{"id":4988,"date":"2019-03-31T09:26:25","date_gmt":"2019-03-31T12:26:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=4988"},"modified":"2019-03-31T09:26:25","modified_gmt":"2019-03-31T12:26:25","slug":"marruecos-en-la-casa-del-padre-hay-muchas-moradas-solo-quedan-afuera-aquellos-que-no-quieran-tomar-parte-de-su-alegria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/marruecos-en-la-casa-del-padre-hay-muchas-moradas-solo-quedan-afuera-aquellos-que-no-quieran-tomar-parte-de-su-alegria\/","title":{"rendered":"Marruecos | En la casa del Padre hay muchas moradas, s\u00f3lo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/obcastrensearg_papa-en-marruecos-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-4989\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/obcastrensearg_papa-en-marruecos-2-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Marruecos <\/strong>| En la casa del Padre hay muchas moradas, s\u00f3lo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegr\u00eda, la frase se desprende de la Homil\u00eda brindad por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> en el complejo deportivo <strong>Principe Moulay Abdellah<\/strong> en <strong>Rabat<\/strong>. En esta oportunidad el Santo Padre se refiri\u00f3 a la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, donde el hombre va al encuentro de sus dos hijos, all\u00ed se plantean dos escenas distintas, la primera, el encuentro de aquel que hab\u00eda abandonado el hogar y regresa arrepentido.<\/p>\n<p>La otra experiencia, es cuando, acude al encuentro de su otro hijo y lo invita a participar en la fiesta por el regreso del primero. Sobre ello, el <strong>Santo Padre<\/strong> dice, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>en el umbral de esa casa parece manifestarse el misterio de nuestra humanidad: por un lado, estaba la fiesta por el hijo encontrado y, por otro, un cierto sentimiento de traici\u00f3n e indignaci\u00f3n por festejar su regreso\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Ampliando, nos explica que en esta ense\u00f1anza se observa, <strong><em>\u201cpor un lado, la hospitalidad para aquel que hab\u00eda experimentado la miseria y el dolor, que incluso hab\u00eda llegado a oler y a querer alimentarse con lo que com\u00edan los cerdos; por otro lado, la irritaci\u00f3n y la c\u00f3lera por darle lugar a quien no era digno ni merecedor de tal abrazo\u201d.<\/em><\/strong> Algo que nos interpela desde siempre, as\u00ed lo afirmaba el <strong>Santo Padre<em>, \u201cuna tensi\u00f3n que desde Ca\u00edn y Abel nos habita y que estamos invitados a mirar de frente: \u00bfQui\u00e9n tiene derecho a permanecer entre nosotros, a tener un puesto en nuestras mesas y asambleas, en nuestras preocupaciones y ocupaciones, en nuestras plazas y ciudades? Parece continuar resonando esa pregunta fratricida: acaso \u00bfsoy guardi\u00e1n de mi hermano? (cf. Gn 4,9)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Avanzando nos explica, <strong><em>\u201cen el umbral de esa casa aparecen las divisiones y enfrentamientos, la agresividad y los conflictos que golpear\u00e1n siempre las puertas de nuestros grandes deseos, de nuestras luchas por la fraternidad y para que cada persona pueda experimentar desde ya su condici\u00f3n y dignidad de hijo\u201d.<\/em><\/strong> Revel\u00e1ndonos, <strong><em>\u201c(\u2026) la experiencia nos dice que el odio, la divisi\u00f3n y la venganza, lo \u00fanico que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El <strong>Papa<\/strong> nos recuerda, <strong><em>\u201cJes\u00fas nos invita a mirar y contemplar el coraz\u00f3n del Padre. S\u00f3lo desde ah\u00ed podremos redescubrirnos cada d\u00eda como hermanos. S\u00f3lo desde ese horizonte amplio, capaz de ayudarnos a trascender nuestras miopes l\u00f3gicas divisorias, seremos capaces de alcanzar una mirada que no pretenda clausurar ni claudicar nuestras diferencias buscando quiz\u00e1s una unidad forzada o la marginaci\u00f3n silenciosa\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, Su Santidad Francisco nos advirti\u00f3 sobre, no caer en la tentaci\u00f3n de, <strong><em>\u201c(\u2026) reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuesti\u00f3n de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos. Nuestra pertenencia y nuestra misi\u00f3n no nacer\u00e1 de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorar\u00e1n cada d\u00eda con humildad y constancia: venga a nosotros tu Reino\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Por \u00faltimo, nos record\u00f3, <strong><em>\u201cla par\u00e1bola evang\u00e9lica presenta un final abierto. Vemos al padre rogar a su hijo mayor que entre a participar de la fiesta de la misericordia. El evangelista no dice nada sobre cu\u00e1l fue la decisi\u00f3n que este tom\u00f3. \u00bfSe habr\u00e1 sumado a la fiesta? Podemos pensar que este final abierto est\u00e1 dirigido para que cada comunidad, cada uno de nosotros pueda escribirlo con su vida, con su mirada y actitud hacia los dem\u00e1s. El cristiano sabe que en la casa del Padre hay muchas moradas, s\u00f3lo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegr\u00eda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes la Homil\u00eda brindada por el <strong>Santo Padre<\/strong> en <strong>Marruecos<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abCuando todav\u00eda estaba lejos, su padre lo vio y se conmovi\u00f3 profundamente; corri\u00f3 a su encuentro, lo abraz\u00f3 y lo bes\u00f3\u00bb (Lc 15,20).<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed el evangelio nos pone en el coraz\u00f3n de la par\u00e1bola que transparenta la actitud del padre al ver volver a su hijo: tocado en las entra\u00f1as no lo deja llegar a casa cuando lo sorprende corriendo a su encuentro. Un hijo esperado y a\u00f1orado. Un padre conmovido al verlo regresar.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero no fue el \u00fanico momento en que el padre corri\u00f3. Su alegr\u00eda ser\u00eda incompleta sin la presencia de su otro hijo. Por eso tambi\u00e9n sale a su encuentro para invitarlo a participar de la fiesta (cf. v. 28). Pero, al hijo mayor parece que no le gustaban las fiestas de bienvenida, le costaba soportar la alegr\u00eda del padre, no reconoce el regreso de su hermano: \u00abese hijo tuyo\u00bb afirm\u00f3 (v. 30). Para \u00e9l su hermano sigue perdido, porque lo hab\u00eda perdido ya en su coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>En su incapacidad de participar de la fiesta, no s\u00f3lo no reconoce a su hermano, sino que tampoco reconoce a su padre. Prefiere la orfandad a la fraternidad, el aislamiento al encuentro, la amargura a la fiesta. No s\u00f3lo le cuesta entender y perdonar a su hermano, tampoco puede aceptar tener un padre capaz de perdonar, dispuesto a esperar y velar para que ninguno quede afuera, en definitiva, un padre capaz de sentir compasi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>En el umbral de esa casa parece manifestarse el misterio de nuestra humanidad: por un lado, estaba la fiesta por el hijo encontrado y, por otro, un cierto sentimiento de traici\u00f3n e indignaci\u00f3n por festejar su regreso. Por un lado, la hospitalidad para aquel que hab\u00eda experimentado la miseria y el dolor, que incluso hab\u00eda llegado a oler y a querer alimentarse con lo que com\u00edan los cerdos; por otro lado, la irritaci\u00f3n y la c\u00f3lera por darle lugar a quien no era digno ni merecedor de tal abrazo.<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed, una vez m\u00e1s sale a la luz la tensi\u00f3n que se vive al interno de nuestros pueblos y comunidades, e incluso de nosotros mismos. Una tensi\u00f3n que desde Ca\u00edn y Abel nos habita y que estamos invitados a mirar de frente: \u00bfQui\u00e9n tiene derecho a permanecer entre nosotros, a tener un puesto en nuestras mesas y asambleas, en nuestras preocupaciones y ocupaciones, en nuestras plazas y ciudades? Parece continuar resonando esa pregunta fratricida: acaso \u00bfsoy guardi\u00e1n de mi hermano? (cf. Gn 4,9).<\/em><\/p>\n<p><em>En el umbral de esa casa aparecen las divisiones y enfrentamientos, la agresividad y los conflictos que golpear\u00e1n siempre las puertas de nuestros grandes deseos, de nuestras luchas por la fraternidad y para que cada persona pueda experimentar desde ya su condici\u00f3n y dignidad de hijo.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero a su vez, en el umbral de esa casa brillar\u00e1 con toda claridad, sin elucubraciones ni excusas que le quiten fuerza, el deseo del Padre: que todos sus hijos tomen parte de su alegr\u00eda; que nadie viva en condiciones no humanas como su hijo menor, ni en la orfandad, el aislamiento o en la amargura como el hijo mayor. Su coraz\u00f3n quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4).<\/em><\/p>\n<p><em>Es cierto, son tantas las circunstancias que pueden alimentar la divisi\u00f3n y la confrontaci\u00f3n; son innegables las situaciones que pueden llevarnos a enfrentarnos y dividirnos. No podemos negarlo. Siempre nos amenaza la tentaci\u00f3n de creer en el odio y la venganza como formas leg\u00edtimas de brindar justicia de manera r\u00e1pida y eficaz. Pero la experiencia nos dice que el odio, la divisi\u00f3n y la venganza, lo \u00fanico que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso Jes\u00fas nos invita a mirar y contemplar el coraz\u00f3n del Padre. S\u00f3lo desde ah\u00ed podremos redescubrirnos cada d\u00eda como hermanos. S\u00f3lo desde ese horizonte amplio, capaz de ayudarnos a trascender nuestras miopes l\u00f3gicas divisorias, seremos capaces de alcanzar una mirada que no pretenda clausurar ni claudicar nuestras diferencias buscando quiz\u00e1s una unidad forzada o la marginaci\u00f3n silenciosa. S\u00f3lo si cada d\u00eda somos capaces de levantar los ojos al cielo y decir Padre nuestro podremos entrar en una din\u00e1mica que nos posibilite mirar y arriesgarnos a vivir no como enemigos sino como hermanos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodo lo m\u00edo es tuyo\u00bb (Lc 15,31), le dice el padre a su hijo mayor. Y no se refiere tan s\u00f3lo a los bienes materiales sino a ser part\u00edcipes tambi\u00e9n de su mismo amor y compasi\u00f3n. Esa es la mayor herencia y riqueza del cristiano. Porque en vez de medirnos o clasificarnos por una condici\u00f3n moral, social, \u00e9tnica o religiosa podamos reconocer que existe otra condici\u00f3n que nadie podr\u00e1 borrar ni aniquilar ya que es puro regalo: la condici\u00f3n de hijos amados, esperados y celebrados por el Padre.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodo lo m\u00edo es tuyo\u00bb, tambi\u00e9n mi capacidad de compasi\u00f3n, nos dice el Padre. No caigamos en la tentaci\u00f3n de reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuesti\u00f3n de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos. Nuestra pertenencia y nuestra misi\u00f3n no nacer\u00e1 de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorar\u00e1n cada d\u00eda con humildad y constancia: venga a nosotros tu Reino.<\/em><\/p>\n<p><em>La par\u00e1bola evang\u00e9lica presenta un final abierto. Vemos al padre rogar a su hijo mayor que entre a participar de la fiesta de la misericordia. El evangelista no dice nada sobre cu\u00e1l fue la decisi\u00f3n que este tom\u00f3. \u00bfSe habr\u00e1 sumado a la fiesta? Podemos pensar que este final abierto est\u00e1 dirigido para que cada comunidad, cada uno de nosotros pueda escribirlo con su vida, con su mirada y actitud hacia los dem\u00e1s. El cristiano sabe que en la casa del Padre hay muchas moradas, s\u00f3lo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Queridos hermanos, quiero darles las gracias por el modo en que dan testimonio del evangelio de la misericordia en estas tierras. Gracias por los esfuerzos realizados para que sus comunidades sean oasis de misericordia. Los animo y aliento a seguir haciendo crecer la cultura de la misericordia, una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea su sufrimiento (cf. Carta ap. Misericordia et misera, 20). Sigan cerca de los peque\u00f1os y de los pobres, de los que son rechazados, abandonados e ignorados, sigan siendo signo del abrazo y del coraz\u00f3n del Padre.<\/em><\/p>\n<p><em>Que el Misericordioso y el Clemente \u2014como lo invocan tan a menudo nuestros hermanos y hermanas musulmanas\u2014 los fortalezca y haga fecundas las obras de su amor.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marruecos | En la casa del Padre hay muchas moradas, s\u00f3lo quedan afuera aquellos que no quieran tomar parte de su alegr\u00eda, la frase se desprende de la Homil\u00eda brindad por Su Santidad Francisco en el complejo deportivo Principe Moulay Abdellah en Rabat. 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