s amplia que cualquier poder particular, permit\u00eda afirmar la existencia de v\u00ednculos jur\u00eddicos y morales entre los pueblos. Desde Espa\u00f1a, la reflexi\u00f3n de la Escuela de Salamanca \u2014y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas\u2014 contribuy\u00f3 a formar una conciencia jur\u00eddica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. Ese anhelo sigue hablando tambi\u00e9n hoy: que la dignidad, la justicia y el bien com\u00fan sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sta es una de las grandes herencias de Espa\u00f1a: haber unido la acci\u00f3n hist\u00f3rica con la lucidez de la raz\u00f3n moral. Aquella contribuci\u00f3n, nacida a orillas del Tormes, trascendi\u00f3 las aulas y las bibliotecas, y lleg\u00f3 a formar parte de una conciencia m\u00e1s amplia, compartida por la comunidad internacional que sigue pregunt\u00e1ndose c\u00f3mo construir la paz sobre el reconocimiento de la persona y no sobre la imposici\u00f3n de la fuerza. Ese legado vive tambi\u00e9n en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta c\u00f3mo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayor\u00eda custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayor\u00eda puede leg\u00edtimamente vulnerar.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta salmantina sigue acompa\u00f1ando la tarea de quienes sirven a la vida p\u00fablica. Hoy, los nuevos mundos que se abren ante nosotros ya no se dibujan en los mapas: se despliegan en la t\u00e9cnica, en la econom\u00eda, en la biomedicina y en el universo digital, donde el poder humano alcanza \u00e1mbitos cada vez m\u00e1s delicados de la vida personal y social.<\/p>\n\n\n\n<p>El progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnolog\u00edas. Como he recordado en mi reciente Enc\u00edclica, la tecnolog\u00eda en s\u00ed misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza (cf.&nbsp;<em>Magnifica humanitas<\/em>, 9); por eso, ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qu\u00e9 lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y c\u00f3mo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la pol\u00edtica social y el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Este discernimiento comienza por una afirmaci\u00f3n primera: toda sociedad aut\u00e9nticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesi\u00f3n del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaiv\u00e9n de las mayor\u00edas de cada momento (cf.&nbsp;Benedicto XVI,&nbsp;<em>Discurso ante el Parlamento Federal alem\u00e1n, 22 septiembre 2011<\/em>). Pertenece a todo ser humano por el hecho mismo de existir, y por eso debe orientar todo ordenamiento jur\u00eddico positivo. La fe cristiana la proclama a partir de la Revelaci\u00f3n; la raz\u00f3n humana puede reconocerla como exigencia inscrita en la verdad del hombre (cf.&nbsp;<em>ib\u00edd<\/em>.). Cuando esta convicci\u00f3n permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garant\u00eda frente a la imposici\u00f3n de intereses y agendas particulares.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre este fundamento, me corresponde pronunciar hoy una palabra serena y firme ante quienes tienen la grave responsabilidad de ordenar jur\u00eddicamente la convivencia social. Esta convivencia puede verse amenazada por la cultura del descarte, como tantas veces advirti\u00f3 el&nbsp;Papa Francisco&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Discurso a la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, 27 septiembre 2021<\/em>). En este sentido, si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, \u00bfqu\u00e9 futuro pueden tener nuestras sociedades? \u00bfPuede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al ni\u00f1o a\u00fan no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los dem\u00e1s? La defensa de la vida humana no es una cuesti\u00f3n parcial ni un inter\u00e9s confesional: es una meta de civilizaci\u00f3n. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepci\u00f3n hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los m\u00e1s vulnerables son las primeras v\u00edctimas y la ley pierde su significado m\u00e1s profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una naci\u00f3n se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompa\u00f1ar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El bien com\u00fan es, en cierto modo, \u201cla forma social de la dignidad humana\u201d (cf.&nbsp;<em>Magnifica humanitas<\/em>, 59). No consiste en la mera suma de intereses particulares, sino en \u00abel conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro m\u00e1s pleno y m\u00e1s f\u00e1cil de la propia perfecci\u00f3n\u00bb (<em>Gaudium et spes<\/em>, 26). Cuando el bien com\u00fan deja de ser horizonte compartido, la acci\u00f3n p\u00fablica corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. All\u00ed donde la familia es sostenida, se fortalece tambi\u00e9n la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia ser\u00e1 siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gram\u00e1tica elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n las instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea. En ellas, las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con esp\u00edritu cr\u00edtico y a adquirir valores s\u00f3lidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educaci\u00f3n. Esta colaboraci\u00f3n ha de respetar siempre el \u00abderecho primario e inalienable\u00bb de los padres a \u00abelegir el tipo de educaci\u00f3n y de formaci\u00f3n que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas\u00bb (cf.&nbsp;<em>Magnifica humanitas<\/em>, 143; cf.&nbsp;<em>Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol\u00edticos<\/em>, art. 18.4).<\/p>\n\n\n\n<p>La afirmaci\u00f3n de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo para buscar paz, seguridad y futuro. Tambi\u00e9n el tr\u00e1gico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento \u00e9tico del orden internacional. Numerosos hombres, mujeres y ni\u00f1os se ven obligados, por circunstancias muchas veces dram\u00e1ticas, a partir de sus comunidades y dejar atr\u00e1s seres queridos, historias y v\u00ednculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demogr\u00e1fica o econ\u00f3mica: constituye una cuesti\u00f3n eminentemente moral y jur\u00eddica. All\u00ed donde una persona es discriminada por su origen nacional, \u00e9tnico, religioso o ling\u00fc\u00edstico, o por su condici\u00f3n econ\u00f3mica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya m\u00e1s all\u00e1 de la mera gesti\u00f3n de flujos. De ah\u00ed nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer v\u00edas seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integraci\u00f3n; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, por las desigualdades econ\u00f3micas y los efectos de la crisis clim\u00e1tica (cf.&nbsp;<em>Magnifica humanitas<\/em>, 81).<\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, las rutas cada vez m\u00e1s peligrosas han evidenciado el alt\u00edsimo coste de esta realidad, tantas veces escondida o ignorada. Muchas personas siguen siendo presas de traficantes y contrabandistas que se aprovechan de su desesperaci\u00f3n. Es necesario fortalecer la prevenci\u00f3n, el rescate y la asistencia a las v\u00edctimas, especialmente en el marco de una cooperaci\u00f3n regional y multilateral.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna naci\u00f3n puede afrontar por s\u00ed sola un desaf\u00edo de esta magnitud. Por ello, es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protecci\u00f3n, acogida y oportunidades reales de integraci\u00f3n a quienes emigran. Cuando la respuesta institucional se hace cercana, justa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protecci\u00f3n responsable de la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\u00f1or\u00edas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en m\u00faltiples formas de violencia, polarizaci\u00f3n y desconfianza rec\u00edproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiraci\u00f3n pol\u00edtica y, m\u00e1s a\u00fan, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra p\u00fablica que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria hist\u00f3rica que busque la verdad y la reconciliaci\u00f3n y una vida social capaz de sostener la amistad c\u00edvica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano internacional, la paz exige valent\u00eda diplom\u00e1tica, responsabilidad \u00e9tica y una visi\u00f3n de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligaci\u00f3n de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pac\u00edficos que ofrece el derecho internacional. Toda guerra constituye, en \u00faltima instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y tambi\u00e9n de aquella conciencia com\u00fan de la humanidad que reconoce v\u00ednculos de justicia entre las naciones. Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podr\u00e1n edificar una paz aut\u00e9ntica y duradera.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, preocupa que, en diversos lugares del mundo, y tambi\u00e9n en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional. La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del di\u00e1logo paciente, del respeto al derecho internacional y de una pol\u00edtica capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra. Tambi\u00e9n el desarrollo de las nuevas tecnolog\u00edas y de la inteligencia artificial en el \u00e1mbito militar exige una vigilancia \u00e9tica rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni sustra\u00eddas a la responsabilidad moral de la persona humana (cf.&nbsp;<em>Discurso en la Universidad \u201cLa Sapienza\u201d, 14 mayo 2026<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>La comunidad internacional est\u00e1 llamada a redescubrir el valor indispensable del di\u00e1logo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acci\u00f3n diplom\u00e1tica y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza. De ah\u00ed nacen la confianza y la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Como recuerda el lema de la Uni\u00f3n Europea,&nbsp;<em>In varietate concordia<\/em>, la unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasi\u00f3n de enriquecimiento mutuo.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad pol\u00edtica no deber\u00eda degenerar en descalificaci\u00f3n permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la paz no es solamente una realidad pol\u00edtica o institucional. Nace tambi\u00e9n en la conciencia, all\u00ed donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliaci\u00f3n. Por eso, se instaura y se protege tambi\u00e9n a trav\u00e9s del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad p\u00fablica tienen, por eso, una especial obligaci\u00f3n de custodiar la palabra para \u00abdesarmar el lenguaje\u00bb&nbsp;<em>(Mensaje para la Cuaresma de 2026, 13 febrero 2026<\/em>). La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De este respeto al otro nace tambi\u00e9n el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relaci\u00f3n con Dios. La atenci\u00f3n a ese \u00e1mbito interior permite comprender mejor una cuesti\u00f3n decisiva para toda sociedad verdaderamente democr\u00e1tica: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religi\u00f3n, derecho fundamental que tutela el \u00e1mbito m\u00e1s \u00edntimo de las personas. La libertad sobre la que se edifica el Estado contempor\u00e1neo, si es aut\u00e9ntica, reconoce la dimensi\u00f3n religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jur\u00eddicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin confundir el plano jur\u00eddico con el moral, conviene recordar tambi\u00e9n que la libertad necesita una comprensi\u00f3n plena de s\u00ed misma. Ser libre no significa \u00fanicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elecci\u00f3n; significa poder reconocer el bien y adherirse a \u00e9l responsablemente. Por eso, toda sociedad efectivamente libre requiere tambi\u00e9n una justa delimitaci\u00f3n del poder p\u00fablico, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida (cf.&nbsp;<em>Dignitatis humanae<\/em>, 1). Desde esta perspectiva, la leg\u00edtima autonom\u00eda del orden temporal jam\u00e1s debe interpretarse como hostilidad hacia el fen\u00f3meno religioso. La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, el sigilo sacramental de la confesi\u00f3n reviste una importancia especial para la Iglesia cat\u00f3lica. Se inserta en el \u00e1mbito m\u00e1s amplio de la libertad religiosa, que garantiza a las comunidades creyentes un espacio propio de vida, organizaci\u00f3n y disciplina interna (cf. Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperaci\u00f3n en Europa,&nbsp;<em>Acta Final de Helsinki<\/em>, 1 agosto 1975, Principio VII). Tutelarlo jur\u00eddicamente, como sucede de modo an\u00e1logo en algunas profesiones, significa preservar un espacio sagrado de libertad interior, donde el creyente puede abrir su alma ante Dios sin temor a presiones externas, como reconocen tambi\u00e9n las normas internacionales (cf. Corte Penal Internacional,&nbsp;<em>Reglas de Procedimiento y Prueba<\/em>, Regla 73.3).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\u00f1oras y Se\u00f1ores:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Permitan que me detenga un instante en algunas im\u00e1genes que adornan esta C\u00e1mara. En este Sal\u00f3n de Sesiones, la luz natural entra por el lucernario que corona la sala. Esa luz que viene de lo alto puede recordar que tambi\u00e9n la pol\u00edtica necesita reconocer una medida que la precede y la supera.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n las pinturas que evocan, en la parte superior del muro principal, la recepci\u00f3n del Evangelio y del Dec\u00e1logo recuerdan algo esencial. Sin confundir el orden pol\u00edtico con el religioso, esos signos invitan a reconocer que la libertad moderna ha sido preparada tambi\u00e9n por una larga educaci\u00f3n de la conciencia, profundamente marcada por la tradici\u00f3n cristiana. En esa escuela interior, los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone l\u00edmites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jam\u00e1s puede ser tratada como mercanc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, adem\u00e1s de ser v\u00e1lida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Les invito a alzar, pues, la mirada:no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisi\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse o\u00edr. Porque la altura de miras consiste precisamente en mirar con m\u00e1s hondura aquello que est\u00e1 en juego en cada decisi\u00f3n p\u00fablica. Por eso, junto a las respuestas t\u00e9cnicas y las reformas legales, hace falta tambi\u00e9n una renovaci\u00f3n moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a puede ofrecer mucho en este camino. Cuenta con una lengua que une continentes; una tradici\u00f3n cultural, jur\u00eddica y espiritual que ha sabido poner en di\u00e1logo fe y raz\u00f3n, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Esta experiencia hist\u00f3rica recuerda tambi\u00e9n el valor de la concordia y del esfuerzo paciente por construir una convivencia pac\u00edfica y justa.<\/p>\n\n\n\n<p>Que esta noble naci\u00f3n jam\u00e1s pierda la memoria de sus ra\u00edces ni la audacia de mirar al futuro. Que Espa\u00f1a contin\u00fae siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida p\u00fablica sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del di\u00e1logo y la grandeza del servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias. Y que, sobre el Reino de Espa\u00f1a, marcado por la huella apost\u00f3lica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan d\u00edas de prosperidad, justicia y paz duradera. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPA\u00d1A PAPA LE\u00d3N XIV | Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre en sus palabras finales compartidas en el Encuentro con los miembros del Parlamento Espa\u00f1ol. 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