{"id":8547,"date":"2019-09-09T08:00:53","date_gmt":"2019-09-09T11:00:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=8547"},"modified":"2019-09-09T08:00:53","modified_gmt":"2019-09-09T11:00:53","slug":"papa-francisco-el-impulso-misionero-tiene-rostro-joven-y-rejuvenecedor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-el-impulso-misionero-tiene-rostro-joven-y-rejuvenecedor\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | El impulso misionero tiene rostro joven y rejuvenecedor"},"content":{"rendered":"<p><strong>Papa Francisco<\/strong> | <strong>El impulso misionero tiene rostro joven y rejuvenecedor<\/strong>, la afirmaci\u00f3n se desprende de la Homil\u00eda brindada por el Santo Padre Francisco, al celebrar <strong>Santa Misa<\/strong> en el <strong>Monumento de Mar\u00eda Reina de la Paz<\/strong>, a las afueras de <strong>Port Louis<\/strong>, capital de <strong>Mauricio<\/strong>. En la tercera etapa de su visita Apost\u00f3lica al continente africano, que incluy\u00f3 <strong>Mozambique<\/strong>, <strong>Madagascar<\/strong>, el <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> arribaba a <strong>Mauricio<\/strong>, donde fue recibido por el Primer Ministro acompa\u00f1ado por su esposa y por el Obispo de <strong>Port Louis<\/strong>, el Cardenal <strong>Maurice Piat<\/strong>, recordemos que permanecer\u00e1 en aquel pa\u00eds solo 9 horas.<\/p>\n<p>Luego del recibimiento en el aeropuerto, se trasladaba unos 43 kil\u00f3metros, hasta el <strong>Monumento Reina de la Paz<\/strong> donde celebr\u00f3 la <strong>Eucarist\u00eda<\/strong>, luego se traslada al encuentro con la <strong>Conferencia Episcopal de Mauricio<\/strong>, seguidamente, visitar\u00e1 en forma privada el Santuario el <strong>Beato Padre Jacques Laval<\/strong>. Seguidamente, har\u00e1 una visita de cortes\u00eda al Primer Ministro de <strong>Mauricio<\/strong> y desde all\u00ed volver\u00e1 al aeropuerto y volar\u00e1 hasta <strong>Madagascar<\/strong> donde descansar\u00e1 y regresar\u00e1 al d\u00eda siguiente a <strong>Roma<\/strong>.<\/p>\n<p>El Santo Padre les se\u00f1al\u00f3 en su Homil\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) ante este altar dedicado a Mar\u00eda, Reina de la Paz, (\u2026)nos encontramos para participar de esa multitud de rostros que han venido de Mauricio y de las dem\u00e1s islas de esta regi\u00f3n del Oc\u00e9ano \u00cdndico para escuchar a Jes\u00fas que anuncia las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas\u00bb <\/em><\/strong>(Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 63)<strong><em>, tal como hizo el llamado \u201cap\u00f3stol de la unidad mauriciana\u201d<\/em><\/strong><strong><em>, el beato Jacques-D\u00e9sir\u00e9 Laval.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>De quien se\u00f1al\u00f3,<strong><em> \u201cel amor a Cristo y a los pobres marc\u00f3 su vida de tal manera que lo protegi\u00f3 de la ilusi\u00f3n de realizar una evangelizaci\u00f3n \u2039lejana y as\u00e9ptica\u203a\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201cfue sol\u00edcito en brindar confianza a los m\u00e1s pobres y descartados para que fuesen ellos los primeros en organizarse y encontrar respuestas a sus sufrimientos. A trav\u00e9s de su impulso misionero y su amor, el padre Laval dio a la Iglesia mauriciana una nueva juventud, un nuevo aliento, que hoy estamos invitados a continuar en el contexto actual\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Su Santidad<\/strong> continuando con su homil\u00eda, nos revel\u00f3, <strong><em>\u201cel impulso misionero tiene rostro joven y rejuvenecedor. Son precisamente los j\u00f3venes quienes, con su vitalidad y entrega, pueden aportarle la belleza y frescura propia de la juventud cuando desaf\u00edan a la comunidad cristiana a renovarnos y nos invitan a partir hacia nuevos horizontes <\/em><\/strong>(cf. Exhort. ap. Christus vivit, 37)<strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, declar\u00f3 y pidi\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong>, <strong><em>\u201c(\u2026) nuestros j\u00f3venes, son nuestra primera misi\u00f3n! A ellos debemos invitar a encontrar su felicidad en Jes\u00fas; pero no de forma as\u00e9ptica o lejana, sino aprendiendo a darles un lugar, conociendo \u201csu lenguaje\u201d, escuchando sus historias, viviendo a su lado, haci\u00e9ndoles sentir que son bienaventurados de Dios. \u00a1No nos dejemos robar el rostro joven de la Iglesia y de la sociedad; no dejemos que sean los mercaderes de la muerte quienes roben las primicias de esta tierra!<\/em><\/strong><strong><em>\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Respecto de la tarea misionera, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> nos ilumin\u00f3 se\u00f1alando, <strong><em>\u201cpara vivir el Evangelio, no se puede esperar que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra. San Juan Pablo II dec\u00eda que \u00abest\u00e1 alienada una sociedad que, en sus formas de organizaci\u00f3n social, de producci\u00f3n y consumo, hace m\u00e1s dif\u00edcil la realizaci\u00f3n de esta donaci\u00f3n [de s\u00ed] y la formaci\u00f3n de esa solidaridad interhumana\u00bb <\/em><\/strong>(Enc. Centesimus annus, 41c)<strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, el <strong>Santo Padre<\/strong> expres\u00f3, <strong><em>\u201ccuando un joven ve un proyecto de vida cristiana realizado con alegr\u00eda, eso lo entusiasma y alienta, y siente ese deseo que puede expresar as\u00ed: \u2039Yo quiero subir a ese monte de las bienaventuranzas, yo quiero encontrarme con la mirada de Jes\u00fas y que \u00c9l me diga cu\u00e1l es mi camino de felicidad\u203a\u201d<\/em><\/strong>. Cerrando, pidi\u00f3, \u201c<strong><em>la imagen de Mar\u00eda, la Madre que nos protege y acompa\u00f1a, nos recuerda que fue llamada la \u2039bienaventurada\u203a\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes la Homil\u00eda brindada por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p>Aqu\u00ed, ante este altar dedicado a Mar\u00eda, Reina de la Paz; en este monte desde el que se ve la ciudad y m\u00e1s all\u00e1 el mar, nos encontramos para participar de esa multitud de rostros que han venido de Mauricio y de las dem\u00e1s islas de esta regi\u00f3n del Oc\u00e9ano \u00cdndico para escuchar a Jes\u00fas que anuncia las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>La misma Palabra de Vida que, como hace dos mil a\u00f1os, tiene la misma fuerza, el mismo fuego que enciende hasta los corazones m\u00e1s fr\u00edos. Juntos podemos decir al Se\u00f1or: creemos en ti y, con la luz de la fe y el palpitar del coraz\u00f3n, sabemos que es verdad la profec\u00eda de Isa\u00edas: anuncias la paz y la salvaci\u00f3n, traes buenas noticias, reina nuestro Dios.<\/p>\n<p>Las bienaventuranzas \u00abson el carnet de identidad del cristiano. Si alguno de nosotros se plantea la pregunta: \u201c\u00bfC\u00f3mo se hace para ser un buen cristiano?\u201d, la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que pide Jes\u00fas en las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas\u00bb (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 63), tal como hizo el llamado \u201cap\u00f3stol de la unidad mauriciana\u201d, el beato Jacques-D\u00e9sir\u00e9 Laval, tan venerado en estas tierras. El amor a Cristo y a los pobres marc\u00f3 su vida de tal manera que lo protegi\u00f3 de la ilusi\u00f3n de realizar una evangelizaci\u00f3n \u201clejana y as\u00e9ptica\u201d.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que evangelizar supon\u00eda hacerse todo para todos (cf. 1 Co 9, 19-22): aprendi\u00f3 el idioma de los esclavos recientemente liberados y les anunci\u00f3 de manera simple la Buena Nueva de la salvaci\u00f3n. Supo convocar a los fieles y los form\u00f3 para emprender la misi\u00f3n y crear peque\u00f1as comunidades cristianas en barrios, ciudades y aldeas vecinas, muchas de estas peque\u00f1as comunidades han sido el inicio de las actuales parroquias. Fue sol\u00edcito en brindar confianza a los m\u00e1s pobres y descartados para que fuesen ellos los primeros en organizarse y encontrar respuestas a sus sufrimientos.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de su impulso misionero y su amor, el padre Laval dio a la Iglesia mauriciana una nueva juventud, un nuevo aliento, que hoy estamos invitados a continuar en el contexto actual.<\/p>\n<p>Y este impulso misionero hay que cuidarlo porque puede darse que, como Iglesia de Cristo, caigamos en la tentaci\u00f3n de perder el entusiasmo evangelizador refugi\u00e1ndonos en seguridades mundanas que, poco a poco, no s\u00f3lo condicionan la misi\u00f3n, sino que la vuelven pesada e incapaz de convocar (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 26). El impulso misionero tiene rostro joven y rejuvenecedor. Son precisamente los j\u00f3venes quienes, con su vitalidad y entrega, pueden aportarle la belleza y frescura propia de la juventud cuando desaf\u00edan a la comunidad cristiana a renovarnos y nos invitan a partir hacia nuevos horizontes (cf. Exhort. ap. Christus vivit, 37).<\/p>\n<p>Pero esto no siempre es f\u00e1cil, porque exige que aprendamos a reconocerles y otorgarles un lugar en el seno de nuestra comunidad y de nuestra sociedad.<\/p>\n<p>Pero qu\u00e9 duro es constatar que, a pesar del crecimiento econ\u00f3mico que tuvo su pa\u00eds en las \u00faltimas d\u00e9cadas, son los j\u00f3venes los que m\u00e1s sufren, ellos son quienes m\u00e1s padecen la desocupaci\u00f3n que provoca no s\u00f3lo un futuro incierto, sino que adem\u00e1s les quita la posibilidad de sentirse actores privilegiados de la propia historia com\u00fan.<\/p>\n<p>Un futuro incierto que los empuja fuera del camino y los obliga a escribir su vida al margen, dej\u00e1ndolos vulnerables y casi sin puntos de referencia ante las nuevas formas de esclavitud de este siglo XXI. \u00a1Ellos, nuestros j\u00f3venes, son nuestra primera misi\u00f3n! A ellos debemos invitar a encontrar su felicidad en Jes\u00fas; pero no de forma as\u00e9ptica o lejana, sino aprendiendo a darles un lugar, conociendo \u201csu lenguaje\u201d, escuchando sus historias, viviendo a su lado, haci\u00e9ndoles sentir que son bienaventurados de Dios. \u00a1No nos dejemos robar el rostro joven de la Iglesia y de la sociedad; no dejemos que sean los mercaderes de la muerte quienes roben las primicias de esta tierra!<\/p>\n<p>A nuestros j\u00f3venes y a cuantos como ellos sienten que no tienen voz porque est\u00e1n sumergidos en la precariedad, el padre Laval los invitar\u00eda a dejar resonar el anuncio de Isa\u00edas: \u00ab\u00a1Prorrumpan en gritos de alegr\u00eda, ruinas de Jerusal\u00e9n, porque el Se\u00f1or consuela a su Pueblo, \u00e9l redime a Jerusal\u00e9n!\u00bb (52,9).<\/p>\n<p>Aun cuando lo que nos rodee pueda parecer que no tiene soluci\u00f3n, la esperanza en Jes\u00fas nos pide recuperar la certeza del triunfo de Dios no s\u00f3lo m\u00e1s all\u00e1 de la historia, sino tambi\u00e9n en la trama oculta de las peque\u00f1as historias que se van entrelazando y que nos tienen como protagonistas de la victoria de Aquel que nos ha regalado el Reino.<\/p>\n<p>Para vivir el Evangelio, no se puede esperar que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra. San Juan Pablo II dec\u00eda que \u00abest\u00e1 alienada una sociedad que, en sus formas de organizaci\u00f3n social, de producci\u00f3n y consumo, hace m\u00e1s dif\u00edcil la realizaci\u00f3n de esta donaci\u00f3n [de s\u00ed] y la formaci\u00f3n de esa solidaridad interhumana\u00bb (Enc. Centesimus annus, 41c). En una sociedad as\u00ed, se vuelve dif\u00edcil vivir las bienaventuranzas; puede llegar incluso a ser algo mal visto, sospechado, ridiculizado (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 91).<\/p>\n<p>Es cierto, pero no podemos dejar que nos gane el desaliento. Al pie de este monte, que hoy quisiera que fuera el monte de las Bienaventuranzas, tambi\u00e9n nosotros tenemos que recuperar esta invitaci\u00f3n a ser felices. S\u00f3lo los cristianos alegres despiertan el deseo de seguir ese camino; \u00abla palabra \u201cfeliz\u201d o \u201cbienaventurado\u201d pasa a ser sin\u00f3nimo de \u201csanto\u201d, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de s\u00ed, la verdadera dicha\u00bb (ib\u00edd., 64).<\/p>\n<p>Cuando escuchamos el amenazante pron\u00f3stico \u201ccada vez somos menos\u201d, en primer lugar, deber\u00edamos preocuparnos no por la disminuci\u00f3n de tal o cual modo de consagraci\u00f3n en la Iglesia, sino por las carencias de hombres y mujeres que quieren vivir la felicidad haciendo caminos de santidad, hombres y mujeres que dejen arder su coraz\u00f3n con el anuncio m\u00e1s hermoso y liberador.<\/p>\n<p>\u00abSi algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49).<\/p>\n<p>Cuando un joven ve un proyecto de vida cristiana realizado con alegr\u00eda, eso lo entusiasma y alienta, y siente ese deseo que puede expresar as\u00ed: \u201cYo quiero subir a ese monte de las bienaventuranzas, yo quiero encontrarme con la mirada de Jes\u00fas y que \u00c9l me diga cu\u00e1l es mi camino de felicidad\u201d.<\/p>\n<p>Pidamos, queridos hermanos y hermanas, por nuestras comunidades, para que, dando testimonio de la alegr\u00eda de la vida cristiana, vean florecer la vocaci\u00f3n a la santidad en las m\u00faltiples formas de vida que el Esp\u00edritu nos propone. Implor\u00e9moslo para esta di\u00f3cesis, como tambi\u00e9n para aquellas otras que hoy han hecho el esfuerzo de venir hasta aqu\u00ed. El padre Laval, el beato cuyas reliquias veneramos, vivi\u00f3 tambi\u00e9n momentos de decepci\u00f3n y dificultad con la comunidad cristiana, pero finalmente el Se\u00f1or venci\u00f3 en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Tuvo confianza en la fuerza del Se\u00f1or. Dejemos que toque el coraz\u00f3n de muchos hombres y mujeres de esta tierra, dejemos que toque tambi\u00e9n nuestro coraz\u00f3n para que su novedad renueve nuestra vida y la de nuestra comunidad (cf. ib\u00edd., 11). Y no nos olvidemos que quien convoca con fuerza, quien construye la Iglesia, es el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>La imagen de Mar\u00eda, la Madre que nos protege y acompa\u00f1a, nos recuerda que fue llamada la \u201cbienaventurada\u201d. A ella que vivi\u00f3 el dolor como una espada que le atraviesa el coraz\u00f3n, a ella que cruz\u00f3 el peor umbral del dolor que es ver morir a su hijo, pid\u00e1mosle el don de la apertura al Esp\u00edritu Santo, de la alegr\u00eda perseverante, esa que no se amilana, ni se repliega, la que siempre vuelve a experimentar y afirmar que \u201cel Todopoderoso hace grandes obras, su nombre es santo\u201d.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | El impulso misionero tiene rostro joven y rejuvenecedor, la afirmaci\u00f3n se desprende de la Homil\u00eda brindada por el Santo Padre Francisco, al celebrar Santa Misa en el Monumento de Mar\u00eda Reina de la Paz, a las afueras de Port Louis, capital de Mauricio. 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