{"id":6903,"date":"2019-06-09T11:59:39","date_gmt":"2019-06-09T14:59:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=6903"},"modified":"2019-06-09T11:59:39","modified_gmt":"2019-06-09T14:59:39","slug":"papa-francisco-el-que-vive-segun-el-espiritu-lleva-paz-donde-hay-discordia-concordia-donde-hay-conflicto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-el-que-vive-segun-el-espiritu-lleva-paz-donde-hay-discordia-concordia-donde-hay-conflicto\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | El que vive seg\u00fan el Esp\u00edritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/obcastrensearg_papa-francisco-homila-Pentecost\u00e9s.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6904\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/obcastrensearg_papa-francisco-homila-Pentecost\u00e9s-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Papa Francisco<\/strong> | El que vive seg\u00fan el Esp\u00edritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto, la afirmaci\u00f3n se desprende de la Homil\u00eda brindada por el <strong>Santo Padre<\/strong> en la ma\u00f1ana de hoy al celebrar la <strong>Santa Misa<\/strong> en la <strong>Plaza San Pedro<\/strong> en este domingo de <strong>Pentecost\u00e9s<\/strong>. As\u00ed se refer\u00eda <strong>Su Santidad<\/strong>, <strong><em>\u201c(\u2026) lleg\u00f3 Pentecost\u00e9s. Por una parte, Jes\u00fas hab\u00eda resucitado, lo hab\u00edan visto y escuchado llenos de alegr\u00eda, y tambi\u00e9n hab\u00edan comido con \u00c9l\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, afirmaba, <strong><em>\u201cluego, llega el Esp\u00edritu Santo y las preocupaciones se desvanecen: ahora los ap\u00f3stoles ya no tienen miedo ni siquiera ante quien los arresta; antes estaban preocupados por salvar sus vidas, ahora ya no tienen miedo de morir; antes permanec\u00edan encerrados en el Cen\u00e1culo, ahora salen a anunciar a todas las gentes\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El <strong>Santo Padre <\/strong>nos record\u00f3, <strong><em>\u201cel Esp\u00edritu Santo hizo esto. El Esp\u00edritu no es, como podr\u00eda parecer, algo abstracto; es la persona m\u00e1s concreta, m\u00e1s cercana, que nos cambia la vida. \u00bfC\u00f3mo lo hace? Fij\u00e9monos en los ap\u00f3stoles. El Esp\u00edritu no les facilit\u00f3 la vida, no realiz\u00f3 milagros espectaculares, no elimin\u00f3 problemas y adversarios, pero el Esp\u00edritu trajo a la vida de los disc\u00edpulos una armon\u00eda que les faltaba, porque \u00c9l\u00a0es armon\u00eda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Basado en lo \u00faltimo destacado, volviendo a nuestro tiempo, <strong>Su Santidad<\/strong> nos advirti\u00f3, <strong><em>\u201cla paz no consiste en solucionar los problemas externos \u2014Dios no quita a los suyos las tribulaciones y persecuciones\u2014, sino en recibir el Esp\u00edritu Santo\u201d.<\/em><\/strong> Reconocido este punto, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> nos dijo sobre el Esp\u00edritu Santo, <strong><em>\u201ces una armon\u00eda tan profunda que puede transformar incluso las persecuciones en bienaventuranzas. En cambio, cu\u00e1ntas veces nos quedamos en la superficie. En lugar de buscar el Esp\u00edritu tratamos de mantenernos a flote, pensando que todo ir\u00e1 mejor si se acaba ese problema, si ya no veo a esa persona, si se mejora esa situaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Entonces, cu\u00e1l es el sendero que debemos tomar para alcanzar la tan ansiada paz, <strong><em>\u201cel camino para tener tranquilidad no est\u00e1 en alejarnos de los que piensan distinto a nosotros, no es resolviendo el problema del momento como tendremos paz. El punto de inflexi\u00f3n es la paz de Jes\u00fas, es la armon\u00eda del Esp\u00edritu\u201d. <\/em><\/strong>Y qu\u00e9 necesitamos entonces para poder lograr la paz, <strong><em>\u201c(\u2026) lo que necesitamos sobre todo es el Esp\u00edritu: es \u00c9l quien pone orden en el frenes\u00ed. \u00c9l es la paz en la inquietud, la confianza en el des\u00e1nimo, la alegr\u00eda en la tristeza, la juventud en la vejez, el valor en la prueba\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Avanzando con su mensaje, el <strong>Santo Padre<\/strong> se\u00f1al\u00f3 del <strong>Esp\u00edritu Santo<\/strong>, <strong><em>\u201c\u00c9l es el Consolador, que nos transmite la ternura de Dios. Sin el Esp\u00edritu, la vida cristiana est\u00e1 deshilachada, privada del amor que todo lo une. Sin el Esp\u00edritu, Jes\u00fas sigue siendo un personaje del pasado, con el Esp\u00edritu es una persona viva hoy; sin el Esp\u00edritu la Escritura es letra muerta, con el Esp\u00edritu es Palabra de vida. Un cristianismo sin el Esp\u00edritu es un moralismo sin alegr\u00eda; con el Esp\u00edritu es vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, dijo que, <strong><em>\u201cEl Esp\u00edritu Santo no solo trae armon\u00eda\u00a0dentro, sino tambi\u00e9n\u00a0fuera,\u00a0entre los hombres. Nos hace Iglesia, compone las diferentes partes en un solo edificio arm\u00f3nico. San Pablo lo explica bien cuando, hablando de la Iglesia, repite a menudo una palabra, \u201cdiversidad\u201d: \u00abdiversidad\u00a0de carismas,\u00a0diversidad\u00a0de actuaciones,\u00a0diversidad\u00a0de ministerios\u00bb (1 Co\u00a012,4-6). Somos diferentes en la variedad de cualidades y dones\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n el Santo Padre nos habl\u00f3 del mundo actual, de este siglo XXI y las comunicaciones, para que podamos ver lo real que vivimos, al respecto dijo, <strong><em>\u201cen la era de la tecnolog\u00eda estamos distanciados: m\u00e1s \u201csocial\u201d\u00a0pero menos sociales. Necesitamos el Esp\u00edritu de unidad, que nos regenere como Iglesia, como Pueblo de Dios y como humanidad entera. Que nos regenere. Siempre existe la tentaci\u00f3n de construir \u201cnidos\u201d: de reunirse en torno al propio grupo, a las propias preferencias, el igual con el igual, al\u00e9rgicos a cualquier contaminaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Promediando el final, Su Santidad Francisco nos record\u00f3, <strong><em>\u201cel que vive seg\u00fan el Esp\u00edritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto. Los hombres espirituales devuelven bien por mal, responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oraci\u00f3n, al derrotismo con la sonrisa. Con el Esp\u00edritu, la Iglesia es el Pueblo santo de Dios; la misi\u00f3n, el contagio de la alegr\u00eda, no el proselitismo; los otros hermanos y hermanas, amados por el mismo Padre. Pero sin el Esp\u00edritu, la Iglesia es una organizaci\u00f3n; la misi\u00f3n, propaganda; la comuni\u00f3n, un esfuerzo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes la Homil\u00eda brindada por el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p>Despu\u00e9s de cincuenta d\u00edas de incertidumbre para los disc\u00edpulos, lleg\u00f3 Pentecost\u00e9s. Por una parte, Jes\u00fas hab\u00eda resucitado, lo hab\u00edan visto y escuchado llenos de alegr\u00eda, y tambi\u00e9n hab\u00edan comido con \u00c9l. Por otro lado, a\u00fan no hab\u00edan superado las dudas y los temores: estaban con las puertas cerradas (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a020,19.26), con pocas perspectivas, incapaces de anunciar al que est\u00e1 Vivo. Luego, llega el Esp\u00edritu Santo y las preocupaciones se desvanecen: ahora los ap\u00f3stoles ya no tienen miedo ni siquiera ante quien los arresta; antes estaban preocupados por salvar sus vidas, ahora ya no tienen miedo de morir; antes permanec\u00edan encerrados en el Cen\u00e1culo, ahora salen a anunciar a todas las gentes. Hasta la Ascensi\u00f3n de Jes\u00fas, esperaban un Reino de Dios para ellos (cf.\u00a0<em>Hch<\/em>\u00a01,6), ahora est\u00e1n ansiosos por llegar hasta los confines desconocidos. Antes no hab\u00edan hablado casi nunca en p\u00fablico y, cuando lo hab\u00edan hecho, a menudo hab\u00edan causado problemas, como Pedro negando a Jes\u00fas; ahora hablan con\u00a0<em>parresia<\/em>\u00a0a todos. La historia de los disc\u00edpulos, que parec\u00eda haber llegado a su final, es en definitiva renovada por la\u00a0<em>juventud del Esp\u00edritu<\/em>: aquellos j\u00f3venes que pose\u00eddos por la incertidumbre pensaban que hab\u00edan llegado al final, fueron transformados por una alegr\u00eda que los hizo renacer. El Esp\u00edritu Santo hizo esto. El Esp\u00edritu no es, como podr\u00eda parecer, algo abstracto; es la persona m\u00e1s concreta, m\u00e1s cercana, que nos cambia la vida. \u00bfC\u00f3mo lo hace? Fij\u00e9monos en los ap\u00f3stoles. El Esp\u00edritu no les facilit\u00f3 la vida, no realiz\u00f3 milagros espectaculares, no elimin\u00f3 problemas y adversarios, pero el Esp\u00edritu trajo a la vida de los disc\u00edpulos una armon\u00eda que les faltaba, porque \u00c9l\u00a0<em>es armon\u00eda<\/em>.<\/p>\n<p><em>Armon\u00eda dentro del hombre<\/em>. Los disc\u00edpulos necesitaban ser cambiados por dentro, en sus corazones. Su historia nos dice que incluso ver al Resucitado no es suficiente si uno no lo recibe en su coraz\u00f3n. No sirve de nada saber que el Resucitado est\u00e1 vivo si no vivimos como resucitados. Y es el Esp\u00edritu el que hace que Jes\u00fas viva y renazca en nosotros, el que nos resucita por dentro. Por eso Jes\u00fas, encontr\u00e1ndose con los disc\u00edpulos, repite: \u00abPaz a vosotros\u00bb (<em>Jn<\/em>\u00a020,19.21) y les da el Esp\u00edritu. La paz no consiste en solucionar los problemas externos \u2014Dios no quita a los suyos las tribulaciones y persecuciones\u2014, sino en recibir el Esp\u00edritu Santo. En eso consiste la paz, esa paz dada a los ap\u00f3stoles, esa paz que no libera\u00a0<em>de<\/em>\u00a0los problemas sino\u00a0<em>en\u00a0<\/em>los problemas, es ofrecida a cada uno de nosotros. Es una paz que asemeja el coraz\u00f3n al mar profundo, que siempre est\u00e1 tranquilo, aun cuando la superficie est\u00e9 agitada por las olas. Es una armon\u00eda tan profunda que puede transformar incluso las persecuciones en bienaventuranzas. En cambio, cu\u00e1ntas veces nos quedamos en la superficie. En lugar de buscar el Esp\u00edritu tratamos de mantenernos a flote, pensando que todo ir\u00e1 mejor si se acaba ese problema, si ya no veo a esa persona, si se mejora esa situaci\u00f3n. Pero eso es permanecer en la superficie: una vez que termina un problema, vendr\u00e1 otro y la inquietud volver\u00e1. El camino para tener tranquilidad no est\u00e1 en alejarnos de los que piensan distinto a nosotros, no es resolviendo el problema del momento como tendremos paz. El punto de inflexi\u00f3n es la paz de Jes\u00fas, es la armon\u00eda del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Hoy, con la prisa que nos impone nuestro tiempo, parece que la armon\u00eda est\u00e1 marginada: reclamados por todas partes, corremos el riesgo de estallar, movidos por un continuo nerviosismo que nos hace reaccionar mal a todo. Y se busca la soluci\u00f3n r\u00e1pida, una pastilla detr\u00e1s de otra para seguir adelante, una emoci\u00f3n detr\u00e1s de otra para sentirse vivos. Pero lo que necesitamos sobre todo es el Esp\u00edritu: es \u00c9l quien pone orden en el frenes\u00ed. \u00c9l es la paz en la inquietud, la confianza en el des\u00e1nimo, la alegr\u00eda en la tristeza, la juventud en la vejez, el valor en la prueba. Es \u00c9l quien, en medio de las corrientes tormentosas de la vida, fija el ancla de la esperanza. Es el Esp\u00edritu el que, como dice hoy san Pablo, nos impide volver a caer en el miedo porque hace que nos sintamos hijos amados (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>\u00a08,15). \u00c9l es el Consolador, que nos transmite la ternura de Dios. Sin el Esp\u00edritu, la vida cristiana est\u00e1 deshilachada, privada del amor que todo lo une. Sin el Esp\u00edritu, Jes\u00fas sigue siendo un personaje del pasado, con el Esp\u00edritu es una persona viva hoy; sin el Esp\u00edritu la Escritura es letra muerta, con el Esp\u00edritu es Palabra de vida. Un cristianismo sin el Esp\u00edritu es un moralismo sin alegr\u00eda; con el Esp\u00edritu es vida.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo no solo trae armon\u00eda\u00a0<em>dentro<\/em>, sino tambi\u00e9n\u00a0<em>fuera<\/em>,\u00a0<em>entre los hombres<\/em>. Nos hace Iglesia, compone las diferentes partes en un solo edificio arm\u00f3nico. San Pablo lo explica bien cuando, hablando de la Iglesia, repite a menudo una palabra, \u201cdiversidad\u201d: \u00ab<em>diversidad<\/em>\u00a0de carismas,\u00a0<em>diversidad<\/em>\u00a0de actuaciones,\u00a0<em>diversidad<\/em>\u00a0de ministerios\u00bb (<em>1 Co<\/em>\u00a012,4-6). Somos diferentes en la variedad de cualidades y dones. El Esp\u00edritu los distribuye con imaginaci\u00f3n, sin nivelar, sin homologar. Y a partir de esta diversidad construye la unidad. Lo hace desde la creaci\u00f3n, porque es un especialista en transformar el caos en cosmos, en poner armon\u00eda. Es especialista en crear la diversidad, las riquezas; cada uno la suya, diversa. \u00c9l es el creador de esta diversidad y, al mismo tiempo, es aquel que armoniza, que da la armon\u00eda y da unidad a la diversidad. Solo \u00c9l puede hacer estas dos cosas.<\/p>\n<p>Hoy en el mundo, las desarmon\u00edas se han convertido en verdaderas divisiones: est\u00e1n los que tienen demasiado y los que no tienen nada, los que buscan vivir cien a\u00f1os y los que no pueden nacer. En la era de la tecnolog\u00eda estamos distanciados: m\u00e1s \u201c<em>social\u201d<\/em>\u00a0pero menos sociales. Necesitamos el Esp\u00edritu de unidad, que nos regenere como Iglesia, como Pueblo de Dios y como humanidad entera. Que nos regenere. Siempre existe la tentaci\u00f3n de construir \u201cnidos\u201d: de reunirse en torno al propio grupo, a las propias preferencias, el igual con el igual, al\u00e9rgicos a cualquier contaminaci\u00f3n. Y del nido a la secta, el paso es corto, tambi\u00e9n dentro de la Iglesia. \u00a1Cu\u00e1ntas veces se define la propia identidad contra alguien o contra algo! El Esp\u00edritu Santo, en cambio, re\u00fane a los distantes, une a los alejados, trae de vuelta a los dispersos. Mezcla diferentes tonos en una sola armon\u00eda, porque ve sobre todo lo bueno, mira al hombre antes que sus errores, a las personas antes que sus acciones. El Esp\u00edritu plasma a la Iglesia, plasma el mundo como lugares de hijos y hermanos. Hijos y hermanos: sustantivos que vienen antes de cualquier otro adjetivo. Est\u00e1 de moda adjetivar, lamentablemente tambi\u00e9n insultar. Podemos decir que vivimos en una cultura del adjetivo que olvida el sustantivo de las cosas; y tambi\u00e9n en una cultura del insulto, que es la primera respuesta a una opini\u00f3n que yo no comparto. Despu\u00e9s nos damos cuenta de que hace da\u00f1o, tanto al que es insultado como tambi\u00e9n al que insulta. Devolviendo mal por mal, pasando de v\u00edctimas a verdugos, no se vive bien. En cambio, el que vive seg\u00fan el Esp\u00edritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto. Los hombres espirituales devuelven bien por mal, responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oraci\u00f3n, al derrotismo con la sonrisa.<\/p>\n<p>Para ser espirituales, para gustar la armon\u00eda del Esp\u00edritu, debemos poner su mirada por encima de la nuestra. Entonces todo cambia: con el Esp\u00edritu, la Iglesia es el Pueblo santo de Dios; la misi\u00f3n, el contagio de la alegr\u00eda, no el proselitismo; los otros hermanos y hermanas, amados por el mismo Padre. Pero sin el Esp\u00edritu, la Iglesia es una organizaci\u00f3n; la misi\u00f3n, propaganda; la comuni\u00f3n, un esfuerzo. Y muchas Iglesias llevan a cabo acciones program\u00e1ticas en este sentido de planes pastorales, de discusiones acerca de todo. Parece que sea ese el camino para unirnos, pero ese no es el camino del Esp\u00edrito, es el camino de la divisi\u00f3n. El Esp\u00edritu es\u00a0<em>la primera y \u00faltima necesidad de la Iglesia<\/em>\u00a0(cf. S. Pablo VI,\u00a0<em>Audiencia general<\/em>, 29 noviembre 1972). \u00c9l \u00abviene donde es amado, donde es invitado, donde se lo espera\u00bb (S. Buenaventura,\u00a0<em>Serm\u00f3n del IV domingo despu\u00e9s de Pascua<\/em>). Hermanos y hermanas, rec\u00e9mosle todos los d\u00edas. Esp\u00edritu Santo, armon\u00eda de Dios, t\u00fa que transformas el miedo en confianza y la clausura en don, ven a nosotros. Danos la alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n, la juventud perenne del coraz\u00f3n. Esp\u00edritu Santo, armon\u00eda nuestra, t\u00fa que nos haces un solo cuerpo, infunde tu paz en la Iglesia y en el mundo. Esp\u00edritu Santo, haznos artesanos de concordia, sembradores de bien, ap\u00f3stoles de esperanza.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | El que vive seg\u00fan el Esp\u00edritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto, la afirmaci\u00f3n se desprende de la Homil\u00eda brindada por el Santo Padre en la ma\u00f1ana de hoy al celebrar la Santa Misa en la Plaza San Pedro en este domingo de Pentecost\u00e9s. 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