{"id":249939,"date":"2026-09-25T14:33:24","date_gmt":"2026-09-25T17:33:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=249939"},"modified":"2026-09-25T14:33:25","modified_gmt":"2026-09-25T17:33:25","slug":"papa-leon-xiv-debemos-reconocer-que-la-mas-terrible-de-las-obras-humanas-es-la-guerra-en-ella-la-propia-ciencia-queda-puesta-al-servicio-de-una-voluntad-inhumana-de-destruir-y-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-debemos-reconocer-que-la-mas-terrible-de-las-obras-humanas-es-la-guerra-en-ella-la-propia-ciencia-queda-puesta-al-servicio-de-una-voluntad-inhumana-de-destruir-y-de\/","title":{"rendered":"PAPA LEON XIV | Debemos reconocer que la m\u00e1s terrible de las \u201cobras humanas\u201d es la guerra, en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y de matar"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>FRANCIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LEON XIV | Debemos reconocer que la m\u00e1s terrible de las \u201cobras humanas\u201d es la guerra, en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y de matar<\/strong>, as\u00ed lo declar\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en su discurso compartido en la vista realizada a la Sede de la Organizaci\u00f3n de Naciones Unidas. En su segunda actividad desplegada en la tierra francesa, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> se\u00f1al\u00f3 en Par\u00eds, <strong><em>\u201ccomo testigo de la paz, dirijo mi cordial saludo a ustedes, representantes de los Estados miembros y Observadores de las organizaciones internacionales, del mundo acad\u00e9mico y de la sociedad civil\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3,<strong> <em>\u201cel proyecto de construir juntos un mundo justo coincide con una misi\u00f3n que hemos aprendido a compartir a lo largo de la historia. En este sentido, la UNESCO representa tanto un objetivo como una herramienta para continuar hoy esta tarea, con un compromiso a\u00fan mayor, de acuerdo con nuestros m\u00faltiples \u00e1mbitos de actividad. En 2027 celebraremos el 75 aniversario de la presencia de la Santa Sede en la UNESCO: una presencia que surge de la convicci\u00f3n de que el futuro depende, ante todo, del respeto y la promoci\u00f3n de la dignidad inalienable de cada ser humano creado a imagen de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, el <strong>Papa <\/strong>se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cen el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n, la Iglesia cat\u00f3lica aporta una experiencia muy antigua: desde hace siglos, sus comunidades abren escuelas y universidades, ense\u00f1an a leer y a escribir, y est\u00e1n presentes incluso en los lugares m\u00e1s pobres y remotos. Con el Pacto educativo global, mi predecesor Francisco quiso integrar esta experiencia en una alianza educativa m\u00e1s amplia, abierta a la contribuci\u00f3n de todos. Pero lo que deseo transmitirles no son, ante todo, las obras: es la convicci\u00f3n de la que surgen estas. Ninguna educaci\u00f3n est\u00e1 completa si no aborda la cuesti\u00f3n del sentido\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, completaba el<strong> Pont\u00edfice <\/strong>diciendo,<strong> <em>\u201c(\u2026) las religiones expresan nuestras inquietudes ante el origen de la vida y su fin, al darle sentido al prop\u00f3sito primero y \u00faltimo de la existencia, lo cual se refleja en las decisiones cotidianas. En verdad, cuando los hombres y las mujeres de buena voluntad orientan sus acciones hacia Dios, el pluralismo de las culturas no se dispersa en el caos de Babel.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Deseo, por tanto, que nuestro encuentro fortalezca el compromiso de cada uno para trabajar sin descanso para que la conciencia de pertenecer a una sola familia humana se haga m\u00e1s viva, m\u00e1s activa y m\u00e1s justa. Al respecto, quiero expresar mi m\u00e1s sincero agradecimiento a todo el personal de la UNESCO, que cumple con competencia y dedicaci\u00f3n esta misi\u00f3n tan noble: edificar la paz mediante el cultivo de todas las ciencias y todas las artes del ser humano\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>VIAJE APOST\u00d3LICO DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV A FRANCIA<\/p>\n\n\n\n<p>Y VISITA A LA SEDE DE LA ORGANIZACI\u00d3N DE LAS NACIONES UNIDAS<\/p>\n\n\n\n<p>PARA LA EDUCACI\u00d3N, LA CIENCIA Y LA CULTURA (UNESCO)<\/p>\n\n\n\n<p>25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026<\/p>\n\n\n\n<p>DISCURSO DEL SANTO PADRE LE\u00d3N XIV<\/p>\n\n\n\n<p>Sede de la UNESCO (Par\u00eds)<\/p>\n\n\n\n<p>Viernes, 25 de septiembre de 2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or Director General,<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or Presidente de la Conferencia General,<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or Presidente del Consejo Ejecutivo,<\/p>\n\n\n\n<p>Excelencias,<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1oras y Se\u00f1ores:<\/p>\n\n\n\n<p>Me da mucha alegr\u00eda encontrarme hoy aqu\u00ed, en esta Asamblea de las Naciones Unidas, donde las lenguas y las culturas se unen para colaborar en un proyecto que concierne a toda la familia humana: \u00abContribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educaci\u00f3n, la ciencia y la cultura, la colaboraci\u00f3n entre las naciones, a fin de asegurar el respeto universal a la justicia, a la ley, a los derechos humanos y a las libertades fundamentales\u00bb (Constituci\u00f3n de la UNESCO, art. 1, p\u00e1rr. 1). Construir juntos un mundo justo es, en efecto, el fundamento mismo de la cooperaci\u00f3n internacional. Nuestras experiencias, aptitudes y competencias tienen como objetivo crear un espacio acogedor para todos y fecundo para cada uno, para que todos los pueblos puedan crecer en paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Como testigo de la paz, dirijo mi cordial saludo a ustedes, representantes de los Estados miembros y Observadores de las organizaciones internacionales, del mundo acad\u00e9mico y de la sociedad civil. Agradezco al se\u00f1or Khaled El-Enany, Director General de esta Organizaci\u00f3n, por su c\u00e1lida invitaci\u00f3n [y por las palabras que nos ha dirigido]. En mi calidad de pastor, les transmito la palabra de la Iglesia, que se hace incesante \u201cmensaje y coloquio\u201d dirigido a todos los pueblos, mujeres y hombres de buena voluntad (cf. S. Pablo VI, Carta enc. Ecclesiam suam, 34).<\/p>\n\n\n\n<p>El proyecto de construir juntos un mundo justo coincide con una misi\u00f3n que hemos aprendido a compartir a lo largo de la historia. En este sentido, la UNESCO representa tanto un objetivo como una herramienta para continuar hoy esta tarea, con un compromiso a\u00fan mayor, de acuerdo con nuestros m\u00faltiples \u00e1mbitos de actividad. En 2027 celebraremos el 75 aniversario de la presencia de la Santa Sede en la UNESCO: una presencia que surge de la convicci\u00f3n de que el futuro depende, ante todo, del respeto y la promoci\u00f3n de la dignidad inalienable de cada ser humano creado a imagen de Dios. Por ello consideramos a esta Organizaci\u00f3n como un interlocutor privilegiado al servicio del bien com\u00fan, que es la \u00abforma social de la dignidad\u00bb que todos compartimos de manera original e igualitaria (cf. Carta enc. Magnifica humanitas, 59). Desde 1952, la Misi\u00f3n Permanente de Observaci\u00f3n de la Santa Sede discierne y acompa\u00f1a, desde esta perspectiva, las iniciativas de la UNESCO, aportando su contribuci\u00f3n al di\u00e1logo entre las naciones, con el fin de promover un aut\u00e9ntico desarrollo humano, que s\u00f3lo es tal cuando est\u00e1 orientado a \u00abpromover a todos los hombres y a todo el hombre\u00bb (S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Dirigi\u00e9ndose a esta asamblea, mi venerado predecesor, san Juan Pablo II, recordaba que \u00abgenus humanum arte et ratione vivit\u00bb. Puesto que, de hecho, \u00abel hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura\u00bb (Discurso a la UNESCO, 2 junio 1980, 6; cf. Sto. Tomas de Aquino, en Aristotelis Posteriora Analytica, 1), esta palabra se refiere a la forma de ser mediante la cual el ser humano le da sentido a todo lo que hace. Cuarenta y seis a\u00f1os despu\u00e9s, al renovar ante ustedes el compromiso de colaboraci\u00f3n de la Santa Sede, los invito a considerar la UNESCO no s\u00f3lo como una ilustre organizaci\u00f3n internacional, sino tambi\u00e9n como un lugar donde la humanidad reflexiona sobre s\u00ed misma, sobre su historia y sobre su futuro. En efecto, es imposible promover la educaci\u00f3n, las ciencias y la cultura sin promover la vida del hombre y de la mujer, quienes son sus protagonistas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n, la Iglesia cat\u00f3lica aporta una experiencia muy antigua: desde hace siglos, sus comunidades abren escuelas y universidades, ense\u00f1an a leer y a escribir, y est\u00e1n presentes incluso en los lugares m\u00e1s pobres y remotos. Con el Pacto educativo global, mi predecesor Francisco quiso integrar esta experiencia en una alianza educativa m\u00e1s amplia, abierta a la contribuci\u00f3n de todos. Pero lo que deseo transmitirles no son, ante todo, las obras: es la convicci\u00f3n de la que surgen estas. Ninguna educaci\u00f3n est\u00e1 completa si no aborda la cuesti\u00f3n del sentido. En ese mismo discurso, san Juan Pablo II lo recordaba: educar es ayudar al hombre a \u201cser\u201d m\u00e1s y no s\u00f3lo a \u201ctener\u201d m\u00e1s, reconociendo en \u00e9l tambi\u00e9n esa trascendencia de la persona que pertenece a la plenitud de su humanidad (cf. \u00edbid., 10-11).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta asamblea, entonces, conviene explorar una pregunta fundamental que nos interpela con urgencia: \u00bfQu\u00e9 significa ser humano? Todas las culturas se ven interpeladas por este interrogante, que se encuentra en el n\u00facleo de toda forma de conocimiento, de todo arte y de toda religi\u00f3n. Incluso en el siglo XXI, no podemos dar por sentado que sabemos qui\u00e9n es la persona humana o qu\u00e9 significa vivir como ser humano. Efectivamente, cada generaci\u00f3n est\u00e1 llamada a enfrentarse a esta pregunta, especialmente ante las tragedias que, lamentablemente, suceden incluso hoy en d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante todo, la persona humana es alguien que es concebido y nacido; por lo tanto, ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo. Ninguno de nosotros eligi\u00f3 serlo. Nadie decidi\u00f3 de qui\u00e9n, cu\u00e1ndo o d\u00f3nde nacer. Esta verdad evidente arroja luz sobre algo que no es meramente biol\u00f3gico, sino \u00e9tico: como hijos, todos somos hermanos y hermanas. Desde el principio, nuestra humanidad es un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad. Para cada ser humano, el nacimiento establece un v\u00ednculo primordial, una comuni\u00f3n de vida que tiene su origen, y su primer entorno educativo, en la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, todos nacemos desnudos y necesitados. Somos pobres por nacimiento: necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de afecto; es decir, de todo aquello que nutre el cuerpo y el esp\u00edritu. Lo sabemos bien; y, sin embargo, al volvernos adultos, corremos el riesgo de olvidarlo. Precisamente quienes est\u00e1n necesitados son los que sufren las mayores consecuencias de este olvido, cada vez que su humanidad es traicionada o descartada, explotada o enga\u00f1ada. Olvidar las circunstancias de nuestro nacimiento oscurece la idea misma de la vida humana, porque separa la vida de la historia que todos compartimos. Entonces, esta vida ya no se entiende como un don, sino como un producto. Deja de verse como una llamada al cuidado y a la responsabilidad y se convierte en un producto susceptible de explotaci\u00f3n. De hecho, esta tr\u00e1gica alternativa nos recuerda que ser humano es ser libre por naturaleza. Dado que todos somos hijos, nuestra libertad comienza con nuestra respuesta a la libertad de quien se dirige a nosotros primero, ya sea con gestos de afecto o de rechazo, de acogida amorosa o de abandono y crueldad.<\/p>\n\n\n\n<p>En tercer lugar, mantener viva la memoria de nuestra humanidad com\u00fan es reconocer su grandeza \u2014es decir, su inmenso potencial\u2014, aunque se vea menoscabada por tantas formas de maldad e injusticia. Quienes se dedican a la educaci\u00f3n, la ciencia y la cultura est\u00e1n llamados, con mayor raz\u00f3n, a cuidar de cada persona, para que resplandezca la belleza de nuestra libertad. Esta belleza tiene un nombre: justicia. S\u00ed, la libertad es hermosa cuando se orienta hacia el bien y la verdad; se desfigura cuando degenera en arbitrariedad, violencia o sed de poder. Ser humano implica, entonces, una responsabilidad ante la historia. El ser humano es aquel que crece, aprende y trabaja con las manos y con la mente. Mediante ese trabajo, se puede cultivar la tierra o desfigurarla, crear obras de arte o destruirlas. En este momento concreto, debemos reconocer que la m\u00e1s terrible de las \u201cobras humanas\u201d es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y de matar.<\/p>\n\n\n\n<p>A este respecto, el Pre\u00e1mbulo de la Constituci\u00f3n de la UNESCO comienza con unas palabras que siguen teniendo una sorprendente relevancia en la actualidad \u2014como hemos visto en el \u201cMuro por la Paz\u201d\u2014: \u00abPuesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz\u00bb (Constituci\u00f3n de la UNESCO, Pre\u00e1mbulo, 1945). Estas palabras se escribieron tras la Segunda Guerra Mundial, la tragedia m\u00e1s devastadora del siglo pasado. La humanidad hab\u00eda llegado a comprender que el progreso cient\u00edfico, cuando se separa de la sabidur\u00eda, puede convertirse en un arma de destrucci\u00f3n; que la cultura, cuando se somete a la ideolog\u00eda, puede degenerar en falsedad y propaganda; y que la educaci\u00f3n, cuando abandona la verdad, puede convertirse en un instrumento para manipular las conciencias. Los Estados fundadores de la UNESCO entendieron que los tratados son necesarios, pero no suficientes por s\u00ed mismos. Requieren una cultura de paz y un compromiso compartido con la paz, que los sustenten. La paz no puede construirse s\u00f3lo con tratados, ni con compromisos entre fuerzas opuestas. La paz es aut\u00e9ntica cuando brota de la virtud de la justicia y no de un simple contrato, de una voluntad recta m\u00e1s que de un equilibrio inestable de intereses. A decir verdad, s\u00f3lo una voluntad recta puede reconocer en el otro a un hermano o una hermana, a una persona semejante a uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ochenta a\u00f1os despu\u00e9s, las palabras de su Carta constitutiva no han perdido nada de su fuerza. Sin embargo, tambi\u00e9n vemos cu\u00e1n profundamente se ve amenazado este principio com\u00fan por formas de barbarie que alimentan la rivalidad y el conflicto. Entre los desaf\u00edos que enfrenta hoy el mundo de la ciencia y de la educaci\u00f3n, quisiera poner de relieve aquellos que surgen del vasto campo de la tecnolog\u00eda. Nuestros esfuerzos en este \u00e1mbito deben garantizar que las nuevas tecnolog\u00edas sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento m\u00e1s de dominaci\u00f3n e injusticia.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de los siglos, muchas tareas que antes realizaban los seres humanos han sido confiadas a las m\u00e1quinas, cuyas capacidades y aplicaciones no han dejado de ampliarse. M\u00e1s recientemente, a ciertos sistemas artificiales se les ha otorgado incluso el nombre de nuestra facultad humana del pensamiento: la inteligencia. Al mismo tiempo, sin embargo, nuestras ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse debido a un proceso de deshumanizaci\u00f3n. La paradoja resulta cada vez m\u00e1s evidente: mientras se atribuye \u201cinteligencia\u201d a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan seg\u00fan el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta dolorosa realidad nos invita a reflexionar tanto sobre la fragilidad de nuestra naturaleza humana como sobre la inmensa dignidad de cada persona humana \u2014una dignidad que permanece intacta en las circunstancias de mayor vulnerabilidad, incluso hasta la muerte\u2014. S\u00ed, el ser humano es, sin duda, aquel que nace, pero tambi\u00e9n aquel que muere. Nuestra dignidad no se ve destruida por la enfermedad ni por el sufrimiento, ni depende de nuestras capacidades. Al contrario, exige un cuidado amoroso en cada etapa de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la fe cristiana, el misterio de la persona humana encuentra su m\u00e1xima plenitud en Cristo, quien, \u00aben la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). A la luz de \u00c9l, cada persona se nos presenta como una criatura querida y amada por Dios. Esta luz tambi\u00e9n nos ayuda a comprender m\u00e1s profundamente el significado de nuestra experiencia humana compartida.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1oras y se\u00f1ores, como hombres y mujeres de ciencia, est\u00e1n llamados a cooperar incansablemente en nombre de nuestra historia com\u00fan, para que, desde una diversidad de perspectivas, surja una convergencia de visiones y, de esa convergencia, una armon\u00eda en la acci\u00f3n. Esta armon\u00eda se expresa en la labor de la UNESCO cuando da una voz sinf\u00f3nica a las m\u00e1s altas aspiraciones orientadas al bien y al cuidado de la humanidad. Donde hay armon\u00eda, las diferentes voces llegan a un acuerdo, y las naciones que ustedes representan se unen as\u00ed en la concordia.<\/p>\n\n\n\n<p>A este respecto, me gustar\u00eda recurrir a dos im\u00e1genes de la Biblia, el gran tesoro cultural de la humanidad: la Torre de Babel y la plaza p\u00fablica de Pentecost\u00e9s. Las propongo como formas de representar la unidad de la familia humana, la cual, incluso hoy, est\u00e1 continuamente llamada a discernir su rumbo adecuado, es decir, el sentido de la historia que est\u00e1 viviendo. En efecto, estos relatos b\u00edblicos describen formas de vida social que nos invitan a reflexionar sobre las circunstancias de nuestro propio tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Torre de Babel representa una unidad impuesta mediante la dominaci\u00f3n (cf. Gn 11,4). Al mismo tiempo, este edificio revela que, cuanto m\u00e1s busca el poder la opresi\u00f3n, m\u00e1s se debilita a s\u00ed mismo, dejando al descubierto su rostro inhumano. Lo vemos en el sufrimiento y la injusticia causados por el despotismo, as\u00ed como en formas de explotaci\u00f3n que hieren tanto a la sociedad como al medio ambiente. Como ense\u00f1a la historia, muchos imperios se han dejado llevar por su poder antes de ser consumidos por \u00e9l y derrumbarse como una torre. El resultado de esta soberbia, primero exaltada y despu\u00e9s abatida, es la dispersi\u00f3n. La pretensi\u00f3n de hacerse como Dios y someter a los pueblos a un \u00fanico yugo conduce a la confusi\u00f3n de lenguas y a la falta de comprensi\u00f3n mutua. En vez de alcanzar el cielo, como pretend\u00eda, la Torre de Babel se derrumb\u00f3, con una doble consecuencia negativa. Puesto que la unidad que impon\u00eda era forzada, tambi\u00e9n la diversidad que sigue a su derrumbe se convirti\u00f3 en fuente de conflicto. Hoy, la tentaci\u00f3n de Babel reaparece en una globalizaci\u00f3n perseguida sin fraternidad, en formas rapaces de neocolonialismo, en imposiciones ideol\u00f3gicas y en todos esos \u201ccontactos sin v\u00ednculos\u201d que reducen la vida humana al comercio (cf. Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional, Quo vadis, humanitas?, 42). La ciencia misma, cuando se reduce a una t\u00e9cnica de poder, ya no sirve para elevar a la persona humana, sino que, por el contrario, corre el riesgo de degradar los frutos de su esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera especial hoy, contamos con medios capaces de conectar a las personas y a los continentes de manera instant\u00e1nea; sin embargo, al mismo tiempo, somos testigos de nuevas formas de aislamiento, de pobreza material y espiritual y de abandono. La comunicaci\u00f3n se ha vuelto mucho m\u00e1s r\u00e1pida, pero no necesariamente m\u00e1s veraz; la informaci\u00f3n es abundante, pero no es sin\u00f3nimo de sabidur\u00eda. Sin un fundamento \u00e9tico compartido, los numerosos canales de comunicaci\u00f3n corren el riesgo de multiplicar la informaci\u00f3n falsa y dar vigencia a palabras desprovistas de significado, lo que obstaculiza el di\u00e1logo en lugar de fomentarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La inteligencia artificial amplifica este problema: aunque estos sistemas pueden correlacionar datos, no pueden responder a las preguntas sobre el sentido de la vida humana, que tiene sus ra\u00edces en la experiencia vivida. No obstante, los seres humanos no pueden vivir sin sentido. El sentido es el ox\u00edgeno de la mente. Por esta raz\u00f3n, los desaf\u00edos de la comunicaci\u00f3n, que son tambi\u00e9n siempre desaf\u00edos de la educaci\u00f3n, convierten la b\u00fasqueda de la verdad en una cuesti\u00f3n de justicia social y equidad hist\u00f3rica. De ah\u00ed que la educaci\u00f3n en este \u00e1mbito sea esencial, y aplaudo la iniciativa de la UNESCO a trav\u00e9s de su programa de \u201cAlfabetizaci\u00f3n Medi\u00e1tica e Informacional\u201d (AMI), que promueve el uso responsable de los medios y las herramientas digitales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, sin la verdad, el lenguaje queda sometido a la l\u00f3gica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos. As\u00ed, se excluye a otros en nombre de la ganancia, y se mata a inocentes en nombre de la libertad. En lugar de respetar la ley, quienes est\u00e1n en el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les limita, tratando incluso a la justicia misma como si fuera una mercanc\u00eda que se puede comprar y vender. Si comprendemos que la corrupci\u00f3n de la ley comienza con la corrupci\u00f3n del coraz\u00f3n, podemos reconocer c\u00f3mo toda ciencia corre el riesgo de perder su sentido propio cuando se practica al margen de la \u00e9tica, dejando as\u00ed de servir y de reflejar la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Con respecto a esto, animo a toda la comunidad internacional a prestar especial atenci\u00f3n a la protecci\u00f3n de los ni\u00f1os y los j\u00f3venes. En la era digital, su vulnerabilidad nunca debe convertirse en una oportunidad para la explotaci\u00f3n. Que estas tecnolog\u00edas apoyen su crecimiento, su educaci\u00f3n y sus relaciones, salvaguardando su libertad de pensar y discernir, y permaneciendo siempre al servicio de la dignidad de la persona humana.<\/p>\n\n\n\n<p>La corrupci\u00f3n de la cultura que estamos considerando encuentra su redenci\u00f3n en la plaza p\u00fablica de Pentecost\u00e9s. All\u00ed, todos los pueblos reciben como buena noticia un mensaje de paz. Ese anuncio proclama la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, es decir, la victoria de la vida sobre la muerte y la salvaci\u00f3n que da esperanza al mundo. El d\u00eda de Pentecost\u00e9s, la plaza p\u00fablica se convierte en un lugar donde se celebra la paz que sana toda ofensa contra la persona humana. Cada uno de los presentes escuchaba el mensaje en su propia \u00ablengua nativa\u00bb (cf. Hch 2,8). La comuni\u00f3n no suprime en absoluto la diversidad. M\u00e1s bien, permite que la diversidad florezca en la armon\u00eda de las voces y los rostros. En el anuncio de la paz, la riqueza de las culturas se convierte en portadora de una verdad universal. La ense\u00f1anza b\u00edblica nos muestra as\u00ed el camino para alcanzar lo que todos buscamos: \u00abesa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo\u00bb (Homil\u00eda en la Misa del Inicio del Ministerio Petrino, 18 mayo 2025). No es la dominaci\u00f3n de Babel, sino la paz de Pentecost\u00e9s, la que hace posible esta comuni\u00f3n entre todos los pueblos. Cada cultura, por tanto, alcanza su m\u00e1s alta sabidur\u00eda cuando busca la paz y el bien de todos, dando testimonio del aut\u00e9ntico significado de nuestra humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes se dedican a la educaci\u00f3n saben que s\u00f3lo la verdad nos hace libres. Quienes ense\u00f1an y quienes investigan saben que el error nos esclaviza a la ignorancia y a la superstici\u00f3n. Cada vez que nos encontremos con obst\u00e1culos en nuestra misi\u00f3n, recordemos que hay una sola Tierra para todos y una naturaleza humana com\u00fan. No se puede comprender al ser humano separando lo que forma parte de un todo: el cuerpo y el alma, la vida personal y las relaciones, nuestra relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con el medio ambiente. Todo forma parte de la unidad de nuestra existencia. Por esta raz\u00f3n, cultivar la tierra tambi\u00e9n significa cultivar la humanidad que la habita. La educaci\u00f3n y la ciencia est\u00e1n llamadas a esta tarea. En realidad, no es casualidad que toda cultura, seg\u00fan la propia etimolog\u00eda de la palabra, se refiera al acto de cultivar. Renuevo, por tanto, la llamada de mis predecesores a cuidar juntos de la persona humana y de la creaci\u00f3n: el Papa Benedicto XVI habl\u00f3 de la necesidad de una ecolog\u00eda de la persona humana, mientras que el Papa Francisco desarroll\u00f3 la perspectiva de la ecolog\u00eda integral (cf. Benedicto XVI, Discurso al Parlamento Federal Alem\u00e1n, 22 septiembre 2011; Francisco, Carta enc. Laudato si\u2019, 137\u2013162).<\/p>\n\n\n\n<p>El punto de referencia con el que podemos evaluar nuestro compromiso es el cuidado que prestamos a los m\u00e1s peque\u00f1os y a los pobres: los ni\u00f1os en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra; las personas con discapacidades f\u00edsicas e intelectuales; los adultos mayores; los migrantes y los refugiados; y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos. Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana, y su protecci\u00f3n y promoci\u00f3n se extienden tambi\u00e9n a la creaci\u00f3n. En oposici\u00f3n a esto se encuentra una voluntad de explotar y saquear, de extraer lo m\u00e1ximo posible de cada ser vivo, de consumir sin preservar y destruir sin cultivar. Por eso, la actual crisis ecol\u00f3gica es tambi\u00e9n una crisis antropol\u00f3gica. La Iglesia est\u00e1 convencida, adem\u00e1s, de que cada cultura lleva en s\u00ed misma una sabidur\u00eda que madura en un ecosistema de pueblos. El h\u00e1bitat de la persona humana es la sociedad: no un entorno meramente f\u00edsico como el desierto o el oc\u00e9ano para los animales, sino uno moral y relacional. Donde prevalece la paz social, los pueblos prosperan en justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es ah\u00ed, pues, donde la UNESCO encuentra la s\u00edntesis de sus altas misiones educativas y cient\u00edficas: en la paciente tarea de construir la paz. Ante las numerosas y complejas urgencias de nuestra \u00e9poca, el mundo mira a las instituciones internacionales con sentimientos encontrados. Por un lado, est\u00e1n llamadas a afrontar desaf\u00edos que ning\u00fan Estado puede resolver por s\u00ed solo. Por otro lado, estas mismas instituciones atraviesan una crisis de eficacia, sobre todo cuando el di\u00e1logo se considera un obst\u00e1culo para la acci\u00f3n en lugar de un recurso para la paz; como una forma de hipocres\u00eda, en vez de una oportunidad para buscar juntos el bien com\u00fan. Ante estas desviaciones, es necesario promover una virtud tan escasa como deseada: la confianza; confianza en que las diferencias no constituyen necesariamente una amenaza; confianza en que el di\u00e1logo sincero puede generar un bien mayor que aquel que cada uno podr\u00eda obtener por s\u00ed solo. La Santa Sede desea infundir esta confianza en la UNESCO, al igual que en las dem\u00e1s organizaciones internacionales, consciente de que cada pueblo posee una riqueza que compartir en la b\u00fasqueda del progreso aut\u00e9ntico que solo la paz puede garantizar. No se trata de proponer un optimismo ingenuo, que ignore las dificultades, sino de perseverar en la esperanza de que el bien siempre es posible. Cada ni\u00f1o que nace trae consigo esperanza. Cada hombre y cada mujer que dedica su vida a la b\u00fasqueda de la verdad realiza un acto de esperanza. Que la UNESCO d\u00e9, pues, testimonio de esta esperanza al promover el entendimiento entre las naciones, a trav\u00e9s del di\u00e1logo entre sus respectivas culturas. Creemos, en efecto, que la educaci\u00f3n es el instrumento que permite superar los temores rec\u00edprocos y que la ciencia puede ponerse al servicio de la vida de cada ser humano, sembrando hoy las semillas de una buena cosecha para el futuro. Esta confianza alimenta nuestra esperanza en la caridad, es decir, en el servicio al bien del pr\u00f3jimo: si todos nos dedicamos con coherencia a nuestra magn\u00edfica humanidad, la paz podr\u00e1 finalmente florecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras colaboramos en esta labor, las tradiciones religiosas desempe\u00f1an un papel culturalmente necesario e insustituible, y las religiones expresan nuestras inquietudes ante el origen de la vida y su fin, al darle sentido al prop\u00f3sito primero y \u00faltimo de la existencia, lo cual se refleja en las decisiones cotidianas. En verdad, cuando los hombres y las mujeres de buena voluntad orientan sus acciones hacia Dios, el pluralismo de las culturas no se dispersa en el caos de Babel. La humanidad, por el contrario, se reencuentra en una b\u00fasqueda com\u00fan de sentido y hacia un destino que no es la muerte. No caminamos hacia la nada. Por eso, el alma humana, en su relaci\u00f3n con Dios, percibe a\u00fan mejor la llamada a cultivar la paz mediante una alianza entre pueblos que se reconocen como hijos del mismo Padre y como hermanos y hermanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo, por tanto, que nuestro encuentro fortalezca el compromiso de cada uno para trabajar sin descanso para que la conciencia de pertenecer a una sola familia humana se haga m\u00e1s viva, m\u00e1s activa y m\u00e1s justa. Al respecto, quiero expresar mi m\u00e1s sincero agradecimiento a todo el personal de la UNESCO, que cumple con competencia y dedicaci\u00f3n esta misi\u00f3n tan noble: edificar la paz mediante el cultivo de todas las ciencias y todas las artes del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Dirijo estas palabras a todos ustedes, a los pueblos que representan y, muy especialmente, a los j\u00f3venes. Son, en efecto, las nuevas generaciones las que observan con mayor atenci\u00f3n nuestra labor. Mientras que apoyo sus aspiraciones de justicia, con gratitud y estima, invoco sobre todos ustedes y sobre sus naciones la abundancia de las bendiciones de Dios, Creador todopoderoso y misericordioso. 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