{"id":249184,"date":"2026-06-12T09:32:31","date_gmt":"2026-06-12T12:32:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=249184"},"modified":"2026-06-12T09:32:32","modified_gmt":"2026-06-12T12:32:32","slug":"papa-leon-xiv-evangelizar-es-compartir-con-respeto-y-humildad-el-tesoro-que-sostiene-nuestra-accion-y-nuestra-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-evangelizar-es-compartir-con-respeto-y-humildad-el-tesoro-que-sostiene-nuestra-accion-y-nuestra-esperanza\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acci\u00f3n y nuestra esperanza"},"content":{"rendered":"\n<p>ESPA\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV | Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acci\u00f3n y nuestra esperanza<\/strong>, las palabras fueron compartidas por el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje durante el encuentro con las realidades de integraci\u00f3n de los migrantes. Celebrado en la Plaza del Cristo de la Laguna, en Tenerife, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201ces un gusto para m\u00ed compartir este momento con ustedes aqu\u00ed, en San Crist\u00f3bal de La Laguna, sede de esta di\u00f3cesis.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Me ha llamado la atenci\u00f3n lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta\u201d.<\/em><\/strong><strong><em> <\/em><\/strong>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cen una ciudad sin murallas, tambi\u00e9n el coraz\u00f3n est\u00e1 llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercan\u00eda, ese que se comprende m\u00e1s con las manos que con las palabras. El braille y dem\u00e1s formas de escritura t\u00e1ctil nos recuerdan que la palabra puede abrirse camino tambi\u00e9n por medio del contacto. Del mismo modo, la integraci\u00f3n exige aprender a leer de otra manera\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cen las obras de integraci\u00f3n de estos hermanos nuestros \u2014como en toda obra de caridad\u2014 la Iglesia aprende a leer en la vida concreta de quienes sufren en el cuerpo o en el esp\u00edritu un signo vivo que remite a los santos Evangelios y que se vuelve legible a trav\u00e9s del tacto y de la cercan\u00eda, cuando palpamos las heridas de los dem\u00e1s. Como Tom\u00e1s ante el cuerpo glorioso del Resucitado, tambi\u00e9n la Iglesia aprende que las heridas, miradas desde la fe, pueden convertirse en lugar de reconocimiento: all\u00ed donde el dolor humano es tocado con amor, Cristo nos confirma que est\u00e1 presente en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso y en el forastero (cf.&nbsp;Mt&nbsp;25,35-40)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, dec\u00eda, <strong><em>\u201cintegrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atr\u00e1s todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino rec\u00edproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el coraz\u00f3n al encuentro\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Papa<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201ca los cat\u00f3licos quiero pedirles algo m\u00e1s: que la integraci\u00f3n no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protecci\u00f3n; y tambi\u00e9n debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona. Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acci\u00f3n y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es tambi\u00e9n una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE INTEGRACI\u00d3N DE LOS MIGRANTES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>DISCURSO DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abPlaza del Cristo de La Laguna\u00bb (Tenerife)<br>Viernes, 12 de junio de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es un gusto para m\u00ed compartir este momento con ustedes aqu\u00ed, en San Crist\u00f3bal de La Laguna, sede de esta di\u00f3cesis. Me ha llamado la atenci\u00f3n lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s este detalle nos ayude a comprender que las barreras m\u00e1s dif\u00edciles de derribar no son siempre de piedra. A veces est\u00e1n en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de b\u00fasqueda. En una ciudad sin murallas, tambi\u00e9n el coraz\u00f3n est\u00e1 llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercan\u00eda, ese que se comprende m\u00e1s con las manos que con las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>El braille y dem\u00e1s formas de escritura t\u00e1ctil nos recuerdan que la palabra puede abrirse camino tambi\u00e9n por medio del contacto. Del mismo modo, la integraci\u00f3n exige aprender a leer de otra manera. Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia. De ah\u00ed que el Evangelio nos eduque en una lectura m\u00e1s honda de la realidad: la que nace de la cercan\u00eda, de la paciencia y de unas manos capaces de socorrer, acompa\u00f1ar, orientar, ense\u00f1ar y abrir caminos.<\/p>\n\n\n\n<p>En las obras de integraci\u00f3n de estos hermanos nuestros \u2014como en toda obra de caridad\u2014 la Iglesia aprende a leer en la vida concreta de quienes sufren en el cuerpo o en el esp\u00edritu un signo vivo que remite a los santos Evangelios y que se vuelve legible a trav\u00e9s del tacto y de la cercan\u00eda, cuando palpamos las heridas de los dem\u00e1s. Como Tom\u00e1s ante el cuerpo glorioso del Resucitado, tambi\u00e9n la Iglesia aprende que las heridas, miradas desde la fe, pueden convertirse en lugar de reconocimiento: all\u00ed donde el dolor humano es tocado con amor, Cristo nos confirma que est\u00e1 presente en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso y en el forastero (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;25,35-40). De esa fe que reconoce a Cristo vivo nace tambi\u00e9n el servicio del Padre Darwin y de tantas personas. La caridad cristiana brota del amor de Dios derramado en el coraz\u00f3n del creyente; por eso, ante el necesitado, la fe se hace concreta y el amor a Cristo se transforma en gestos.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta convicci\u00f3n, nuestra presencia quiere testimoniar que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y supera toda concesi\u00f3n secundaria o simple obra de filantrop\u00eda. Est\u00e1 llamada a comprometerse y a tomar forma de proceso. La acogida abre la puerta; la integraci\u00f3n ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca b\u00e1lsamo en la herida y la integraci\u00f3n reconstruye el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atr\u00e1s todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino rec\u00edproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el coraz\u00f3n al encuentro. A ustedes, queridos hermanos migrantes, les corresponde una parte noble y necesaria de este camino: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida com\u00fan y ofrecer con gratitud sus dones.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre tambi\u00e9n que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los dem\u00e1s. As\u00ed, quien lleg\u00f3 como forastero puede reencontrar v\u00ednculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. \u00c9sta es una forma preciosa de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categor\u00edas jur\u00eddicas o de problemas que administrar. Despu\u00e9s de viajes dif\u00edciles y, en ocasiones, de varios intentos \u2014como en el caso de Khalid\u2014, buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado \u2014como nos expresaba Mbacke\u2014. Pero buscan tambi\u00e9n algo m\u00e1s: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condici\u00f3n de v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, deseo agradecer las palabras de Mons. Santiagoy, con ellas, el testimonio de una Iglesia que, aun con medios pobres, quiere \u201ccaminar con los que caminan\u201d. Gracias a C\u00e1ritas diocesana, a la Delegaci\u00f3n diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van m\u00e1s all\u00e1 del primer auxilio y acompa\u00f1an procesos de protecci\u00f3n, promoci\u00f3n e integraci\u00f3n. Gracias por hacer posible que quien un d\u00eda fue acompa\u00f1ado pueda convertirse \u2014como nos recordaba Thalia\u2014 en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesit\u00f3 una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, no podemos olvidar a tantos migrantes que, provenientes de Latinoam\u00e9rica, de Filipinas y de otras latitudes, forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla. D\u00e9jense tambi\u00e9n evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a trav\u00e9s de quienes se integran. Ellos recuerdan que integrar es abrir espacio para que una persona pueda sentirse corresponsable. As\u00ed, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>A los cat\u00f3licos quiero pedirles algo m\u00e1s: que la integraci\u00f3n no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protecci\u00f3n; y tambi\u00e9n debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona. Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acci\u00f3n y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es tambi\u00e9n una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>Una conciencia humana, y m\u00e1s a\u00fan una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las v\u00edctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe tambi\u00e9n un naufragio silencioso despu\u00e9s de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin v\u00ednculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien lleg\u00f3 lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperaci\u00f3n; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, enga\u00f1an familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Det\u00e9nganse. Convi\u00e9rtanse (cf.&nbsp;<em>Mc<\/em>&nbsp;1,15). Las l\u00e1grimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta \u00c9l (cf.&nbsp;<em>Gn<\/em>&nbsp;4,10;&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;3,7-9). El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dar\u00e1 paz, ni honor, ni futuro (cf.&nbsp;<em>Jr<\/em>&nbsp;22,13;&nbsp;<em>St<\/em>&nbsp;5,1-6).<\/p>\n\n\n\n<p>Por cada vida perdida, cada familia enga\u00f1ada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habr\u00e1n de comparecer ante la justicia divina (cf.&nbsp;<em>2 Co<\/em>&nbsp;5,10). Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (cf.&nbsp;<em>Is<\/em>&nbsp;58,6). Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras a\u00fan hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador m\u00e1s endurecido, pero s\u00f3lo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversi\u00f3n (cf.&nbsp;<em>Ez<\/em>&nbsp;33,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanas y hermanos, la \u00faltima palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana. La \u00faltima palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado.&nbsp;<em>Alcemos la mirada hacia \u00c9l<\/em>, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Se\u00f1or para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Sagrada Familia de Nazaret, que tuvo que migrar a Egipto para proteger la vida del Ni\u00f1o Jes\u00fas (cf.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;2,13-15), sigue siendo para todos los tiempos modelo y amparo de toda familia refugiada, de todo migrante y de toda persona que se ve forzada a dejar su tierra por miedo, persecuci\u00f3n o necesidad (cf.&nbsp;P\u00edo XII,&nbsp;Const. ap.&nbsp;<em>Exsul Familia<\/em>). Que ella sostenga el servicio que ustedes ofrecen y haga de esta tierra un lugar donde todos se reconozcan y se traten como hermanos. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESPA\u00d1A PAPA LE\u00d3N XIV | Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acci\u00f3n y nuestra esperanza, las palabras fueron compartidas por el Santo Padre al compartir su mensaje durante el encuentro con las realidades de integraci\u00f3n de los migrantes. 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