{"id":250445,"date":"2026-11-06T19:22:23","date_gmt":"2026-11-06T22:22:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=250445"},"modified":"2026-11-06T19:22:23","modified_gmt":"2026-11-06T22:22:23","slug":"papa-leon-xiv-el-bien-comun-comprende-tambien-la-responsabilidad-de-transmitir-a-quienes-vendran-despues-los-bienes-que-hoy-hemos-recibido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-el-bien-comun-comprende-tambien-la-responsabilidad-de-transmitir-a-quienes-vendran-despues-los-bienes-que-hoy-hemos-recibido\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | El bien com\u00fan comprende tambi\u00e9n la responsabilidad de transmitir a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s los bienes que hoy hemos recibido"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>URUBUAY<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA<\/strong> <strong>LE\u00d3N XIV | El bien com\u00fan comprende tambi\u00e9n la responsabilidad de transmitir a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s los bienes que hoy hemos recibido<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre al compartir su primer mensaje al pueblo uruguayo. Fue en la tarde del viernes 6 de noviembre, tras su arribo al Aeropuerto Internacional de Carrasco, <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> se traslad\u00f3 hasta la ciudad de Montevideo, capital de la Rep\u00fablica Oriental del Uruguay, donde particip\u00f3 del con las autoridades, sociedad civil y el cuerpo diplom\u00e1tico Plaza Independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> luego de los saludos, se dirigi\u00f3 a los presentes, diciendo, <strong><em>\u201cdesde este primer encuentro deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos, dondequiera que se encuentren\u201d.<\/em><\/strong> Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cel bien com\u00fan comprende tambi\u00e9n la responsabilidad de transmitir a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s los bienes que hoy hemos recibido. Como record\u00f3 mi Predecesor, el Papa Francisco, \u00abla noci\u00f3n de bien com\u00fan incorpora tambi\u00e9n a las generaciones futuras\u00bb <\/em><\/strong>(Carta enc. <em>Laudato si\u2019<\/em>, 159)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo el <strong>Santo Padre<\/strong>, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cla mirada hacia el futuro alcanza tambi\u00e9n a quienes habr\u00e1n de habitar esta tierra: a las condiciones en que podr\u00e1n nacer y crecer, y a las oportunidades que encontrar\u00e1n a lo largo de su vida. La evoluci\u00f3n demogr\u00e1fica del Uruguay hace especialmente concreta esa preocupaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se\u00f1alaba el<strong> Pont\u00edfice<\/strong>,<strong> <em>\u201cel respeto y la convivencia que se procuran dentro de una naci\u00f3n han de orientar tambi\u00e9n sus relaciones con otros pueblos. La propia Constituci\u00f3n uruguaya dispone que, en los tratados internacionales, la Rep\u00fablica procure que las controversias sean resueltas mediante el arbitraje u otros medios pac\u00edficos y promueva la integraci\u00f3n social y econ\u00f3mica de los Estados latinoamericanos <\/em><\/strong>(cf. art. 6)<strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el<strong> Papa <\/strong>dijo,<strong> <em>\u201c(\u2026) he venido como Sucesor de Pedro y como pastor, con el deseo de encontrarme con la Iglesia que peregrina en esta tierra y de acercarme, con afecto, a todo su pueblo. Los v\u00ednculos entre la Santa Sede y el Uruguay se remontan a los primeros a\u00f1os de su vida independiente.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Con una historia de fe y servicio que se remonta a siglos atr\u00e1s, la Iglesia desea seguir ofreciendo al pueblo uruguayo aquello que ella misma ha recibido \u2014a Jesucristo y la esperanza de su Evangelio\u2014 y colaborar desde su propia misi\u00f3n con cuantos trabajan por el bien com\u00fan y la dignidad de cada persona\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de<strong> Su Santidad Le\u00f3n XIV:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or presidente de la Rep\u00fablica, distinguidas autoridades y miembros del cuerpo diplom\u00e1tico, se\u00f1oras y se\u00f1ores:<\/p>\n\n\n\n<p>He aceptado con mucha alegr\u00eda la amable invitaci\u00f3n que se me ha dirigido para visitar esta tierra uruguaya. Agradezco, se\u00f1or presidente, las palabras que acaba de pronunciar y las atenciones con que han querido recibirme. Mi saludo se extiende igualmente a quienes representan aqu\u00ed a las instituciones de la Rep\u00fablica y a las naciones acreditadas ante el pa\u00eds. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde este primer encuentro deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos, dondequiera que se encuentren. Durante estos d\u00edas tendr\u00e9 la alegr\u00eda de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del pa\u00eds. Entre esos lugares, Florida ocupa un sitio particular, donde se venera a Nuestra Se\u00f1ora de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay. Al comenzar mi visita deseo poner bajo su protecci\u00f3n a quienes encontrar\u00e9 en mi camino. Su presencia acompa\u00f1a una p\u00e1gina decisiva de la historia nacional y contin\u00faa reuniendo hoy a generaciones muy distintas de uruguayos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa misma historia conserva otro episodio que quisiera traer aqu\u00ed a la memoria. Pienso en el <em>\u00c9xodo del Pueblo Oriental <\/em>de 1811, conocido tambi\u00e9n como <em>la Redota<\/em>. No necesitamos alejarnos de este lugar para evocarlo, puesto que el monumento a Artigas, situado en el centro de esta plaza, lleva en su pedestal un friso de bronce en el que Angelo Zanelli represent\u00f3 escenas de aquella marcha. Quisiera detenerme en algunos detalles de esas figuras, pues ofrecen un punto de partida concreto para mirar tambi\u00e9n al Uruguay de hoy. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En lo alto del monumento, Artigas aparece solo, a caballo. M\u00e1s abajo, en el relieve frontal, vuelve a aparecer entre sus hombres, formando parte de aquella multitud. Este detalle trae a la memoria unas palabras que pronunci\u00f3 poco despu\u00e9s ante los representantes orientales reunidos en el <em>Congreso de abril <\/em>de 1813: \u00abMi autoridad \u2014dijo\u2014 emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana\u00bb (<em>Oraci\u00f3n inaugural<\/em>: <em>Archivo Artigas<\/em>, t. XI, doc. 82). En una frase un\u00eda el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce: recibirla de una comunidad concreta y responder ante ella.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2025 se cumplieron cuarenta a\u00f1os de democracia ininterrumpida en Uruguay, durante los cuales se sucedieron distintos gobiernos por decisi\u00f3n de los ciudadanos. La autoridad p\u00fablica encuentra su raz\u00f3n de ser en el servicio al bien com\u00fan y est\u00e1 llamada a ejercerse dentro del orden jur\u00eddico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. <em>Gaudium et spes<\/em>, 74). De ah\u00ed el valor de los cauces que permiten participar en la vida p\u00fablica, delimitar con claridad las competencias de las instituciones y elegir a quienes asumen el encargo de gobernar (cf. <em>ib\u00edd<\/em>., 75).<\/p>\n\n\n\n<p>El bien com\u00fan comprende tambi\u00e9n la responsabilidad de transmitir a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s los bienes que hoy hemos recibido. Como record\u00f3 mi Predecesor, el Papa Francisco, \u00abla noci\u00f3n de bien com\u00fan incorpora tambi\u00e9n a las generaciones futuras\u00bb (Carta enc. <em>Laudato si\u2019<\/em>, 159). Esta responsabilidad se traduce en las decisiones que afectan al uso de los recursos naturales y a las fuentes de energ\u00eda. En las \u00faltimas d\u00e9cadas Uruguay ha transformado profundamente su matriz de generaci\u00f3n el\u00e9ctrica, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables. Es un resultado notable que ha requerido decisiones sostenidas durante a\u00f1os y la participaci\u00f3n de diversos sectores del pa\u00eds. El paso dado plantea ahora nuevos desaf\u00edos en el transporte, la producci\u00f3n y el uso responsable de la tierra, el agua y la energ\u00eda. Pensar a largo plazo significa precisamente administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras.<\/p>\n\n\n\n<p>La mirada hacia el futuro alcanza tambi\u00e9n a quienes habr\u00e1n de habitar esta tierra: a las condiciones en que podr\u00e1n nacer y crecer, y a las oportunidades que encontrar\u00e1n a lo largo de su vida. La evoluci\u00f3n demogr\u00e1fica del Uruguay hace especialmente concreta esa preocupaci\u00f3n. En uno de los frisos que se encuentran en el monumento, se representa a una mujer que lleva en brazos a un beb\u00e9. Lo sostiene estrechamente mientras a su alrededor contin\u00faa la marcha.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese gesto de protecci\u00f3n nos lleva a pensar en la vida que comienza, tambi\u00e9n en aquella que todav\u00eda crece en el seno materno. Quien todav\u00eda no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protecci\u00f3n que merece. Jes\u00fas mismo quiso asumir esta condici\u00f3n al encarnarse. Acoger una nueva vida requiere que el padre se comprometa junto a la madre, que la familia preste su apoyo y que existan unas condiciones sociales que permitan a ambos criar y cuidar a sus hijos. La protecci\u00f3n de quien va a nacer y el apoyo de quienes lo acogen son inseparables. La familia sigue siendo el primer \u00e1mbito en el que cada persona es acogida y aprende a vivir con los dem\u00e1s. San Juan Pablo II, que tambi\u00e9n tuvo la alegr\u00eda de visitar esta tierra, lo expres\u00f3 con una frase que conserva toda su fuerza: \u00abel futuro de la humanidad se fragua en la familia\u00bb (Exhort. ap. <em>Familiaris consortio<\/em>, 86).<\/p>\n\n\n\n<p>En otra parte del friso, vemos a varios ni\u00f1os que caminan junto a los adultos. Ellos forman parte del pueblo incluso antes de poder participar en sus decisiones o contribuir con su trabajo. Quienes entonces avanzaban junto a los adultos acabar\u00edan recibiendo, a su vez, la responsabilidad de continuar la vida com\u00fan. Por eso, cuidar a los m\u00e1s peque\u00f1os incluye necesariamente asegurarles una educaci\u00f3n adecuada. El hogar en el que un ni\u00f1o crece, la alimentaci\u00f3n que recibe y la presencia de adultos que lo acompa\u00f1an sostienen sus primeros a\u00f1os; la educaci\u00f3n prolonga esa tarea, desarrolla sus capacidades, forma su juicio y lo prepara para participar con libertad y responsabilidad en la vida de la sociedad (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decl. <em>Gravissimum educationis<\/em>, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n recibida ha de abrir tambi\u00e9n oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral, poner en pr\u00e1ctica lo aprendido y adquirir autonom\u00eda mediante el propio esfuerzo. El trabajo se convierte as\u00ed en uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los dem\u00e1s. Conviene recordar que \u00abel trabajo est\u00e1 \u201cen funci\u00f3n del hombre\u201d y no el hombre \u201cen funci\u00f3n del trabajo\u201d\u00bb (S. JUAN PABLO II, Carta enc. <em>Laborem exercens<\/em>, 6). Este criterio conserva toda su actualidad ante los r\u00e1pidos cambios de la tecnolog\u00eda y de la inteligencia artificial. El desarrollo de estas tecnolog\u00edas debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entre las figuras del monumento encontramos tambi\u00e9n a una anciana encorvada, que avanza con dificultad apoy\u00e1ndose en un bast\u00f3n. En torno a una de las carretas, varias personas se acercan unas a otras y extienden los brazos; algunas parecen m\u00e1s pendientes de ayudarse entre s\u00ed que de apresurar el paso. Tambi\u00e9n quienes necesitaban apoyo para continuar formaban parte de aquel pueblo. Su pertenencia no depend\u00eda de la fuerza, la autonom\u00eda o la capacidad de aportar. Tampoco hoy puede medirse el valor de una persona por lo que produce, por su trabajo o por su capacidad de valerse por s\u00ed misma. \u00abLa dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada\u00bb (Carta enc. <em>Magnifica humanitas<\/em>, 53).<\/p>\n\n\n\n<p>El bronce conserva sus rostros y sus gestos, pero nada nos dice de lo que cada uno llevaba dentro mientras avanzaba entre los dem\u00e1s. Tambi\u00e9n hoy podemos vivir rodeados de personas, compartir con ellas el trabajo, la calle o incluso el propio hogar, y desconocer el peso que llevan consigo. La soledad, la angustia y la p\u00e9rdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo. Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atenci\u00f3n sanitaria, los v\u00ednculos familiares y la cercan\u00eda de la comunidad resultan inseparables. Nadie deber\u00eda llegar a sentirse extra\u00f1o entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras formas de sufrimiento se manifiestan en el cuerpo o en las condiciones de vida. La enfermedad, la discapacidad, el dolor f\u00edsico, la p\u00e9rdida de autonom\u00eda, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusi\u00f3n pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los dem\u00e1s. Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido. Esta experiencia me lleva a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagn\u00f3stico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan. Procurar que la atenci\u00f3n sanitaria est\u00e9 al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad. Quien atraviesa cualquiera de estas situaciones no deja por ello de ser miembro pleno de la sociedad ni pierde nada del valor de su vida. En esas circunstancias, su fragilidad hace m\u00e1s urgente que reciba la asistencia, los recursos y el acompa\u00f1amiento que necesita.<\/p>\n\n\n\n<p>La atenci\u00f3n debida a quienes sufren compromete a toda la familia humana. Para la Iglesia, este deber encuentra una raz\u00f3n particular en el mandato de Jesucristo de reconocerlo y servirlo en los m\u00e1s necesitados (cf. <em>Mt <\/em>25,40). Como record\u00f3 Benedicto XVI, \u00abla grandeza de la humanidad est\u00e1 determinada esencialmente por su relaci\u00f3n con el sufrimiento y con el que sufre\u00bb (BENEDICTO XVI, Carta enc. <em>Spe salvi<\/em>, 38). De ah\u00ed que a todos corresponda procurar que cada persona pueda vivir con dignidad, recibir los cuidados que necesita y ser acompa\u00f1ada hasta el t\u00e9rmino natural de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por medio de sus di\u00f3cesis y comunidades y de tantas personas dedicadas al servicio de los dem\u00e1s, la Iglesia desea colaborar con cuantos trabajan por aliviar el dolor cuando es posible y por sostener a la persona cuando este no puede ser eliminado. A esta tarea com\u00fan aporta lo que le es propio: una esperanza que no se extingue cuando los recursos humanos encuentran su l\u00edmite y que recuerda a quien atraviesa la prueba que su vida conserva siempre un sentido y un valor, que no est\u00e1 solo y que tampoco en la oscuridad ha dejado de ser amado por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella multitud que avanzaba junto a Artigas reun\u00eda tambi\u00e9n a personas de muy diversa condici\u00f3n. En el relieve, una mujer de atuendo distinguido sigue a pie una carreta, mientras otros conducen los animales o transportan sus pertenencias. Aquellas diferencias tambi\u00e9n forman parte de la historia del Uruguay, donde generaciones de hombres y mujeres de distintas procedencias y condiciones sociales hicieron de esta tierra una patria com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes forman parte de un mismo pueblo pueden partir de situaciones muy diferentes y disponer de recursos desiguales. Por ello, la manera en que se organiza y orienta la econom\u00eda termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de las personas y en sus posibilidades de construir su propio futuro. La creaci\u00f3n de riqueza, la inversi\u00f3n y la iniciativa econ\u00f3mica \u2014tanto p\u00fablica como privada\u2014 son necesarias para el desarrollo de un pa\u00eds, pero sus frutos han de traducirse tambi\u00e9n en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos, pues \u00abson las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias\u00bb (Carta enc. <em>Magnifica humanitas<\/em>, 58).<\/p>\n\n\n\n<p>La convivencia entre personas de distintas procedencias y tradiciones forma parte tambi\u00e9n de la historia del Uruguay. Esa pluralidad se expresa hoy en las creencias y convicciones de sus ciudadanos. El car\u00e1cter laico del Estado est\u00e1 llamado a garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales. Esta neutralidad no exige que la dimensi\u00f3n religiosa quede confinada al \u00e1mbito privado. Como ense\u00f1a el Concilio Vaticano II, nadie debe ser obligado a obrar contra su conciencia ni impedido de actuar conforme a ella, tanto en privado como en p\u00fablico, individualmente o en asociaci\u00f3n con otros, dentro de los debidos l\u00edmites (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decl. <em>Dignitatis humanae<\/em>, 2-3). Desde esta libertad, las personas y las comunidades religiosas pueden contribuir al bien com\u00fan, respetando la autonom\u00eda de las instituciones civiles.<\/p>\n\n\n\n<p>El respeto y la convivencia que se procuran dentro de una naci\u00f3n han de orientar tambi\u00e9n sus relaciones con otros pueblos. La propia <em>Constituci\u00f3n <\/em>uruguaya dispone que, en los tratados internacionales, la Rep\u00fablica procure que las controversias sean resueltas mediante el arbitraje u otros medios pac\u00edficos y promueva la integraci\u00f3n social y econ\u00f3mica de los Estados latinoamericanos (cf. art. 6). Que Montevideo sea adem\u00e1s sede de la Secretar\u00eda del Mercosur da particular concreci\u00f3n a esa vocaci\u00f3n de favorecer espacios de entendimiento y cooperaci\u00f3n en la regi\u00f3n. En tiempos en que las diferencias pueden convertirse f\u00e1cilmente en motivo de enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, en la negociaci\u00f3n y en la b\u00fasqueda paciente de acuerdos constituye un servicio que Uruguay puede seguir ofreciendo a sus vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera volver, antes de concluir, a aquella marcha representada en el centro de esta plaza. La <em>Redota <\/em>ocupa un lugar singular en la memoria uruguaya: recuerda a un pueblo puesto a prueba, que debi\u00f3 dejar atr\u00e1s mucho de lo que ten\u00eda y procur\u00f3 permanecer unido en medio de la incertidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Los relieves de este monumento se prolongan por las cuatro caras del pedestal. Desde un solo lugar apenas podemos contemplar una parte de aquella multitud. Para descubrir a los dem\u00e1s es necesario acercarse, recorrerlo y detener la mirada en sus personajes. El pueblo aparece precisamente en el conjunto. En aquella multitud podemos reconocer algo que permanece en la vida del Uruguay: la responsabilidad de unos hacia otros, que permite a personas de distintas generaciones y condiciones continuar construyendo una historia com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>A ese Uruguay he venido como Sucesor de Pedro y como pastor, con el deseo de encontrarme con la Iglesia que peregrina en esta tierra y de acercarme, con afecto, a todo su pueblo. Los v\u00ednculos entre la Santa Sede y el Uruguay se remontan a los primeros a\u00f1os de su vida independiente. En ese contexto, mi Predecesor, el Papa Gregorio XVI, confirm\u00f3 las facultades del Padre D\u00e1maso Antonio Larra\u00f1aga y lo design\u00f3 Vicario Apost\u00f3lico de la Rep\u00fablica mediante un breve apost\u00f3lico del 14 de agosto de 1832. Aquel acto, de naturaleza eclesi\u00e1stica, ha sido interpretado tambi\u00e9n como un reconocimiento impl\u00edcito de la independencia del nuevo Estado oriental, que entonces procuraba afianzar su posici\u00f3n entre las naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una historia de fe y servicio que se remonta a siglos atr\u00e1s, la Iglesia desea seguir ofreciendo al pueblo uruguayo aquello que ella misma ha recibido \u2014a Jesucristo y la esperanza de su Evangelio\u2014 y colaborar desde su propia misi\u00f3n con cuantos trabajan por el bien com\u00fan y la dignidad de cada persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Que estos d\u00edas nos permitan fortalecer cuanto nos une y renovar la confianza con la que se afrontan las dificultades y se prepara lo que est\u00e1 por venir. Que Dios bendiga al Uruguay y que Mar\u00eda Sant\u00edsima, a quien este pueblo se confi\u00f3 en las horas de su nacimiento, siga acompa\u00f1\u00e1ndolo a lo largo de su historia. Muchas gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>URUBUAY PAPA LE\u00d3N XIV | El bien com\u00fan comprende tambi\u00e9n la responsabilidad de transmitir a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s los bienes que hoy hemos recibido, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre al compartir su primer mensaje al pueblo uruguayo. 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