{"id":249133,"date":"2026-06-08T10:33:14","date_gmt":"2026-06-08T13:33:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=249133"},"modified":"2026-06-08T10:33:14","modified_gmt":"2026-06-08T13:33:14","slug":"papa-leon-xiv-la-iglesia-que-recibe-el-corazon-de-cristo-lleva-consigo-la-columna-de-fuego-que-la-guia-la-sostiene-la-defiende-y-la-conforta-el-equipaje-necesario-para-afrontar-cualquier-reto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-iglesia-que-recibe-el-corazon-de-cristo-lleva-consigo-la-columna-de-fuego-que-la-guia-la-sostiene-la-defiende-y-la-conforta-el-equipaje-necesario-para-afrontar-cualquier-reto\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La Iglesia que recibe el coraz\u00f3n de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la gu\u00eda, la sostiene, la defiende y la conforta el equipaje necesario para afrontar cualquier reto"},"content":{"rendered":"\n<p>ESPA\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La Iglesia que recibe el coraz\u00f3n de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la gu\u00eda, la sostiene, la defiende y la conforta el equipaje necesario para afrontar cualquier reto<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en su mensaje compartido en el Encuentro mantenido con los Obispos de Espa\u00f1a. Luego de su visita al Congreso de Diputados espa\u00f1oles <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> se dirigi\u00f3 a la sede de la Conferencia Episcopal de aquel pa\u00eds en la ciudad de Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201ces con gran gozo que me presento ante vosotros en este tercer d\u00eda de mi&nbsp;viaje apost\u00f3lico en Espa\u00f1a. Despu\u00e9s de saludar a los representantes pol\u00edticos que me han recibido en el Parlamento, me gustar\u00eda ahora aprovechar estos momentos juntos para reavivar la comuni\u00f3n tal y como Jes\u00fas aconsejaba a sus ap\u00f3stoles (cf.&nbsp;Mc&nbsp;6,31)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Su <strong>Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>, al dirigirse a los obispos comparti\u00f3 que quer\u00eda, <strong><em>\u201cproponeros la imagen de un viaje en el que el destino es Dios, hacia quien&nbsp;alzamos nuestra mirada. Una tentaci\u00f3n en los viajes es la de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Esp\u00edritu, a la novedad de lo que encontramos. A esta tentaci\u00f3n se a\u00f1ade la del equipaje, que, por parecidas razones, llenamos de cosas in\u00fatiles que terminan siendo un lastre. Por otro lado, no conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin ra\u00edces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer v\u00ednculos s\u00f3lidos en el lugar adonde llega\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, dijo, <strong><em>\u201cotro tesoro que no podemos olvidar en nuestra alforja es el Vi\u00e1tico del peregrino. El Pan de la Palabra y de la Eucarist\u00eda nos son a\u00fan m\u00e1s necesarios que el alimento material, porque nos abren el camino de la salvaci\u00f3n. No es un problema de c\u00f3mo hacer m\u00e1s o menos atractiva la celebraci\u00f3n, es sentir que, si somos parte de \u00c9l, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Agregando, <strong><em>\u201c(\u2026), algo que suele costarnos mucho al viajar es comunicarnos con el otro. Sea debido a la lengua y la cultura distintas, sea por la desconfianza hacia lo desconocido, sea por las rencillas e incomprensiones que pueden darse incluso entre personas cercanas, nos sentimos limitados a la hora de expresarnos o de comprender a nuestro interlocutor. Es una experiencia que podemos llevar al anuncio del Evangelio, a la acogida del otro, a la capacidad de responder a los cuestionamientos del mundo que nos rodea o a la necesidad de activar la corresponsabilidad de los miembros de la comunidad en nuestras acciones pastorales. Si antes hemos dicho que debemos abandonar todo lo que nos frena y aleja, ahora la consigna debe ser que nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de di\u00e1logo con aquellos que encontramos en nuestro camino\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Papa<\/strong> se\u00f1alaba, <strong><em>\u201c(\u2026) el ministerio del obispo asume una responsabilidad peculiar. Estamos llamados a ser principio visible de comuni\u00f3n, en primer lugar, de la comuni\u00f3n con Cristo, custodiando con amor la fe recibida, en docilidad a la Palabra de Dios y a la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia; despu\u00e9s, en la comuni\u00f3n con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal, con el presbiterio y con la propia comunidad diocesana, con la vida consagrada, con los movimientos, con las asociaciones y con cada carisma aut\u00e9ntico que el Esp\u00edritu dona para la edificaci\u00f3n com\u00fan\u201d.<\/em><\/strong> Adem\u00e1s, subray\u00f3 el Pont\u00edfice, <strong><em>\u201c(\u2026) la pastoral vocacional no puede reducirse a una simple b\u00fasqueda de n\u00fameros. Esta nace de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande. Donde el Evangelio es vivido con alegr\u00eda, servicio y comuni\u00f3n, tambi\u00e9n la llamada del Se\u00f1or puede ser nuevamente escuchada como promesa de vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> comparti\u00f3,<strong><em> \u201cconcluyamos este periplo espiritual con una oraci\u00f3n del santo doctor que nos recuerda que cada renovaci\u00f3n eclesial nace de un coraz\u00f3n configurado con Cristo: \u00abSi me mand\u00e1is, Se\u00f1or, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro coraz\u00f3n\u00bb (Serm\u00f3n&nbsp;57,20). Sea esta tambi\u00e9n nuestra s\u00faplica: Se\u00f1or, danos tu coraz\u00f3n, un coraz\u00f3n capaz de alzar la mirada hacia ti, de ponerse en camino, de escuchar, de discernir, de servir, de corregir con caridad, de atender con paciencia y de anunciar con alegr\u00eda. Porque la Iglesia que recibe el coraz\u00f3n de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la gu\u00eda, la sostiene, la defiende y la conforta, el equipaje necesario para afrontar cualquier reto\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ENCUENTRO CON LOS OBISPOS DE ESPA\u00d1A<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>SALUDO DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sede de la Conferencia Episcopal (Madrid)<br>Lunes, 8 de junio de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos en el Episcopado:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es con gran gozo que me presento ante vosotros en este tercer d\u00eda de mi&nbsp;viaje apost\u00f3lico en Espa\u00f1a. Despu\u00e9s de saludar a los representantes pol\u00edticos que me han recibido en el Parlamento, me gustar\u00eda ahora aprovechar estos momentos juntos para reavivar la comuni\u00f3n tal y como Jes\u00fas aconsejaba a sus ap\u00f3stoles (cf.&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;6,31). Agradezco a Mons. Luis Javier Arg\u00fcello Garc\u00eda las amables palabras que como Presidente de la Conferencia y en nombre de todos me ha dirigido, espero que las m\u00edas puedan confluir en ese di\u00e1logo en el Esp\u00edritu que supone acoger todo lo bueno que el Se\u00f1or nos dice a trav\u00e9s del hermano. El camino sinodal emprendido por la Iglesia, es un proceso de escucha en profundidad. Ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a trav\u00e9s de la comunidad eclesial, es uno de sus valores fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un di\u00e1logo fecundo que como Iglesia vais definiendo en distintos modos. Uno concreto, que podemos evocar, es el de los congresos que est\u00e1is realizando. Me detengo en los celebrados en 2020 y 2025, que han tenido una especial repercusi\u00f3n:&nbsp;<em>Pueblo de Dios en salida<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>\u00bfPara qui\u00e9n soy? Asamblea de llamados para la misi\u00f3n<\/em>. Sus temas inciden en las cuestiones esenciales: \u00bfc\u00f3mo se pueden afrontar los retos actuales? y \u00bfqui\u00e9nes est\u00e1n llamados a acoger este desaf\u00edo?<\/p>\n\n\n\n<p>En mi contribuci\u00f3n a esta reflexi\u00f3n, se me ha ocurrido proponeros la imagen de un viaje en el que el destino es Dios, hacia quien&nbsp;<em>alzamos nuestra mirada<\/em>. Es un viaje&nbsp;<em>sui generis<\/em>&nbsp;ya que realmente no nos movemos materialmente, pero en el que queremos dejar volar nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tentaci\u00f3n en los viajes es la de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Esp\u00edritu, a la novedad de lo que encontramos. A esta tentaci\u00f3n se a\u00f1ade la del equipaje, que, por parecidas razones, llenamos de cosas in\u00fatiles que terminan siendo un lastre. Por otro lado, no conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin ra\u00edces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer v\u00ednculos s\u00f3lidos en el lugar adonde llega.<\/p>\n\n\n\n<p>De ese modo, en esta primera fase de nuestro periplo, nuestra respuesta a la pregunta de c\u00f3mo podemos afrontar este reto que nos hemos propuesto debe conjugar prudentemente la libertad y la valent\u00eda, para dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita. C\u00f3mo no recordar aqu\u00ed el inmenso patrimonio cristiano de vuestra tierra, la enorme capacidad de convocatoria que esa riqueza nos proporciona: con su belleza, que llega hasta el no creyente, o con los v\u00ednculos de pertenencia que ha sido capaz de tejer en la identidad espiritual de cada rinc\u00f3n de este amado pueblo, y que permanece presente incluso en los momentos en que su fe vacila. Un enorme desaf\u00edo, ciertamente, al que estamos llamados a responder con valent\u00eda, para que este patrimonio produzca los frutos de los que es capaz.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro tesoro que no podemos olvidar en nuestra alforja es el Vi\u00e1tico del peregrino. El Pan de la Palabra y de la Eucarist\u00eda nos son a\u00fan m\u00e1s necesarios que el alimento material, porque nos abren el camino de la salvaci\u00f3n. No es un problema de c\u00f3mo hacer m\u00e1s o menos atractiva la celebraci\u00f3n, es sentir que, si somos parte de \u00c9l, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material. La vida sacramental va acompasando nuestra existencia como la de un ni\u00f1o que recibe el alimento de su madre, como la de un deportista que va midiendo las fuerzas necesarias para llegar a la meta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, algo que suele costarnos mucho al viajar es comunicarnos con el otro. Sea debido a la lengua y la cultura distintas, sea por la desconfianza hacia lo desconocido, sea por las rencillas e incomprensiones que pueden darse incluso entre personas cercanas, nos sentimos limitados a la hora de expresarnos o de comprender a nuestro interlocutor. Es una experiencia que podemos llevar al anuncio del Evangelio, a la acogida del otro, a la capacidad de responder a los cuestionamientos del mundo que nos rodea o a la necesidad de activar la corresponsabilidad de los miembros de la comunidad en nuestras acciones pastorales. Si antes hemos dicho que debemos abandonar todo lo que nos frena y aleja, ahora la consigna debe ser que nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de di\u00e1logo con aquellos que encontramos en nuestro camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Como sucede a los peregrinos del Camino de Santiago, en nuestro viaje podemos encontrarnos con esas inmensas planicies castellanas, vac\u00edas a nuestros ojos. Los pocos encuentros de estos peregrinos con algunas personas mayores o con trabajadores extranjeros, pueden ser una met\u00e1fora de muchas situaciones sociales que por desgracia se perciben en algunas de vuestras realidades eclesiales. No es la primera vez que Espa\u00f1a enfrenta una situaci\u00f3n an\u00e1loga: en el pasado, por ejemplo, cuando la Iglesia tuvo que reconstruir su presencia en las franjas de tierra quemada, surgieron modelos de evangelizaci\u00f3n que despu\u00e9s se exportaron a Am\u00e9rica y que pueden ayudarnos aqu\u00ed en nuestra misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como entonces, estamos llamados a construir una nueva realidad, a trav\u00e9s del di\u00e1logo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes, tal como hiciera el famoso santo alfaqu\u00ed de Granada, fray Hernando de Talavera, y m\u00e1s adelante repitiera en Am\u00e9rica santo Toribio de Mogrovejo, del que estamos celebrando el tercer centenario de la canonizaci\u00f3n, present\u00e1ndolo precisamente como modelo de obispo en salida en un tiempo de misi\u00f3n y reorganizaci\u00f3n eclesial. Aunque los lenguajes en esta era digital son distintos y las culturas que ahora componen el mosaico de nuestras realidades, con migrantes de todas las partes del mundo, tambi\u00e9n han cambiado, pero el esp\u00edritu debe permanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1les son los puntos esenciales de ese esp\u00edritu? El primero tiene que ver con la capacidad de comunicar, de hablar con cada realidad presente en nuestro territorio, de abajarse no s\u00f3lo para comprender, sino para compartir. S\u00f3lo sobre la base de poner en com\u00fan todo lo bueno que hay en el propio patrimonio, aportando cada uno su granito de arena, podremos edificar una realidad nueva en la que la fe pueda hundir ra\u00edces profundas. Para ello, l\u00f3gicamente, hay que comenzar por aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo v\u00ednculos donde poder sembrar la semilla del Reino. El segundo es la llamada a crear realidades capaces ellas mismas de comunicar la propia experiencia de fe. Capaces de llevar \u2014como hizo Toribio\u2014 la experiencia de Granada a Am\u00e9rica, es decir, de atesorar en nuestro equipaje los recursos que nos permitan afrontar con franqueza los retos siempre nuevos de la evangelizaci\u00f3n en cada circunstancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de las llanuras desiertas, encontraremos tambi\u00e9n grandes ciudades, en ellas, el silencio y la lejan\u00eda no son espaciales sino \u00edntimos. Las respuestas ser\u00e1n distintas, pero los procesos para llegar hasta ellas, an\u00e1logos: escucha, comprensi\u00f3n, respeto, generosidad y franqueza.<\/p>\n\n\n\n<p>Los peregrinos suelen salir de noche y muchas veces esa oscuridad inicial del camino puede asustarlos. Podr\u00edamos evocar el himno de v\u00edsperas,&nbsp;<em>La noche es tiempo de salvaci\u00f3n<\/em>, para decir que, si vamos en buena compa\u00f1\u00eda, las dificultades del caminar y el peligro de extraviarse se reducen. Es el Se\u00f1or quien nos conduce, \u00c9l es el due\u00f1o de la historia y de cada una de nuestras historias, \u00c9l determina los tiempos. Nosotros caminamos tras de \u00c9l, m\u00e1s a\u00fan, caminamos con \u00c9l como miembros de un s\u00f3lo cuerpo. Ese v\u00ednculo profundo exige a la Iglesia, en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez m\u00e1s duras, un testimonio de unidad en la pluralidad: una comuni\u00f3n capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas, de las sensibilidades que el Esp\u00edritu Santo suscita en el Pueblo de Dios. La imagen de Cristo se deja reconocer en el mosaico vivo de la Iglesia, donde muchas teselas, sin confundirse, convergen para manifestar la belleza del \u00fanico Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta tarea, el ministerio del obispo asume una responsabilidad peculiar. Estamos llamados a ser principio visible de comuni\u00f3n, en primer lugar, de la comuni\u00f3n con Cristo, custodiando con amor la fe recibida, en docilidad a la Palabra de Dios y a la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia; despu\u00e9s, en la comuni\u00f3n con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal, con el presbiterio y con la propia comunidad diocesana, con la vida consagrada, con los movimientos, con las asociaciones y con cada carisma aut\u00e9ntico que el Esp\u00edritu dona para la edificaci\u00f3n com\u00fan. Vuestra misi\u00f3n os reclama custodiar la unidad, favorecer el di\u00e1logo, sanar las fracturas y acompa\u00f1ar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>La comuni\u00f3n vivida de ese modo posee tambi\u00e9n una fuerza misionera. Una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta llamada a ser signo de comuni\u00f3n en Cristo, caminando en unidad y tendiendo nuestra mano al hermano que encontramos, nos pone delante de otro desaf\u00edo que toca hoy el coraz\u00f3n de muchos: la dificultad de asumir compromisos definitivos y de tomar decisiones vitales profundas. En tantos j\u00f3venes, y no s\u00f3lo en ellos, la pregunta: \u201c\u00bfPara qui\u00e9n soy?\u201d resuena como una b\u00fasqueda sincera de sentido, de pertenencia y de don. El coraz\u00f3n humano no se colma acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisorias, se colma cuando descubre una llamada, cuando comprende que la vida llega a plenitud s\u00f3lo si es donada.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la pastoral vocacional no puede reducirse a una simple b\u00fasqueda de n\u00fameros. Esta nace de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande. Donde el Evangelio es vivido con alegr\u00eda, servicio y comuni\u00f3n, tambi\u00e9n la llamada del Se\u00f1or puede ser nuevamente escuchada como promesa de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes hemos hablado de equipajes cargados y los peregrinos del Camino de Santiago saben bien que en la mochila debe cargarse s\u00f3lo lo esencial. Como en reiteradas ocasiones propuso el&nbsp;Papa Francisco, en el actual contexto vocacional, es necesario decir que la conservaci\u00f3n de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocaci\u00f3n. Los seminaristas tienen derecho a la mejor formaci\u00f3n posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados. El criterio para que los seminarios sean aut\u00e9nticas casas de formaci\u00f3n es que aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la ense\u00f1anza, con experiencia en el acompa\u00f1amiento espiritual; y que cuenten con Centros Superiores de Teolog\u00eda dotados con los medios necesarios para desarrollar su funci\u00f3n. Para ello es imprescindible, adem\u00e1s de aunar fuerzas, aprender a trabajar juntos en la gesti\u00f3n de estos desaf\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este terreno, las dificultades pueden ser vividas como oportunidades. A veces nos resulta dif\u00edcil presentar la vocaci\u00f3n de los laicos y su integraci\u00f3n en este viaje de vida que como Iglesia estamos realizando. Por otro lado, vemos como en muchas obras, tradicionalmente gestionadas por religiosos, se recurre a colaboradores laicos para poder seguir realizando la tarea. Es una dificultad que podemos convertir en oportunidad de encuentro, de di\u00e1logo y de comunicaci\u00f3n. De nosotros depende que estos laicos lleguen a percibir su participaci\u00f3n en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace a asumir su responsabilidad como cristianos, interiorizando el esp\u00edritu, sinti\u00e9ndose parte de la misi\u00f3n que el Se\u00f1or encomend\u00f3 a los religiosos que la pusieron en pie.<\/p>\n\n\n\n<p>Como veis, nuestro viaje est\u00e1 hecho de encuentros, en ellos no faltar\u00e1n los que viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos. Uno de los m\u00e1s dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes deb\u00edan cuidarlos, incluso por miembros del clero. Ante esta plaga, la comunidad eclesial est\u00e1 llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparaci\u00f3n y un compromiso cada vez m\u00e1s decidido en la prevenci\u00f3n y la cultura del cuidado. Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protecci\u00f3n y caminos reales de sanaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta misma l\u00f3gica vale tambi\u00e9n para los desaf\u00edos de un mundo secularizado. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo no rechazan simplemente a Dios, muchas veces llevan en el coraz\u00f3n una sed profunda de sentido, de verdad, de pertenencia y de esperanza, incluso cuando no saben darle un nombre. La Iglesia est\u00e1 llamada a reconocer estos anhelos, a escucharlos con respeto y a ofrecer, como Pedro y Juan al paral\u00edtico junto a la puerta del templo, el tesoro que les ha sido confiado: Jesucristo, en cuyo nombre el hombre puede levantarse y caminar (cf.&nbsp;<em>Hch<\/em>&nbsp;3,1-10). Tambi\u00e9n cuando colabora con otras instituciones, religiosas o civiles, incluso cuando ofrece ayuda material, educaci\u00f3n, asistencia o promoci\u00f3n humana, la Iglesia no deja nunca de ofrecer lo que le es propio: el amor de Dios revelado en Cristo. Ese mensaje cala en la sociedad, que no duda de manifestar su aprecio por muchas de estas obras. As\u00ed cada gesto de caridad cristiana que nace del Evangelio lleva en s\u00ed una promesa m\u00e1s grande: restituir a la persona el convencimiento de ser amada.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro viaje recorremos aquella que&nbsp;san Juan Pablo II&nbsp;quiso llamar \u00abTierra de Mar\u00eda\u00bb.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/speeches\/2026\/giugno\/documents\/20260608-spagna-vescovi.html#_ftn1\">[1]<\/a>&nbsp;En la Sant\u00edsima Virgen ten\u00e9is a vuestra primera compa\u00f1era de camino y vuestro principal tesoro, pues ella nos muestra con su vida c\u00f3mo acoger la Palabra y custodiarla en el coraz\u00f3n, c\u00f3mo acompa\u00f1ar en este itinerario a los disc\u00edpulos y permanecer presente en el camino de la Iglesia como madre de comuni\u00f3n y de esperanza. A ella encomiendo vuestro ministerio, para que os ayude a ser, en medio del pueblo que ten\u00e9is confiado, esa levadura escondida de la que habla el Evangelio. Peque\u00f1a a los ojos del mundo, pero capaz, cuando permanece unida a Cristo, de hacer fermentar la masa (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;13,33). La fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos, de la comuni\u00f3n de sus pastores, de la fidelidad humilde y perseverante de quien se deja guiar por el Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>En este camino os acompa\u00f1a tambi\u00e9n san Juan de \u00c1vila, patrono del clero espa\u00f1ol, en este a\u00f1o en el que recordamos el quinto centenario de la ordenaci\u00f3n presbiteral.&nbsp;San Pablo VI&nbsp;lo defini\u00f3 \u00abun maestro de vida espiritual ben\u00e9volo y sabio, un renovador ejemplar de la vida eclesi\u00e1stica y de las costumbres cristianas\u00bb y, al mismo tiempo, \u00abun simple sacerdote\u00bb.&nbsp;<a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/speeches\/2026\/giugno\/documents\/20260608-spagna-vescovi.html#_ftn2\">[2]<\/a>&nbsp;En este santo doctor, la Iglesia reconoce la vida sacerdotal que cada obispo est\u00e1 llamado a custodiar y a hacer crecer en el propio presbiterio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e1ndole a \u00e9l, pienso en aquellos que son los m\u00e1s cercanos compa\u00f1eros de los obispos en este viaje, en esos \u201csimples sacerdotes\u201d, en el sentido m\u00e1s alto y m\u00e1s exigente del t\u00e9rmino. Nuestro caminar con ellos deber\u00eda trasmitir el valor de esa esencia: ser presb\u00edteros enamorados de Cristo, radicados en la oraci\u00f3n, fieles a la Iglesia, cercanos al pueblo y capaces de unir doctrina s\u00f3lida, celo apost\u00f3lico y caridad pastoral. Presb\u00edteros que encuentren en el obispo no s\u00f3lo una autoridad reconocida, sino un padre que les acompa\u00f1a; y en los otros sacerdotes hermanos con los que compartir las fatigas y las alegr\u00edas de esta peregrinaci\u00f3n llena de encuentros, en la que todos buscamos a Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluyamos este periplo espiritual con una oraci\u00f3n del santo doctor que nos recuerda que cada renovaci\u00f3n eclesial nace de un coraz\u00f3n configurado con Cristo: \u00abSi me mand\u00e1is, Se\u00f1or, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro coraz\u00f3n\u00bb (<em>Serm\u00f3n<\/em>&nbsp;57,20). Sea esta tambi\u00e9n nuestra s\u00faplica: Se\u00f1or, danos tu coraz\u00f3n, un coraz\u00f3n capaz de alzar la mirada hacia ti, de ponerse en camino, de escuchar, de discernir, de servir, de corregir con caridad, de atender con paciencia y de anunciar con alegr\u00eda. Porque la Iglesia que recibe el coraz\u00f3n de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la gu\u00eda, la sostiene, la defiende y la conforta, el equipaje necesario para afrontar cualquier reto.<\/p>\n\n\n\n<p>Que Dios os bendiga. Muchas gracias. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>________________________<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/speeches\/2026\/giugno\/documents\/20260608-spagna-vescovi.html#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;<em>Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n de la Palabra y Acto Mariano nacional<\/em>, Zaragoza, 6 noviembre 1982, 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/es\/speeches\/2026\/giugno\/documents\/20260608-spagna-vescovi.html#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;<em>Homil\u00eda en la canonizaci\u00f3n del beato Juan de \u00c1vila<\/em>, 31 mayo 1970.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPA\u00d1A PAPA LE\u00d3N XIV | La Iglesia que recibe el coraz\u00f3n de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la gu\u00eda, la sostiene, la defiende y la conforta el equipaje necesario para afrontar cualquier reto, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre en su mensaje compartido en el Encuentro mantenido con los Obispos de Espa\u00f1a. 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