MONS. OLIVERA | El encuentro del Clero Incardinado habla de gratuidad, de encuentro entre hermanos miembros de una misma Iglesia, así lo compartía el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al dirigirse a los Sacerdotes Capellanes en la apertura del encuentro. El mismo inició en la jornada del 8 de septiembre y se extendió hasta este jueves en la Casa María Auxiliadora, San Miguel, provincia de Buenos Aires donde se reunieron 40 Capellanes y Diáconos Permanentes y Provisorio provenientes de todo el país junto a nuestro Obispo.
En sus palabras compartidas luego de dar la bienvenida a los sacerdotes, Mons. Santiago Olivera, dijo respecto del Encuentro de Incardinados, “el encuentro habla de gratuidad, de encuentro entre hermanos miembros de una misma Iglesia a la cual estamos incardinados. Esto es mucho más que un vínculo jurídico, es un vínculo fraterno que no se decreta, se vive justamente por encuentros, en la posibilidad de vernos, de escucharnos de sostenernos”.
Seguidamente, el Obispo citando la Carta Apostólica, “Una fidelidad que genera futuro” de Su Santidad León XIV, centro sus palabras respecto a los vínculos fraternos. Al respecto compartió, “en el número 8 de la Carta Apostólica del Papa León XIV, leemos, “(…) los presbíteros están llamados a cuidar siempre la propia formación, para mantener vivo el don de Dios recibido con el sacramento del Orden (cf. 2 Tm 1,6). La fidelidad a la llamada, pues, no es inmovilidad ni cierre, sino un camino de conversión cotidiana que confirma y hace madurar la vocación recibida”.
Ahondando, Mons. Santiago acentuó que esta actitud nace mucho antes de ser ordenados, así lo explicaba a los presentes citando las palabras del Papa, “12. (…), «el seminario, sea cual sea su modalidad, debe ser una escuela de los afectos, (…) necesitamos aprender a amar y hacerlo como Jesús». Por ello, invito a los seminaristas a un trabajo interior sobre las motivaciones que abarque todos los aspectos de la vida: «no hay nada en ustedes que deba ser descartado, sino que todo debe ser asumido y transfigurado en la lógica del grano de trigo, con el fin de convertirse en personas y sacerdotes felices, «puentes» y no obstáculos para el encuentro con Cristo para todos aquellos que se acercan a ustedes»[1]. Solo presbíteros y consagrados humanamente maduros y espiritualmente sólidos -es decir, personas en las que la dimensión humana y la espiritual están bien integradas y que, por ello, son capaces de relaciones auténticas con todos- pueden asumir el compromiso del celibato y anunciar de modo creíble el Evangelio del Resucitado”.
Continuando, Mons. Olivera subrayaba citando al Santo Padre León XIV, “con fe, y caridad, estamos llamados a emprender cada día el seguimiento poniendo toda nuestra confianza en el Señor. Comunión, sinodalidad y misión no pueden realizarse, en efecto, si en el corazón de los sacerdotes la tentación de la autorreferencialidad no cede el paso a la lógica de la escucha y del servicio. Como subrayó Benedicto XVI, «el sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: está al servicio de los hombres en Cristo, por Cristo y con Cristo. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta aceptación progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el «estar unido de corazón» a Él». [2]
Continuando, el Obispo se refirió a la gracia de la fraternidad compartiendo de la Carta Apostólica, “15. Sin embargo, precisamente por eso, los presbíteros están llamados a corresponder a la gracia de la fraternidad, manifestando y ratificando con su vida lo que se estipula entre ellos no sólo por la gracia bautismal, sino también por el sacramento del Orden. Ser fieles a la comunión significa, en primer lugar, superar la tentación del individualismo, que mal se compagina con la acción misionera.
16. La fraternidad presbiteral debe considerarse, por lo tanto, como un elemento constitutivo de la identidad de los ministerios,[3] no sólo como un ideal o un eslogan, sino con un aspecto en el que comprometerse con renovado vigor.
El cuidado recíproco, en particular la atención a los hermanos más solos y aislados, así como a los enfermos y ancianos, no puede considerarse menos importante que el cuidado del pueblo que se nos ha confiado”.
Finalmente, el Obispo recordó las palabras de Su Santidad León XIV compartidas el 12 de junio de este año, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, con motivo de la Jornada por la Santificación Sacerdotal. Diciendo, “en su mensaje, el Santo Padre retoma la expresión de San Pablo a Timoteo (2 Tim 1,6) es necesario «reavivar siempre en nosotros el don de la gracia». Reconoce con realismo que llevamos el tesoro «en vasijas de barro», marcados por debilidades, cansancios y a veces heridas. Y nos invita a todos a «Cuidarnos en fraternidad sacerdotal: buscarnos, escucharnos y a sostenernos. El sacerdote que se aísla, lentamente se apaga; el sacerdote que camina con los hermanos crece»”.
Completando, Mons. Olivera alentó a los Sacerdotes Capellanes a, “trabajemos en serio por una auténtica, honda y fecunda fraternidad sacerdotal”. El Encuentro de Incardinados finaliza este 10 de septiembre, rezamos por nuestro Clero Castrense.-








[1] Meditación con motivo del Jubileo de los seminaristas (24 de junio 2025).
[2] Benedicto XVI, Catequesis (24 de junio 2009)
[3] Cf. Congregación para el Clero, El Don de la vocación presbiteral. Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. Promulgado por la Congregación para el Clero (diciembre 2016).





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