{"id":3479,"date":"2019-01-06T09:00:13","date_gmt":"2019-01-06T12:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=3479"},"modified":"2019-01-06T09:00:13","modified_gmt":"2019-01-06T12:00:13","slug":"papa-francisco-dios-se-propone-no-se-impone-ilumina-pero-no-deslumbra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-dios-se-propone-no-se-impone-ilumina-pero-no-deslumbra\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Dios se propone, no se impone, ilumina, pero no deslumbra"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/obcastrensearg_magos-en-vaticano.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3480\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/obcastrensearg_magos-en-vaticano-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Papa Francisco<\/strong> | <strong>Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra<\/strong>, es una s\u00edntesis de la <strong>Homil\u00eda<\/strong> brindada por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> esta ma\u00f1ana, en la <strong>Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or<\/strong>. Reunidos en la <strong>Bas\u00edlica Vaticana<\/strong>, el <strong>Santo Padre<\/strong> presidi\u00f3 la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, all\u00ed se refiri\u00f3 a la <strong>Epifan\u00eda<\/strong>, explic\u00e1ndonos, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>la palabra indica la\u00a0manifestaci\u00f3n\u00a0del Se\u00f1or quien, como dice san Pablo en la segunda lectura (cf.\u00a0Ef\u00a03,6), se revela a todas las personas, representadas hoy por los magos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El <strong>Papa <\/strong>nos se\u00f1ala, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>Dios no se manifiesta ocupando el centro de la escena\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201c(\u2026) la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Profundizando esta revelaci\u00f3n, <strong>Su Santidad <\/strong>nos interpela, <strong><em>\u201ccu\u00e1ntas veces, incluso como Iglesia, hemos intentado brillar con luz propia. Pero nosotros no somos el\u00a0sol\u00a0de la humanidad. Somos la\u00a0luna\u00a0que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Se\u00f1or.\u00a0La Iglesia es el\u00a0mysterium lunae\u00a0y el Se\u00f1or \u00c9l es la luz de mundo (cf.\u00a0Jn\u00a09,5); \u00e9l, no nosotros\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, nos indicaba, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>la luz de Dios va a quien la protege\u201d.<\/em><\/strong> Pero, <strong><em>\u201ces necesario levantarse, es decir sobreponerse a nuestro sedentarismo y disponerse a caminar, de lo contrario, nos quedaremos parados, como los escribas consultados por Herodes, que sab\u00edan bien d\u00f3nde hab\u00eda nacido el Mes\u00edas, pero no se movieron\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Es muy importante dice el <strong>Santo Padre<\/strong> que cambiemos de actitud, puesto que, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>es necesario revestirse de Dios que es la luz, cada d\u00eda, hasta que Jes\u00fas se convierta en nuestro vestido cotidiano. Pero para vestir el traje de Dios, que es sencillo como la luz, es necesario despojarse antes de los vestidos pomposos, en caso contrario ser\u00edamos como Herodes, que a la luz divina prefiri\u00f3 las luces terrenas del \u00e9xito y del poder\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero, c\u00f3mo hallamos a Jes\u00fas, dice <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>, <strong><em>\u201cpara encontrar a Jes\u00fas hay que plantearse un itinerario distinto, hay que tomar un camino alternativo, el suyo, el camino del amor humilde. Y hay que mantenerlo\u201d.<\/em><\/strong> Profundizando, acota, <strong><em>\u201cun camino alternativo al mundo, como el que han recorrido todos los que en Navidad est\u00e1n con Jes\u00fas: Mar\u00eda y Jos\u00e9, los pastores. Ellos, como los magos, han dejado sus casas y se han convertido en peregrinos por los caminos de Dios. Porque solo quien deja los propios afectos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Es importante entender, que no alcanza con la teor\u00eda y el saber, el <strong>Santo Padre<\/strong> revela, <strong><em>\u201cno basta saber d\u00f3nde naci\u00f3 Jes\u00fas, como los escribas, si no alcanzamos ese\u00a0d\u00f3nde. No basta saber, como Herodes,\u00a0que\u00a0Jes\u00fas naci\u00f3 si no lo encontramos. Cuando su\u00a0d\u00f3nde\u00a0se convierte en nuestro d\u00f3nde, su\u00a0cu\u00e1ndo\u00a0en nuestro cu\u00e1ndo, su persona en nuestra vida, entonces las profec\u00edas se cumplen en nosotros\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Su Santidad Francisco<\/strong> afirma, <strong><em>\u201cJes\u00fas nace dentro y se convierte en\u00a0Dios vivo para m\u00ed.<\/em><\/strong><strong><em> Hoy, hermanos y hermanas, estamos invitados a imitar a los magos\u201d. <\/em><\/strong>Respecto de los Magos, dice, <strong><em>\u201cellos no discuten, sino que caminan; no se quedan mirando, sino que entran en la casa de Jes\u00fas; no se ponen en el centro, sino que se postran ante \u00e9l, que es el centro; no se empecinan en sus planes, sino que se muestran disponibles a tomar otros caminos<\/em><\/strong><strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Record\u00e1ndonos, <strong><em>\u201clos magos van al Se\u00f1or no para recibir, sino para dar. Pregunt\u00e9monos: \u00bfHemos llevado alg\u00fan presente a Jes\u00fas para su fiesta en Navidad, o nos hemos intercambiado regalos solo entre nosotros? Si hemos ido al Se\u00f1or con las manos vac\u00edas, hoy lo podemos remediar. El evangelio nos muestra, por as\u00ed decirlo, una peque\u00f1a lista de regalos: oro, incienso y mirra\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Sobre estos obsequios presentados por los <strong>Magos<\/strong>, el <strong>Santo Padre<\/strong> nos dijo su real significado y c\u00f3mo nosotros podemos llegar a presentarlos y entregarlos, en el caso del oro dijo, <strong><em>\u201c(\u2026), nos recuerda que a Dios hay que darle siempre el primer lugar. Se le adora. Pero para hacerlo es necesario que nosotros mismos cedamos el primer puesto, no consider\u00e1ndonos autosuficientes sino necesitados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El\u00a0incienso, nos cuenta el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201csimboliza la relaci\u00f3n con el Se\u00f1or, la oraci\u00f3n, que como un perfume sube hasta Dios (cf.\u00a0Sal\u00a0141,2). Pero, as\u00ed como el incienso necesita quemarse para perfumar, la oraci\u00f3n necesita tambi\u00e9n \u201cquemar\u201d un poco de tiempo, gastarlo para el Se\u00f1or. Y hacerlo de verdad, no solo con palabras\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Y\u00a0 por \u00faltimo la\u00a0<em>mirra<\/em>, ense\u00f1\u00e1ndonos de ella, <strong><em>\u201cel ung\u00fcento que se usar\u00e1 para envolver con amor el cuerpo de Jes\u00fas bajado de la cruz (cf.\u00a0Jn\u00a019,39). El Se\u00f1or agradece que nos hagamos cargo de los cuerpos probados por el sufrimiento, de su carne m\u00e1s d\u00e9bil, del que se ha quedado atr\u00e1s, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos la Homil\u00eda brindada por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>Epifan\u00eda:\u00a0la palabra indica la\u00a0manifestaci\u00f3n\u00a0del Se\u00f1or quien, como dice san Pablo en la segunda lectura (cf.\u00a0Ef\u00a03,6), se revela a todas las gentes, representadas hoy por los magos. Se desvela de esa manera la hermosa realidad de Dios que viene para todos: Toda naci\u00f3n, lengua y pueblo es acogido y amado por \u00e9l. Su s\u00edmbolo es la luz, que llega a todas partes y las ilumina.<\/em><\/p>\n<p><em>Ahora bien, si nuestro Dios se manifiesta a todos, sin embargo, produce sorpresa\u00a0c\u00f3mo\u00a0se manifiesta. El evangelio narra un ir y venir en torno al palacio del rey Herodes, precisamente cuando Jes\u00fas es presentado como rey: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el Rey de los jud\u00edos que ha nacido?\u00bb (Mt\u00a02,2), preguntan los magos. Lo encontrar\u00e1n, pero no donde pensaban: no est\u00e1 en el palacio real de Jerusal\u00e9n, sino en una humilde morada de Bel\u00e9n. Asistimos a la misma paradoja en Navidad, cuando el evangelio nos hablaba del censo de toda la tierra en tiempos del emperador Augusto y del gobernador Quirino (cf.\u00a0Lc\u00a02,2). Pero ninguno de los poderosos de entonces se dio cuenta de que el Rey de la historia nac\u00eda en ese momento. E incluso, cuando Jes\u00fas se manifiesta p\u00fablicamente a los treinta a\u00f1os, precedido por Juan el Bautista, el evangelio ofrece otra solemne presentaci\u00f3n del contexto, enumerando a todos los \u201cgrandes\u201d de entonces, poder secular y espiritual: el emperador Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Lisanio, los sumos sacerdotes An\u00e1s y Caif\u00e1s. Y concluye: \u00abVino la palabra de Dios sobre Juan en el desierto\u00bb (Lc\u00a03,2). Por tanto, no sobre alguno de los grandes, sino sobre un hombre que se hab\u00eda retirado en el desierto. Esta es la sorpresa He aqu\u00ed la sorpresa: Dios no se manifiesta ocupando el centro de la escena.<\/em><\/p>\n<p><em>Al o\u00edr esa lista de personajes ilustres, podr\u00edamos tener la tentaci\u00f3n de \u201cponer el foco de luz\u201d sobre ellos. Podr\u00edamos pensar: habr\u00eda sido mejor si la estrella de Jes\u00fas se hubiese aparecido en Roma sobre el monte Palatino, desde el que Augusto reinaba en el mundo; todo el imperio se habr\u00eda hecho enseguida cristiano. O tambi\u00e9n, si hubiese iluminado el palacio de Herodes, este podr\u00eda haber hecho el bien, en vez del mal. Pero la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra. Es siempre grande la tentaci\u00f3n de confundir la luz de Dios con las luces del mundo. Cu\u00e1ntas veces hemos seguido los seductores resplandores del poder y de la fama, convencidos de prestar un buen servicio al evangelio. Pero as\u00ed hemos vuelto el foco de luz hacia la parte equivocada, porque Dios no est\u00e1 all\u00ed. Su luz tenue brilla en el amor humilde. Cu\u00e1ntas veces, incluso como Iglesia, hemos intentado brillar con luz propia. Pero nosotros no somos el\u00a0sol\u00a0de la humanidad. Somos la\u00a0luna\u00a0que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Se\u00f1or<strong>.\u00a0<\/strong>La Iglesia es el\u00a0mysterium lunae\u00a0y el Se\u00f1or \u00c9l es la luz de mundo (cf.\u00a0Jn\u00a09,5); \u00e9l, no nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>La luz de Dios va a quien la protege. En la primera lectura, Isa\u00edas nos recuerda que la luz divina no impide que las tinieblas y la oscuridad cubran la tierra, pero resplandece en quien est\u00e1 dispuesto a recibirla (cf. 60,2). Por eso el profeta dirige una llamada, que nos interpela a cada uno: \u00abLev\u00e1ntate y resplandece, porque llega tu luz\u00bb (60,1). Es necesario levantarse, es decir sobreponerse a nuestro sedentarismo y disponerse a caminar, de lo contrario, nos quedaremos parados, como los escribas consultados por Herodes, que sab\u00edan bien d\u00f3nde hab\u00eda nacido el Mes\u00edas, pero no se movieron. Y despu\u00e9s, es necesario revestirse de Dios que es la luz, cada d\u00eda, hasta que Jes\u00fas se convierta en nuestro vestido cotidiano. Pero para vestir el traje de Dios, que es sencillo como la luz, es necesario despojarse antes de los vestidos pomposos, en caso contrario ser\u00edamos como Herodes, que a la luz divina prefiri\u00f3 las luces terrenas del \u00e9xito y del poder. Los magos, sin embargo, realizan la profec\u00eda, se levantan para ser revestidos de la luz. Solo ellos ven la estrella en el cielo; no los escribas, ni Herodes, ni ning\u00fan otro en Jerusal\u00e9n. Para encontrar a Jes\u00fas hay que plantearse un itinerario distinto, hay que tomar un camino alternativo, el suyo, el camino del amor humilde. Y hay que mantenerlo. De hecho, el Evangelio de este d\u00eda concluye diciendo que los magos, una vez que encontraron a Jes\u00fas, \u00abse retiraron a su tierra\u00a0por otro camino\u00bb (Mt\u00a02,12). Otro camino, distinto al de Herodes. Un camino alternativo al mundo, como el que han recorrido todos los que en Navidad est\u00e1n con Jes\u00fas: Mar\u00eda y Jos\u00e9, los pastores. Ellos, como los magos, han dejado sus casas y se han convertido en peregrinos por los caminos de Dios. Porque solo quien deja los propios afectos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>Vale tambi\u00e9n para nosotros. No basta saber d\u00f3nde naci\u00f3 Jes\u00fas, como los escribas, si no alcanzamos ese\u00a0d\u00f3nde. No basta saber, como Herodes,\u00a0que\u00a0Jes\u00fas naci\u00f3 si no lo encontramos. Cuando su\u00a0d\u00f3nde\u00a0se convierte en nuestro d\u00f3nde, su\u00a0cu\u00e1ndo\u00a0en nuestro cu\u00e1ndo, su persona en nuestra vida, entonces las profec\u00edas se cumplen en nosotros. Entonces Jes\u00fas nace dentro y se convierte en\u00a0Dios vivo para m\u00ed. Hoy, hermanos y hermanas, estamos invitados a imitar a los magos. Ellos no discuten, sino que caminan; no se quedan mirando, sino que entran en la casa de Jes\u00fas; no se ponen en el centro, sino que se postran ante \u00e9l, que es el centro; no se empecinan en sus planes, sino que se muestran disponibles a tomar otros caminos. En sus gestos hay un contacto estrecho con el Se\u00f1or, una apertura radical a \u00e9l, una implicaci\u00f3n total con \u00e9l. Con \u00e9l utilizan el lenguaje del amor, la misma lengua que Jes\u00fas ya habla, siendo todav\u00eda un infante. De hecho, los magos van al Se\u00f1or no para recibir, sino para dar. Pregunt\u00e9monos: \u00bfHemos llevado alg\u00fan presente a Jes\u00fas para su fiesta en Navidad, o nos hemos intercambiado regalos solo entre nosotros?<\/em><\/p>\n<p><em>Si hemos ido al Se\u00f1or con las manos vac\u00edas, hoy lo podemos remediar. El evangelio nos muestra, por as\u00ed decirlo, una peque\u00f1a lista de regalos: oro, incienso y mirra. El\u00a0oro, considerado el elemento m\u00e1s precioso, nos recuerda que a Dios hay que darle siempre el primer lugar. Se le adora. Pero para hacerlo es necesario que nosotros mismos cedamos el primer puesto, no consider\u00e1ndonos autosuficientes sino necesitados. Luego est\u00e1 el\u00a0incienso, que simboliza la relaci\u00f3n con el Se\u00f1or, la oraci\u00f3n, que como un perfume sube hasta Dios (cf.\u00a0Sal\u00a0141,2). Pero, as\u00ed como el incienso necesita quemarse para perfumar, la oraci\u00f3n necesita tambi\u00e9n \u201cquemar\u201d un poco de tiempo, gastarlo para el Se\u00f1or. Y hacerlo de verdad, no solo con palabras. A prop\u00f3sito de hechos, ah\u00ed est\u00e1 la\u00a0mirra, el ung\u00fcento que se usar\u00e1 para envolver con amor el cuerpo de Jes\u00fas bajado de la cruz (cf.\u00a0Jn\u00a019,39). El Se\u00f1or agradece que nos hagamos cargo de los cuerpos probados por el sufrimiento, de su carne m\u00e1s d\u00e9bil, del que se ha quedado atr\u00e1s, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio. La gratuidad, la misericordia hacia el que no puede restituir es preciosa a los ojos de Dios. La gratuidad es preciosa a los ojos de Dios. En este tiempo de Navidad que llega a su fin, no perdamos la ocasi\u00f3n de hacer un hermoso regalo a nuestro Rey, que vino por nosotros, no sobre los fastuosos escenarios del mundo, sino sobre la luminosa pobreza de Bel\u00e9n. Si lo hacemos as\u00ed, su luz brillar\u00e1 sobre nosotros.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra, es una s\u00edntesis de la Homil\u00eda brindada por Su Santidad Francisco esta ma\u00f1ana, en la Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or. Reunidos en la Bas\u00edlica Vaticana, el Santo Padre presidi\u00f3 la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, all\u00ed se refiri\u00f3 a la Epifan\u00eda, explic\u00e1ndonos, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3480,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[18,28,58],"class_list":["post-3479","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-papa-francisco","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3479"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3479\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}