{"id":5853,"date":"2019-05-07T16:45:30","date_gmt":"2019-05-07T19:45:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=5853"},"modified":"2019-05-07T16:45:30","modified_gmt":"2019-05-07T19:45:30","slug":"macedonia-del-norte-para-renovarnos-a-nosotros-mismos-a-veces-hay-que-dar-un-paso-atras-y-reencontrarse-con-el-senor-retomar-la-memoria-de-la-primera-llamada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/macedonia-del-norte-para-renovarnos-a-nosotros-mismos-a-veces-hay-que-dar-un-paso-atras-y-reencontrarse-con-el-senor-retomar-la-memoria-de-la-primera-llamada\/","title":{"rendered":"Macedonia del Norte | Para renovarnos a nosotros mismos, a veces hay que dar un paso atr\u00e1s y reencontrarse con el Se\u00f1or, retomar la memoria de la primera llamada"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/obcastrensearg_papa-en-macedonia-del-norte-05.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5854\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/obcastrensearg_papa-en-macedonia-del-norte-05-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Macedonia del Norte<\/strong> | <strong>Para renovarnos a nosotros mismos, a veces hay que dar un paso atr\u00e1s y reencontrarse con el Se\u00f1or, retomar la memoria de la primera llamada<\/strong>, el mensaje fue expresado por el <strong>Santo Padre<\/strong> en su encuentro celebrado junto a los sacerdotes de rito bizantino, sus familias y religiosas en la <strong>Catedral del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/strong> en la ciudad de <strong>Skopje<\/strong>. Al escuchar el testimonio de uno de los presentes, <strong>Su Santidad Francisco <\/strong>se\u00f1alo ver la imagen de la <strong>Madre Sant\u00edsima<\/strong>, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>Mar\u00eda que, tomando una libra de nardo puro, ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas y los sec\u00f3 con sus cabellos\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>A\u00a0 lo que agreg\u00f3, <strong><em>\u201cel evangelista termina describi\u00e9ndonos la escena diciendo: \u00abLa casa se llen\u00f3 de la fragancia del perfume\u00bb (Jn 12,3). Tan s\u00f3lo una libra de nardo fue capaz de impregnarlo todo y dejar una huella inconfundible. <\/em><\/strong>Partiendo de all\u00ed, el <strong>Santo Padre<\/strong> dijo, <strong><em>\u201cen muchas situaciones sentimos la necesidad de hacer n\u00fameros: comenzamos a mirar cu\u00e1ntos somos\u2026 y somos pocos, despu\u00e9s vemos la cantidad de casas y obras que hay que sostener\u2026 y son muchas\u2026 Podr\u00edamos seguir enumerando las m\u00faltiples realidades en las que experimentamos la precariedad de recursos que poseemos para llevar adelante el mandato misionero que nos fue confiado. Cuando esto sucede pareciera que el balance est\u00e1 siempre en \u2039n\u00fameros rojos\u203a\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero, al mismo tiempo, les revel\u00f3, <strong><em>\u201cHermanos: \u201cHacer n\u00fameros\u201d es necesario siempre que nos ayude a descubrir y a ponernos en contacto con tantas vidas y situaciones que a diario tienen dificultad para hacer cuadrar los n\u00fameros: familias que no pueden salir adelante, personas ancianas y solas, enfermos postrados en cama, j\u00f3venes entristecidos y sin futuro, pobres que nos recuerdan lo que somos; una Iglesia de mendicantes necesitados de la misericordia del Se\u00f1or\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Su Santidad<\/strong>, avanzando, les se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cs\u00f3lo es l\u00edcito hacer n\u00fameros para decir con fuerza e implorar con nuestro pueblo: \u201cVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d.<\/em><\/strong> Tambi\u00e9n, volvi\u00f3 a recordar la figura de la <strong>Madre Teresa<\/strong>, de quien dijo es, <strong><em>\u201c(\u2026) un signo concreto de c\u00f3mo la precariedad de una persona, ungida por el Se\u00f1or, fue capaz de impregnarlo todo cuando el perfume de las bienaventuranzas se derram\u00f3 sobre los pies cansados de nuestra humanidad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pensando en los muchos que vivieron en su tiempo y vieron su misi\u00f3n, el <strong>Santo Padre<\/strong> exclam\u00f3, <strong><em>\u201ccu\u00e1ntos encontraron calma gracias a la ternura de su mirada, se sintieron confortados con sus caricias, aliviados con su esperanza y alimentados con la valent\u00eda de su fe capaz de hacer sentir a los m\u00e1s olvidados que Dios no los olvidaba\u201d.<\/em><\/strong> Avanzando, y comentando la experiencia puntual de un sacerdote, les cont\u00f3, <strong><em>\u201cpara renovarnos a nosotros mismos, a veces hay que dar un paso atr\u00e1s y reencontrarse con el Se\u00f1or, retomar la memoria de la primera llamada\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En esa actitud, existe la base de la renovaci\u00f3n, as\u00ed lo se\u00f1alaba Su Santidad, <strong><em>\u201cla memoria de la primera llamada es un sacramental. Es cierto que, las dificultades, los trabajos apost\u00f3licos, te agotan la vida, y se puede perder la ilusi\u00f3n, se puede perder tambi\u00e9n el deseo de la oraci\u00f3n, de encontrar al Se\u00f1or. Si te sientes as\u00ed, p\u00e1rate, vuelve atr\u00e1s, encu\u00e9ntrate con el Se\u00f1or de la primera llamada. Esta memoria te salvar\u00e1\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el Pont\u00edfice record\u00f3 las palabras de la Madre Teresa, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>\u00abLo que no me sirve, me pesa\u00bb. Dejemos todos los pesos que nos separan de la misi\u00f3n e impiden que el perfume de la misericordia llegue al rostro de nuestros hermanos. Tan s\u00f3lo una libra de nardo fue capaz de impregnarlo todo y dejar una huella inconfundible.<\/em><\/strong><strong><em> No nos privemos de lo mejor de nuestra misi\u00f3n, no apaguemos los latidos del esp\u00edritu\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes el mensaje completo, brindado por el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>Gracias por la oportunidad que me brind\u00e1is de poder encontraros. Vivo con especial gratitud este momento en que puedo ver a la Iglesia respirando plenamente con sus dos pulmones \u2014rito latino y rito bizantino\u2014 para llenarse del aire siempre nuevo y renovador del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Dos pulmones necesarios, complementarios, que nos ayudan a gustar mejor la belleza del Se\u00f1or (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 116). Demos gracias por la posibilidad de respirar juntos, a pleno pulm\u00f3n, lo bueno que el Se\u00f1or ha sido con nosotros.<\/p>\n<p>Les agradezco sus testimonios, que quisiera retomar. Ustedes mencionaban el hecho de ser pocos y el riesgo de ceder a cierto complejo de inferioridad. Mientras los escuchaba, me ven\u00eda a la mente la imagen de Mar\u00eda que, tomando una libra de nardo puro, ungi\u00f3 los pies de Jes\u00fas y los sec\u00f3 con sus cabellos.<\/p>\n<p>El evangelista termina describi\u00e9ndonos la escena diciendo: \u00abLa casa se llen\u00f3 de la fragancia del perfume\u00bb (Jn 12,3). Tan s\u00f3lo una libra de nardo fue capaz de impregnarlo todo y dejar una huella inconfundible.<\/p>\n<p>En muchas situaciones sentimos la necesidad de hacer n\u00fameros: comenzamos a mirar cu\u00e1ntos somos\u2026 y somos pocos, despu\u00e9s vemos la cantidad de casas y obras que hay que sostener\u2026 y son muchas\u2026 Podr\u00edamos seguir enumerando las m\u00faltiples realidades en las que experimentamos la precariedad de recursos que poseemos para llevar adelante el mandato misionero que nos fue confiado. Cuando esto sucede pareciera que el balance est\u00e1 siempre en \u201cn\u00fameros rojos\u201d.<\/p>\n<p>Es cierto, el Se\u00f1or nos dijo: si quieres construir una torre, calcula los gastos \u00abno sea que, una vez puestos los cimientos, no puedas acabar\u00bb (Lc 14,29). Pero el \u201chacer n\u00fameros\u201d nos puede llevar a la tentaci\u00f3n de mirarnos demasiado a nosotros mismos, y encorvados sobre nuestra realidad y miserias podemos terminar casi como los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, proclamando el kerigma con nuestros labios mientras nuestro coraz\u00f3n se encierra en un silencio marcado por una sutil frustraci\u00f3n que le impide sentir a Aquel que camina a nuestro lado que es fuente de gozo y alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Hermanos: \u201cHacer n\u00fameros\u201d es necesario siempre que nos ayude a descubrir y a ponernos en contacto con tantas vidas y situaciones que a diario tienen dificultad para hacer cuadrar los n\u00fameros: familias que no pueden salir adelante, personas ancianas y solas, enfermos postrados en cama, j\u00f3venes entristecidos y sin futuro, pobres que nos recuerdan lo que somos; una Iglesia de mendicantes necesitados de la misericordia del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>S\u00f3lo es l\u00edcito \u201chacer n\u00fameros\u201d si esto nos permite ponernos en movimiento para volvernos solidarios, atentos, comprensivos y sol\u00edcitos para tocar los cansancios y la precariedad en la que est\u00e1n sumergidos tantos hermanos nuestros y necesitados de una Unci\u00f3n que los levante y los cure en su esperanza.<\/p>\n<p>S\u00f3lo es l\u00edcito hacer n\u00fameros para decir con fuerza e implorar con nuestro pueblo: \u201cVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d.<\/p>\n<p>No quisiera abusar de su imagen, pero precisamente esta tierra ha sabido regalarle al mundo y a la Iglesia, en la Madre Teresa, un signo concreto de c\u00f3mo la precariedad de una persona, ungida por el Se\u00f1or, fue capaz de impregnarlo todo cuando el perfume de las bienaventuranzas se derram\u00f3 sobre los pies cansados de nuestra humanidad.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntos encontraron calma gracias a la ternura de su mirada, se sintieron confortados con sus caricias, aliviados con su esperanza y alimentados con la valent\u00eda de su fe capaz de hacer sentir a los m\u00e1s olvidados que Dios no los olvidaba. La historia la escriben esas personas que no tienen miedo a gastar su vida por amor: cada vez que lo hab\u00e9is hecho con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, a m\u00ed me lo hab\u00e9is hecho (cf. Mt 25,40).<\/p>\n<p>Cu\u00e1nta sabidur\u00eda revisten las palabras de santa Teresa Benedicta de la Cruz cuando afirmaba: \u00abSeguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cu\u00e1les sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que s\u00f3lo sabremos el d\u00eda en que todo lo oculto ser\u00e1 revelado\u00bb.<\/p>\n<p>Es cierto, cultivamos muchas veces una imaginaci\u00f3n sin l\u00edmites pensando en que las cosas ser\u00edan diferentes si fu\u00e9ramos fuertes, potentes e influyentes. Pero, \u00bfno ser\u00e1 que el secreto de nuestra fuerza, potencia, influencia e inclusive juventud est\u00e1 en otro lado y no en que \u201ccuadren los n\u00fameros\u201d? Les pregunto esto, porque me impact\u00f3 el testimonio de Davor cuando nos contaba lo que marc\u00f3 su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Fuiste muy claro: lo que te salv\u00f3 del carrerismo fue volver a la vocaci\u00f3n primera, y salir a buscar al Se\u00f1or resucitado all\u00ed donde se le pod\u00eda encontrar. Dejando seguridades, saliste para caminar las calles, las plazas de esta ciudad, ah\u00ed sentiste c\u00f3mo se renovaba tu vocaci\u00f3n y tu vida; bajando a la vida cotidiana de tus hermanos para compartir y ungir con el perfume del Esp\u00edritu, tu coraz\u00f3n sacerdotal comenz\u00f3 a latir de nuevo con mayor intensidad.<\/p>\n<p>Te acercaste a ungir los pies cansados del Maestro, los pies cansados de personas concretas, all\u00ed donde se encontraban, y el Se\u00f1or te estaba esperando para ungirte nuevamente en tu vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto es muy importante. Para renovarnos a nosotros mismos, a veces hay que dar un paso atr\u00e1s y reencontrarse con el Se\u00f1or, retomar la memoria de la primera llamada. El autor de la Carta a los Hebreos dice a los cristianos: \u2018Acordaos de los primeros d\u00edas\u2019. Recordar la belleza de aquel encuentro con Jes\u00fas que te ha llamado. En aquel encuentro con la mirada de Jes\u00fas, tomar las fuerzas para seguir adelante. Nunca perder la memoria de la primera llamada. La memoria de la primera llamada es un sacramental. Es cierto que, las dificultades, los trabajos apost\u00f3licos, te agotan la vida, y se puede perder la ilusi\u00f3n, se puede perder tambi\u00e9n el deseo de la oraci\u00f3n, de encontrar al Se\u00f1or. Si te sientes as\u00ed, p\u00e1rate, vuelve atr\u00e1s, encu\u00e9ntrate con el Se\u00f1or de la primera llamada. Esta memoria te salvar\u00e1.<\/p>\n<p>Muchas veces gastamos nuestras energ\u00edas y recursos, nuestras reuniones, discusiones y programaciones en conservar enfoques, ritmos, encuadres, que no s\u00f3lo no entusiasman a nadie, sino que son incapaces de aportar un poco de ese aroma evang\u00e9lico que conforte y abra caminos de esperanza, priv\u00e1ndonos de ese encuentro personal con los otros.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 justas las palabras de Madre Teresa: \u00abLo que no me sirve, me pesa\u00bb. Dejemos todos los pesos que nos separan de la misi\u00f3n e impiden que el perfume de la misericordia llegue al rostro de nuestros hermanos. Tan s\u00f3lo una libra de nardo fue capaz de impregnarlo todo y dejar una huella inconfundible.<\/p>\n<p>No nos privemos de lo mejor de nuestra misi\u00f3n, no apaguemos los latidos del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Les agradezco, padre Goce y Gabriela, y a vuestros hijos Filip, Blagoj, Luca e Ivan, que hay\u00e1is compartido con nosotros las alegr\u00edas y preocupaciones del ministerio y de la vida familiar. As\u00ed como el secreto para poder llevar adelante los momentos dif\u00edciles que habr\u00e1n tenido que pasar.<\/p>\n<p>Su testimonio tiene ese \u201caroma evang\u00e9lico\u201d de las primeras comunidades. Recordemos \u00abel Nuevo Testamento cuando se habla de \u201cla iglesia que se re\u00fane en la casa\u201d (cf. 1 Co 16,19; Rm 16,5; Col 4,15; Flm 2). El espacio vital de una familia se pod\u00eda transformar en iglesia dom\u00e9stica, en sede de la Eucarist\u00eda, de la presencia de Cristo sentado a la misma mesa.<\/p>\n<p>Es inolvidable la escena pintada en el Apocalipsis: \u201cEstoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, yo entrar\u00e9 en su casa, cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u201d (3,20). As\u00ed se delinea una casa que lleva en su interior la presencia de Dios, la oraci\u00f3n com\u00fan y por lo tanto la bendici\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb (Exhort. apost. postsin. Amoris laetitia, 15). As\u00ed testimonian vivamente c\u00f3mo \u00abla fe no nos aleja del mundo, sino que nos introduce m\u00e1s profundamente en \u00e9l\u00bb (ib\u00edd., 181).<\/p>\n<p>No desde lo que nos gustar\u00eda que fuese, no como \u201cperfectos\u201d o inmaculados, sino en la precariedad de nuestras vidas, de nuestras familias ungidas todos los d\u00edas en la confianza del amor incondicional que Dios nos tiene. Confianza que nos lleva, como bien nos lo recordaste, padre Goce, a desarrollar unas dimensiones tan importantes como olvidadas en una sociedad consumida por las relaciones fren\u00e9ticas y superficiales: las dimensiones de la ternura, la paciencia y la compasi\u00f3n hacia los otros.<\/p>\n<p>Me gusta siempre pensar en cada familia como \u00abicono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite tr\u00e1gicamente todav\u00eda hoy en tantas familias de pr\u00f3fugos miserables y hambrientos\u00bb; son capaces, por medio de la fe amasada en esas luchas cotidianas, de \u00abtransformar una cueva de animales en la casa de Jes\u00fas, con unos pobres pa\u00f1ales y una monta\u00f1a de ternura\u00bb (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 286).<\/p>\n<p>Los medios materiales son necesarios, pero no son lo m\u00e1s importante. Por esto, no pierdan la capacidad de acariciar. No pierdan la ternura ministerial ni la ternura de la consagraci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Gracias por transparentar el rostro hogare\u00f1o del Dios con nosotros que no deja de sorprendernos entre las ollas.<\/p>\n<p>Queridos hermanos: Nuevamente gracias por esta oportunidad eclesial de respirar a pleno pulm\u00f3n, pid\u00e1mosle al Esp\u00edritu que no deje de renovarnos en la misi\u00f3n con la confianza de saber que \u00e9l quiere impregnarlo todo con su presencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Macedonia del Norte | Para renovarnos a nosotros mismos, a veces hay que dar un paso atr\u00e1s y reencontrarse con el Se\u00f1or, retomar la memoria de la primera llamada, el mensaje fue expresado por el Santo Padre en su encuentro celebrado junto a los sacerdotes de rito bizantino, sus familias y religiosas en la Catedral [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5854,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[18,28,58,144,230],"class_list":["post-5853","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-papa-francisco","tag-santa-sede","tag-viaje-apostolico","tag-visita-apostolica-a-macedonia-del-norte"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5853","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5853"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5853\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5853"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5853"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5853"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}