{"id":6555,"date":"2019-05-31T13:00:19","date_gmt":"2019-05-31T16:00:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=6555"},"modified":"2019-05-31T13:00:19","modified_gmt":"2019-05-31T16:00:19","slug":"rumania-la-fe-vacila-cuando-se-cae-en-la-tristeza-y-el-desanimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/rumania-la-fe-vacila-cuando-se-cae-en-la-tristeza-y-el-desanimo\/","title":{"rendered":"Rumania | La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el des\u00e1nimo"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/obcastrensearg_papa-en-rumania-03.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6556\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/obcastrensearg_papa-en-rumania-03-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Rumania <\/strong>| <strong>La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el des\u00e1nimo<\/strong>, el mensaje pertenece a parte de la Homil\u00eda brindada por el <strong>Santo Padre<\/strong>, al celebrar la <strong>Santa Misa<\/strong> en la <strong>Fiesta de la Visitaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda<\/strong>, en la <strong>Catedral Cat\u00f3lica de San Jos\u00e9<\/strong>, en <strong>Bucarest<\/strong>, <strong>Rumania<\/strong>. Su Santidad Francisco, se refiri\u00f3 al Evangelio del d\u00eda, donde se\u00f1alaba sobre \u00e9l, <strong><em>\u201cnos sumerge en el encuentro de dos mujeres que se abrazan y llenan todo de alegr\u00eda y alabanza: salta de gozo el ni\u00f1o e Isabel bendice a su prima por su fe; Mar\u00eda entona las maravillas que el Se\u00f1or realiz\u00f3 en su humilde esclava con el gran canto de esperanza para aquellos que ya no pueden cantar porque han perdido la voz\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>De ese canto, el <strong>Papa<\/strong> enfoca tres situaciones especiales, donde nacen de la contemplaci\u00f3n de la primera disc\u00edpula: Mar\u00eda<em>\u00a0camina<\/em>, Mar\u00eda<em>\u00a0encuentra<\/em>, Mar\u00eda<em>\u00a0se alegra<\/em>. Al respecto dice, <strong>Mar\u00eda<\/strong> <strong>Camina<\/strong>, <strong><em>\u201cestos viajes tienen una caracter\u00edstica: no fueron caminos f\u00e1ciles, exigieron valor y paciencia. Nos muestran que la Virgen conoce las subidas, conoce nuestras subidas: ella es para nosotros hermana en el camino. Experta en la fatiga, sabe c\u00f3mo darnos la mano en las asperezas, cuando nos encontramos ante los derroteros m\u00e1s abruptos de la vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, nos explicaba sobre <strong>Mar\u00eda encuentra<\/strong>, <strong><em>\u201ces el milagro que surge de la cultura del encuentro donde nadie es descartado ni adjetivado; sino donde todos son buscados, porque son necesarios, para reflejar el Rostro del Se\u00f1or. No tienen miedo de caminar juntos y, cuando esto sucede, Dios llega y realiza prodigios en su pueblo\u201d. <\/em><\/strong>Agregando <strong><em>\u201cporque es el Esp\u00edritu Santo quien nos impulsa a salir de nosotros mismos, de nuestras cerrazones y particularismos para ense\u00f1arnos a mirar m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias y regalarnos la posibilidad de\u00a0decir bien\u00a0\u2014\u201cbendecirlos\u201d\u2014 sobre los dem\u00e1s; especialmente sobre tantos hermanos nuestros que se quedaron a la intemperie privados quiz\u00e1s no s\u00f3lo de un techo o un poco de pan, sino de la amistad y del calor de una comunidad que los abrace, cobije y reciba\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Por \u00faltimos el Santo Padre se refiere a, <strong>Mar\u00eda alegra<\/strong>, all\u00ed nos revela algo fundamental, as\u00ed lo se\u00f1alaba, <strong><em>\u201csin alegr\u00eda permanecemos paralizados, esclavos de nuestras tristezas. A menudo el problema de la fe no es tanto la falta de medios y de estructuras, de cantidad, tampoco la presencia de quien no nos acepta; el problema de la fe es la falta de alegr\u00eda. La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el des\u00e1nimo. Cuando vivimos en la desconfianza, cerrados en nosotros mismos, contradecimos la fe, porque, en vez de sentirnos hijos por los que Dios ha hecho cosas grandes (cf. v. 49)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes, en forma textual la <strong>Homil\u00eda<\/strong> brindada por el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p>El Evangelio que acabamos de escuchar nos sumerge en el encuentro de dos mujeres que se abrazan y llenan todo de alegr\u00eda y alabanza: salta de gozo el ni\u00f1o e Isabel bendice a su prima por su fe; Mar\u00eda entona las maravillas que el Se\u00f1or realiz\u00f3 en su humilde esclava con el gran canto de esperanza para aquellos que ya no pueden cantar porque han perdido la voz. Canto de esperanza que tambi\u00e9n nos quiere despertar e invitarnos a entonar hoy por medio de tres maravillosos elementos que nacen de la contemplaci\u00f3n de la primera disc\u00edpula: Mar\u00eda<em>\u00a0camina<\/em>, Mar\u00eda<em>\u00a0encuentra<\/em>, Mar\u00eda<em>\u00a0se alegra<\/em>.<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda camina<\/em>\u00a0desde Nazaret a la casa de Zacar\u00edas e Isabel, es el primer viaje de Mar\u00eda que nos narra la Escritura. El primero de muchos. Ir\u00e1 de Galilea a Bel\u00e9n, donde nacer\u00e1 Jes\u00fas; huir\u00e1 a Egipto para salvar al Ni\u00f1o de Herodes. Ir\u00e1 tambi\u00e9n todos los a\u00f1os a Jerusal\u00e9n para la Pascua, hasta seguir a Jes\u00fas en el Calvario. Estos viajes tienen una caracter\u00edstica: no fueron caminos f\u00e1ciles, exigieron valor y paciencia. Nos muestran que la Virgen conoce las subidas, conoce nuestras subidas: ella es para nosotros hermana en el camino. Experta en la fatiga, sabe c\u00f3mo darnos la mano en las asperezas, cuando nos encontramos ante los derroteros m\u00e1s abruptos de la vida. Como buena mujer y madre, Mar\u00eda sabe que el amor se hace camino en las peque\u00f1as cuestiones cotidianas. Amor e ingenio maternal capaz de transformar una cueva de animales en la casa de Jes\u00fas, con unos pobres pa\u00f1ales y una monta\u00f1a de ternura (cf. Exhort. ap.\u00a0<em>Evangelii gaudium<\/em>, 286). Contemplar a Mar\u00eda nos permite volver la mirada sobre tantas mujeres, madres y abuelas de estas tierras que, con sacrificio y discreci\u00f3n, abnegaci\u00f3n y compromiso, labran el presente y tejen los sue\u00f1os del ma\u00f1ana. Entrega silenciosa, recia y desapercibida que no tiene miedo a \u201cremangarse\u201d y cargarse las dificultades sobre los hombros para sacar adelante la vida de sus hijos y de toda la familia esperando \u00abcontra toda esperanza\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a04,18). Es un recuerdo vivo el hecho que en vuestro pueblo existe y late un fuerte sentido de esperanza, m\u00e1s all\u00e1 de todas las condiciones que puedan ofuscarla o la intentan apagar. Mirando a Mar\u00eda y a tantos rostros maternales se experimenta y alimenta el espacio para la esperanza (cf.\u00a0<em>Documento de Aparecida<\/em>, 536), que engendra y abre el futuro. Dig\u00e1moslo con fuerza: En nuestro pueblo hay espacio para la esperanza. Por eso Mar\u00eda camina y nos invita a\u00a0<em>caminar juntos<\/em>.<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda encuentra<\/em>\u00a0a Isabel (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>\u00a01,39-56), ya entrada en a\u00f1os (v. 7). Pero es ella, la anciana, la que habla de futuro, la que profetiza: \u00abllena de Esp\u00edritu Santo\u00bb (v.<em>\u00a0<\/em>41); la llama \u00abbendita\u00bb porque \u00abha cre\u00eddo\u00bb (v. 45), anticipando la \u00faltima bienaventuranza de los Evangelios: bienaventurado el que cree (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a020,29). As\u00ed, la joven va al encuentro de la anciana buscando las ra\u00edces y la anciana profetiza y renace en la joven regal\u00e1ndole futuro. As\u00ed, j\u00f3venes y ancianos se encuentran, se abrazan y son capaces de despertar cada uno lo mejor del otro. Es el milagro que surge de la cultura del encuentro donde nadie es descartado ni adjetivado; sino donde todos son buscados, porque son necesarios, para reflejar el Rostro del Se\u00f1or. No tienen miedo de caminar juntos y, cuando esto sucede, Dios llega y realiza prodigios en su pueblo. Porque es el Esp\u00edritu Santo quien nos impulsa a salir de nosotros mismos, de nuestras cerrazones y particularismos para ense\u00f1arnos a mirar m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias y regalarnos la posibilidad de\u00a0<em>decir bien<\/em>\u00a0\u2014\u201cbendecirlos\u201d\u2014 sobre los dem\u00e1s; especialmente sobre tantos hermanos nuestros que se quedaron a la intemperie privados quiz\u00e1s no s\u00f3lo de un techo o un poco de pan, sino de la amistad y del calor de una comunidad que los abrace, cobije y reciba. Cultura del encuentro que nos impulsa a los cristianos a experimentar el milagro de la maternidad de la Iglesia que busca, defiende y une a sus hijos. En la Iglesia, cuando ritos diferentes se encuentran, cuando no se antepone la propia pertenencia, el grupo o la etnia a la que se pertenece, sino el Pueblo que unido sabe alabar a Dios, entonces acontecen grandes cosas. Dig\u00e1moslo con fuerza: Bienaventurado el que cree (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a020,29) y tiene el valor de crear encuentro y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Mar\u00eda que camina y encuentra a Isabel nos recuerda d\u00f3nde Dios ha querido morar y vivir, cu\u00e1l es su santuario y en qu\u00e9 sitio podemos escuchar su palpitar: en medio de su Pueblo. All\u00ed est\u00e1, all\u00ed vive, all\u00ed nos espera. Escuchamos como dirigida a nosotros la invitaci\u00f3n del Profeta a no temer, a no desfallecer. Porque el Se\u00f1or, nuestro Dios est\u00e1 en medio de nosotros, es un salvador poderoso (cf.\u00a0<em>So<\/em>\u00a03,16-17), est\u00e1 en medio de su pueblo. Este es el secreto del cristiano: Dios est\u00e1 en medio de nosotros como un salvador poderoso. Esta certeza, como a Mar\u00eda, nos permite cantar y exultar de alegr\u00eda.\u00a0<em>Mar\u00eda se alegra<\/em>, se alegra porque es la portadora del Emmanuel, del Dios con nosotros. \u00abSer cristianos es gozo en el Esp\u00edritu Santo\u00bb (Exhort. ap.\u00a0<em>Gaudete et exhultate<\/em>, 122). Sin alegr\u00eda permanecemos paralizados, esclavos de nuestras tristezas. A menudo el problema de la fe no es tanto la falta de medios y de estructuras, de cantidad, tampoco la presencia de quien no nos acepta; el problema de la fe es la falta de alegr\u00eda. La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el des\u00e1nimo. Cuando vivimos en la desconfianza, cerrados en nosotros mismos, contradecimos la fe, porque, en vez de sentirnos hijos por los que Dios ha hecho cosas grandes (cf. v. 49), empeque\u00f1ecemos todo a la medida de nuestros problemas y nos olvidamos que no somos hu\u00e9rfanos; en la tristeza nos olvidamos que no somos hu\u00e9rfanos, que tenemos un Padre en medio de nosotros, salvador y poderoso. Mar\u00eda viene en ayuda nuestra, porque m\u00e1s que empeque\u00f1ecer, magn\u00edfica, es decir, \u201cengrandece\u201d al Se\u00f1or, alaba su grandeza. Este es el secreto de la alegr\u00eda. Mar\u00eda, peque\u00f1a y humilde, comienza desde la grandeza de Dios y, a pesar de sus problemas \u2014que no eran pocos\u2014 est\u00e1 con alegr\u00eda, porque conf\u00eda en el Se\u00f1or en todo. Nos recuerda que Dios puede realizar siempre maravillas si permanecemos abiertos a \u00e9l y a los hermanos. Pensemos en los grandes testigos de estas tierras: personas sencillas, que confiaron en Dios en medio de las persecuciones. No pusieron la confianza en el mundo, sino en el Se\u00f1or, y as\u00ed avanzaron. Deseo dar gracias a estos humildes vencedores, a estos santos de la puerta de al lado que nos marcan el camino. Sus l\u00e1grimas no fueron est\u00e9riles, fueron oraci\u00f3n que subi\u00f3 al cielo y reg\u00f3 la esperanza de este pueblo.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Mar\u00eda camina, encuentra y se alegra porque llev\u00f3 algo m\u00e1s grande que ella misma: fue portadora de una bendici\u00f3n. Como ella, tampoco nosotros tengamos miedo a ser los portadores de la bendici\u00f3n que Rumania necesita. Sed los promotores de una cultura del encuentro que desmienta la indiferencia, que desmienta la divisi\u00f3n y permita a esta tierra cantar con fuerza las misericordias del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rumania | La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el des\u00e1nimo, el mensaje pertenece a parte de la Homil\u00eda brindada por el Santo Padre, al celebrar la Santa Misa en la Fiesta de la Visitaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, en la Catedral Cat\u00f3lica de San Jos\u00e9, en Bucarest, Rumania. 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