{"id":5463,"date":"2019-04-18T10:00:43","date_gmt":"2019-04-18T13:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=5463"},"modified":"2019-04-18T10:00:43","modified_gmt":"2019-04-18T13:00:43","slug":"papa-francisco-el-que-aprende-a-ungir-y-a-bendecir-se-sana-de-la-mezquindad-del-abuso-y-de-la-crueldad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-el-que-aprende-a-ungir-y-a-bendecir-se-sana-de-la-mezquindad-del-abuso-y-de-la-crueldad\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/obcastrensearg_papa-misa-crismal.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5464\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/obcastrensearg_papa-misa-crismal-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Papa Francisco<\/strong> | <strong>El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad<\/strong>, el mensaje se desprende de la Homil\u00eda brindad por el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong> en la <strong>Santa Misa Crismal<\/strong> celebrada en la <strong>Bas\u00edlica Vaticana<\/strong> en la ma\u00f1ana del <strong>Jueves Santo<\/strong>. La Misa del Crisma fue concelebrada por el Santo Padre con los cardenales, obispos y presb\u00edteros (diocesanos y religiosos) presentes en <strong>Roma<\/strong>.<\/p>\n<p>Durante la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el momento de la sagrada ordenaci\u00f3n, luego tuvo lugar la bendici\u00f3n del aceite de los enfermos, del aceite de catec\u00famina y del Crisma. En la Homil\u00eda, el Santo Padre, reflexion\u00f3 sobre tres gracias que caracterizan la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la multitud, <strong>La gracia del seguimiento; La gracia de la admiraci\u00f3n<\/strong> y <strong>La gracia del discernimiento.<\/strong><\/p>\n<p>En primera instancia, sobre la <strong>Gracia del Seguimiento<\/strong>, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cel seguimiento de la gente va m\u00e1s all\u00e1 de todo c\u00e1lculo, es un seguimiento incondicional, lleno de cari\u00f1o. Contrasta con la mezquindad de los disc\u00edpulos cuya actitud con la gente raya en crueldad cuando le sugieren al Se\u00f1or que los despida, para que se busquen algo para comer\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando con su ense\u00f1anza, nos dijo sobre la Gracia de la Admiraci\u00f3n, <strong><em>\u201cla segunda gracia que recibe la multitud cuando sigue a Jes\u00fas es la de una admiraci\u00f3n llena de alegr\u00eda. La gente se maravillaba con Jes\u00fas (cf.\u00a0Lc\u00a011,14), con sus milagros, pero sobre todo con su misma Persona\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> tambi\u00e9n nos record\u00f3 sobre la Gracia del Discernimiento, <strong><em>\u201cCristo, la Palabra de Dios hecha carne, suscita en la gente este carisma del discernimiento; no ciertamente un discernimiento de especialistas en cuestiones disputadas\u201d.<\/em><\/strong> Luego, nos ense\u00f1aba, <strong><em>\u201cas\u00ed como la unci\u00f3n con el aceite se aplica en una parte y su acci\u00f3n ben\u00e9fica se expande por todo el cuerpo, as\u00ed el Se\u00f1or, tomando la profec\u00eda de Isa\u00edas, nombra diversas \u201cmultitudes\u201d a las que el Esp\u00edritu lo env\u00eda, siguiendo la din\u00e1mica de lo que podemos llamar una \u201cpreferencialidad inclusiva\u201d: la gracia y el carisma que se da a una persona o a un grupo en particular redunda, como toda acci\u00f3n del Esp\u00edritu, en beneficio de todos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A los Sacerdotes, les dijo, <strong><em>\u201c(\u2026) no tenemos que olvidar que nuestros modelos evang\u00e9licos son esta \u201cgente\u201d, esta multitud con estos rostros concretos, a los que la unci\u00f3n del Se\u00f1or realza y vivifica\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201cnosotros, sacerdotes, somos el pobre y quisi\u00e9ramos tener el coraz\u00f3n de la viuda pobre cuando damos limosna y le tocamos la mano al mendigo y lo miramos a los ojos\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Profundizando el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, declara, <strong><em>\u201cnosotros, sacerdotes, somos Bartimeo y cada ma\u00f1ana nos levantamos a rezar rogando: \u00abSe\u00f1or, que pueda ver\u00bb (Lc\u00a018,41). Nosotros, sacerdotes somos, en alg\u00fan punto de nuestro pecado, el herido molido a palos por los ladrones. Y queremos estar, los primeros, en las manos compasivas del Buen Samaritano, para poder luego compadecer con las nuestras a los dem\u00e1s\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Siendo mucho m\u00e1s directo, el <strong>Santo Padre<\/strong> les confes\u00f3, <strong><em>\u201cles confieso que cuando confirmo y ordeno me gusta esparcir bien el crisma en la frente y en las manos de los ungidos. Al ungir bien uno experimenta que all\u00ed se renueva la propia unci\u00f3n. Esto quiero decir: no somos repartidores de aceite en botella\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Dici\u00e9ndoles directamente, <strong><em>\u201csomos ungidos para ungir. Ungimos reparti\u00e9ndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocaci\u00f3n y nuestro coraz\u00f3n. Al ungir somos reungidos por la fe y el cari\u00f1o de nuestro pueblo. Ungimos ensuci\u00e1ndonos las manos al tocar las heridas, los pecados y las angustias de la gente; ungimos perfum\u00e1ndonos las manos al tocar su fe, sus esperanzas, su fidelidad y la generosidad incondicional de su entrega que muchas personas ilustradas consideran como una superstici\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Para casi al final les revel\u00f3, <strong><em>\u201cel que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes, la versi\u00f3n en castellano compartida por el Departamento de Prensa de la Santa Sede de la Homil\u00eda brindada por el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>El Evangelio de Lucas que acabamos de escuchar nos hace revivir la emoci\u00f3n de aquel momento en el que el Se\u00f1or hace suya la profec\u00eda de Isa\u00edas, ley\u00e9ndola solemnemente en medio de su gente. La sinagoga de Nazaret estaba llena de parientes, vecinos, conocidos, amigos&#8230; y no tanto. Y todos ten\u00edan los ojos fijos en \u00c9l. La Iglesia siempre tiene los ojos fijos en Jesucristo, el Ungido a quien el Esp\u00edritu env\u00eda para ungir al Pueblo de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>Los evangelios nos presentan a menudo esta imagen del Se\u00f1or en medio de la multitud, rodeado y apretujado por la gente que le acerca sus enfermos, le ruega que expulse los malos esp\u00edritus, escucha sus ense\u00f1anzas y camina con \u00c9l. \u00abMis ovejas oyen mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen\u00bb (Jn\u00a010,27-28).<\/em><\/p>\n<p><em>El Se\u00f1or nunca perdi\u00f3 este contacto directo con la gente, siempre mantuvo la gracia de la cercan\u00eda, con el pueblo en su conjunto y con cada persona en medio de esas multitudes. Lo vemos en su vida p\u00fablica, y fue as\u00ed desde el comienzo: el resplandor del Ni\u00f1o atrajo mansamente a pastores, a reyes y a ancianos so\u00f1adores como Sime\u00f3n y Ana. Tambi\u00e9n fue as\u00ed en la Cruz; su Coraz\u00f3n atrae a todos hacia s\u00ed (cf.\u00a0Jn\u00a012,32): Ver\u00f3nicas, cireneos, ladrones, centuriones&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>No es despreciativo el t\u00e9rmino \u201cmultitud\u201d. Quiz\u00e1s en el o\u00eddo de alguno, multitud pueda sonar a masa an\u00f3nima, indiferenciada&#8230; Pero en el Evangelio vemos que cuando interact\u00faan con el Se\u00f1or \u2014que se mete en ellas como un pastor en su reba\u00f1o\u2014 las multitudes se transforman. En el interior de la gente se despierta el deseo de\u00a0seguir\u00a0a Jes\u00fas, brota la\u00a0admiraci\u00f3n, se cohesiona el\u00a0discernimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>Quisiera reflexionar con ustedes acerca de estas tres gracias que caracterizan la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la multitud.<\/em><\/p>\n<p><em><strong>La gracia del seguimiento<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>Dice Lucas que las multitudes \u00ablo buscaban\u00bb (Lc\u00a04,42) y \u00ablo segu\u00edan\u00bb (Lc 14,25), \u201clo apretujaban\u201d, \u201clo rodeaban\u201d (cf.\u00a0Lc\u00a08,42-45) y \u00abse juntaban para escucharlo\u00bb (Lc\u00a05,15). El seguimiento de la gente va m\u00e1s all\u00e1 de todo c\u00e1lculo, es un seguimiento incondicional, lleno de cari\u00f1o. Contrasta con la mezquindad de los disc\u00edpulos cuya actitud con la gente raya en crueldad cuando le sugieren al Se\u00f1or que los despida, para que se busquen algo para comer. Aqu\u00ed, creo yo, empez\u00f3 el clericalismo: en este querer asegurarse la comida y la propia comodidad desentendi\u00e9ndose de la gente. El Se\u00f1or cort\u00f3 en seco esta tentaci\u00f3n. \u00ab\u00a1Denles ustedes de comer!\u00bb (Mc\u00a06,37), fue la respuesta de Jes\u00fas; \u00ab\u00a1h\u00e1ganse cargo de la gente!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em><strong>La gracia de la admiraci\u00f3n<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>La segunda gracia que recibe la multitud cuando sigue a Jes\u00fas es la de una admiraci\u00f3n llena de alegr\u00eda. La gente se maravillaba con Jes\u00fas (cf.\u00a0Lc\u00a011,14), con sus milagros, pero sobre todo con su misma Persona. A la gente le encantaba saludarlo por el camino, hacerse bendecir y bendecirlo, como aquella mujer que en medio de la multitud le bendijo a su Madre. Y el Se\u00f1or, por su parte, se admiraba de la fe de la gente, se alegraba y no perd\u00eda oportunidad para hacerlo notar.<\/em><\/p>\n<p><em><strong>La gracia del discernimiento<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>La tercera gracia que recibe la gente es la del discernimiento. \u00abLa multitud se daba cuenta (a d\u00f3nde se hab\u00eda ido Jes\u00fas) y lo segu\u00eda\u00bb (Lc\u00a09,11). \u00abSe admiraban de su doctrina, porque ense\u00f1aba con autoridad\u00bb (Mt\u00a07,28-29; cf.\u00a0Lc\u00a05,26). Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, suscita en la gente este carisma del discernimiento; no ciertamente un discernimiento de especialistas en cuestiones disputadas. Cuando los fariseos y los doctores de la ley discut\u00edan con \u00c9l, lo que discern\u00eda la gente era la autoridad de Jes\u00fas: la fuerza de su doctrina para entrar en los corazones y el hecho de que los malos esp\u00edritus le obedecieran; y que adem\u00e1s, por un momento, dejara sin palabras a los que implementaban di\u00e1logos tramposos. La gente gozaba con esto. Sab\u00eda distinguir y gozaba.<\/em><\/p>\n<p><em>Ahondemos un poco m\u00e1s en esta visi\u00f3n evang\u00e9lica de la multitud. Lucas se\u00f1ala cuatro grandes grupos que son destinatarios preferenciales de la unci\u00f3n del Se\u00f1or: los pobres, los prisioneros de guerra, los ciegos, los oprimidos. Los nombra en general, pero vemos despu\u00e9s con alegr\u00eda que, a lo largo de la vida del Se\u00f1or, estos ungidos ir\u00e1n adquiriendo rostro y nombre propios. As\u00ed como la unci\u00f3n con el aceite se aplica en una parte y su acci\u00f3n ben\u00e9fica se expande por todo el cuerpo, as\u00ed el Se\u00f1or, tomando la profec\u00eda de Isa\u00edas, nombra diversas \u201cmultitudes\u201d a las que el Esp\u00edritu lo env\u00eda, siguiendo la din\u00e1mica de lo que podemos llamar una \u201cpreferencialidad inclusiva\u201d: la gracia y el carisma que se da a una persona o a un grupo en particular redunda, como toda acci\u00f3n del Esp\u00edritu, en beneficio de todos.<\/em><\/p>\n<p><em>Los pobres\u00a0(ptochoi) son los que est\u00e1n doblados, como los mendigos que se inclinan para pedir. Pero tambi\u00e9n es pobre (ptoch\u00e8) la viuda, que unge con sus dedos las dos moneditas que eran todo lo que ten\u00eda ese d\u00eda para vivir.\u00a0La unci\u00f3n de esa viuda para dar limosna\u00a0pasa desapercibida a los ojos de todos, salvo a los de Jes\u00fas, que mira con bondad su peque\u00f1ez. Con ella el Se\u00f1or puede cumplir en plenitud su misi\u00f3n de anunciar el evangelio a los pobres. Parad\u00f3jicamente, la buena noticia de que existe gente as\u00ed, la escuchan los disc\u00edpulos. Ella, la mujer generosa, ni se enter\u00f3 de que \u201chab\u00eda salido en el Evangelio\u201d \u2014es decir, que su gesto ser\u00eda publicado en el Evangelio\u2014: el alegre anuncio de que sus acciones \u201cpesan\u201d en el Reino y valen m\u00e1s que todas las riquezas del mundo, ella lo vive desde adentro, como tantas santas y santos \u201cde la puerta de al lado\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>Los ciegos\u00a0est\u00e1n representados por uno de los rostros m\u00e1s simp\u00e1ticos del evangelio: el de Bartimeo (cf.\u00a0Mc\u00a010,46-52), el mendigo ciego que recuper\u00f3 la vista y, a partir de ah\u00ed, solo tuvo ojos para seguir a Jes\u00fas por el camino.\u00a0\u00a1La unci\u00f3n de la mirada!Nuestra mirada, a la que los ojos de Jes\u00fas pueden devolver ese brillo que solo el amor gratuito puede dar, ese brillo que a diario nos lo roban las im\u00e1genes interesadas o banales con que nos atiborra el mundo.<\/em><\/p>\n<p><em>Para nombrar a\u00a0los oprimidos\u00a0(tethrausmenous), Lucas usa una expresi\u00f3n que contiene la palabra \u201ctrauma\u201d. Ella basta para evocar la Par\u00e1bola, quiz\u00e1s la preferida de Lucas, la del Buen Samaritano que unge con aceite y venda las heridas (traumata:\u00a0Lc10,34) del hombre que hab\u00eda sido molido a palos y estaba tirado al costado del camino.\u00a0\u00a1La unci\u00f3n de la carne herida de Cristo! En esa unci\u00f3n est\u00e1 el remedio para todos los traumas que dejan a personas, a familias y a pueblos enteros fuera de juego, como excluidos y sobrantes, al costado de la historia.<\/em><\/p>\n<p><em>Los cautivos\u00a0son los prisioneros de guerra (aichmalotos), los que eran llevados a punta de lanza (aichm\u00e9). Jes\u00fas usar\u00e1 la expresi\u00f3n al referirse a la cautividad y deportaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, su ciudad amada (Lc\u00a021,24). Hoy las ciudades se cautivan no tanto a punta de lanza sino con los medios m\u00e1s sutiles de colonizaci\u00f3n ideol\u00f3gica. Solo\u00a0la unci\u00f3n de la propia cultura, amasada con el trabajo y el arte de nuestros mayores, puede liberar a nuestras ciudades de estas nuevas esclavitudes.<\/em><\/p>\n<p><em>Viniendo a nosotros, queridos hermanos sacerdotes, no tenemos que olvidar que nuestros modelos evang\u00e9licos son esta \u201cgente\u201d, esta multitud con estos rostros concretos, a los que la unci\u00f3n del Se\u00f1or realza y vivifica. Ellos son los que completan y vuelven real la unci\u00f3n del Esp\u00edritu en nosotros, que hemos sido ungidos para ungir. Hemos sido tomados de en medio de ellos y sin temor nos podemos identificar con esta gente sencilla. Cada uno de nosotros tiene su propia historia. Un poco de memoria nos har\u00e1 mucho bien. Ellos son imagen de nuestra alma e imagen de la Iglesia. Cada uno encarna el coraz\u00f3n \u00fanico de nuestro pueblo.<\/em><\/p>\n<p><em>Nosotros, sacerdotes, somos el pobre y quisi\u00e9ramos tener el coraz\u00f3n de la viuda pobre cuando damos limosna y le tocamos la mano al mendigo y lo miramos a los ojos. Nosotros, sacerdotes, somos Bartimeo y cada ma\u00f1ana nos levantamos a rezar rogando: \u00abSe\u00f1or, que pueda ver\u00bb (Lc\u00a018,41). Nosotros, sacerdotes somos, en alg\u00fan punto de nuestro pecado, el herido molido a palos por los ladrones. Y queremos estar, los primeros, en las manos compasivas del Buen Samaritano, para poder luego compadecer con las nuestras a los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Les confieso que cuando confirmo y ordeno me gusta esparcir bien el crisma en la frente y en las manos de los ungidos. Al ungir bien uno experimenta que all\u00ed se renueva la propia unci\u00f3n. Esto quiero decir: no somos repartidores de aceite en botella. Somos ungidos para ungir. Ungimos reparti\u00e9ndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocaci\u00f3n y nuestro coraz\u00f3n. Al ungir somos reungidos por la fe y el cari\u00f1o de nuestro pueblo. Ungimos ensuci\u00e1ndonos las manos al tocar las heridas, los pecados y las angustias de la gente; ungimos perfum\u00e1ndonos las manos al tocar su fe, sus esperanzas, su fidelidad y la generosidad incondicional de su entrega que muchas personas ilustradas consideran como una superstici\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad.<\/em><\/p>\n<p><em>Recemos, querid\u00edsimos hermanos, meti\u00e9ndonos con Jes\u00fas en medio de nuestra gente, es el puesto m\u00e1s hermoso. El Padre\u00a0renueve en nosotros la efusi\u00f3n de su Esp\u00edritu de santidad\u00a0y haga que\u00a0nos unamos para implorar su misericordia para el pueblo que nos fue confiado y para el mundo entero. As\u00ed la multitud de las gentes, reunidas en Cristo, puedan llegar a ser el \u00fanico Pueblo fiel de Dios, que tendr\u00e1 su plenitud en el Reino (cf.\u00a0Plegaria de ordenaci\u00f3n de presb\u00edteros).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p><center><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/R3SMlKWQPsI?controls=0\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen><\/iframe><\/center><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad, el mensaje se desprende de la Homil\u00eda brindad por el Santo Padre Francisco en la Santa Misa Crismal celebrada en la Bas\u00edlica Vaticana en la ma\u00f1ana del Jueves Santo. 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