{"id":2776,"date":"2018-11-28T10:00:21","date_gmt":"2018-11-28T13:00:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=2776"},"modified":"2018-11-28T10:00:21","modified_gmt":"2018-11-28T13:00:21","slug":"papa-francisco-fecundar-nuestro-corazon-para-que-pueda-estar-lleno-de-amor-y-abrirse-a-la-obra-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-fecundar-nuestro-corazon-para-que-pueda-estar-lleno-de-amor-y-abrirse-a-la-obra-de-dios\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Fecundar nuestro coraz\u00f3n para que pueda estar lleno de amor y abrirse a la obra de Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/obcastrensearg_santo-padre.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2777\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/obcastrensearg_santo-padre-300x210.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"210\" \/><\/a>Papa Francisco<\/strong> | <strong>Fecundar nuestro coraz\u00f3n para que pueda estar lleno de amor y abrirse a la obra de Dios<\/strong>, el resumen se desprende de la Homil\u00eda brindada en la ma\u00f1ana de hoy en la Audiencia General desarrollada en <strong>Sal\u00f3n Pablo VI<\/strong> por el <strong>Santo Padre<\/strong>. All\u00ed, reunidos con los peregrinos y fieles del mundo, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> se refiri\u00f3 a los Diez Mandamientos, en su ciclo de cierre, enfocando su Catequesis en \u201cLa nueva ley en Cristo y los deseos seg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb (pasaje b\u00edblico: De la Carta a los G\u00e1latas de San Pablo Ap\u00f3stol, 5,16-18.22-23).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos la interpretaci\u00f3n del italiano al castellano de la Catequesis del <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>, brindada en la Audiencia General del mi\u00e9rcoles 28 de noviembre:<\/p>\n<blockquote><p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/em><\/p>\n<p><em>En la catequesis de hoy, que concluye el camino de los Diez Mandamientos, podemos usar como tema clave el de los deseos, que nos permite volver sobre el viaje realizado y resumir los pasos tomados al leer el texto del Dec\u00e1logo, siempre a la luz de la revelaci\u00f3n completa en Cristo. .<\/em><\/p>\n<p><em>Empezamos por la gratitud como la base de la relaci\u00f3n de confianza y obediencia: Dios, como hemos visto, no pide nada antes de dar mucho m\u00e1s. Nos invita a la obediencia para redimirnos del enga\u00f1o de las idolatr\u00edas que tienen tanto poder sobre nosotros. De hecho, buscar la propia realizaci\u00f3n en los \u00eddolos de este mundo nos vac\u00eda y nos esclaviza, mientras que lo que nos da estatura y consistencia es la relaci\u00f3n con aquel que, en Cristo, nos hace hijos de su paternidad (cf. Ef 3,14). 16).<\/em><\/p>\n<p><em>Esto implica un proceso de bendici\u00f3n y liberaci\u00f3n, que es verdadero, aut\u00e9ntico descanso. Como dice el salmo: \u00abS\u00f3lo en Dios descansa mi alma; de \u00e9l, mi salvaci\u00f3n\u00bb (Sal 62, 2).<\/em><\/p>\n<p><em>Esta vida liberada se convierte en la aceptaci\u00f3n de nuestra historia personal y nos reconcilia con lo que, desde la infancia hasta el presente, hemos vivido, haci\u00e9ndonos adultos y capaces de dar el peso correcto a las realidades y las personas de nuestras vidas. En este camino entramos en la relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo que, a partir del amor que Dios muestra en Jesucristo, es un llamado a la belleza de la fidelidad, la generosidad y la autenticidad.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero para vivir de esta manera, es decir, en la belleza de la fidelidad, la generosidad y la autenticidad, necesitamos un coraz\u00f3n nuevo, deshabitado por el Esp\u00edritu Santo (cf. Ez 11,19; 36,26). Me pregunto: \u00bfc\u00f3mo funciona este \u00abtrasplante\u00bb de coraz\u00f3n, del coraz\u00f3n viejo al coraz\u00f3n nuevo? A trav\u00e9s del don de nuevos deseos (ver Rom 8: 6); que se siembran en nosotros por la gracia de Dios, especialmente a trav\u00e9s de los Diez Mandamientos completados por Jes\u00fas, como \u00c9l ense\u00f1a en el \u00abdiscurso de la monta\u00f1a\u00bb (cf. Mt 5, 17-48). De hecho, al contemplar la vida descrita en el Dec\u00e1logo, que es una vida de adulto, guardi\u00e1n y amante de la vida agradecida, libre, aut\u00e9ntica, bendita, fiel, generosa y sincera, nos encontramos ante Cristo, casi sin darnos cuenta de ello. El Dec\u00e1logo es su \u00abradiograf\u00eda\u00bb, lo describe como un negativo fotogr\u00e1fico que permite que su rostro aparezca, como en la S\u00e1bana Santa. Y as\u00ed, el Esp\u00edritu Santo fertiliza nuestro coraz\u00f3n al poner en \u00e9l los deseos que son un don suyo, los deseos del Esp\u00edritu. Desear seg\u00fan el Esp\u00edritu, desear al ritmo del Esp\u00edritu, desear con la m\u00fasica del Esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p><em>Mirando a Cristo vemos belleza, bondad y verdad. Y el Esp\u00edritu genera una vida que, siguiendo estos deseos, provoca esperanza, fe y amor en nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed descubrimos mejor lo que significa que el Se\u00f1or Jes\u00fas no vino a abolir la ley sino a cumplirla, a hacerla crecer, y mientras la ley seg\u00fan la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, seg\u00fan el Esp\u00edritu esta misma ley se convierte en vida ( cf. Jn 6:63; Ef 2:15), porque ya no es una norma, pero la carne misma de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos consuela y en su Cuerpo reconcilia la comuni\u00f3n con el Padre, perdida por la desobediencia del pecado. Y as\u00ed, la negatividad literaria, la negatividad en la expresi\u00f3n de los mandamientos \u00abno robar\u00bb, \u00abno insultar\u00bb, \u00abno matar\u00bb, \u00abno\u00bb se convierte en una actitud positiva: amor, deja espacio para los dem\u00e1s en mi coraz\u00f3n, todos los deseos que siembran positividad. Y esta es la plenitud de la ley que Jes\u00fas vino a traernos.<\/em><\/p>\n<p><em>En Cristo, y solo en \u00e9l, el Dec\u00e1logo deja de ser condenado (cf. Rom 8, 1) y se convierte en la aut\u00e9ntica verdad de la vida humana, es decir, el deseo de amor: aqu\u00ed nace el deseo del bien, el bien, el deseo del bien. Alegr\u00eda, deseo de paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, autocontrol. De esos \u00abno\u00bb pasamos a este \u00abs\u00ed\u00bb: la actitud positiva de un coraz\u00f3n que se abre con el poder del Esp\u00edritu Santo.<\/em><\/p>\n<p><em>Esto es lo que se necesita para buscar a Cristo en el Dec\u00e1logo: fecundar nuestro coraz\u00f3n para que pueda estar lleno de amor y abrirse a la obra de Dios. Cuando el hombre favorece el deseo de vivir de acuerdo con Cristo, entonces abre la puerta a la salvaci\u00f3n, que no puede sino llegar, porque Dios Padre es generoso y, como dice el Catecismo, \u00abtiene sed de que tengamos sed de \u00e9l\u00bb (No. 2560).<\/em><\/p>\n<p><em>Si son los malos deseos los que arruinan al hombre (cf. Mt 15, 18-20), el Esp\u00edritu deposita en nuestros corazones sus santos deseos, que son la semilla de una nueva vida (cf. 1 Jn 3,9). De hecho, la nueva vida no es el esfuerzo tit\u00e1nico de ser consistente con una norma, pero la nueva vida es el Esp\u00edritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz sinergia entre nuestra alegr\u00eda de ser amados y su alegr\u00eda, amarnos unos a otros. Nos encontramos con las dos alegr\u00edas: la alegr\u00eda de Dios de amarnos y nuestra alegr\u00eda de ser amados.<\/em><\/p>\n<p><em>Aqu\u00ed est\u00e1 lo que el Dec\u00e1logo para nosotros los cristianos: contemplar a Cristo para abrirnos a recibir su coraz\u00f3n, para recibir sus deseos, para recibir su Esp\u00edritu Santo.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Fecundar nuestro coraz\u00f3n para que pueda estar lleno de amor y abrirse a la obra de Dios, el resumen se desprende de la Homil\u00eda brindada en la ma\u00f1ana de hoy en la Audiencia General desarrollada en Sal\u00f3n Pablo VI por el Santo Padre. 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