{"id":250466,"date":"2026-11-08T11:20:00","date_gmt":"2026-11-08T14:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=250466"},"modified":"2026-11-08T18:22:50","modified_gmt":"2026-11-08T21:22:50","slug":"papa-leon-xiv-transmitir-la-fe-significa-llevar-a-otros-a-cristo-a-quien-nosotros-mismos-hemos-recibido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-leon-xiv-transmitir-la-fe-significa-llevar-a-otros-a-cristo-a-quien-nosotros-mismos-hemos-recibido\/","title":{"rendered":"PAPA LE\u00d3N XIV | Transmitir la fe significa llevar a otros a Cristo, a quien nosotros mismos hemos recibido"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>URUGUAY<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>PAPA LE\u00d3N XIV<\/strong> | <strong>Transmitir la fe significa llevar a otros a Cristo, a quien nosotros mismos hemos recibido<\/strong>, as\u00ed lo pidi\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en su Homil\u00eda al presidir la Santa Misa en el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres. <strong>Su Santidad Le\u00f3n XIV<\/strong> tambi\u00e9n rindi\u00f3 homenaje a las madres y abuelas como transmisoras de la fe cat\u00f3lica, a quienes les pidi\u00f3 a seguir con aquella misi\u00f3n a pesar de las tendencias secularizadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201ccon gran entusiasmo, junto a Nuestra Se\u00f1ora de los Treinta y Tres, me encuentro hoy aqu\u00ed con ustedes. Vengo como peregrino para compartir la fe y el cari\u00f1o con que este pueblo ha mirado durante generaciones a la Madre de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201cpienso en las madres que pusieron en los labios de sus hijos las primeras palabras de oraci\u00f3n, que los llevaron a bautizar, los prepararon para recibir los sacramentos y les ense\u00f1aron a vivir la caridad cristiana. Pienso en las abuelas que conservaron un altar en casa, que rezaron por los vivos y por los difuntos, que hicieron presente a Dios en las cosas ordinarias de la vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro P\u00e1rrafo, el <strong>Santo Padre<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201ca todas esas mujeres quisiera hoy darles las gracias. Gracias por haber cre\u00eddo y por haber mantenido abierto en tantas familias un camino hacia Dios. Algunas pudieron hacerlo apoyadas en una tradici\u00f3n familiar que ven\u00eda de lejos; otras tuvieron que sostener esa fe con mayor esfuerzo, quiz\u00e1 sin encontrar siempre comprensi\u00f3n o apoyo dentro de su propia casa. S\u00e9 que muchas cargan una pena muy concreta. Ense\u00f1aron a rezar a sus hijos y hoy esos hijos ya no rezan. Iban juntos a Misa y hace a\u00f1os que no entran en una iglesia. Hablaron a sus nietos de Dios y ahora no saben si aquellas palabras dejaron alguna huella\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cperm\u00edtanme recordar aqu\u00ed a santa M\u00f3nica. Ella conoci\u00f3 bien ese dolor. Rez\u00f3 durante a\u00f1os por un hijo que parec\u00eda cada vez m\u00e1s lejos de Dios, y no dej\u00f3 de confiar en la gracia. Por eso, no den por perdido aquello que sembraron.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Madres y abuelas: \u00a1no se cansen de transmitir la fe! Prediquen con su vida y tambi\u00e9n con su palabra.<\/em><\/strong><strong><em> Quisiera dirigirme tambi\u00e9n a los varones, a los padres y a los abuelos. Sus hijos y nietos necesitan ver que la fe ocupa un lugar verdadero en la vida de los hombres de su familia.&nbsp;Imiten a san Jos\u00e9, quien asumi\u00f3 la tarea de formar a Jes\u00fas, llev\u00e1ndolo al templo, ense\u00f1\u00e1ndole a trabajar de manera honesta y mostr\u00e1ndole que Dios debe ocupar el primer lugar en la vida de la persona\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dijo, <strong><em>\u201cqueridos padres y abuelos, los j\u00f3venes necesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos, tratar con respeto a sus esposas, pedir perd\u00f3n y vivir con honradez tambi\u00e9n cuando hacerlo exige sacrificios. Un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Transmitir la fe significa llevar a otros a Cristo, a quien nosotros mismos hemos recibido. Mar\u00eda nos muestra precisamente c\u00f3mo hacerlo.<\/em><\/strong><strong><em> Que la Reina del Cielo sostenga a quienes contin\u00faan sembrando la fe y nos ense\u00f1e a reconocer a Cristo en el pobre, en el enfermo y en quien est\u00e1 solo, y a llevarlo all\u00ed donde todav\u00eda no es conocido\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Le\u00f3n<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras improvisadas del Santo Padre frente a la Parroquia de Santa Teresita en Juanic\u00f3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Buenos d\u00edas y feliz domingo! Ustedes no lo saben, pero estoy de verdad muy contento por este breve momento en la parroquia de santa Teresita. La primera parroquia en Uruguay dedicada [a ella], despu\u00e9s de su canonizaci\u00f3n. Mi familia, especialmente mi pap\u00e1, ten\u00edamos una gran devoci\u00f3n a santa Teresita. Y entonces, poder pasar por aqu\u00ed en este d\u00eda de fiesta \u2014ustedes saben que estamos en camino a Florida para celebrar la fiesta de Nuestra Se\u00f1ora de los Treinta y Tres\u2014 es un momento de devoci\u00f3n, un momento de agradecimiento, un momento para reconocer que la gracia de Dios, el amor de Dios, est\u00e1 siempre con nosotros; y que Dios nos acompa\u00f1a en todo momento, ya sea en los momentos felices como tambi\u00e9n cuando sufrimos, quiz\u00e1s por enfermedad, dolor y tantas dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos a pedir la bendici\u00f3n del Se\u00f1or sobre cada uno de ustedes y sus familias, que han tra\u00eddo rosarios, objetos de devoci\u00f3n, tambi\u00e9n los bendecimos en este momento. Y vamos a pedir al Se\u00f1or que nos ayude a todos a crecer en la fe, a vivir nuestra fe con valent\u00eda, a no tener miedo de decir: \u201cYo soy cristiano, yo soy cat\u00f3lico, yo creo en Jesucristo\u201d. Jes\u00fas nos ha dado una vida que nos ense\u00f1a a vivir a nosotros tambi\u00e9n, sirviendo a los dem\u00e1s, caminando unidos y buscando la presencia de Dios y compartiendo la alegr\u00eda de ser cristianos con todos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or est\u00e9 con ustedes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Bendito sea el nombre del Se\u00f1or\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro auxilio est\u00e1 en el nombre del Se\u00f1or\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La bendici\u00f3n de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo descienda sobre ustedes. \u00a1Felicidades, feliz d\u00eda y feliz domingo!<\/p>\n\n\n\n<p>_________________________<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><strong>Homil\u00eda del Santo Padre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hijos e hijas de esta tierra uruguaya:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con gran entusiasmo, junto a Nuestra Se\u00f1ora de los Treinta y Tres, me encuentro hoy aqu\u00ed con ustedes. Vengo como peregrino para compartir la fe y el cari\u00f1o con que este pueblo ha mirado durante generaciones a la Madre de Dios. A quienes han venido desde distintos lugares, a quienes peregrinan hasta aqu\u00ed desde hace a\u00f1os y a quienes hoy se acercan por primera vez, los abrazo con afecto y los encomiendo a la protecci\u00f3n de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La Palabra de Dios pone hoy ante nosotros a dos mujeres que vivieron en tiempos muy distintos y sobre las que resuena casi la misma bendici\u00f3n. A Judit, despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n de su pueblo, le dicen: \u00abBendita seas, hija, ante el Dios Alt\u00edsimo, m\u00e1s que todas las mujeres de la tierra\u00bb (<em>Jdt<\/em> 13,18). Muchos siglos despu\u00e9s, Isabel recibe a Mar\u00eda en su casa y exclama: \u00abBendita t\u00fa entre las mujeres\u00bb (<em>Lc<\/em> 1,42).<\/p>\n\n\n\n<p>La tradici\u00f3n cristiana reconoci\u00f3 muy pronto esta relaci\u00f3n. En Judit contempl\u00f3 a una mujer que, en un momento dif\u00edcil para su gente, no se dej\u00f3 dominar por el miedo. Rezando y ayunando, tom\u00f3 una decisi\u00f3n que la llev\u00f3 a arriesgar su propia vida (cf. <em>Jdt<\/em> 8-10). Cuando lleg\u00f3 la victoria, Judit no se la atribuy\u00f3. Sab\u00eda bien qui\u00e9n hab\u00eda salvado a Israel y dec\u00eda: \u00abCanten a mi Dios con tamboriles, entonen al Se\u00f1or himnos con c\u00edmbalos\u00bb (<em>Jdt<\/em> 16,1). Por eso son tan grandes las palabras con que su pueblo la recibe: \u00abT\u00fa eres la gloria de Jerusal\u00e9n, t\u00fa el orgullo de Israel, t\u00fa el insigne honor de nuestra raza\u00bb (<em>Jdt<\/em> 15,9). En Judit, el pueblo celebraba lo que Dios hab\u00eda hecho en su favor.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuchar hoy estas palabras ante la Patrona de este pa\u00eds tiene una resonancia particular. Esta peque\u00f1a imagen est\u00e1 vinculada a una hora decisiva de la historia del Uruguay. En 1825, quienes luchaban por la libertad de esta tierra acudieron tambi\u00e9n a Mar\u00eda, para poner aquel comienzo bajo su protecci\u00f3n. Aquel gesto nos recuerda que tampoco la historia de los pueblos se comprende del todo cuando se prescinde de Dios. As\u00ed, desde una de las horas fundacionales de la patria, Uruguay qued\u00f3 \u00edntimamente ligado a una Madre. Desde entonces han pasado distintas generaciones, han cambiado las circunstancias e incluso la relaci\u00f3n de muchos uruguayos con la fe. Ella ha permanecido aqu\u00ed. Mientras Mar\u00eda acompa\u00f1aba la historia de este pueblo, en tantos hogares fueron otras mujeres las que conservaron la fe y la entregaron a sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en las madres que pusieron en los labios de sus hijos las primeras palabras de oraci\u00f3n, que los llevaron a bautizar, los prepararon para recibir los sacramentos y les ense\u00f1aron a vivir la caridad cristiana. Pienso en las abuelas que conservaron un altar en casa, que rezaron por los vivos y por los difuntos, que hicieron presente a Dios en las cosas ordinarias de la vida. Ya en los primeros tiempos de la Iglesia encontramos algo semejante: la fe de Timoteo ten\u00eda detr\u00e1s dos nombres de mujer. El Ap\u00f3stol recuerda con afecto a su abuela Loida y a su madre Eunice, en quienes hab\u00eda habitado primero aquella \u00abfe sincera\u00bb que Pablo reconoc\u00eda tambi\u00e9n en \u00e9l (cf. <em>2 Tm<\/em> 1,5). La Escritura nos dice poco de aquellas dos mujeres. Sabemos, sin embargo, que de aquella fe aprendida en casa se nutri\u00f3 quien llegar\u00eda a ser un estrecho colaborador de san Pablo (cf. <em>Hch<\/em> 16,1-3).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tierra tiene tambi\u00e9n nombres de mujer inscritos en su historia de fe. Entre ellos est\u00e1 santa Mar\u00eda Francisca Rubatto, que quiso quedarse entre ustedes y servir aqu\u00ed a los m\u00e1s necesitados. Est\u00e1n tambi\u00e9n las beatas m\u00e1rtires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella, dos hermanas nacidas en Montevideo. Son vidas muy distintas, pero en las tres encontramos una fidelidad llevada hasta el extremo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la mayor parte de esta historia no qued\u00f3 escrita en los libros. Se fue transmitiendo silenciosamente de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, dentro de las familias. Cuando uno se pregunta de d\u00f3nde vino la fe que lleva dentro, muchas veces aparece el nombre de una mujer concreta: una madre, una abuela, una madrina, una religiosa, una catequista. Tal vez no recordamos todas las palabras que nos dijeron, pero s\u00ed c\u00f3mo rezaban, c\u00f3mo hablaban del Se\u00f1or y con qu\u00e9 convicci\u00f3n viv\u00edan lo que nos ense\u00f1aban.<\/p>\n\n\n\n<p>A todas esas mujeres quisiera hoy darles las gracias. Gracias por haber cre\u00eddo y por haber mantenido abierto en tantas familias un camino hacia Dios. Algunas pudieron hacerlo apoyadas en una tradici\u00f3n familiar que ven\u00eda de lejos; otras tuvieron que sostener esa fe con mayor esfuerzo, quiz\u00e1 sin encontrar siempre comprensi\u00f3n o apoyo dentro de su propia casa. S\u00e9 que muchas cargan una pena muy concreta. Ense\u00f1aron a rezar a sus hijos y hoy esos hijos ya no rezan. Iban juntos a Misa y hace a\u00f1os que no entran en una iglesia. Hablaron a sus nietos de Dios y ahora no saben si aquellas palabras dejaron alguna huella. A veces se preguntan si hicieron algo mal o si todo aquello termin\u00f3 perdi\u00e9ndose. Perm\u00edtanme recordar aqu\u00ed a santa M\u00f3nica. Ella conoci\u00f3 bien ese dolor. Rez\u00f3 durante a\u00f1os por un hijo que parec\u00eda cada vez m\u00e1s lejos de Dios, y no dej\u00f3 de confiar en la gracia. Por eso, no den por perdido aquello que sembraron. El Se\u00f1or mismo nos ense\u00f1\u00f3 que la semilla puede crecer sin que el sembrador sepa c\u00f3mo (cf. <em>Mc<\/em> 4,27).<\/p>\n\n\n\n<p>Madres y abuelas: \u00a1no se cansen de transmitir la fe! Prediquen con su vida y tambi\u00e9n con su palabra. Insistan en la oraci\u00f3n, en el amor y en la esperanza: insistan a tiempo y a destiempo (cf. <em>2 Tm<\/em> 4,2). H\u00e1ganlo con paciencia, sin dureza y sin desaliento. Aunque sus seres queridos parezcan lejos de Dios, sigan poni\u00e9ndolos ante \u00c9l. No dejen de bendecir, de acompa\u00f1ar, de recordarles con sencillez aquello que un d\u00eda recibieron. Hay puertas que ustedes no pueden abrir, pero Dios s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera dirigirme tambi\u00e9n a los varones, a los padres y a los abuelos. Sus hijos y nietos necesitan ver que la fe ocupa un lugar verdadero en la vida de los hombres de su familia.&nbsp;Imiten a san Jos\u00e9, quien asumi\u00f3 la tarea de formar a Jes\u00fas, llev\u00e1ndolo al templo, ense\u00f1\u00e1ndole a trabajar de manera honesta y mostr\u00e1ndole que Dios debe ocupar el primer lugar en la vida de la persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos padres y abuelos, los j\u00f3venesnecesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos, tratar con respeto a sus esposas, pedir perd\u00f3n y vivir con honradez tambi\u00e9n cuando hacerlo exige sacrificios. Un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello.<\/p>\n\n\n\n<p>La Escritura pide al pueblo que las palabras recibidas de Dios permanezcan en el coraz\u00f3n y que las ense\u00f1e a sus hijos, hablando de ellas \u00abestando en casa y yendo de camino, al acostarte y al levantarte\u00bb (<em>Dt<\/em> 6,6-7). Dios ten\u00eda un lugar en la conversaci\u00f3n, en las decisiones y en la vida diaria de la casa. As\u00ed aprend\u00edan los hijos que la fe recibida de sus padres era tambi\u00e9n aquello por lo que sus padres viv\u00edan. Tambi\u00e9n los obispos, los sacerdotes y las personas consagradas est\u00e1n llamados a sostener a las familias en esta tarea, ejerciendo con generosidad su paternidad y maternidad espiritual, acompa\u00f1ando a quienes vacilan y ayudando a muchos a reencontrar el camino de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Transmitir la fe significa llevar a otros a Cristo, a quien nosotros mismos hemos recibido. Mar\u00eda nos muestra precisamente c\u00f3mo hacerlo. En el Evangelio, Isabel la recibe exclamando: \u00abBendita t\u00fa entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre\u00bb (<em>Lc<\/em> 1,42). Mar\u00eda no retiene aquella alabanza. Isabel la proclama bendita y ella responde cantando las grandezas del Se\u00f1or (cf. <em>Lc<\/em> 1,46-55). En Can\u00e1, cuando recurren a ella, los remite a su Hijo: \u00abHagan lo que \u00c9l les diga\u00bb (<em>Jn<\/em> 2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>San Pablo, en la segunda lectura, formula expl\u00edcitamente una verdad que toda la vida de Mar\u00eda proclama: \u00abHay un solo Dios y tambi\u00e9n un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas\u00bb (<em>1 Tm<\/em> 2,5). Toda la grandeza de Mar\u00eda nace de su relaci\u00f3n con Cristo: lo acoge, vive de \u00c9l y conduce a otros hacia \u00c9l. Ese encuentro con el Maestro es la meta de toda evangelizaci\u00f3n y de toda aut\u00e9ntica devoci\u00f3n mariana. El Hijo de Dios se ha entregado por todos; nadie puede quedar fuera de la oraci\u00f3n de la Iglesia. Por eso san Pablo nos pide que recemos \u00abpor los reyes y por todos los constituidos en autoridad\u00bb (<em>1 Tm<\/em> 2,2), y por todos los hombres, porque Dios \u00abquiere que todos se salven\u00bb (<em>1 Tm<\/em> 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta fiesta de la Patrona del Uruguay, llevemos ante el Se\u00f1or a todo este pueblo. Recemos por quienes tienen la responsabilidad de gobernarlo, para que busquen con rectitud el bien de todos; por las familias, por los j\u00f3venes, por quienes sufren, por quienes se sienten lejos de Dios y por quienes necesitan volver a \u00c9l y cambiar de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>San Lucas nos muestra c\u00f3mo comienza esa misi\u00f3n. Despu\u00e9s de concebir al Hijo de Dios, Mar\u00eda \u00abse levant\u00f3 y se puso en camino de prisa\u00bb (1,39). No espera a que Isabel venga a buscarla: sale a su encuentro y entra en su casa llevando consigo al Se\u00f1or. All\u00ed, el ni\u00f1o salta de alegr\u00eda e Isabel queda llena del Esp\u00edritu Santo (cf. <em>Lc<\/em> 1,41-44). Ese movimiento de Mar\u00eda se\u00f1ala tambi\u00e9n nuestro camino. No podemos esperar siempre a que quienes se han alejado regresen por s\u00ed solos. Uruguay: \u00a1hay que ponerse en camino! \u00a1Hay que entrar de nuevo en las casas, acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo! Cada uno sabe hacia qui\u00e9n debe dar ese paso: quiz\u00e1 un hijo, un amigo, un vecino, alguien que dej\u00f3 de creer hace mucho tiempo o que nunca ha tenido cerca a una persona que le hablara de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la Reina del Cielo sostenga a quienes contin\u00faan sembrando la fe y nos ense\u00f1e a reconocer a Cristo en el pobre, en el enfermo y en quien est\u00e1 solo, y a llevarlo all\u00ed donde todav\u00eda no es conocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de poco depositar\u00e9 la <em>Rosa de Oro<\/em> ante esta imagen. Con este gesto deseo honrar a quien es verdaderamente \u00abel orgullo de nuestra raza\u00bb (<em>Jdt<\/em> 15,9) y hacer visible el cumplimiento de aquellas palabras que ella misma pronunci\u00f3: \u00abme felicitar\u00e1n todas las generaciones\u00bb (<em>Lc<\/em> 1,48).<\/p>\n\n\n\n<p>A Mar\u00eda, Capitana y Gu\u00eda de este pueblo, quiero consagrar de nuevo esta naci\u00f3n, confiar a su amparo esta tierra y a cuantos viven en ella, y suplicar a Dios que, por su poderosa intercesi\u00f3n, quebrante las obras del demonio y preserve al amado Uruguay de cuanto quiera apartarlo de Cristo. Que esta <em>Rosa de Oro<\/em>, ofrecida como signo de veneraci\u00f3n y de amor filial, recuerde tambi\u00e9n a sus hijos que est\u00e1n llamados a imitarla: a amar a Cristo como Ella lo am\u00f3, a llevarlo a los dem\u00e1s como Ella lo llev\u00f3. As\u00ed sea.<\/p>\n\n\n\n<p>_____________________<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><strong>Agradecimiento al final de la Santa Misa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al finalizar la Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, y antes de despedirme de este querido pa\u00eds, deseo agradecer a todas las personas que hicieron posible mi visita: a las Autoridades civiles y religiosas, a los equipos que organizaron cada evento y a los voluntarios, a las familias y comunidades que se movilizaron y colaboraron para que podamos vivir juntos estos d\u00edas, as\u00ed como a las personas que nos han acompa\u00f1ado a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n. Me hab\u00edan dicho que, aunque Uruguay es un pa\u00eds relativamente peque\u00f1o, su pueblo tiene un coraz\u00f3n generoso y es capaz de cosas muy grandes. Eso qued\u00f3 de manifiesto durante estos d\u00edas. Han preparado todo muy bien. \u00a1Gracias de coraz\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos compartido jubilosos la alegr\u00eda de la fe en Cristo, y somos testigos de que ese gozo ha ido aumentando en cada jornada. Lo que vivimos en Montevideo, en Paysand\u00fa y aqu\u00ed, en Florida, se irradia al resto del pa\u00eds y del mundo. As\u00ed son las matem\u00e1ticas de la fe: lo que hemos recibido y ofrecemos gratuitamente, con la gracia de Dios, se multiplica, abre horizontes y enriquece nuestras vidas, d\u00e1ndoles un sentido nuevo. Queridos hermanos y hermanas de Uruguay: sigan multiplicando la fe, la esperanza y la caridad, contin\u00faen viviendo y anunciando la alegr\u00eda que brota del encuentro con nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y encontrar\u00e1n como resultado una vida plena y fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por intercesi\u00f3n de la Virgen de los Treinta y Tres, le pido a Dios que bendiga al pueblo uruguayo y lo gu\u00ede por sendas de unidad y de paz. Los llevo en mi coraz\u00f3n y les pido que me sigan acompa\u00f1ando con sus oraciones. \u00a1Muchas gracias Uruguay!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>URUGUAY PAPA LE\u00d3N XIV | Transmitir la fe significa llevar a otros a Cristo, a quien nosotros mismos hemos recibido, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre en su Homil\u00eda al presidir la Santa Misa en el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres. Su Santidad Le\u00f3n XIV tambi\u00e9n rindi\u00f3 homenaje a las madres [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":250467,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82,779],"tags":[740,18,58],"class_list":["post-250466","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","category-visita-apostolica-a-argentina","tag-leonxiv","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/250466","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=250466"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/250466\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":250468,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/250466\/revisions\/250468"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/250467"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=250466"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=250466"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=250466"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}