{"id":8783,"date":"2019-09-29T08:00:46","date_gmt":"2019-09-29T11:00:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=8783"},"modified":"2019-09-29T08:00:46","modified_gmt":"2019-09-29T11:00:46","slug":"papa-francisco-como-cristianos-no-podemos-permanecer-indiferentes-ante-el-drama-de-las-viejas-y-nuevas-pobrezas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-como-cristianos-no-podemos-permanecer-indiferentes-ante-el-drama-de-las-viejas-y-nuevas-pobrezas\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas"},"content":{"rendered":"<p><strong>Papa Francisco<\/strong> | Como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, as\u00ed se refer\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> en su <strong>Homil\u00eda<\/strong> brindada al celebrar la <strong>Santa Misa<\/strong> en el centenario de la Bas\u00edlica del Vaticano con motivo del <strong>D\u00eda Mundial de los Migrantes y Refugiados<\/strong>. Luego de la lectura del Evangelio seg\u00fan <strong>San Lucas<\/strong>, En la vida, recibiste tus posesiones y L\u00e1zaro sus males; pero ahora est\u00e1 consolado, pero t\u00fa est\u00e1s en medio de tormentos (Lc 16,19-31), <strong>Su Santidad<\/strong> comparti\u00f3 su <strong>Homil\u00eda<\/strong>.<\/p>\n<p>Al respecto se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cen el Salmo Responsorial se nos recuerda que el Se\u00f1or sostiene a los forasteros, as\u00ed como a las viudas y a los hu\u00e9rfanos del pueblo\u201d.<\/em><\/strong> Agregando en el avance de sus palabras, <strong><em>\u201cen el libro del \u00c9xodo, el Se\u00f1or advierte al pueblo de no maltratar de ning\u00fan modo a las viudas y a los hu\u00e9rfanos, porque \u00c9l escucha su clamor (cf. 22,23). La misma admonici\u00f3n se repite dos veces en el Deuteronomio<\/em><\/strong> (cf. 24,17; 27,19), <strong><em>incluyendo a los extranjeros entre las categor\u00edas protegidas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> adem\u00e1s destac\u00f3, <strong><em>\u201cen el Mensaje para esta 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el lema se repite como un estribillo: \u201cNo se trata s\u00f3lo de migrantes\u201d.<\/em><\/strong> Continuando, afirma, <strong><em>\u201c(\u2026) se trata de todos los habitantes de las periferias existenciales que, junto con los migrantes y los refugiados, son v\u00edctimas de la cultura del descarte. El Se\u00f1or nos pide que pongamos en pr\u00e1ctica la caridad hacia ellos; nos pide que restauremos su humanidad, a la vez que la nuestra, sin excluir a nadie, sin dejar a nadie afuera\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero en el mundo actual, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> dijo, <strong><em>\u201clos pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan s\u00f3lo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricaci\u00f3n de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Dicho esto, el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong>, nos revelaba, <strong><em>\u201cquienes padecen las consecuencias son siempre los peque\u00f1os, los pobres, los m\u00e1s vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja s\u00f3lo las \u201cmigajas\u201d del banquete\u00bb <\/em><\/strong>(<em>Mensaje para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado<\/em>)\u201d. El Papa nos dijo entonces, <strong><em>\u201c(\u2026) como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, de las soledades m\u00e1s oscuras, del desprecio y de la discriminaci\u00f3n de quienes no pertenecen a \u201cnuestro\u201d grupo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero no solo eso, <strong>Su Santidad<\/strong> nos pide, <strong><em>\u201cno podemos permanecer insensibles, con el coraz\u00f3n anestesiado, ante la miseria de tantas personas inocentes. No podemos sino llorar. No podemos dejar de reaccionar. Pid\u00e1mosle al Se\u00f1or la gracia de llorar, la gracia de aquel llanto que convierte el coraz\u00f3n ante esos pecados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, el <strong>Santo Padre<\/strong> declaraba, <strong><em>\u201csi queremos ser hombres y mujeres de Dios, como le pide san Pablo a Timoteo, debemos guardar \u00abel mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb<\/em><\/strong> (<em>1 Tm<\/em>\u00a06,14); <strong><em>y el mandamiento es amar a Dios y amar al pr\u00f3jimo.<\/em><\/strong><strong><em> No podemos separarlos\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Casi en el final de su Homil\u00eda destacaba, \u201c(\u2026) amar al pr\u00f3jimo como a uno mismo significa tambi\u00e9n comprometerse seriamente en la construcci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo, donde todos puedan acceder a los bienes de la tierra, donde todos tengan la posibilidad de realizarse como personas y como familias, donde los derechos fundamentales y la dignidad est\u00e9n garantizados para todos. Por \u00faltimo afirm\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) encomendamos al amor maternal de Mar\u00eda, Nuestra Se\u00f1ora del Camino, Nuestra Se\u00f1ora de los muchos caminos dolorosos, encomendamos a ella los migrantes y refugiados, junto con los habitantes de las periferias del mundo y a quienes se hacen sus compa\u00f1eros de viaje\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes la Homil\u00eda brindada por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>En el Salmo Responsorial se nos recuerda que el Se\u00f1or sostiene a los forasteros, as\u00ed como a las viudas y a los hu\u00e9rfanos del pueblo. El salmista menciona de forma expl\u00edcita aquellas categor\u00edas que son especialmente vulnerables, a menudo olvidadas y expuestas a abusos. Los forasteros, las viudas y los hu\u00e9rfanos son los que carecen de derechos, los excluidos, los marginados, por quienes el Se\u00f1or muestra una particular solicitud. Por esta raz\u00f3n, Dios les pide a los israelitas que les presten una especial atenci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>En el libro del \u00c9xodo, el Se\u00f1or advierte al pueblo de no maltratar de ning\u00fan modo a las viudas y a los hu\u00e9rfanos, porque \u00c9l escucha su clamor (cf. 22,23). La misma admonici\u00f3n se repite dos veces en el Deuteronomio (cf. 24,17; 27,19), incluyendo a los extranjeros entre las categor\u00edas protegidas. La raz\u00f3n de esta advertencia se explica claramente en el mismo libro: el Dios de Israel es Aquel que \u00abhace justicia al hu\u00e9rfano y a la viuda, y que ama al emigrante, d\u00e1ndole pan y vestido\u00bb (10,18). Esta preocupaci\u00f3n amorosa por los menos favorecidos se presenta como un rasgo distintivo del Dios de Israel, y tambi\u00e9n se le requiere, como un deber moral, a todos los que quieran pertenecer a su pueblo.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso debemos prestar especial atenci\u00f3n a los forasteros, como tambi\u00e9n a las viudas, a los hu\u00e9rfanos y a todos los que son descartados en nuestros d\u00edas. En el Mensaje para esta 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el lema se repite como un estribillo: \u201cNo se trata s\u00f3lo de migrantes\u201d. Y es verdad: no se trata s\u00f3lo de forasteros, se trata de todos los habitantes de las periferias existenciales que, junto con los migrantes y los refugiados, son v\u00edctimas de la cultura del descarte. El Se\u00f1or nos pide que pongamos en pr\u00e1ctica la caridad hacia ellos; nos pide que restauremos su humanidad, a la vez que la nuestra, sin excluir a nadie, sin dejar a nadie afuera.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero, junto con el ejercicio de la caridad, el Se\u00f1or nos pide que reflexionemos sobre las injusticias que generan exclusi\u00f3n, en particular sobre los privilegios de unos pocos, que perjudican a muchos otros cuando perduran. \u00abEl mundo actual es cada d\u00eda m\u00e1s elitista y cruel con los excluidos. Es una verdad que causa dolor: este mundo es cada d\u00eda m\u00e1s elitista, m\u00e1s cruel con los excluidos. Los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan s\u00f3lo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricaci\u00f3n de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los peque\u00f1os, los pobres, los m\u00e1s vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja s\u00f3lo las \u201cmigajas\u201d del banquete\u00bb (Mensaje para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado).<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed se entienden las duras palabras del profeta Am\u00f3s, proclamadas en la primera lectura (6,1.4-7). \u00a1Ay,\u00a0<strong>ay<\/strong>\u00a0de los que viven despreocupadamente y buscando placer en Sion, que no se preocupan por la ruina del pueblo de Dios, que sin embargo est\u00e1 a la vista de todos! No se dan cuenta de la ruina de Israel, porque est\u00e1n demasiado ocupados asegur\u00e1ndose una buena vida, alimentos exquisitos y bebidas refinadas. Sorprende ver c\u00f3mo, despu\u00e9s de 28 siglos, estas advertencias conservan toda su actualidad. De hecho, tambi\u00e9n hoy d\u00eda la \u00abcultura del bienestar [&#8230;] nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, [&#8230;] lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalizaci\u00f3n de la indiferencia\u00bb (Homil\u00eda en Lampedusa, 8 julio 2013).<\/em><\/p>\n<p><em>Al final, tambi\u00e9n nosotros corremos el riesgo de convertirnos en ese hombre rico del que nos habla el Evangelio, que no se preocupa por el pobre L\u00e1zaro \u00abcubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que ca\u00eda de la mesa del rico\u00bb (Lc\u00a016,20-21). Demasiado ocupado en comprarse vestidos elegantes y organizar banquetes espl\u00e9ndidos, el rico de la par\u00e1bola no advierte el sufrimiento de L\u00e1zaro. Y tambi\u00e9n nosotros, demasiado concentrados en preservar nuestro bienestar, corremos el riesgo de no ver al hermano y a la hermana en dificultad.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, de las soledades m\u00e1s oscuras, del desprecio y de la discriminaci\u00f3n de quienes no pertenecen a \u201cnuestro\u201d grupo. No podemos permanecer insensibles, con el coraz\u00f3n anestesiado, ante la miseria de tantas personas inocentes. No podemos sino llorar. No podemos dejar de reaccionar. Pid\u00e1mosle al Se\u00f1or la gracia de llorar, la gracia de aquel llanto que convierte el coraz\u00f3n ante esos pecados.<\/em><\/p>\n<p><em>Si queremos ser hombres y mujeres de Dios, como le pide san Pablo a Timoteo, debemos guardar \u00abel mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (1 Tm\u00a06,14); y el mandamiento es amar a Dios y amar al pr\u00f3jimo. No podemos separarlos. Y amar al pr\u00f3jimo como a uno mismo significa tambi\u00e9n comprometerse seriamente en la construcci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo, donde todos puedan acceder a los bienes de la tierra, donde todos tengan la posibilidad de realizarse como personas y como familias, donde los derechos fundamentales y la dignidad est\u00e9n garantizados para todos.<\/em><\/p>\n<p><em>Amar al pr\u00f3jimo significa sentir compasi\u00f3n por el sufrimiento de los hermanos y las hermanas, acercarse, tocar sus llagas, compartir sus historias, para manifestarles concretamente la ternura que Dios les tiene. Significa hacerse pr\u00f3jimo de todos los viandantes apaleados y abandonados en los caminos del mundo, para aliviar sus heridas y llevarlos al lugar de acogida m\u00e1s cercano, donde se les pueda atender en sus necesidades.<\/em><\/p>\n<p><em>Este santo mandamiento, Dios se lo dio a su pueblo, y lo sell\u00f3 con la sangre de su Hijo Jes\u00fas, para que sea fuente de bendici\u00f3n para toda la humanidad. Porque todos juntos podemos comprometernos en la edificaci\u00f3n de la familia humana seg\u00fan el plan original, revelado en Jesucristo: todos hermanos, hijos del \u00fanico Padre.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy tenemos tambi\u00e9n necesidad de una madre, y encomendamos al amor maternal de Mar\u00eda, Nuestra Se\u00f1ora del Camino, Nuestra Se\u00f1ora de los muchos caminos dolorosos, encomendamos a ella los migrantes y refugiados, junto con los habitantes de las periferias del mundo y a quienes se hacen sus compa\u00f1e<\/em>ros de viaje.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, as\u00ed se refer\u00eda el Santo Padre en su Homil\u00eda brindada al celebrar la Santa Misa en el centenario de la Bas\u00edlica del Vaticano con motivo del D\u00eda Mundial de los Migrantes y Refugiados. 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