{"id":6548,"date":"2019-05-31T06:00:33","date_gmt":"2019-05-31T09:00:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=6548"},"modified":"2019-05-31T06:00:33","modified_gmt":"2019-05-31T09:00:33","slug":"rumania-vengo-como-peregrino-deseoso-de-ver-el-rostro-del-senor-en-el-rostro-de-los-hermanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/rumania-vengo-como-peregrino-deseoso-de-ver-el-rostro-del-senor-en-el-rostro-de-los-hermanos\/","title":{"rendered":"Rumania | \u00a0Vengo como peregrino deseoso de ver el Rostro del Se\u00f1or en el rostro de los hermanos"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/obcastrensearg_papa-en-rumania-00.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6549\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/obcastrensearg_papa-en-rumania-00-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Rumania<\/strong> | \u00a0<strong>Vengo como peregrino deseoso de ver el Rostro del Se\u00f1or en el rostro de los hermanos<\/strong>, la frase la se\u00f1alaba <strong>Su Santidad<\/strong> en el encuentro celebrado entre el Patriarca Daniel y los Obispos del Santo S\u00ednodo de la Iglesia Ortodoxa. En su mensaje tambi\u00e9n record\u00f3 a su antecesor, <strong>San Juan Pablo II<\/strong>, cuando <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>hace veinte a\u00f1os, ante este Santo S\u00ednodo, el papa Juan Pablo II dijo: \u00abhe venido a contemplar el rostro de Cristo grabado en vuestra Iglesia; he venido a venerar este rostro sufriente, prenda de una nueva esperanza\u00bb (Discurso al Patriarca Teoctist y al Santo S\u00ednodo, 8 mayo 1999:\u00a0Insegnamenti\u00a0XXII,1 [1999], 938)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el <strong>Santo Padre<\/strong>, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201clos lazos de fe que nos unen se remontan a los Ap\u00f3stoles, testigos del Resucitado, en particular al v\u00ednculo que un\u00eda Pedro a Andr\u00e9s, que seg\u00fan la tradici\u00f3n trajo la fe a estas tierras\u201d. <\/em><\/strong>Avanzando, dec\u00eda, <strong><em>\u201caqu\u00ed \u2014como en tantos otros lugares actuales\u2014 hab\u00e9is experimentado la Pascua de muerte y resurrecci\u00f3n: muchos hijos e hijas de este pa\u00eds, de diferentes Iglesias y comunidades cristianas, han sufrido el viernes de la persecuci\u00f3n, han atravesado el s\u00e1bado del silencio, han vivido el domingo del renacimiento. \u00a1Cu\u00e1ntos m\u00e1rtires y confesores de la fe! Muchos, de confesiones distintas y en tiempos recientes, han estado en prisi\u00f3n uno al lado del otro apoy\u00e1ndose mutuamente\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Su Santidad<\/strong>, tambi\u00e9n recordaba, <strong><em>\u201caquello por lo que han sufrido, hasta el punto de ofrecer sus vidas, es una herencia demasiado valiosa para que sea olvidada o mancillada. Y es una\u00a0herencia com\u00fan\u00a0que nos llama a no distanciarnos del hermano que la comparte\u201d. <\/em><\/strong>Se\u00f1al\u00f3 adem\u00e1s, <strong><em>\u201ccaminar juntos a la escucha del Se\u00f1or. Nos sirve de ejemplo lo que el Se\u00f1or hizo el d\u00eda de Pascua, cuando caminaba con los disc\u00edpulos hacia Ema\u00fas. Ellos discut\u00edan de lo que hab\u00eda sucedido, de sus inquietudes, dudas e interrogantes. El Se\u00f1or los escuch\u00f3 pacientemente y con toda franqueza convers\u00f3 con ellos ayud\u00e1ndolos a entender y discernir lo que hab\u00eda sucedido (cf.\u00a0Lc\u00a024,15-27)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, el <strong>Santo Padre<\/strong> no explicaba por qu\u00e9 debemos escuchar juntos al Se\u00f1or, y en especial en \u00e9sta \u00e9poca, donde vivimos en un mundo que cambia tan abruptamente en sus caracter\u00edsticas sociales. As\u00ed lo esclarec\u00eda, <strong><em>\u201cson muchos los que se han beneficiado del desarrollo tecnol\u00f3gico y el bienestar econ\u00f3mico, pero la mayor\u00eda de ellos han quedado inevitablemente excluidos, mientras que una globalizaci\u00f3n uniformadora ha contribuido a desarraigar los valores de los pueblos, debilitando la \u00e9tica y la vida en com\u00fan, contaminada en tiempos recientes por una sensaci\u00f3n generalizada de miedo y que, a menudo fomentada a prop\u00f3sito, lleva a actitudes de aislamiento y odio. Tenemos necesidad de ayudarnos para no rendirnos a las seducciones de una \u201ccultura del odio\u201d, de una cultura\u00a0individualista que, tal vez no sea tan ideol\u00f3gica como en los tiempos de la persecuci\u00f3n ate\u00edsta, es sin embargo m\u00e1s persuasiva e igual de materialista\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, nos revelaba, <strong><em>\u201cla fragilidad de los v\u00ednculos, que termina aislando a las personas, afecta en particular a la c\u00e9lula fundamental de la sociedad, la familia, y nos pide el esfuerzo de salir e ir en ayuda de las dificultades de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los m\u00e1s j\u00f3venes, no con desaliento y nostalgia, como los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, sino con el deseo de comunicar a Jes\u00fas resucitado, coraz\u00f3n de la esperanza\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes el mensaje brindado por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p>Santidad, venerables Metropolitas y Obispos del Santo S\u00ednodo:<\/p>\n<p><em>Cristos a \u00eenviat!\u00a0<\/em>[\u00a1Cristo ha resucitado!] La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or es el coraz\u00f3n del anuncio apost\u00f3lico, transmitido y custodiado por nuestras Iglesias. El d\u00eda de Pascua, los Ap\u00f3stoles se regocijaron al ver al Resucitado (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a020,20). En este tiempo de Pascua, tambi\u00e9n yo me regocijo al contemplar un reflejo de \u00e9l en vuestros rostros, queridos Hermanos. Hace veinte a\u00f1os, ante este Santo S\u00ednodo, el papa Juan Pablo II dijo: \u00abhe venido a contemplar el rostro de Cristo grabado en vuestra Iglesia; he venido a venerar este rostro sufriente, prenda de una nueva esperanza\u00bb (<em>Discurso al Patriarca Teoctist y al Santo S\u00ednodo<\/em>, 8 mayo 1999:\u00a0<em>Insegnamenti\u00a0<\/em>XXII,1 [1999], 938). Tambi\u00e9n yo he venido aqu\u00ed hoy, peregrino, hermano peregrino, deseoso de ver el Rostro del Se\u00f1or en el rostro de los hermanos; y, mir\u00e1ndoos, os agradezco de coraz\u00f3n vuestra acogida.<\/p>\n<p>Los lazos de fe que nos unen se remontan a los Ap\u00f3stoles, testigos del Resucitado, en particular al v\u00ednculo que un\u00eda Pedro a Andr\u00e9s, que seg\u00fan la tradici\u00f3n trajo la fe a estas tierras. Hermanos de sangre (cf.\u00a0<em>Mc\u00a0<\/em>1,16-18), lo fueron tambi\u00e9n, de manera excepcional, al derramar la sangre por el Se\u00f1or. Ellos nos recuerdan que hay una\u00a0<em>fraternidad de la sangre<\/em>\u00a0que nos precede, y que, como una silenciosa corriente vivificante nunca ha dejado de irrigar y sostener nuestro caminar a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed \u2014como en tantos otros lugares actuales\u2014 hab\u00e9is experimentado la Pascua de muerte y resurrecci\u00f3n: muchos hijos e hijas de este pa\u00eds, de diferentes Iglesias y comunidades cristianas, han sufrido el viernes de la persecuci\u00f3n, han atravesado el s\u00e1bado del silencio, han vivido el domingo del renacimiento. \u00a1Cu\u00e1ntos m\u00e1rtires y confesores de la fe! Muchos, de confesiones distintas y en tiempos recientes, han estado en prisi\u00f3n uno al lado del otro apoy\u00e1ndose mutuamente. Su ejemplo est\u00e1 hoy ante nosotros y ante las nuevas generaciones que no han conocido aquellas dram\u00e1ticas condiciones. Aquello por lo que han sufrido, hasta el punto de ofrecer sus vidas, es una herencia demasiado valiosa para que sea olvidada o mancillada. Y es una\u00a0<em>herencia com\u00fan<\/em>\u00a0que nos llama a no distanciarnos del hermano que la comparte. Unidos a Cristo en el sufrimiento y el dolor, unidos por Cristo en la Resurrecci\u00f3n para que \u00abtambi\u00e9n nosotros llevemos una vida nueva\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a06,4).<\/p>\n<p>Santidad, querido Hermano: Hace veinte a\u00f1os, el encuentro entre nuestros predecesores fue un regalo pascual, un evento que contribuy\u00f3 no s\u00f3lo al resurgir de las relaciones entre ortodoxos y cat\u00f3licos en Rumania, sino tambi\u00e9n al di\u00e1logo entre cat\u00f3licos y ortodoxos en general. Aquel viaje, que un obispo de Roma realizaba por primera vez a un pa\u00eds de mayor\u00eda ortodoxa, allan\u00f3 el camino para otros eventos similares. Me gustar\u00eda dirigir un pensamiento de grata memoria al Patriarca Teoctist. C\u00f3mo no recordar el grito espont\u00e1neo \u201c<em>Unitate, unitate\u201d<\/em>, que se elev\u00f3 aqu\u00ed en Bucarest en aquellos d\u00edas. Fue un anuncio de esperanza que surgi\u00f3 del Pueblo de Dios, una profec\u00eda que inaugur\u00f3 un tiempo nuevo:\u00a0<em>el tiempo de caminar juntos<\/em>\u00a0en el redescubrimiento y el despertar de la fraternidad que ya nos une. Y esto es ya\u00a0<em>unitate<\/em>.<\/p>\n<p><em>Caminar juntos con la fuerza de la memoria<\/em>. No la memoria de los males sufridos e infligidos, de juicios y prejuicios, de las excomunicaciones, que nos encierran en un c\u00edrculo vicioso y conducen a actitudes est\u00e9riles, sino\u00a0<em>la memoria<\/em>\u00a0<em>de las ra\u00edces<\/em>: los primeros siglos en los que el Evangelio, anunciado con parresia y esp\u00edritu de profec\u00eda, encontr\u00f3 e ilumin\u00f3 a nuevos pueblos y culturas; los primeros siglos de los m\u00e1rtires, los Padres y confesores de la fe, de la santidad vivida y testimoniada cotidianamente por tantas personas sencillas que comparten el mismo Cristo. Los primeros siglos de la parresia y de la profec\u00eda. Gracias a Dios, nuestras ra\u00edces son sanas, son sanas y s\u00f3lidas y, aunque su crecimiento ha sido afectado por las tortuosidades y las dificultades del tiempo, estamos llamados, como el salmista, a recordar con gratitud<em>\u00a0<\/em>todo lo que el Se\u00f1or ha realizado en nosotros, a elevar hacia \u00e9l un himno de alabanza mutua (cf.\u00a0<em>Sal<\/em>\u00a077,6.12-13). El recuerdo de los pasos que hemos dado juntos nos anima a continuar hacia el futuro siendo conscientes \u2014ciertamente\u2014 de las diferencias, pero sobre todo con la acci\u00f3n de gracias por un ambiente familiar que hay que redescubrir, con la\u00a0<em>memoria de comuni\u00f3n<\/em>\u00a0que tenemos que reavivar y que, como una l\u00e1mpara, d\u00e9 luz a los pasos de nuestro camino.<\/p>\n<p><em>Caminar juntos a la escucha del Se\u00f1or<\/em>. Nos sirve de ejemplo lo que el Se\u00f1or hizo el d\u00eda de Pascua, cuando caminaba con los disc\u00edpulos hacia Ema\u00fas. Ellos discut\u00edan de lo que hab\u00eda sucedido, de sus inquietudes, dudas e interrogantes. El Se\u00f1or los escuch\u00f3 pacientemente y con toda franqueza convers\u00f3 con ellos ayud\u00e1ndolos a entender y discernir lo que hab\u00eda sucedido (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>\u00a024,15-27).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros necesitamos escuchar juntos al Se\u00f1or, especialmente en estos \u00faltimos a\u00f1os en que los caminos del mundo nos han conducido a r\u00e1pidos cambios sociales y culturales. Son muchos los que se han beneficiado del desarrollo tecnol\u00f3gico y el bienestar econ\u00f3mico, pero la mayor\u00eda de ellos han quedado inevitablemente excluidos, mientras que una globalizaci\u00f3n uniformadora ha contribuido a desarraigar los valores de los pueblos, debilitando la \u00e9tica y la vida en com\u00fan, contaminada en tiempos recientes por una sensaci\u00f3n generalizada de miedo y que, a menudo fomentada a prop\u00f3sito, lleva a actitudes de aislamiento y odio. Tenemos necesidad de ayudarnos para no rendirnos a las seducciones de una \u201ccultura del odio\u201d, de una cultura<strong>\u00a0<\/strong>individualista que, tal vez no sea tan ideol\u00f3gica como en los tiempos de la persecuci\u00f3n ate\u00edsta, es sin embargo m\u00e1s persuasiva e igual de materialista. A menudo nos presenta como una v\u00eda para el desarrollo lo que parece inmediato y decisivo, pero que en realidad s\u00f3lo es indiferente y superficial. La fragilidad de los v\u00ednculos, que termina aislando a las personas, afecta en particular a la c\u00e9lula fundamental de la sociedad, la familia, y nos pide el esfuerzo de salir e ir en ayuda de las dificultades de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los m\u00e1s j\u00f3venes, no con desaliento y nostalgia, como los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, sino con el deseo de comunicar a Jes\u00fas resucitado, coraz\u00f3n de la esperanza. Necesitamos renovar con el hermano la escucha de las palabras del Se\u00f1or para que el coraz\u00f3n arda al un\u00edsono y el anuncio no se debilite (cf. vv. 32.35<strong>).\u00a0<\/strong>Necesitamos dejarnos inflamar el coraz\u00f3n con la fuerza del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>El camino llega a su destino, como en Ema\u00fas, a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n insistente, para que el Se\u00f1or se quede con nosotros (cf. vv. 28-29). \u00c9l, que se revela al partir el pan (cf. vv. 30-31), llama a la caridad, a servir juntos; a \u201cdar a Dios\u201d antes de \u201cdecir Dios\u201d; a no ser pasivos en el bien, sino prontos para alzarse y caminar, activos y colaboradores (cf. v. 33). Las numerosas comunidades ortodoxas rumanas, que all\u00ed donde est\u00e1n, colaboran excelentemente con las numerosas di\u00f3cesis cat\u00f3licas de Europa occidental; son un ejemplo en este sentido. En muchos casos se ha desarrollado una relaci\u00f3n de confianza mutua y amistad, basado en la fraternidad, alimentada por gestos concretos de acogida, apoyo y solidaridad. A trav\u00e9s de esta relaci\u00f3n mutua, muchos rumanos cat\u00f3licos y ortodoxos han descubierto que no son extra\u00f1os, sino hermanos y amigos.<\/p>\n<p><em>Caminar juntos hacia un nuevo Pentecost\u00e9s<\/em>. El trayecto que nos espera va desde la Pascua a Pentecost\u00e9s: desde esa alba pascual de unidad, que aqu\u00ed amaneci\u00f3 hace veinte a\u00f1os, nos dirigimos hacia un nuevo Pentecost\u00e9s. Para los disc\u00edpulos, la Pascua marc\u00f3 el inicio de un nuevo camino en el que, sin embargo, los temores y las incertidumbres no hab\u00edan desaparecido. As\u00ed fue hasta Pentecost\u00e9s, cuando los Ap\u00f3stoles, reunidos alrededor de la Santa Madre de Dios, con un solo Esp\u00edritu y en una pluralidad y riqueza de lenguas, fueron testigos del Resucitado con la Palabra y con la vida. Nuestro camino se ha reanudado a partir de la certeza de tener al hermano a nuestro lado, para compartir la fe fundada en la resurrecci\u00f3n del mismo Se\u00f1or. De Pascua a Pentecost\u00e9s: tiempo para recogerse en oraci\u00f3n bajo la protecci\u00f3n de la Santa Madre de Dios, para invocar el Esp\u00edritu unos por otros. Que nos renueve el Esp\u00edritu Santo, que desde\u00f1a la uniformidad y ama plasmar la unidad en la m\u00e1s bella y armoniosa diversidad. Que su fuego consuma nuestras desconfianzas; su viento expulse las reticencias que nos impiden testimoniar juntos la nueva vida que nos ofrece. Que \u00e9l, art\u00edfice de fraternidad, nos d\u00e9 la gracia de caminar juntos; que \u00e9l, creador de la novedad, nos haga valientes para experimentar nuevas formas de compartir y de misi\u00f3n. Que \u00e9l, fortaleza de los m\u00e1rtires, nos ayude a que su sacrificio no sea infecundo.<\/p>\n<p>Santidad y queridos hermanos: Caminemos juntos en alabanza de la Sant\u00edsima Trinidad y en beneficio mutuo para ayudar a nuestros hermanos a ver a Jes\u00fas. Os renuevo mi gratitud y os aseguro el afecto, la amistad, la fraternidad y la oraci\u00f3n m\u00edas y de la Iglesia Cat\u00f3lica.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rumania | \u00a0Vengo como peregrino deseoso de ver el Rostro del Se\u00f1or en el rostro de los hermanos, la frase la se\u00f1alaba Su Santidad en el encuentro celebrado entre el Patriarca Daniel y los Obispos del Santo S\u00ednodo de la Iglesia Ortodoxa. 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