{"id":249172,"date":"2026-06-11T10:09:36","date_gmt":"2026-06-11T13:09:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=249172"},"modified":"2026-06-11T10:09:37","modified_gmt":"2026-06-11T13:09:37","slug":"papa-leon-xiv-la-dignidad-humana-no-tiene-pasaporte-ni-pierde-valor-al-cruzar-una-frontera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-la-dignidad-humana-no-tiene-pasaporte-ni-pierde-valor-al-cruzar-una-frontera\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera"},"content":{"rendered":"\n<p>ESPA\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera<\/strong>, as\u00ed lo declar\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje en el encuentro con las realidades de acogida de los migrantes. Celebrado en el Puerto de Arguinegu\u00edn, en Las Palmas de Gran Canaria, marc\u00f3 para <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>, su primera actividad en esta jornada en la nueva etapa de su viaje Apost\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>El Papa dijo, <strong><em>\u201cacabamos de escuchar una de las p\u00e1ginas m\u00e1s exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo cap\u00edtulo hace tambi\u00e9n una advertencia que ning\u00fan creyente puede tomar a la ligera (Mt&nbsp;25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aqu\u00ed llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aqu\u00ed el Evangelio nos arranca del lugar c\u00f3modo del espectador y nos sit\u00faa ante el hermano que llega\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se\u00f1alaba <strong>Su Santidad<\/strong>, <strong><em>\u201ccomo pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama \u00abdel Pescador\u00bb. Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llam\u00f3 a Pedro y le dijo: \u00abDesde ahora ser\u00e1s pescador de hombres\u00bb (Lc&nbsp;5,10). La Iglesia ha le\u00eddo ese vers\u00edculo como imagen de su misi\u00f3n. Pero aqu\u00ed y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Pont\u00edfice,<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201cen el lenguaje b\u00edblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. All\u00ed aparecen el Leviat\u00e1n, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf.&nbsp;Sal&nbsp;74,13-14; 89,10-11;&nbsp;Is&nbsp;27,1; 51,9;&nbsp;Jb&nbsp;26,12). Tambi\u00e9n hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperaci\u00f3n, tratantes que esclavizan mujeres y ni\u00f1os y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotaci\u00f3n o por el olvido.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone l\u00edmite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cdesde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas \u2014autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales\u2014, y tambi\u00e9n a las comunidades cristianas, a las dem\u00e1s tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae s\u00f3lo migrantes; trae consigo una pregunta: \u00bfqu\u00e9 mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, comparti\u00f3 el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201cla dignidad humana exige v\u00edas legales y seguras, rescate y asistencia, cooperaci\u00f3n real contra los traficantes, protecci\u00f3n efectiva a las v\u00edctimas,<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026). Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, tambi\u00e9n existe el derecho a no tener que migrar (\u2026). La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA DE LOS MIGRANTES&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>DISCURSO DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Puerto de Arguinegu\u00edn (Las Palmas de Gran Canaria)<br>Jueves, 11 de junio de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Acabamos de escuchar una de las p\u00e1ginas m\u00e1s exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo cap\u00edtulo hace tambi\u00e9n una advertencia que ning\u00fan creyente puede tomar a la ligera (<em>Mt<\/em>&nbsp;25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aqu\u00ed llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aqu\u00ed el Evangelio nos arranca del lugar c\u00f3modo del espectador y nos sit\u00faa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, despu\u00e9s del desierto, de la noche y del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama \u00abdel Pescador\u00bb. Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llam\u00f3 a Pedro y le dijo: \u00abDesde ahora ser\u00e1s pescador de hombres\u00bb (<em>Lc<\/em>&nbsp;5,10). La Iglesia ha le\u00eddo ese vers\u00edculo como imagen de su misi\u00f3n. Pero aqu\u00ed y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, peque\u00f1a en extensi\u00f3n, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aqu\u00ed hay personas recuperadas del mar y cuerpos ex\u00e1nimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ning\u00fan lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los disc\u00edpulos de Jes\u00fas no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>En el lenguaje b\u00edblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. All\u00ed aparecen el Leviat\u00e1n, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf.&nbsp;<em>Sal<\/em>&nbsp;74,13-14; 89,10-11;&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;27,1; 51,9;&nbsp;<em>Jb<\/em>&nbsp;26,12). Tambi\u00e9n hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperaci\u00f3n, tratantes que esclavizan mujeres y ni\u00f1os y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotaci\u00f3n o por el olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone l\u00edmite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. As\u00ed lo experiment\u00f3 el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;14,21-31). Y as\u00ed lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: \u00ab\u00a1Calla, enmudece!\u00bb (<em>Mc<\/em>&nbsp;4,39; cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ah\u00ed donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A Mar\u00eda, gracias por recordarnos lo que C\u00e1ritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran d\u00f3nde comienza la conversi\u00f3n de la mirada: cuando el migrante deja de ser \u201cuno m\u00e1s\u201d, deja de ser una categor\u00eda y una cifra. S\u00f3lo entonces comprendemos que esa ni\u00f1a podr\u00eda ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos peque\u00f1os: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes all\u00ed donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma com\u00fan, pero donde a\u00fan pueden hablar los gestos. Gracias de coraz\u00f3n a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompa\u00f1amiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Querida Blessing, aunque no est\u00e1s aqu\u00ed hoy, tu voz s\u00ed. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendici\u00f3n, y nos recuerda que cada vida humana es una bendici\u00f3n de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu pa\u00eds no porque quisieras, sino porque no hab\u00eda otra opci\u00f3n. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotaci\u00f3n les cerraron todos los caminos.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres v\u00edctimas de la trata y la explotaci\u00f3n: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendici\u00f3n. Tu vida no es de quienes te da\u00f1aron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus d\u00edas no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse m\u00e1s fuerte que el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son n\u00fameros ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atr\u00e1s; con sue\u00f1os que nadie tiene derecho a despreciar. Pero tambi\u00e9n quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen para\u00edsos f\u00e1ciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son \u201ccantos de sirenas\u201d, son industrias de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tr\u00e1nsito, llamadas a proteger y no a dejar a los d\u00e9biles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterr\u00e1neo y el Atl\u00e1ntico sean cementerios sin l\u00e1pidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperaci\u00f3n eficaz y perseverante.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tambi\u00e9n la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada \u00fanicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucarist\u00eda, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego \u201cpasar de largo\u201d ante los cayucos y las pateras, pues de la oraci\u00f3n brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;10,31-32).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas \u2014autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales\u2014, y tambi\u00e9n a las comunidades cristianas, a las dem\u00e1s tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae s\u00f3lo migrantes; trae consigo una pregunta: \u00bfqu\u00e9 mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?<\/p>\n\n\n\n<p>La dignidad humana exige v\u00edas legales y seguras, rescate y asistencia, cooperaci\u00f3n real contra los traficantes, protecci\u00f3n efectiva a las v\u00edctimas, procesos serios de acogida e integraci\u00f3n, y pol\u00edticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, tambi\u00e9n existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecuci\u00f3n, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupci\u00f3n robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los ni\u00f1os. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.<\/p>\n\n\n\n<p>Que el Dios que \u201cen el ocaso de la vida nos juzgar\u00e1 sobre el amor\u201d (cf. S. Juan de la Cruz,&nbsp;<em>Avisos y sentencias<\/em>, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Se\u00f1ora del Carmen acompa\u00f1e a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valent\u00eda de la misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aqu\u00ed, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qu\u00e9 queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabr\u00e1 si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPA\u00d1A PAPA LE\u00d3N XIV | La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera, as\u00ed lo declar\u00f3 el Santo Padre al compartir su mensaje en el encuentro con las realidades de acogida de los migrantes. 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